Karen Cronick y Manuel Llorens
INTRODUCCIÓN
En este ensayo[1]
exploramos los lazos entre la consciencia comunitaria y la idea de cultura, específicamente
los aspectos que tienen que ver con la práctica del deporte. La cultura puede
verse en el sentido global que incluye a todas las culturas, habidas y por
haber. Ella, en conjunto, es una herencia viva, que se ha ido modificando
constantemente. Es el medio por el cual
se desarrollan y se transforman las diferentes estructuras económicas y políticas
de los reinos, los territorios conquistados, las colonias y las naciones. Tiene
un papel fundamental en la creación del bienestar para guiar y formar -en las
democracias- la plena participación de los ciudadanos en los procesos de su
Estado.
Las Naciones Unidas, junto con la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), están
promoviendo la cultura como uno de los pilares del desarrollo, dentro del marco
de las libertades fundamentales. Así la cultura fortalece la participación
política, revitaliza la solidaridad social y la cooperación, refina la
formación de valores y fortalece la comprensión que las personas tienen de su
patrimonio histórico.
Una de las principales manifestaciones de la cultura es el
desarrollo de diversas expresiones de deportes, competitivas o no. Los deportes
competitivos contribuyen de manera fundamental con sus reglas que rigen los
encuentros -que son potencialmente agresivos- entre jugadores individuales como
en el boxeo, y entre equipos, como en el rugby, el fútbol, baloncesto y
béisbol. Los deportes no-competitivos, como el senderismo, el yoga y el
ciclismo recreativo, también tienen un papel en reunir a los vecinos para
aumentar el respeto a la diversidad e intercambiar ideas y opiniones.
Norbert Elias y Eric Dunning (1992) afirman en "El
deporte y el ocio en el proceso de la civilización" que el deporte moderno
es un reflejo de la evolución hacia la Modernidad. Entienden como “Modernidad”
la evolución de un proceso social complejo que abarca los marcos normativos
amplios y compartidos con los cuales se pueden construir sociedades más
complejas. Dentro de este contorno, el deporte moderno estableció acuerdos de
conducta identificables para todos, y se canalizó la agresión como un factor
indispensable para la sociedad.
Pero desde hace milenios se ha usado el deporte para
fomentar la solidaridad comunitaria y la paz. Una de las primeras referencias
al nexo entre los deportes y la paz son las primeras Olimpiadas que ocurrieron
en Olimpia, Grecia, en 776 a.C. En ellas los griegos celebraban la creación de
lazos religiosos que contenían una importante evocación cultural para promover
la concordia. Con el tiempo, crearon la
“tregua olímpica”, una tradición en que se paraban temporalmente los conflictos
bélicos para que los atletas pudiesen viajar para honrar a Zeus durante el
evento. Sobre todo, los atletas competían corriendo en carreras. Cuando
reiniciaron las competencias olímpicas en sus manifestaciones modernas (en
Atenas en 1896), se incluyeron pruebas de velocidad, salto y lanzamiento en
honor a esta vieja tradición.
Dunning (en el prefacio de Elias & Dunning, 1992) ve en
cada cultura un “un todo diferenciado y estructurado, constituido por una serie
de niveles emergentes” (p. 18) en donde hay cierta autonomía entre ellos. Ellos
varían por su grado de estructuración, y también en su velocidad de cambio y
evolución. Incluso en países donde los líderes han utilizado aspectos
culturales para fortalecer su propio poder, la diversidad cultural permite
cuestionar algunas prácticas.
El deporte es parte de la cultura mundial e incorpora un
modelo para entender a los cambios intencionales y reflexivos en todos los
niveles de la organización social, en apoyo a los valores humanistas. No
abandona la idea de la tradición, sino que la pone al servicio del bienestar de
todos los miembros de la sociedad y alienta la búsqueda de nuevas soluciones.
Esta práctica implica reglas de interacción que no sólo orientan
las conductas reglamentarias y permitidas en cada expresión atlética, sino
también fomenta actitudes de inclusión y solidaridad. El mero asomo de límites
conductuales sobre actos agresivos y no autorizados en el deporte tiene un
papel en la socialización de los participantes.
Especialmente en aquellos deportes que incorporan algo de agresividad,
como el boxeo y el rugby, la imposición de límites sobre el grado de
provocación permitida tiene gran importancia educadora y socializadora. Como
iremos desarrollando en este ensayo, el deporte aporta una estructura en que el
bienestar del individuo se relaciona directamente con el de comunidad completa.
Hay otros enfoques al respecto. Una primera visión -que
contrasta con esta perspectiva de un sistema de encuentros reglamentados como
se manifiestan en el deporte- es la que propone que la moralidad en la vida
socio-cívica tiene el propósito de proteger a los débiles, sobre todo en la
idea de que la intención principal de los sistemas éticos sea la de garantizar la dignidad y seguridad de los
menos fuertes.[2]
Por otro lado, los sistemas que justifican el poder absoluto
suelen referirse a un poder divino, o tradicional, que otorga autoridad y
justificaciones para los monarcas y aun a los dictadores.
En cambio, una moralidad basada en las reglas de juego
incorpora a todos los actores en un proyecto compartido, en que el poder no es
interpretado como un atributo personal, o de una clase social, sino como algo
que se puede ejercer de manera colectiva.
Este papel socializador ha sido reconocido por importantes
líderes internacionales y en la legislación de países individuales. Por
ejemplo, Barack Obama (2026) ha comentado sobre la capacidad que tienen las
artes, la música y el deporte para “unir al mundo”. Al nivel de los organismos
nacionales e internacionales, la Carta Olímpica (Comité Olímpico Internacional,
2023) y la UNESCO, establecen la
práctica deportiva como un derecho universal. En algunos países, como en México
(la constitución) y Venezuela (Ley Orgánica del Deporte), el acceso a la
cultura física y al deporte es un derecho fundamental.
El deporte actúa como una herramienta para romper
estereotipos y fomentar el diálogo intercultural. Sunarti, Netra, Hayati,
Firmanjaya & Rahmizal (2025) señalan que la práctica del deporte en las
comunidades no sólo funciona como una actividad recreacional; también puede
incidir sobre su desarrollo económico y social. Puede funcionar como un
catalizador para fomentar el empoderamiento social, la cohesión vecinal y puede
impactar al desarrollo económico de las comunidades.
Los autores definen la cohesión social como un impulso para
las relaciones sociales y el sentido de solidaridad entre los miembros de la
comunidad. Entienden la identidad como un sentido compartido de pertinencia y
orgullo con respecto a su comunidad. Demuestran que estos valores no solo
fomentan el bienestar comunitario, sino que también producen pactos económicos
tangibles de inmigración. Por ejemplo, comunidades cohesionadas pueden atraer
inversiones empresariales y estimular el espíritu emprendedor mediante una
mayor confianza y colaboración (p. 251).
EL MÉTODO DEL ENSAYO
Nuestro propósito en este trabajo tiene el objetivo de
emplear la metodología del ensayo académico para reflexionar sobre la relación
entre el deporte y la empatía.
Se trata de una metodología abierta en que no pretendemos ni
confirmar una hipótesis ni comprobar una orientación teórica. Deseamos explorar
un tema y ofrecer explicaciones socialmente plausibles para los fenómenos que
revisamos.
LAS ORGANIZACIONES COMUNITARIAS Y SUS PROPUESTAS DE
CAMBIO
Capital Social
El deporte puede concebirse como un componente del concepto
de “capital social”. Raúl Rojas (2025) ofrece esta definición:
“una especie de “entidad,
medible, en relación a personas, grupos, organizaciones, comunidades, países y
regiones, [… que incluye] la creación de capital humano (habilidades,
conocimiento y experiencia), instituciones democráticas más eficientes, la
reducción de la criminalidad, acceso a mejores empleos, más rentables y a la
educación de mayor calidad, así como a la erradicación de la pobreza, etc.” (p.
30).
Para Rojas, el concepto también incluye las relaciones
comunitarias y vecinales, un hecho social que puede cambiar la sociedad y sus
instituciones. En particular, para los propósitos de este ensayo, referimos al
concepto de “resiliencia” que sería un efecto del empleo positivo del capital
social. Rojas refiere a ella como la capacidad que tienen “las personas [y
colectividades] que son capaces de desarrollarse psicológicamente sanos a pesar
de vivir en contextos de alto riesgo como pobreza, violencia intrafamiliar y
social” (p. 72-73). Esto implica no sólo la capacidad de resistir a las
influencias destructivas que existen en la comunidad, sino también la potencia de
transformarlas para producir nuevas respuestas y proposiciones sociales. Rojas
cita a Maritza Montero (2004, p. 200) para definir a un grupo que fomenta
resiliencia:
“un grupo social dinámico,
histórico y culturalmente constitutivo y desarrollado, preexistente a la
presencia de los investigadores o de los interventores sociales, que comparte
intereses, objetivos, necesidades y problemas, en un espacio y tiempo
determinados y que genera colectivamente una identidad, así como formas
organizativas, desarrollando y empleando recursos para lograr sus fines” (Rojas,
p. 74).
Con relación específica al deporte, Rojas dividió las
agrupaciones y organizaciones de una comunidad en que hizo una descripción
detallada sobre el capital social; las dividió en tres categorías que apeló “esferas”: a) esferas comunitarias, b) esferas asociativas
y c) esferas Estatales. En la comunidad estudiada por Rojas (La Vega, una
parroquia de Caracas, Venezuela) encontró grupos deportistas sólo en la primera
esfera. Dice Rojas que se trata de:
“entrenadores deportivos no
profesionales […] Estos entrenadores deportivos, junto con los niños,
adolescentes, padres, madres o representantes habitantes de la comunidad,
conforman los grupos deportivos comunitarios. Estos grupos, nacen como una
iniciativa espontánea de los propios habitantes (entrenadores motivados), ante
las necesidades que padecen. Representando así un tejido organizativo primario
y espontáneo. Son netamente informales, no solo porque los entrenadores no son
educadores de deporte o deportistas profesionales, sino porque los mismos
grupos carecen de formalidad jurídica, se trata de grupos que se forman con los
propios vecinos, y solo algunos de estos grupos logran evolucionar en
organizaciones más formales. (p. 120-121).
La diversidad en la oferta comunitaria
La descripción de las “esferas” que emplea Rojas es útil para
describir cómo los grupos y las organizaciones comunitarias se forman y
generan, tanto soluciones sociales como respuestas de resiliencia y creatividad
social.[3]
A pesar de que Rojas sólo encontró grupos de deportistas en la primera “esfera”
en la comunidad particular de La Vega, pueden surgir en cualquiera de los tres
niveles que él identificó.
De hecho, a nivel nacional en Venezuela la organización
deportiva se estructura jerárquicamente en todos los niveles sociales. Existe
un Ministerio del Poder Popular para el Deporte y un Instituto Nacional de
Deportes (IND). Dentro de esta jerarquía están el Comité Olímpico Venezolano
(COV), las federaciones nacionales clasificadas por el tipo de deporte
(gimnásticas, fútbol, etc.) en asociaciones estadales, ligas, clubes y escuelas.
Los equipos profesionales están constituidos como
organizaciones con fines de lucro; son populares y atraen la admiración y la
lealtad de sus seguidores.[4]
Las Organizaciones no gubernamentales (ONG) de deporte en Venezuela incluyen
las Olimpiadas Especiales Venezuela, la Fundación “Yo Soy Deporte”, “Deporte
para el Desarrollo” y la “Fundación JHS”. Sus objetivos son promover la
inclusión, la salud y la educación a través de diversas disciplinas, a veces en
colaboración con ONGs y empresas.
Los equipos deportivos ofrecen una alternativa efectiva y
creativa frente a las actividades de las bandas juveniles. Un ejemplo admirable
de este tipo de actividad puede encontrarse en el esfuerzo de la compañía Ron
Santa Teresa que comenzó a emplear el entrenamiento en el rugby para la
resocialización de presos jóvenes a través del Proyecto Alcatraz en el estado
de Aragua, Venezuela en el 2003. Esta iniciativa ha formado a más de 200
jóvenes y ha creado el equipo Alcatraz Rugby Club, que ha sido campeón nacional
en su renglón.
Este equipo nació gracias a un programa de reinserción
social para jóvenes delincuentes. Ha logrado desarticular diez bandas
delictivas sin el uso de la violencia. Su historia comenzó después de un asalto
a la compañía. La policía capturó y encarceló a los delincuentes, pero representantes
de la compañía les ofrecieron a los delincuentes la posibilidad de trabajar
tres meses en la empresa para ‘pagar’ su pena sin pasar tiempo en la cárcel. Esta
oferta incluyó 22 miembros de la misma banda. Primero la compañía ofreció enseñarles
a leer y a escribir. Luego Alberto C. Vollmer, dueño de la empresa, organizó
un proyecto para entrenarlos en el deporte de rugby. Actualmente, el proyecto se
ha expandido y tienen programas de rugby penitenciarios, escolares y
comunitarios, dando un total de 2 mil jóvenes que se entrenan en el rugby en la
hacienda para alejarse de las bandas violentas.
Dice Vollmer (MundoDeportivo, 2017) que el rugby ofreció un
excelente marco social para la reinserción social de estos jóvenes:
“es un deporte rudo pero noble
con valores muy importantes: solidaridad, fair play y el tercer tiempo,
en el que cuando termina el partido te vas a tomar una caña con tu rival […]. El
rugby tenía además otro valor importante […L]as bandas se basan en la jerarquía
y como nadie sabía jugar no había un líder claro en el equipo. […P]rimero fue
un deporte, después fue una plataforma para enseñar valores. La filosofía se
apoya en cinco valores: el respeto, la disciplina, el trabajo en equipo, el espíritu
deportivo y la humildad, el más importante porque te permite poner los pies en
la tierra, aprender de tus errores y cuando tienes un comportamiento humilde en
la vida todo se te hace más fácil, tienes menos barreras”.
Un participante, José Gregorio, ofrece esta descripción de
la experiencia: “Antes los chicos del barrio nos veían con pistolas y jugaban a
pistolas; ahora nos ven con balones de rugby y juegan al rugby” (Internet
Archive, s/f).
Este proyecto recibió el premio “Beyond Sport” en Inglaterra
y ha habido intentos por imitarlo, por ejemplo, en Colombia. Ha sido acreditado
con la reducción de la tasa de homicidios a nivel regional “de 114 homicidios
por cada 100.000 habitantes al año, en el 2003, a la actual que se ubica en 25
por cada 100.000 habitantes al año” (Internet Archive, s/f).
Empatía como concepto general y en el deporte
Cronick (2026) describe la empatía de esta manera:
La empatía puede tener aspectos
cognitivos, afectivos y/o conductuales. Es decir, la experiencia empática puede
limitarse solo a conocer el pensamiento y las creencias de los demás, sin
necesariamente compartirlos, como cuando uno entiende y respeta una religión
sin suscribirse personalmente a sus contenidos. También puede tener contenidos
afectivos, como la sensación de conocer los sentimientos del otro (sin
necesariamente asumirlos) y finalmente puede conducir a respuestas conductuales
cuando el observador ofrezca apoyo a quienes lo necesitan.
La experiencia afectiva de la empatía es inmediata y
personal. Desde el siglo XVIII se le ha caracterizado como una habilidad que
permite a las personas percibir las emociones de otros individuos como
"reflejadas" en sus propios sentimientos. Es una experiencia sensible
en la cual las emociones de un individuo comienzan a manifestarse en las de un
observador. Esta experiencia suele estar relacionada con la compasión y la solidaridad
en quien lo percibe.
En el deporte este reflejo permite a los jugadores sentir el
dolor y la alegría de los demás participantes de manera inmediata e íntima. De
este modo, los equipos opositores no pueden ser “enemigos”; son más bien
contendores leales para los mismos objetivos, pero dentro de un proyecto
compartido. Ejemplos típicos de este tipo de empatía pueden encontrarse en
ayudar a un rival lesionado, en consolar un compañero tras una derrota dolorosa
y en desarrollar gestos de juego limpio. También aparecen en los entrenadores
que apoyan emocionalmente a sus atletas. En un caso famoso:
En las Olimpiadas de 1936 en
Berlín, sucedió una de las mejores muestras de empatía en la historia: en la
final de salto con pértiga los japoneses Shūhei Nishida y Sueo Ōe estaban
empatados en segundo lugar. Entonces, se negaron a seguir compitiendo y
pidieron a los jueces declararlos ganadores del segundo puesto a ambos, sin
embargo, la reglas no lo permitían y los jueces declararon a Nishida como
medallista de plata y a Ōe el medallista de bronce. Al terminar los dos atletas
ejecutaron un acto de gran empatía y amistad que sigue siendo una referencia en
el deporte: cortaron a la mitad sus dos medallas y las pegaron para crear dos
medallas mitad plata y mitad bronce. Estas medallas son conocidas como las
“Medallas de la Amistad” y han puesto una referencia para que ahora se
reconozca a los atletas que empatan en algún puesto del pódium (Bustamante,
2022).
Cronick (2026) dice que la empatía se relaciona también con
la idea de la moralidad, pero en el sentido cognitivo de una creencia formada
sobre lo que es “correcto”. En este sentido se asemeja a las reglas de una
disciplina deportiva. Hay conductas obligatorias, permitidas y prohibidas. Se
trata de la aceptación de un cuerpo normativo preestablecido que es similar a
una ideología, un cuerpo legal o una religión. Por esta razón, la aceptación de
las “reglas de juego” puede tener un papel tan efectivo en combatir la “anomia”[5]
de las bandas ilegales.
Cronick refiere al desarrollo moral de Piaget (1991) y
Kohlberg (1992) como el aprendizaje de dos estadios distintos. Dice que:
En Piaget dicho desarrollo es
“heterónomo” cuando “se caracteriza por el respeto a la autoridad y a las
normas que proceden de ella.” Y es “autónomo” en tanto signifique “un avance
del respeto mutuo y de las reglas construidas entre iguales” (Moya, 2025, p.
70). En Kohlberg se trata de “estructuras cognitivas [que] son siempre […]
esquemas de acción” (p. 72). En Kohlberg la afectividad y el aprendizaje de
roles son importantes para el desarrollo del reconocimiento de “los demás”. De
hecho, estos dos elementos no son realmente distintos para Kohlberg. El
desarrollo social del niño implica el concepto de “ego” como una unidad de la
personalidad, y su relación con un mundo social compartido. En general Kohlberg
dice que el conocimiento social requiere el desarrollo cognitivo, y la adopción
de un rol en el cual hay expectativas compartidas.
Martin Hoffman (2000) puede servir de puente para pensar en
el modelo de Kohlberg de desarrollo moral y el lugar de la empatía. Básicamente
tomó las críticas de Carol Gilligan (s/f) desde la perspectiva de género que
consideraba que el modelo de Kohlberg, si bien interesante, le daba demasiado
peso a las argumentaciones racionales, autónomas, típicas del razonamiento más
masculino, y perdía de vista aquellos razonamientos morales que él consideraba
convencionales. Ella pensaba que habría que dar prioridad a la vida compartida,
la empatía, para llegar a conclusiones éticas. Hoffman propone la empatía como
el puente para comprender del todo el razonamiento moral. La empatía aquí es
vista como la "gasolina" que da el impulso inicial para el razonamiento.
La asimilación de los roles y la creación de una identidad basada
en normas es fundamental para el desarrollo de individuos y para la creación de
una cultura normada. Se trata de un proceso, algo que continúa durante toda la
vida. Normas viejas pueden cuestionarse y convertirse en nuevos sistemas
afectivos y conductuales. Entonces, la moralidad tiene que entenderse como un
concepto individual que tiene raíces y contenidos históricos, culturales y
sociales.
Las reglas en el deporte también pueden desarrollarse. Por
ejemplo, en 1970 se introdujeron las “tarjetas amarillas y rojas en el fútbol
para sancionar la conducta antideportiva y faltas graves de manera clara. En el
boxeo se introdujo el uso de guantes y se prohibieron las patadas con los
pies. Estos cambios señalan la
incorporación de normativas sucesivas que protejan a los jugadores y humanicen
el deporte.
Una crítica a la empatía
La base de una crítica política a la empatía fue desarrollada
por Joe Rigney, quien en 2019 escribió un ensayo titulado "El pecado
tentador de la empatía: Cómo Satanás corrompe a través de la compasión."
Su argumento distingue la empatía de la compasión alegando que la primera trata
de una reacción primitiva, incoherente e insensata, mientras la segunda es
razonada y lógica. Considera a la empatía como un chantaje emocional con connotaciones
políticas. En su lugar propone una "compasión anclada", basada en su
propia interpretación del dogma cristiano. Figuras políticas de nivel mundial
han apoyado esta posición; En febrero del 2025, Elon Musk dijo que “La
debilidad fundamental de la civilización occidental es la empatía” (PowerfulJRE,
2025).
Este punto de vista tiene claros orígenes en las teorías
clásicas de la economía (Davies, 2025). Nos recuerda Davies que:
En términos de filosofía
política, este debate suele rastrearse hasta las diferentes opiniones sobre el
estado de la naturaleza ofrecidas por Hobbes y Rousseau. Hobbes pensaba que
todos éramos básicamente horribles, así que, si nos dejábamos a nuestra suerte,
la vida de los hombres sería "solitaria, pobre, desagradable, brutal y
corta". Su argumento central en Leviathan es que la creación de un Estado
que pueda obligarnos a todos a aceptar leyes, y que sea capaz de ejercer la
fuerza para hacer cumplir esas leyes, es lo único que nos impide matarnos unos
a otros y robar cosas. Rousseau, por su parte, tenía la visión opuesta: pensaba
que el estado de la naturaleza era una utopía colectivista en la que los
"salvajes nobles" (sus palabras, no mías) vivían en armonía entre sí,
y que solo la aparición de la propiedad privada, los gobiernos y las leyes
arruinaban las cosas y nos hacían competir a todos.
Entonces el argumento básico tiene que ver con la naturaleza
del ser humano. Y esta preocupación nos lleva de nuevo a preguntarnos sobre
nuestra capacidad real de producir, por voluntad propia y colectiva, una
sociedad justa en que la “felicidad general” pueda construirse.
Hay economistas que argumentan que el altruismo que proviene
de la experiencia empática no puede distinguirse conceptualmente de la defensa
de los intereses propios y ego-orientados. Es importante examinar la naturaleza
del interés propio y compararlo con la idea del interés colectivo. Puede
ocurrir que un comportamiento aparentemente “desinteresado” puede funcionar
para alentar y proteger los intereses de los individuos a un nivel más
profundo. Aunque Hoffman (2000) puede decir, “él o ella no es el Otro” (p.1),
se podría añadir que “todos somos nosotros”.
También puede verse en la incorporación social de personas
cuyos trastornos de personalidad les dificultan funcionar de manera
interpersonal. En el deporte podemos ver personajes psicopáticos que funcionan.
No porque adquieren empatía, sino porque entienden que no queda de otra que
acatar las normas de convivencia para poder participar.
En cambio, la ética militar cultiva una predisposición a
matar, junto a una estricta vigilancia de la conducta reglada. Allí no alcanza
la empatía. Pero si queremos ampliar las esferas de convivencia, no alcanza con
pensar en las reglas de nuestro in-group, hace falta poder ver al otro -que
no se parece a nosotros-, y para eso necesitamos la empatía.
Otro elemento importante es la creación de las "zonas
grises" un concepto que Llorens cita de Primo Levi (2004). En esta zona
las víctimas de la violencia pueden convertirse en victimarias, perdiendo su
humanidad esencial. Citando a Martín Baró (1990), observa que el trauma de la
experiencia de la violencia no es causado solo por individuos, ni tiene efectos
solo en ellos (Llorens et al, s/f) p. 30). Puede convertirse en una cultura
local. Martín Baró (1990) consideró que las tareas de des-ideolización,
despolarización y desmilitarización son tan importantes como la atención a los
traumas de la guerra. Habló de la
ruptura de la convivencia y la deshumanización del Otro.
Estos traumas individuales y colectivos producen un fenómeno
que Llorens llama la militarización de la mente: se encuentra en la creencia de
que las fuerzas armadas son necesarias para pacificar el país. También se naturaliza
la idea de “enemigos”, y la necesidad de jerarquías. Se asume “la ley del más
fuerte” como algo natural. Todo esto conduce a la habituación social a la
violencia.
El Otro como un semejante
El deporte no siempre ha fomentado la consciencia del Otro
como un semejante. Los deportes antiguos incorporaban destrezas militares como el
manejo de la esgrima, la jabalina y el tiro con arco. Estos deportes trataban
de destrezas individuales en el entrenamiento de los soldados, y no
contemplaban las “reglas de juego” interpersonales; la obediencia a las órdenes
de los oficiales de rango superior constituía la única regla interpersonal. De
hecho, algunos de estos “juegos” terminaban con la muerte del adversario.
La naturaleza letal de las competencias deportivas ha sido
eliminada en la modernidad. El tiro deportivo es una disciplina olímpica que
comprende el uso de armas de fuego (pistolas y rifles, a veces empleando aire
comprimido en vez de balas) para impactar blancos inorgánicos fijos o móviles.
Es regido por la Federación Internacional de Tiro Deportivo. Las normas de
estas competencias siguen siendo individuales o ambientales: incluyen
modalidades para la protección de los oídos de los competidores, indicaciones
sobre el diseño de los blancos de papel, la protección contra la lluvia, el sol
y el viento, la prohibición de fumar o usar teléfonos móviles y otras
reglamentaciones sobre los ambientes de las competencias y la conducta tanto de
los competidores como del público (Federación Internacional de Tiro Deportivo
(2025)).
Pero en general, el deporte puede considerarse como un
espacio en que la normativa surge de la comunidad de deportistas en cada
disciplina. Se puede interpretar el interés compartido como una versión más
amplia de los intereses propios. Se trata de la idea de que todos estén mejores
en las condiciones que favorecen la comunidad en general. Ampliando la
referencia a las comunidades de vecinos, o grupos socio-políticos, por ejemplo,
cuando en las comunidades no haya grandes desigualdades, hay menos crimen.
Y esto es justamente lo que enseña el deporte: en un
proyecto compartido, con reglas y metas compartidas, todos los participantes se
benefician.
CONSIDERACIONES FINALES
Hemos revisado los orígenes culturales del deporte, tanto en
sus manifestaciones organizadas como en las espontáneas.
Especialmente hemos referido a una cultura de reglas en que
haya variadas categorías y roles para los participantes. Por ejemplo, un equipo
de fútbol se divide en cuatro áreas: El portero, las defensas, los
centrocampistas y los delanteros. Normalmente son once jugadores, y cada quien
cumple funciones específicas para adelantar un proyecto compartido. Luego están
los entrenadores, los organizadores, los fans del club y la comunidad en que
juegan. Más allá de cada equipo particular, hay otros equipos y otras
comunidades, y la competencia entre ellos es el sine qua non de la
existencia de toda la colectividad. Sin competidores, el deporte no tiene
sentido. Y las reglas de juego son la base fundamental de todo.
Todos, desde los jugadores hasta los observadores, forman una
práctica socializadora que aumenta la cohesión comunitaria y la amplia
participación de los miembros de los grupos y sociedades.
Otras agrupaciones y actividades y sus reglas
Hay personas que no encuentran placer en los deportes y que pueden
preferir otras actividades colectivas como la música, la ciencia o la creatividad
artística. Inclusive, hay actividades competitivas como el ajedrez y el bridge
que tienen estructuras organizativas similares al atletismo, sin el esfuerzo
físico. Algunas de estas alternativas, como la música tocada por agrupaciones
grandes como orquestas y más pequeñas como cuartetos o solistas acompañados por
instrumentos, incorporan el mismo grado de colectividad y disciplina que los
deportes, aunque las reglas sean totalmente distintas.
Hay otras actividades que también se organizan por sistemas
de reglas y normas, que usualmente se encuentran en las profesiones, los
sindicatos y las posiciones elegidas como representantes públicos; incluyen los
consejos municipales o nacionales, o designadas, como en el caso de algunos
jueces, autoridades ministeriales o juntas directivas de empresas públicas. Idealmente
su actuación también tendría “reglas de juego”, pero en estos casos la
obligación de acatarlas no está ni tan nítida ni tan pública.
El sistema de reglas y entendimientos que condujeron a la
organización de la Unión Europea y las Naciones Unidas es otro nivel de
acuerdos, únicos en la historia del mundo, que han refrenado en algo el caos de
las ambiciones de ciertos Estados individuales después de la Segunda Guerra
Mundial.[6]
Para concluir, el modelo interpersonal e intercomunitario
que ofrece el deporte es una contribución socio-cultural de enorme importancia.
Ofrece un estándar participativo en que los intereses individuales pueden
abarcar a comunidades grandes, es decir, los intereses de todos los
participantes son importantes, y se extienden a la colectividad entera. En el deporte, si se ignoran los intereses de
un componente de la organización, el bienestar de todos decae. Por ejemplo, si
el público no puede asistir a las competencias, el apoyo a los equipos
desaparece. Igualmente, si las condiciones de juego son peligrosas, los equipos
pierden sus jugadores.
Se trata de un modelo comunitario.
[1] Vamos a referir con frecuencia a un artículo particular (Cronick, 2025a).
[2] Por su parte Nietzsche veía la protección de los débiles como una política de resentimiento contra los fuertes. Él vio un “esclavo” que exige la compasión del más poderoso. Se trata de una moral invertida que sirve para consolarse de la angustia que produce la debilidad y un rechazo al impulso de dominar la naturaleza trágica de la vida.
[3] “En la esfera comunitaria el hilo conductor lo construyen los grupos comunitarios primarios [… cuya] base fundamental es la solidaridad primaria basada en relaciones interpersonales de afecto y cercanía [… que carecen] de cualquier [formalización jurídica…] La esfera asociativa [se caracteriza por…] relaciones impersonales que trascienden las relaciones de cercanía y familiaridad. Se trata de organizaciones con estructuras, propósitos y acciones formales endógenas y exógenas a la comunidad. En la esfera estatal, se han agrupado las organizaciones comunitarias promovidas por el Estado y Gobierno venezolano.
[4] Ejemplos de estas organizaciones son: a) la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), la Superliga Profesional de Baloncesto (SPB) y la Liga Venezolana de Tenis Playa.
[5] La anomia se define como la desintegración o falta de normas sociales en un individuo o a nivel social, que puede resultar de los rápidos cambios culturales o políticos. Émile Durkheim (Centro de Investigaciones Sociológicas. (n.d.) describe la incapacidad estructural que tienen las culturas cambiantes para proveer metas o reglas confiables, llevando a la desorganización cultural.
[6] En la última década, las “reglas de juego” internacionales que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial se han debilitado (Europa Press. (n.d.)
REFERENCIAS
Asamblea Nacional de la República de
Venezuela (1995, 25 de septiembre). Ley Orgánica del Deporte.
https://www.fevetiro.com.ve/wp-content/uploads/2020/07/ley-organica-de-deporte-actividad-fisica-y-educacion-fisica.pdf
Bustamante V., Víctor
Hugo (2022, septiembre). Distintos episodios en la historia de los
deportes nos demuestran que la capacidad de entender y reconocer la experiencia
de los otros es un elemento clave para ser exitoso, pero, sobre todo, para
fortalecer la conexión humana. Empatía
en el deporte, ciencia y salud, deporte. https://capitel.humanitas.edu.mx/empatia-en-el-deporte/
Comité Olímpico Internacional (2023,
octubre). La Carta Olímpica. Editada por el Comité Olímpico Internacional. https://olimpicocol.co/web/wp-content/uploads/2024/07/Carta-Olimpica.pdf
Cronick, K. (2026, 18 de Febrero). La empatía y los
infractores. Blog: Reflexiones4-karen.blogspot.
https://reflexiones4-karen.blogspot.com/2026/02/la-empatia-y-los-infractores-karen.html
Cronick, K. (2024), La empatía: una capacidad en los seres
vivos. En L. Mora-Salas (Coord.). Testimonios psicosociales. Cuaderno de
Investigación N° 1 - Área Psicología Social. Doctorado en Psicología. CDCH/UCV
(En evaluación).
Cronick, K. (2025a). An essay on participation and political consciousness. Revista
Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, LATAM. (6) 2. 1088-1102. https://doi.org/10.56712/latam.v6i2.3685
Davies, R.
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Tutora: K. Cronick
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