K. Cronick
Una parte importante del desarrollo humano tiene que ver con la capacidad que tenemos para expresar nuestras propias emociones en palabras. Se trata, primero, de la habilidad de describirlas, y luego de asumirlas, cuestionarlas y desarrollarlas.
Es decir, las emociones forman una parte de procesos
cerebrales complejos y están ligadas con la sensación de identidad. Cuando una persona
dice verbalmente y en voz alta, “estoy enojada” o “estoy feliz”, crea una
consciencia de su propia afectividad; se trata de una cognición que tiene que
ver con el reconocimiento que tiene de sus maneras de conectarse con el mundo.
No todos disfruten, o se enojan, o se cansan de los mismos
acontecimientos sociales, culturales o ambientales. Esta diversidad puede ser
una fuente de tensión y desacuerdos, pero también puede conducir a mayor
riqueza cultural y más opciones sociales en los grupos y las familias.
La capacidad de nombrar y reconocer las emociones no sólo
conduce a una identidad propia. De repente, al darse cuenta de los aspectos del
mundo que le enojan, le cansan, le alegran y le estimulan, una persona puede
decir, “no, no me gusta reaccionar así”, y de manera consciente e intencional puede
buscar alternativas.
La sensación de identidad que tiene cada persona se
relaciona también con la capacidad de sentir empatía hacia los demás. Al
entender por qué un familiar o un amigo ha hecho algo que nos enoja o nos
alegra, podemos comenzar a reaccionar de otro modo, de manera más asertiva y
equilibrada. No sólo se cambian nuestras respuestas emocionales, puede cambiarse
también el clima interpersonal de los grupos en que convivimos.
El desarrollo de esta capacidad en un niño, es decir, de
poder enunciar y reconocer sus emociones, ha sido estudiado en la psicología
con el término “alfabetización emocional” (AE). Es un indicador crucial
de madurez que facilita la regulación emocional y la empatía.
La alfabetización emocional en los niños es la capacidad de
identificar, comprender, expresar y gestionar las propias emociones y entenderse
afectivamente con los demás. Es fundamental para su salud mental y habilidades
sociales.
La AE se relaciona con el reconocimiento que un niño tiene
de sus propias emociones, pero también tiene que ver con su capacidad de
comprender las emociones de los demás (Goleman (1998). La AE no es innata. Se
trata de algo que debe aprenderse. Conduce a la capacidad de reconocer las
emociones propias, entenderlas, nombrarlas y explicarlas. Los niños aprenden a
saber por qué se las sienten y las circunstancias en que aparecen. Conduce
también a la capacidad de comunicar emocionalmente con las otras personas de su
entorno, y fomentar la sensibilidad empática.
Referencias:
Goleman, Daniel (1998). “Working with emotional
intelligence. Editorial Kairós. S.A. 117—121. 08029 Barcelona España (Ver:
https://mendillo.info/Desarrollo.Personal/La.practica.de.la.inteligencia.emocional.pdf).
Kumari,
Anshu (2025, 17 de octubre). Alfabetización emocional – ¿Qué es, importancia,
elementos, cómo enseñar y más! Blog:
21kschool. https://www.21kschool.com/kh/blog/emotional-literacy/