jueves, 12 de marzo de 2026

EMPATÍA EN EL DEPORTE

 


Karen Cronick y Manuel Llorens

 

 

 

INTRODUCCIÓN

En este ensayo[1] exploramos los lazos entre la consciencia comunitaria y la idea de cultura, específicamente los aspectos que tienen que ver con la práctica del deporte. La cultura puede verse en el sentido global que incluye a todas las culturas, habidas y por haber. Ella, en conjunto, es una herencia viva, que se ha ido modificando constantemente.  Es el medio por el cual se desarrollan y se transforman las diferentes estructuras económicas y políticas de los reinos, los territorios conquistados, las colonias y las naciones. Tiene un papel fundamental en la creación del bienestar para guiar y formar -en las democracias- la plena participación de los ciudadanos en los procesos de su Estado.

Las Naciones Unidas, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), están promoviendo la cultura como uno de los pilares del desarrollo, dentro del marco de las libertades fundamentales. Así la cultura fortalece la participación política, revitaliza la solidaridad social y la cooperación, refina la formación de valores y fortalece la comprensión que las personas tienen de su patrimonio histórico.

Una de las principales manifestaciones de la cultura es el desarrollo de diversas expresiones de deportes, competitivas o no. Los deportes competitivos contribuyen de manera fundamental con sus reglas que rigen los encuentros -que son potencialmente agresivos- entre jugadores individuales como en el boxeo, y entre equipos, como en el rugby, el fútbol, baloncesto y béisbol. Los deportes no-competitivos, como el senderismo, el yoga y el ciclismo recreativo, también tienen un papel en reunir a los vecinos para aumentar el respeto a la diversidad e intercambiar ideas y opiniones.

Norbert Elias y Eric Dunning (1992) afirman en "El deporte y el ocio en el proceso de la civilización" que el deporte moderno es un reflejo de la evolución hacia la Modernidad. Entienden como “Modernidad” la evolución de un proceso social complejo que abarca los marcos normativos amplios y compartidos con los cuales se pueden construir sociedades más complejas. Dentro de este contorno, el deporte moderno estableció acuerdos de conducta identificables para todos, y se canalizó la agresión como un factor indispensable para la sociedad.

Pero desde hace milenios se ha usado el deporte para fomentar la solidaridad comunitaria y la paz. Una de las primeras referencias al nexo entre los deportes y la paz son las primeras Olimpiadas que ocurrieron en Olimpia, Grecia, en 776 a.C. En ellas los griegos celebraban la creación de lazos religiosos que contenían una importante evocación cultural para promover la concordia.  Con el tiempo, crearon la “tregua olímpica”, una tradición en que se paraban temporalmente los conflictos bélicos para que los atletas pudiesen viajar para honrar a Zeus durante el evento. Sobre todo, los atletas competían corriendo en carreras. Cuando reiniciaron las competencias olímpicas en sus manifestaciones modernas (en Atenas en 1896), se incluyeron pruebas de velocidad, salto y lanzamiento en honor a esta vieja tradición.

Dunning (en el prefacio de Elias & Dunning, 1992) ve en cada cultura un “un todo diferenciado y estructurado, constituido por una serie de niveles emergentes” (p. 18) en donde hay cierta autonomía entre ellos. Ellos varían por su grado de estructuración, y también en su velocidad de cambio y evolución. Incluso en países donde los líderes han utilizado aspectos culturales para fortalecer su propio poder, la diversidad cultural permite cuestionar algunas prácticas.

El deporte es parte de la cultura mundial e incorpora un modelo para entender a los cambios intencionales y reflexivos en todos los niveles de la organización social, en apoyo a los valores humanistas. No abandona la idea de la tradición, sino que la pone al servicio del bienestar de todos los miembros de la sociedad y alienta la búsqueda de nuevas soluciones.

Esta práctica implica reglas de interacción que no sólo orientan las conductas reglamentarias y permitidas en cada expresión atlética, sino también fomenta actitudes de inclusión y solidaridad. El mero asomo de límites conductuales sobre actos agresivos y no autorizados en el deporte tiene un papel en la socialización de los participantes.  Especialmente en aquellos deportes que incorporan algo de agresividad, como el boxeo y el rugby, la imposición de límites sobre el grado de provocación permitida tiene gran importancia educadora y socializadora. Como iremos desarrollando en este ensayo, el deporte aporta una estructura en que el bienestar del individuo se relaciona directamente con el de comunidad completa.

Hay otros enfoques al respecto. Una primera visión -que contrasta con esta perspectiva de un sistema de encuentros reglamentados como se manifiestan en el deporte- es la que propone que la moralidad en la vida socio-cívica tiene el propósito de proteger a los débiles, sobre todo en la idea de que la intención principal de los sistemas éticos sea la  de garantizar la dignidad y seguridad de los menos fuertes.[2]

Por otro lado, los sistemas que justifican el poder absoluto suelen referirse a un poder divino, o tradicional, que otorga autoridad y justificaciones para los monarcas y aun a los dictadores.

En cambio, una moralidad basada en las reglas de juego incorpora a todos los actores en un proyecto compartido, en que el poder no es interpretado como un atributo personal, o de una clase social, sino como algo que se puede ejercer de manera colectiva. 

Este papel socializador ha sido reconocido por importantes líderes internacionales y en la legislación de países individuales. Por ejemplo, Barack Obama (2026) ha comentado sobre la capacidad que tienen las artes, la música y el deporte para “unir al mundo”. Al nivel de los organismos nacionales e internacionales, la Carta Olímpica (Comité Olímpico Internacional, 2023)  y la UNESCO, establecen la práctica deportiva como un derecho universal. En algunos países, como en México (la constitución) y Venezuela (Ley Orgánica del Deporte), el acceso a la cultura física y al deporte es un derecho fundamental.

El deporte actúa como una herramienta para romper estereotipos y fomentar el diálogo intercultural. Sunarti, Netra, Hayati, Firmanjaya & Rahmizal (2025) señalan que la práctica del deporte en las comunidades no sólo funciona como una actividad recreacional; también puede incidir sobre su desarrollo económico y social. Puede funcionar como un catalizador para fomentar el empoderamiento social, la cohesión vecinal y puede impactar al desarrollo económico de las comunidades.

Los autores definen la cohesión social como un impulso para las relaciones sociales y el sentido de solidaridad entre los miembros de la comunidad. Entienden la identidad como un sentido compartido de pertinencia y orgullo con respecto a su comunidad. Demuestran que estos valores no solo fomentan el bienestar comunitario, sino que también producen pactos económicos tangibles de inmigración. Por ejemplo, comunidades cohesionadas pueden atraer inversiones empresariales y estimular el espíritu emprendedor mediante una mayor confianza y colaboración (p. 251).

EL MÉTODO DEL ENSAYO

Nuestro propósito en este trabajo tiene el objetivo de emplear la metodología del ensayo académico para reflexionar sobre la relación entre el deporte y la empatía.

Se trata de una metodología abierta en que no pretendemos ni confirmar una hipótesis ni comprobar una orientación teórica. Deseamos explorar un tema y ofrecer explicaciones socialmente plausibles para los fenómenos que revisamos.

LAS ORGANIZACIONES COMUNITARIAS Y SUS PROPUESTAS DE CAMBIO

Capital Social

El deporte puede concebirse como un componente del concepto de “capital social”. Raúl Rojas (2025) ofrece esta definición:

“una especie de “entidad, medible, en relación a personas, grupos, organizaciones, comunidades, países y regiones, [… que incluye] la creación de capital humano (habilidades, conocimiento y experiencia), instituciones democráticas más eficientes, la reducción de la criminalidad, acceso a mejores empleos, más rentables y a la educación de mayor calidad, así como a la erradicación de la pobreza, etc.” (p. 30).

Para Rojas, el concepto también incluye las relaciones comunitarias y vecinales, un hecho social que puede cambiar la sociedad y sus instituciones. En particular, para los propósitos de este ensayo, referimos al concepto de “resiliencia” que sería un efecto del empleo positivo del capital social. Rojas refiere a ella como la capacidad que tienen “las personas [y colectividades] que son capaces de desarrollarse psicológicamente sanos a pesar de vivir en contextos de alto riesgo como pobreza, violencia intrafamiliar y social” (p. 72-73). Esto implica no sólo la capacidad de resistir a las influencias destructivas que existen en la comunidad, sino también la potencia de transformarlas para producir nuevas respuestas y proposiciones sociales. Rojas cita a Maritza Montero (2004, p. 200) para definir a un grupo que fomenta resiliencia:

“un grupo social dinámico, histórico y culturalmente constitutivo y desarrollado, preexistente a la presencia de los investigadores o de los interventores sociales, que comparte intereses, objetivos, necesidades y problemas, en un espacio y tiempo determinados y que genera colectivamente una identidad, así como formas organizativas, desarrollando y empleando recursos para lograr sus fines” (Rojas, p. 74).

Con relación específica al deporte, Rojas dividió las agrupaciones y organizaciones de una comunidad en que hizo una descripción detallada sobre el capital social; las dividió en tres categorías que apeló “esferas”:   a) esferas comunitarias, b) esferas asociativas y c) esferas Estatales. En la comunidad estudiada por Rojas (La Vega, una parroquia de Caracas, Venezuela) encontró grupos deportistas sólo en la primera esfera. Dice Rojas que se trata de:

“entrenadores deportivos no profesionales […] Estos entrenadores deportivos, junto con los niños, adolescentes, padres, madres o representantes habitantes de la comunidad, conforman los grupos deportivos comunitarios. Estos grupos, nacen como una iniciativa espontánea de los propios habitantes (entrenadores motivados), ante las necesidades que padecen. Representando así un tejido organizativo primario y espontáneo. Son netamente informales, no solo porque los entrenadores no son educadores de deporte o deportistas profesionales, sino porque los mismos grupos carecen de formalidad jurídica, se trata de grupos que se forman con los propios vecinos, y solo algunos de estos grupos logran evolucionar en organizaciones más formales. (p. 120-121).

La diversidad en la oferta comunitaria

La descripción de las “esferas” que emplea Rojas es útil para describir cómo los grupos y las organizaciones comunitarias se forman y generan, tanto soluciones sociales como respuestas de resiliencia y creatividad social.[3] A pesar de que Rojas sólo encontró grupos de deportistas en la primera “esfera” en la comunidad particular de La Vega, pueden surgir en cualquiera de los tres niveles que él identificó.

De hecho, a nivel nacional en Venezuela la organización deportiva se estructura jerárquicamente en todos los niveles sociales. Existe un Ministerio del Poder Popular para el Deporte y un Instituto Nacional de Deportes (IND). Dentro de esta jerarquía están el Comité Olímpico Venezolano (COV), las federaciones nacionales clasificadas por el tipo de deporte (gimnásticas, fútbol, etc.) en asociaciones estadales, ligas, clubes y escuelas.

Los equipos profesionales están constituidos como organizaciones con fines de lucro; son populares y atraen la admiración y la lealtad de sus seguidores.[4] Las Organizaciones no gubernamentales (ONG) de deporte en Venezuela incluyen las Olimpiadas Especiales Venezuela, la Fundación “Yo Soy Deporte”, “Deporte para el Desarrollo” y la “Fundación JHS”. Sus objetivos son promover la inclusión, la salud y la educación a través de diversas disciplinas, a veces en colaboración con ONGs y empresas.

Los equipos deportivos ofrecen una alternativa efectiva y creativa frente a las actividades de las bandas juveniles. Un ejemplo admirable de este tipo de actividad puede encontrarse en el esfuerzo de la compañía Ron Santa Teresa que comenzó a emplear el entrenamiento en el rugby para la resocialización de presos jóvenes a través del Proyecto Alcatraz en el estado de Aragua, Venezuela en el 2003. Esta iniciativa ha formado a más de 200 jóvenes y ha creado el equipo Alcatraz Rugby Club, que ha sido campeón nacional en su renglón.

Este equipo nació gracias a un programa de reinserción social para jóvenes delincuentes. Ha logrado desarticular diez bandas delictivas sin el uso de la violencia. Su historia comenzó después de un asalto a la compañía. La policía capturó y encarceló a los delincuentes, pero representantes de la compañía les ofrecieron a los delincuentes la posibilidad de trabajar tres meses en la empresa para ‘pagar’ su pena sin pasar tiempo en la cárcel. Esta oferta incluyó 22 miembros de la misma banda. Primero la compañía ofreció enseñarles a leer y a escribir.​ Luego Alberto C. Vollmer, dueño de la empresa, organizó un proyecto para entrenarlos en el deporte de rugby. Actualmente, el proyecto se ha expandido y tienen programas de rugby penitenciarios, escolares y comunitarios, dando un total de 2 mil jóvenes que se entrenan en el rugby en la hacienda para alejarse de las bandas violentas.

Dice Vollmer (MundoDeportivo, 2017) que el rugby ofreció un excelente marco social para la reinserción social de estos jóvenes:

“es un deporte rudo pero noble con valores muy importantes: solidaridad, fair play y el tercer tiempo, en el que cuando termina el partido te vas a tomar una caña con tu rival […]. El rugby tenía además otro valor importante […L]as bandas se basan en la jerarquía y como nadie sabía jugar no había un líder claro en el equipo. […P]rimero fue un deporte, después fue una plataforma para enseñar valores. La filosofía se apoya en cinco valores: el respeto, la disciplina, el trabajo en equipo, el espíritu deportivo y la humildad, el más importante porque te permite poner los pies en la tierra, aprender de tus errores y cuando tienes un comportamiento humilde en la vida todo se te hace más fácil, tienes menos barreras”.

Un participante, José Gregorio, ofrece esta descripción de la experiencia: “Antes los chicos del barrio nos veían con pistolas y jugaban a pistolas; ahora nos ven con balones de rugby y juegan al rugby” (Internet Archive, s/f).

Este proyecto recibió el premio “Beyond Sport” en Inglaterra y ha habido intentos por imitarlo, por ejemplo, en Colombia. Ha sido acreditado con la reducción de la tasa de homicidios a nivel regional “de 114 homicidios por cada 100.000 habitantes al año, en el 2003, a la actual que se ubica en 25 por cada 100.000 habitantes al año” (Internet Archive, s/f).

Empatía como concepto general y en el deporte

Cronick (2026) describe la empatía de esta manera:

La empatía puede tener aspectos cognitivos, afectivos y/o conductuales. Es decir, la experiencia empática puede limitarse solo a conocer el pensamiento y las creencias de los demás, sin necesariamente compartirlos, como cuando uno entiende y respeta una religión sin suscribirse personalmente a sus contenidos. También puede tener contenidos afectivos, como la sensación de conocer los sentimientos del otro (sin necesariamente asumirlos) y finalmente puede conducir a respuestas conductuales cuando el observador ofrezca apoyo a quienes lo necesitan.

La experiencia afectiva de la empatía es inmediata y personal. Desde el siglo XVIII se le ha caracterizado como una habilidad que permite a las personas percibir las emociones de otros individuos como "reflejadas" en sus propios sentimientos. Es una experiencia sensible en la cual las emociones de un individuo comienzan a manifestarse en las de un observador. Esta experiencia suele estar relacionada con la compasión y la solidaridad en quien lo percibe.

En el deporte este reflejo permite a los jugadores sentir el dolor y la alegría de los demás participantes de manera inmediata e íntima. De este modo, los equipos opositores no pueden ser “enemigos”; son más bien contendores leales para los mismos objetivos, pero dentro de un proyecto compartido. Ejemplos típicos de este tipo de empatía pueden encontrarse en ayudar a un rival lesionado, en consolar un compañero tras una derrota dolorosa y en desarrollar gestos de juego limpio. También aparecen en los entrenadores que apoyan emocionalmente a sus atletas. En un caso famoso:

En las Olimpiadas de 1936 en Berlín, sucedió una de las mejores muestras de empatía en la historia: en la final de salto con pértiga los japoneses Shūhei Nishida y Sueo Ōe estaban empatados en segundo lugar. Entonces, se negaron a seguir compitiendo y pidieron a los jueces declararlos ganadores del segundo puesto a ambos, sin embargo, la reglas no lo permitían y los jueces declararon a Nishida como medallista de plata y a Ōe el medallista de bronce. Al terminar los dos atletas ejecutaron un acto de gran empatía y amistad que sigue siendo una referencia en el deporte: cortaron a la mitad sus dos medallas y las pegaron para crear dos medallas mitad plata y mitad bronce. Estas medallas son conocidas como las “Medallas de la Amistad” y han puesto una referencia para que ahora se reconozca a los atletas que empatan en algún puesto del pódium (Bustamante, 2022).

Cronick (2026) dice que la empatía se relaciona también con la idea de la moralidad, pero en el sentido cognitivo de una creencia formada sobre lo que es “correcto”. En este sentido se asemeja a las reglas de una disciplina deportiva. Hay conductas obligatorias, permitidas y prohibidas. Se trata de la aceptación de un cuerpo normativo preestablecido que es similar a una ideología, un cuerpo legal o una religión. Por esta razón, la aceptación de las “reglas de juego” puede tener un papel tan efectivo en combatir la “anomia”[5] de las bandas ilegales.

Cronick refiere al desarrollo moral de Piaget (1991) y Kohlberg (1992) como el aprendizaje de dos estadios distintos. Dice que:

En Piaget dicho desarrollo es “heterónomo” cuando “se caracteriza por el respeto a la autoridad y a las normas que proceden de ella.” Y es “autónomo” en tanto signifique “un avance del respeto mutuo y de las reglas construidas entre iguales” (Moya, 2025, p. 70). En Kohlberg se trata de “estructuras cognitivas [que] son siempre […] esquemas de acción” (p. 72). En Kohlberg la afectividad y el aprendizaje de roles son importantes para el desarrollo del reconocimiento de “los demás”. De hecho, estos dos elementos no son realmente distintos para Kohlberg. El desarrollo social del niño implica el concepto de “ego” como una unidad de la personalidad, y su relación con un mundo social compartido. En general Kohlberg dice que el conocimiento social requiere el desarrollo cognitivo, y la adopción de un rol en el cual hay expectativas compartidas.

Martin Hoffman (2000) puede servir de puente para pensar en el modelo de Kohlberg de desarrollo moral y el lugar de la empatía. Básicamente tomó las críticas de Carol Gilligan (s/f) desde la perspectiva de género que consideraba que el modelo de Kohlberg, si bien interesante, le daba demasiado peso a las argumentaciones racionales, autónomas, típicas del razonamiento más masculino, y perdía de vista aquellos razonamientos morales que él consideraba convencionales. Ella pensaba que habría que dar prioridad a la vida compartida, la empatía, para llegar a conclusiones éticas. Hoffman propone la empatía como el puente para comprender del todo el razonamiento moral. La empatía aquí es vista como la "gasolina" que da el impulso inicial para el razonamiento.

La asimilación de los roles y la creación de una identidad basada en normas es fundamental para el desarrollo de individuos y para la creación de una cultura normada. Se trata de un proceso, algo que continúa durante toda la vida. Normas viejas pueden cuestionarse y convertirse en nuevos sistemas afectivos y conductuales. Entonces, la moralidad tiene que entenderse como un concepto individual que tiene raíces y contenidos históricos, culturales y sociales.

Las reglas en el deporte también pueden desarrollarse. Por ejemplo, en 1970 se introdujeron las “tarjetas amarillas y rojas en el fútbol para sancionar la conducta antideportiva y faltas graves de manera clara. En el boxeo se introdujo el uso de guantes y se prohibieron las patadas con los pies.  Estos cambios señalan la incorporación de normativas sucesivas que protejan a los jugadores y humanicen el deporte.

Una crítica a la empatía

La base de una crítica política a la empatía fue desarrollada por Joe Rigney, quien en 2019 escribió un ensayo titulado "El pecado tentador de la empatía: Cómo Satanás corrompe a través de la compasión." Su argumento distingue la empatía de la compasión alegando que la primera trata de una reacción primitiva, incoherente e insensata, mientras la segunda es razonada y lógica. Considera a la empatía como un chantaje emocional con connotaciones políticas. En su lugar propone una "compasión anclada", basada en su propia interpretación del dogma cristiano. Figuras políticas de nivel mundial han apoyado esta posición; En febrero del 2025, Elon Musk dijo que “La debilidad fundamental de la civilización occidental es la empatía” (PowerfulJRE, 2025).

Este punto de vista tiene claros orígenes en las teorías clásicas de la economía (Davies, 2025). Nos recuerda Davies que:

En términos de filosofía política, este debate suele rastrearse hasta las diferentes opiniones sobre el estado de la naturaleza ofrecidas por Hobbes y Rousseau. Hobbes pensaba que todos éramos básicamente horribles, así que, si nos dejábamos a nuestra suerte, la vida de los hombres sería "solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta". Su argumento central en Leviathan es que la creación de un Estado que pueda obligarnos a todos a aceptar leyes, y que sea capaz de ejercer la fuerza para hacer cumplir esas leyes, es lo único que nos impide matarnos unos a otros y robar cosas. Rousseau, por su parte, tenía la visión opuesta: pensaba que el estado de la naturaleza era una utopía colectivista en la que los "salvajes nobles" (sus palabras, no mías) vivían en armonía entre sí, y que solo la aparición de la propiedad privada, los gobiernos y las leyes arruinaban las cosas y nos hacían competir a todos.

Entonces el argumento básico tiene que ver con la naturaleza del ser humano. Y esta preocupación nos lleva de nuevo a preguntarnos sobre nuestra capacidad real de producir, por voluntad propia y colectiva, una sociedad justa en que la “felicidad general” pueda construirse.

Hay economistas que argumentan que el altruismo que proviene de la experiencia empática no puede distinguirse conceptualmente de la defensa de los intereses propios y ego-orientados. Es importante examinar la naturaleza del interés propio y compararlo con la idea del interés colectivo. Puede ocurrir que un comportamiento aparentemente “desinteresado” puede funcionar para alentar y proteger los intereses de los individuos a un nivel más profundo. Aunque Hoffman (2000) puede decir, “él o ella no es el Otro” (p.1), se podría añadir que “todos somos nosotros”.

También puede verse en la incorporación social de personas cuyos trastornos de personalidad les dificultan funcionar de manera interpersonal. En el deporte podemos ver personajes psicopáticos que funcionan. No porque adquieren empatía, sino porque entienden que no queda de otra que acatar las normas de convivencia para poder participar.

En cambio, la ética militar cultiva una predisposición a matar, junto a una estricta vigilancia de la conducta reglada. Allí no alcanza la empatía. Pero si queremos ampliar las esferas de convivencia, no alcanza con pensar en las reglas de nuestro in-group, hace falta poder ver al otro -que no se parece a nosotros-, y para eso necesitamos la empatía.

Otro elemento importante es la creación de las "zonas grises" un concepto que Llorens cita de Primo Levi (2004). En esta zona las víctimas de la violencia pueden convertirse en victimarias, perdiendo su humanidad esencial. Citando a Martín Baró (1990), observa que el trauma de la experiencia de la violencia no es causado solo por individuos, ni tiene efectos solo en ellos (Llorens et al, s/f) p. 30). Puede convertirse en una cultura local. Martín Baró (1990) consideró que las tareas de des-ideolización, despolarización y desmilitarización son tan importantes como la atención a los traumas de la guerra.  Habló de la ruptura de la convivencia y la deshumanización del Otro.

Estos traumas individuales y colectivos producen un fenómeno que Llorens llama la militarización de la mente: se encuentra en la creencia de que las fuerzas armadas son necesarias para pacificar el país. También se naturaliza la idea de “enemigos”, y la necesidad de jerarquías. Se asume “la ley del más fuerte” como algo natural. Todo esto conduce a la habituación social a la violencia.

El Otro como un semejante

El deporte no siempre ha fomentado la consciencia del Otro como un semejante. Los deportes antiguos incorporaban destrezas militares como el manejo de la esgrima, la jabalina y el tiro con arco. Estos deportes trataban de destrezas individuales en el entrenamiento de los soldados, y no contemplaban las “reglas de juego” interpersonales; la obediencia a las órdenes de los oficiales de rango superior constituía la única regla interpersonal. De hecho, algunos de estos “juegos” terminaban con la muerte del adversario.

La naturaleza letal de las competencias deportivas ha sido eliminada en la modernidad. El tiro deportivo es una disciplina olímpica que comprende el uso de armas de fuego (pistolas y rifles, a veces empleando aire comprimido en vez de balas) para impactar blancos inorgánicos fijos o móviles. Es regido por la Federación Internacional de Tiro Deportivo. Las normas de estas competencias siguen siendo individuales o ambientales: incluyen modalidades para la protección de los oídos de los competidores, indicaciones sobre el diseño de los blancos de papel, la protección contra la lluvia, el sol y el viento, la prohibición de fumar o usar teléfonos móviles y otras reglamentaciones sobre los ambientes de las competencias y la conducta tanto de los competidores como del público (Federación Internacional de Tiro Deportivo (2025)).

Pero en general, el deporte puede considerarse como un espacio en que la normativa surge de la comunidad de deportistas en cada disciplina. Se puede interpretar el interés compartido como una versión más amplia de los intereses propios. Se trata de la idea de que todos estén mejores en las condiciones que favorecen la comunidad en general. Ampliando la referencia a las comunidades de vecinos, o grupos socio-políticos, por ejemplo, cuando en las comunidades no haya grandes desigualdades, hay menos crimen.

Y esto es justamente lo que enseña el deporte: en un proyecto compartido, con reglas y metas compartidas, todos los participantes se benefician.

CONSIDERACIONES FINALES

Hemos revisado los orígenes culturales del deporte, tanto en sus manifestaciones organizadas como en las espontáneas.

Especialmente hemos referido a una cultura de reglas en que haya variadas categorías y roles para los participantes. Por ejemplo, un equipo de fútbol se divide en cuatro áreas: El portero, las defensas, los centrocampistas y los delanteros. Normalmente son once jugadores, y cada quien cumple funciones específicas para adelantar un proyecto compartido. Luego están los entrenadores, los organizadores, los fans del club y la comunidad en que juegan. Más allá de cada equipo particular, hay otros equipos y otras comunidades, y la competencia entre ellos es el sine qua non de la existencia de toda la colectividad. Sin competidores, el deporte no tiene sentido. Y las reglas de juego son la base fundamental de todo.

Todos, desde los jugadores hasta los observadores, forman una práctica socializadora que aumenta la cohesión comunitaria y la amplia participación de los miembros de los grupos y sociedades.

Otras agrupaciones y actividades y sus reglas

Hay personas que no encuentran placer en los deportes y que pueden preferir otras actividades colectivas como la música, la ciencia o la creatividad artística. Inclusive, hay actividades competitivas como el ajedrez y el bridge que tienen estructuras organizativas similares al atletismo, sin el esfuerzo físico. Algunas de estas alternativas, como la música tocada por agrupaciones grandes como orquestas y más pequeñas como cuartetos o solistas acompañados por instrumentos, incorporan el mismo grado de colectividad y disciplina que los deportes, aunque las reglas sean totalmente distintas.

Hay otras actividades que también se organizan por sistemas de reglas y normas, que usualmente se encuentran en las profesiones, los sindicatos y las posiciones elegidas como representantes públicos; incluyen los consejos municipales o nacionales, o designadas, como en el caso de algunos jueces, autoridades ministeriales o juntas directivas de empresas públicas. Idealmente su actuación también tendría “reglas de juego”, pero en estos casos la obligación de acatarlas no está ni tan nítida ni tan pública.

El sistema de reglas y entendimientos que condujeron a la organización de la Unión Europea y las Naciones Unidas es otro nivel de acuerdos, únicos en la historia del mundo, que han refrenado en algo el caos de las ambiciones de ciertos Estados individuales después de la Segunda Guerra Mundial.[6]

Para concluir, el modelo interpersonal e intercomunitario que ofrece el deporte es una contribución socio-cultural de enorme importancia. Ofrece un estándar participativo en que los intereses individuales pueden abarcar a comunidades grandes, es decir, los intereses de todos los participantes son importantes, y se extienden a la colectividad entera.  En el deporte, si se ignoran los intereses de un componente de la organización, el bienestar de todos decae. Por ejemplo, si el público no puede asistir a las competencias, el apoyo a los equipos desaparece. Igualmente, si las condiciones de juego son peligrosas, los equipos pierden sus jugadores.

Se trata de un modelo comunitario.

 


NOTAS DE PIE DE PÁGINAS

[1] Vamos a referir con frecuencia a un artículo particular (Cronick, 2025a).

[2] Por su parte Nietzsche veía la protección de los débiles como una política de resentimiento contra los fuertes. Él vio un “esclavo” que exige la compasión del más poderoso. Se trata de una moral invertida que sirve para consolarse de la angustia que produce la debilidad y un rechazo al impulso de dominar la naturaleza trágica de la vida.

[3] “En la esfera comunitaria el hilo conductor lo construyen los grupos comunitarios primarios [… cuya] base fundamental es la solidaridad primaria basada en relaciones interpersonales de afecto y cercanía [… que carecen] de cualquier [formalización jurídica…] La esfera asociativa [se caracteriza por…] relaciones impersonales que trascienden las relaciones de cercanía y familiaridad. Se trata de organizaciones con estructuras, propósitos y acciones formales endógenas y exógenas a la comunidad. En la esfera estatal, se han agrupado las organizaciones comunitarias promovidas por el Estado y Gobierno venezolano.

[4] Ejemplos de estas organizaciones son: a) la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), la Superliga Profesional de Baloncesto (SPB) y la Liga Venezolana de Tenis Playa.

[5] La anomia se define como la desintegración o falta de normas sociales en un individuo o a nivel social, que puede resultar de los rápidos cambios culturales o políticos. Émile Durkheim (Centro de Investigaciones Sociológicas. (n.d.)  describe la incapacidad estructural que tienen las culturas cambiantes para proveer metas o reglas confiables, llevando a la desorganización cultural.

[6] En la última década, las “reglas de juego” internacionales que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial se han debilitado (Europa Press. (n.d.)

REFERENCIAS

Asamblea Nacional de la República de Venezuela (1995, 25 de septiembre). Ley Orgánica del Deporte. https://www.fevetiro.com.ve/wp-content/uploads/2020/07/ley-organica-de-deporte-actividad-fisica-y-educacion-fisica.pdf

Martín-Baró, I. (1990). Psicología social de la guerra: trauma y terapia. San Salvador. UCA Editores.

Bustamante V., Víctor Hugo (2022, septiembre). Distintos episodios en la historia de los deportes nos demuestran que la capacidad de entender y reconocer la experiencia de los otros es un elemento clave para ser exitoso, pero, sobre todo, para fortalecer la conexión humana.  Empatía en el deporte, ciencia y salud, deporte. https://capitel.humanitas.edu.mx/empatia-en-el-deporte/

Comité Olímpico Internacional (2023, octubre). La Carta Olímpica. Editada por el Comité Olímpico Internacional. https://olimpicocol.co/web/wp-content/uploads/2024/07/Carta-Olimpica.pdf

Cronick, K. (2026, 18 de Febrero). La empatía y los infractores. Blog: Reflexiones4-karen.blogspot.    https://reflexiones4-karen.blogspot.com/2026/02/la-empatia-y-los-infractores-karen.html

Cronick, K. (2024), La empatía: una capacidad en los seres vivos. En L. Mora-Salas (Coord.). Testimonios psicosociales. Cuaderno de Investigación N° 1 - Área Psicología Social. Doctorado en Psicología. CDCH/UCV (En evaluación).

Cronick, K. (2025a). An essay on participation and political consciousness. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, LATAM. (6) 2. 1088-1102. https://doi.org/10.56712/latam.v6i2.3685

Davies, R. (2025, October 22). Is Elon Musk right that “empathy is the fundamental weakness of western civilization?” - Why Philanthropy Matters. Why Philanthropy Matters. https://whyphilanthropymatters.com/article/is-elon-musk-right-that-empathy-is-the-fundamental-weakness-of-western-civilization/

Durkheim, E. (1888): «Suicide et natalité: étude de statistique morale», Revue Philosophique, 26:446-463. En : Centro de Investigaciones Sociológicas. (n.d.). Vista de Anomia y fatalismo en la teoría durkheimiana de la regulación. https://reis.cis.es/index.php/reis/article/view/1304/1670

Elias, Norbert & Dunning, Eric (1986/1992). Deporte y ocio en el proceso de la civilización.  México, Distrito Federal: Fondo de Cultura económica. https://monoskop.org/images/9/93/Elias_Norbert_Dunning_Eric_Deporte_y_ocio_en_el_proceso_de_la_civilizaci%C3%B3n_1992.pdf

Europa Press. (n.d.). Von der Leyen cree que la UE “ya no puede confiar” en un sistema basado en reglas y cuestiona si es "un. . .  Europapress.es. https://www.europapress.es/internacional/noticia-von-der-leyen-cree-ue-ya-no-puede-confiar-sistema-basado-reglas-cuestiona-si-obstaculo-20260309111037.html?utm_source=notificaciones&utm_medium=onesignal&utm_campaign=general#google_vignette

Federación Internacional de Tiro Deportivo (2025).  Reglamento Técnico General para todas las Modalidades de Tiro.  Edición de la ISSF 2005. https://www.conatiro.org/sites/default/files/assets/docs/reglamentos/ISSF_Reglamento_2005.pdf

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miércoles, 11 de marzo de 2026

Arguing with a flat earther

 K, Cronick

I like to argue. I have been trained by years of academic participation to argue propositions, to look for evidence, to corroborate evidence, and to defend what seems to be “factual”. I put quotes around this last word, because many accepted facts can be later refuted or modified. This instability does not make me anxious. Rather, I find stability in the very existence of scientific doubt, and the historical possibility to improve what we call knowledge.

I do not like arguments in which people end up calling each other names. “What you said is sooo stupid” is not an argument; it just reveals an existential need to be right, to come out on top.

So, I have made up a little game for myself. I am going to argue with a Flat-Earther. This individual is an author, William Carpenter (1885) whose quarrels with science are a century and a half old. That sort of gives me an advantage, but really my arguments can be based on ideas the predated him by a couple of millenniums, so my supposed advantage doesn’t really exist. Furthermore, I will try to argue on his level. That is, I will address his concerns from a shared world of direct experience, without calculations and without evidence from physics.

Me: So, Mr. Carpenter, you say that the Bible mentions a flat Earth. Genesis talks about the creation in terms of up and down.  It says (Genesis 1, 8-7, King James version), “And God made the firmament, and divided the waters which were under the firmament from the waters which were above the firmament: and it was so.” I think a lot depends on the translation one uses. But whatever the source, God could have patted the Earth either into a pancake with the “light” above it, or into a spinning ball. Genesis is not explicit in this detail. Sometimes people who defend a flat Earth use translation that mention a dome over the earth, in which the sun and the moon were placed, in addition to the heavens. In the King James version there is no mention of a “dome” over the water.

Mr. Carpenter: You cannot question the Scriptures. You are a moral degenerate, a lost soul!

Me: I am not questioning the Scriptures here. I am quoting them.

Mr. Carpenter: Anyway, even modern observations support the idea of a flat Earth. You rationalists claim that the fact that ships at sea seem to disappear bit by bit as they approach the horizon. But the effects of ships disappearing below the horizon could be explained by the laws of perspective in relation to the human eye.

Me: Perspective would make the ship grow smaller, not disappear bit by bit until only the tops of the sails can be seen.

Mr. Carpenter: That’s a lie, and you know it. You are a liar! Anyway, even though there are hills and valleys on its surface, the Earth seems to extend on all sides in one and the same general level.

Me: That is true until you climb up a very high mountain. If you look straight ahead you see a straight line limiting the horizon and the valleys below, but if you turn around slowly 360°, you see that line extend in a circle and join with what you were seeing at first.

Mr. Carpenter. That’s not true. Anyway, I base my arguments on what I can see from right here at my estate, a lovely, flat farmland. I use evidence. I’ll bet you have never been on a high mountain! You have never seen the curved horizon you refer to. You are just quoting all the lies! The Earth on which we live and move seems to be flat. Where, then, is the mistake? Surveyors' operations in the construction of railroads, tunnels, or canals are conducted without the slightest "allowance" being made for "curvature”. This is a cutting proof that Earth is not a globe.

Me: That is because the curvature is so gradual, and the sections used to construct railroad and tunnels are short segments. You can see the same phenomenon in the gradual rising of a mountainside, or the slow dipping of the railway tracks into a valley. It’s not necessary to used curved construction materials.

Mr. Carpenter: You always have to twist my arguments. You use unfair examples.

I could go on. Mr. Carpenter offers 100 arguments to support his thesis of a flat Earth. We begin to suspect that underneath there are other reasons for his beliefs, like the need to belong to a group, or a feeling of being excluded from participating in science.

My main point is that people who fiercely defend untenable positions are inclined to dismiss contradicting evidence and to insult those with whom they disagree.

Reference:

William Carpenter (1885). One hundred proofs the Earth is not a globe. BALTIMORE: Printed and Published by the Author, No. 71 Chew Street, Carpenter, William (1885). One Hundred Proofs that the Earth is Not a Globe. Baltimore: William Carpenter – via Project Gutenberg.

domingo, 22 de febrero de 2026

Alfabetización Emocional

 K. Cronick

Una parte importante del desarrollo humano tiene que ver con la capacidad que tenemos para expresar nuestras propias emociones en palabras. Se trata, primero, de la habilidad de describirlas, y luego de asumirlas, cuestionarlas y desarrollarlas.

Es decir, las emociones forman una parte de procesos cerebrales complejos y están ligadas con la sensación de identidad. Cuando una persona dice verbalmente y en voz alta, “estoy enojada” o “estoy feliz”, crea una consciencia de su propia afectividad; se trata de una cognición que tiene que ver con el reconocimiento que tiene de sus maneras de conectarse con el mundo.

No todos disfruten, o se enojan, o se cansan de los mismos acontecimientos sociales, culturales o ambientales. Esta diversidad puede ser una fuente de tensión y desacuerdos, pero también puede conducir a mayor riqueza cultural y más opciones sociales en los grupos y las familias.

La capacidad de nombrar y reconocer las emociones no sólo conduce a una identidad propia. De repente, al darse cuenta de los aspectos del mundo que le enojan, le cansan, le alegran y le estimulan, una persona puede decir, “no, no me gusta reaccionar así”, y de manera consciente e intencional puede buscar alternativas.

La sensación de identidad que tiene cada persona se relaciona también con la capacidad de sentir empatía hacia los demás. Al entender por qué un familiar o un amigo ha hecho algo que nos enoja o nos alegra, podemos comenzar a reaccionar de otro modo, de manera más asertiva y equilibrada. No sólo se cambian nuestras respuestas emocionales, puede cambiarse también el clima interpersonal de los grupos en que convivimos. 

El desarrollo de esta capacidad en un niño, es decir, de poder enunciar y reconocer sus emociones, ha sido estudiado en la psicología con el término “alfabetización emocional” (AE). Es un indicador crucial de madurez que facilita la regulación emocional y la empatía.

La alfabetización emocional en los niños es la capacidad de identificar, comprender, expresar y gestionar las propias emociones y entenderse afectivamente con los demás. Es fundamental para su salud mental y habilidades sociales.

La AE se relaciona con el reconocimiento que un niño tiene de sus propias emociones, pero también tiene que ver con su capacidad de comprender las emociones de los demás (Goleman (1998). La AE no es innata. Se trata de algo que debe aprenderse. Conduce a la capacidad de reconocer las emociones propias, entenderlas, nombrarlas y explicarlas. Los niños aprenden a saber por qué se las sienten y las circunstancias en que aparecen. Conduce también a la capacidad de comunicar emocionalmente con las otras personas de su entorno, y fomentar la sensibilidad empática.

Referencias:

Goleman, Daniel (1998). “Working with emotional intelligence. Editorial Kairós. S.A. 117—121. 08029 Barcelona España (Ver:  https://mendillo.info/Desarrollo.Personal/La.practica.de.la.inteligencia.emocional.pdf).

Kumari, Anshu (2025, 17 de octubre). Alfabetización emocional – ¿Qué es, importancia, elementos, cómo enseñar y más! Blog: 21kschool. https://www.21kschool.com/kh/blog/emotional-literacy/


miércoles, 18 de febrero de 2026

 

LA EMPATÍA Y LOS INFRACTORES

Karen Cronick

INTRODUCCIÓN

En este ensayo[1] intento acercarme a la posibilidad real de una cultura en que se asocian los conceptos de empatía y justicia. Es una proposición un poco utópica, porque de manifestarse plenamente, algo así incluiría la idea de la comprensión y la compasión hacia todos los miembros de la cultura, o en la jurisdicción judicial donde se practique. De este modo, la administración de la justicia se caracterizaría por el entendimiento y la comprensión mutua, y no por el castigo y el control. Esta posibilidad conduciría a un sistema judicial que articularía las afectividades positivas de la población, e incluiría, tanto a las víctimas de las agresiones y delitos, como a los autores que los han perpetrado en las soluciones legales y culturales de estas jurisdicciones.

Aunque esta proposición pueda parecer utópica, hay países como Holanda, Noruega, Alemania y Nueva Zelanda que son conocidos por sus sistemas legales enfocados en la rehabilitación de los infractores. En estos sistemas se minimizan los castigos, se enfatiza la educación, y se humaniza la experiencia carcelaria.

En este ensayo defino a la empatía como: una respuesta emocional y cognitiva que permite al observador sentir y comprender al otro. “Comprender” en este contexto no supone que el observador (el sujeto o el ser en la filosofía) vaya a asumir necesariamente las emociones y cogniciones ajenas como propias, sino que tendría una íntima apreciación de la experiencia del otro.

La empatía puede tener aspectos cognitivos, afectivos y/o conductuales. Es decir, la experiencia empática puede limitarse solo a conocer el pensamiento y las creencias de los demás, sin necesariamente compartirlos, como cuando uno entiende y respeta una religión sin suscribirse personalmente a sus contenidos. También puede tener contenidos afectivos, como la sensación de conocer los sentimientos del otro (sin necesariamente asumirlos) y finalmente puede conducir a respuestas conductuales cuando el observador ofrezca apoyo a quienes lo necesitan.

La empatía se relaciona con la idea de la moralidad, pero solo en el sentido cognitivo de una creencia formada sobre lo que es “correcto”. Esta creencia puede describirse como un conjunto de reglas que está relacionado con una ideología, un cuerpo legal o una religión. Por ejemplo, el quinto mandamiento del Viejo Testamento de la Biblia hebrea y cristiana, “No matarás” (Éxodo 20:13, Deuteronomio 5:17), sería una regla moral que prohíbe causar la muerte de otro ser humano de manera ilegal.[2] La moralidad puede originarse en la adopción de dogmas e ideologías, y no proviene necesariamente de haber experimentado los aspectos afectivos de la empatía.

El desarrollo moral ha sido descrito por Piaget (1991) y Kohlberg (1992) como el aprendizaje de dos estadios distintos. En Piaget dicho desarrollo es “heterónomo” cuando “se caracteriza por el respeto a la autoridad y a las normas que proceden de ella.” Y es “autónomo” en tanto signifique “un avance del respeto mutuo y de las reglas construidas entre iguales” (Moya, 2025, p. 70). En Kohlberg se trata de “estructuras cognitivas [que] son siempre […] esquemas de acción” (p. 72). En Kohlberg la afectividad y el aprendizaje de roles son importantes para el desarrollo del reconocimiento de “los demás”. De hecho, estos dos elementos no son realmente distintos para Kohlberg. El desarrollo social del niño implica el concepto de “ego” como una unidad de la personalidad, y su relación con un mundo social compartido. En general Kohlberg dice que el conocimiento social requiere el desarrollo cognitivo, y la adopción de un rol en el cual hay expectativas compartidas.

Entonces, la moralidad tiene que entenderse como un concepto individual que tiene raíces y contenidos históricos, culturales y sociales. Tiene profundas raíces culturales, porque las creencias sobre la distinción entre lo bueno y lo malo están definidas histórica y socialmente.

El concepto de justicia se relaciona con el de la moralidad. También es históricamente complejo y socialmente compartido. Se relaciona con la idea de la “felicidad” colectiva y es afín a la idea de los derechos universales del ser humano. La Declaración de Independencia de los Estados Unidos proclama:

Sostenemos estas verdades como evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que su Creador les otorga ciertos Derechos inalienables, entre los cuales están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad.[3]

Aunque la “búsqueda de la felicidad” haya sido elaborada como un derecho individual y legalmente constituido en algunos contextos, su relación con la idea de justicia es colectiva. Ávila (2008) reflexiona que “la felicidad que un orden social garantiza no puede ser la felicidad tomada en un sentido individual y subjetivo, sino colectivo-objetivo. El problema surge cuando se plantean conflictos de intereses y solo allí aparece la justicia como problema.”

Existirán siempre intereses individuales en pugna. Y precisamente de este conflicto surge la necesidad de alguna forma de justicia. Si no hubiera conflictos de intereses no habría la necesidad de buscar ni equidad, ni retribución, ni protección para los débiles. Pero históricamente todas las culturas, sociedades y sistemas políticos han sido caracterizados por el conflicto.

Las metas o aspiraciones de los individuos pueden ser diversas y las de un individuo dado podrían impedir la realización de aquellas que tienen otras personas. Por ejemplo, el logro de bienestar financiero de una persona puede limitar el bienestar de los demás, como cuando el dueño de una empresa no remunera bien a sus empleados.[4] Existe también el problema del conflicto entre una meta, concebida como un fin, y los medios usados para conseguirlo. Por ejemplo, la adquisición de dinero puede ser un medio para lograr el poder político. Dice Ávila que los medios no se justifican por el fin que pretenden alcanzar, y que un fin en particular podría ser un medio para alcanzar otro fin, que finalmente en cadena alcanzaría algún fin último y supremo. Dice el autor que:

[…] el problema de la moral en general y de la justicia en particular [… es que] los valores absolutos en lo particular, están más allá de la razón humana que solo puede lograr una solución limitada, relativa del problema de la justicia [….]

En este sentido uno piensa en la producción y venta de las armas letales y los métodos empleados por algunos gobiernos para ganar una elección o una guerra.

Finaliza Ávila, citando a Miguel Angel Ciuro Caldani (2001) quien define la justicia como “adjudicar a cada individuo la esfera de libertad necesaria para que se desarrolle plenamente, es decir, se personalice”. Sin embargo, esta propuesta también es problemática, justamente debido a los conflictos de intereses individuales.

Tal vez el intento más abarcador de expresar las bases de una justicia universal puede encontrarse en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (United Nations, s/f). En su preámbulo la define en términos del “reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. 

En las siguientes páginas buscaré los enlaces entre el fenómeno de la empatía que pueden sentir las personas (individual y colectivamente) y su concepto de la justicia. No se pretende en este ensayo proponer una postura de “perdón” a los delincuentes. Más bien se propone defender la idea de su recuperación y rehabilitación. Hay dos matices iniciales en esta postura: el primero es la necesidad de proteger la población en general de los abusos y maltratos de la delincuencia, y, sobre todo, de los delitos de lesa humanidad. El segundo es la necesidad de reducir la cultura de odio que podría justificar estos atropellos y fomentarlos.

La cultura de odio no solo es abarcante hoy en día, sino que crece y cambia. Y en una cultura que promueve el castigo y la retribución, es decir, aquella que exige que el sufrimiento que ha causado un infractor sea igualado por el dolor de un castigo, esta proposición promovería el mismo mal que pretende combatir.

Si bien los delincuentes tienden a carecer de la capacidad de sentir empatía,[5] a veces lo justicieros también tienen esta carencia. Dice Posick (2013) que:

Las personas empáticas tienen menos probabilidades de cometer delincuencia o delito. Pero quienes tienen dificultades para percibir cómo se sienten los demás y les cuesta compartir esos sentimientos tienen más probabilidades de cometer actos ilícitos, desde delincuencia menor hasta los delitos violentos más graves.

También se encuentran estas carencias, a veces, entre los encargados de las cárceles, entre la policía y entre los mismos administradores del sistema de justicia. Es una carencia relacionada con la necesidad de poder (Kocur & Mandal, 2018;  Li, Lynch, Sun, Rizkyana, Cheng, et al., 2024, y Cronick, 2025c).[6]

 LA JUSTICIA, EL DELITO Y LA RETRIBUCIÓN

El delito

El blog de la Justicia Penal (Delito, s/f) define el delito como una “Conducta, acción u omisión típica (descrita por la ley), antijurídica (contraria a derecho) y culpable a la que corresponde una o varias sanciones (penas) previstas en el Código Penal”.

Esta definición descansa enteramente sobre las caracterizaciones establecidas en los códigos legales, determinados por algún sistema jurídico, histórico o existente. Lo que se consideraba un delito en el pasado puede ser permitido hoy en día; Juan Fernández (2017) señala varias etapas históricas en el desarrollo de la idea de delito, pero de manera sencilla podemos recordar a Sócrates quien fue condenado por alejar a los jóvenes de Atenas de creer en los dioses, o, por otro lado, podemos mencionar actos aceptados antiguamente (como el feminicidio), que hoy en día son repudiados (aunque no siempre castigados[7]).

Igualmente, las apreciaciones sobre lo que es un delito dependen del país donde ocurre. Por ejemplo, la Ley Sharía se practica con rigor en Arabia Saudí, Irán y Afganistán, pero en otros países no es reconocida. Hoy en día la esclavitud es ilegal en todos los países del mundo, aunque formas modernas persistan en ciertos lugares que permiten trabajos forzados en fábricas y servicios.  Por otro lado, en Alemania, Canadá, España, Francia, Los Estados Unidos de América, México, Colombia, Chile y Costa Rica los derechos humanos individuales tienen un rango constitucional.

También, históricamente ha habido momentos importantes de cambios colectivos y multitudinarios con relación a la definición de los delitos. En momentos de conquista los cambios son drásticos, como cuando Alejandro Magno terminó para siempre con la democracia ateniense. Los golpes de Estado también producen cambios cuando el nuevo régimen prohíbe conductas como la disidencia o la protesta, y las redefine como “traición a la patria”, “sedición” o “terrorismo”.

Todos los cambios políticos que introducen nuevas normas implican modificaciones en la estructura jurídica. La caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C. significó el fin de la Edad Antigua y el inicio de la Edad Media. Este proceso dio lugar a una profunda crisis interna, y se iniciaron en Europa los tiempos feudales y la influencia de la Iglesia de Roma. Luego, con la aparición del protestantismo de nuevo se puso en duda a las normas vigentes hasta ese momento, tanto culturales como jurídicas.[8] Luego con el inicio de la Ilustración se cuestionó a la autoridad monárquica, las líneas hereditarias de soberanía (y de conquista) y la autoridad eclesiástica. La eliminación gradual del colonialismo y la esclavitud también significó grandes modificaciones culturales y legales. Cada evento ha sido traumático, dejando rastros de anomia.

La anomia se define como la desintegración o falta de normas sociales en un individuo o a nivel social, que puede resultar de los rápidos cambios culturales o políticos. Herrera (2026) refiere a una “herida” filosófica que marcaría los grandes giros filosóficos, y esta idea está bien aplicable a las heridas culturales luego de importantes transformaciones sociales, legales y civilizatorias. Émile Durkheim (Marks, 1974) describe la incapacidad estructural que tienen las culturas cambiantes para proveer metas o reglas confiables, llevando a la desorganización cultural. En términos de los efectos jurídicos de estos momentos de cambio, Robinson (2025) describe como “niveles excepcionalmente altos de anomia —es decir, una conciencia colectiva muy limitada, imprecisa y débil— deberían resultar en menos delitos y menos castigos porque menos actos deberían definirse y tratarse como delitos”. No es que las personas individuales carecen de normas en momentos de cambio; más bien carecen de apoyo institucional y cultural. La administración de justicia se vuelve débil e indecisa. Esto puede producir desasosiego entre los pobladores.  

Debido a la relatividad geográfica e histórica de las definiciones del delito legal, no se puede establecer criterios abstractos y universales sobre su naturaleza. En este sentido el delito se parece a las transgresiones morales que se definen como tales según las diferentes religiones y culturas.  

Aunque no haya cómo establecer criterios universales sobre lo que podría constituir una conducta ilegal, los diferentes tipos de castigos sí pueden caracterizarse de manera abstracta. Existen castigos como las penas capitales, las penas privativas de libertad, la inhabilitación (para asumir ciertos cargos profesionales o políticos), multas, y otras como trabajos en favor de la comunidad.

Las condiciones del castigo, como la tolerancia a la tortura o las condiciones degradantes en las cárceles cambian según las culturas políticas. La idea de la justicia retributiva sostiene que el castigo debe ser una respuesta proporcional al daño causado por un delito desde el punto de vista de “equilibrio” en el sufrimiento causado por el delincuente. En este caso, el dolor se parece a una moneda que puede “pagar” por una infracción. A veces, se asocia con el deseo de venganza socializado, basándose en la severidad del crimen y no en la rehabilitación. En algunos casos, como en aquellos de naturaleza política, los castigos pueden constituir meros medios para lograr y asegurar el poder y dominio por parte de los aspirantes a la autoridad y al caudillaje.

La justicia retributiva no es algo del pasado, aunque haya habido reflexiones éticas recientes sobre su valor y eficacia. Tal vez el castigo más espantoso de este enfoque sea el uso de la pena de muerte. Para septiembre de 2022, había sido completamente abolida en 145 Estados (Colabores de Wikipedia, s/f). La misma fuente señala que:

[…] de los 54 Estados de África: 25 han abolido la pena de muerte por completo; 1 mantiene la pena de muerte solo para circunstancias excepcionales; 22 la mantienen, pero están bajo una moratoria; 6 mantienen la pena de muerte y la aplican […] De los 38 Estados Americanos: 20 han abolido la pena de muerte por completo; 5 mantienen la pena de muerte solo para circunstancias excepcionales; 12 mantienen la pena de muerte pero están bajo una moratoria; 1 mantiene la pena de muerte y la aplica (Colaboradores de Wikipedia). 

En la ley internacional ha habido intentos de reconocer la subjetividad legal de los individuos. Pérez (s/f)[9] refiere al principio pro homine en la posible interpretación normativa a favor de la persona. Este principio se fundamenta en el bienestar humano como objetivo primordial del derecho. Sin embargo, la autora reconoce que el individuo no goza de la plena subjetividad en el derecho internacional contemporáneo. Es decir, no existen instancias internacionales que asimilen e igualan los sistemas jurídicos de todos los países a pautas internacionales viables.

La ley y los pactos

Las leyes se caracterizan por su estructura formal dentro de un sistema jurídico dado, pero existen también los “pactos” en los cuales individuos se ponen de acuerdo para actuar de manera conjunta. Los pactos políticos son acuerdos con una vigencia temporal entre actores individuales, partidos o Estados para definir objetivos particulares. Estos acuerdos pueden ser públicos o privados.

Un ejemplo es el “Pacto de Punto Fijo”, que ocurrió en Venezuela el 31 de octubre de 1958. Tomás Palacios (2024) ha descrito la génesis, los motivos y los logros de este pacto; sus autores eran:

Jóvito Villalba, Rafael Caldera y Rómulo Betancourt [quienes] lo firmaron actuando cada uno de ellos como secretario general de su correspondiente partido político, a saber, Unión Republicana Democrática (URD), Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI) y Acción Democrática (AD) (p. 11).

Estos dirigentes políticos actuaron en el momento que Venezuela salía de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y el país buscaba un equilibrio entre los nuevos dirigentes para desarrollar una democracia viable. Entre estos líderes había profundas diferencias ideológicas y de doctrina, pero estaban de acuerdo sobre la necesidad de lograr un nuevo sistema nacional, autogestionado por medio de elecciones democráticas. La pregunta fundamental era: ¿los partidos más grandes y vigentes en este tiempo podrían aceptar los resultados electorales aun si perdiesen el voto popular?[10] El pacto tuvo como objetivo asentar las reglas básicas de la democracia antes que hubiera leyes específicas al respecto, y un sistema vigente para normarla. Palacios describe así las metas del pacto:

[…] asumían tres compromisos básicos y manifiestos: primero, defender la Constitución y al gobierno que resultase de las elecciones convocadas […]; segundo, constituir un gobierno unitario y tercero, elaborar un programa común de acciones a seguir desde el gobierno, independientemente de quien lo encabezara […] (Palacios, p. 12).

Estos hombres, como señala Palacios, se consideraban enemigos políticos, pero estaban de acuerdo con la necesidad de establecer un sistema democrático. Y como señala el autor, un pacto requiere que los participantes se pongan de acuerdo sobre sus aspiraciones mínimas y sus aspiraciones máximas, y negociar sus diferencias. Al final este pacto fue acordado y sentó las bases para un régimen que duró 41 años.

Este pacto tuvo un desenlace relativamente feliz para el país. Hubo dificultades, por ejemplo, excluyó al Partido Comunista (con la anuencia inicial de este partido), pero condujo a décadas de insurrecciones por parte de los grupos marxistas activos en el país, que nunca aprendieron a convivir en un mundo de debates, acuerdos y decisiones pacificas.[11]

Los pactos pueden conducir a la “felicidad general” que hemos venido describiendo, pero también pueden incluir gobiernos de unidad nacional (GNU) extralegales. Un GNU normalmente es una coalición de partidos políticos (a veces incluyendo tecnócratas) formada en circunstancias excepcionales como crisis o tras elecciones cuyos resultados no estén en el interés de grupos poderosos. Pueden contradecir la legalidad vigente el país.

La responsabilidad del sujeto individual en la mirada científica y filosófica

La mayoría de las culturas reconoce la idea de la responsabilidad del individuo. Filosóficamente se relaciona con la idea del “libre albedrío”, o la capacidad que tendría una persona individual para elegir libremente sus acciones. En los siguientes párrafos exploraremos esta libertad personal con relación a la identidad del sujeto.

Existen claras condiciones que limitarían la idea de la libertad y la responsabilidad humanas. Se puede comenzar con una referencia a la idea de que el funcionamiento cerebral sea determinista, es decir, que sigue procesos físico-químicos que no pueden ser influidos por fuerzas no-materiales como la voluntad del individuo. Luego, hay formulaciones teóricas de la psicología social que describen cómo la influencia de los grupos sociales afecta las decisiones de los individuos (Festinger, 1954, Asch, 1952 y 1962, Moscovici, 1996, Milgram, 1963, entre otros)[12] y los controles descritos por los estudios psicológicos sobre el condicionamiento operante (Skinner 1971). También hay barreras sociales y educativas que limitan el acceso de partes de la población al uso discrecional de su propio sistema legal. Ejemplos son la discriminación racial, y discriminación contra la mujer, los pueblos indígenas y las personas con discapacidad. (Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 2014).

Pero, si bien la ciencia moderna propone reglas deterministas que rigen los cambios conductuales e ideacionales de las personas, Caula & Rodríguez (2025), otros pensadores sostienen que la idea de la agencia personal no viola las leyes de la física, ya que proviene de las propiedades emergentes de sistemas complejos [13]. Capacidades compuestas como la conciencia personal surgen de la interacción de la combinación de las neuronas, no de las neuronas individuales. Éstas tienen una organización jerárquica que permite la creación de redes funcionales que, a su vez, dan lugar a la experiencia subjetiva y la cognición.

Se puede considerar al libre albedrío como un logro evolutivo (Alonso, Caula & Palenzuela, 2026). Cuando un tigre decide abandonar la caza de una presa, lo hace evaluando las alternativas y “decide” por la opción que más le favorece. Se puede extender este argumento a las decisiones humanas de actuar o no, y de qué manera. En el caso de los humanos, se trata no solo de decidir entre la viabilidad de las opciones en cada caso, sino de tomar en cuenta también el contenido de sus normas culturales. Estas normas actúan como opciones para tomar decisiones y realizar las conductas elegidas. Además, estas normas están conectadas con elaborados sistemas sociales que definen el “bien y el mal”.

Quiceno (2025), señala que el problema filosófico de la identidad del sujeto:  

termina en el callejón dualista que plantea la interpretación inadecuada del cogito cartesiano. …  [L]a identidad, o es algo que se puede captar objetivamente fruto de la experiencia o es un hecho aislado que, dado que cae fuera de lo experimentable, pasa a ser un problema al que no deberíamos darle importancia. Eso quiere decir que la identidad personal es un problema que se puede reducir a la experiencia acumulada y neuronalmente explicable. […]  (9 74).

En cambio, los filósofos tienden a aceptar alguna forma de libre albedrío como un fenómeno existente, pero debaten sobre su naturaleza. El concepto de “ipseidad” se relaciona con la idea de una identidad cambiante y personal que resulta de las reflexiones que las personas tienen sobre sí mismos. La identidad se percibe como el centro de la experiencia vital. Se relaciona con el reconocimiento reflexivo del yo, y su responsabilidad personal. Se trata de una dimensión existencial de la identidad. Jean-Paul Sartre (s/f) plantea en su obra El Ser y la Nada, que la “ipseidad” refleja un encuentro entre el “ser en sí” y el “ser para sí”. Las personas reflexionan sobre sí mismos mientras su identidad va cambiando con cada nueva experiencia que tienen en la vida, y en esto consiste su libertad. Cada instante del sí mismo revela un ser único e incomparable con el instante anterior. La ipseidad señala la historicidad del ser. Dice Sartre:

La libertad humana precede a la esencia del hombre y la hace posible; la esencia del ser humano está en suspenso en su libertad. Lo que llamamos libertades, pues, es indistinguible del ser de la «realidad humana». El hombre no es primeramente para ser libre después: no hay diferencia entre el ser del Hombre y su «ser-libre (p. 30).

En todas sus acepciones es necesario conjugar la esencial libertad del ser humano con las restricciones que necesariamente confronta[14]. Hemos mencionado las condiciones psicosociales que conducen a la conformidad social[15] y podemos volver por un momento la mirada a las influencias que ya hemos revisado, como los límites históricos de cada cultura, las carencias educativas y económicas y los impedimentos causados por la falta de libertad política.

Pero el individuo no está solo (Cronick, 2025 a&b). Está inmerso en redes comunitarias y sociales que le ofrecen variadas y distintas apreciaciones sobre la realidad social y su propio sentido de identidad. Está inmerso en grupos vecinales de trabajo remunerado, en clubs y en grupos religiosos y educativos. Cada fuente tiene sus propias apreciaciones. Así, el individuo está constantemente comparando y eligiendo puntos de vista. Además, participa en conversaciones con personas que le ofrecen nuevas ideas. De estos intercambios pueden surgir nuevas ideas.

La empatía, la identidad y los infractores

 Lozana & Fernández (2021) dicen que “la justicia retributiva, que pone el énfasis principalmente en el castigo del infractor, genera frecuentemente en la víctima una doble victimización o victimización secundaria” (p. 2). En cambio, la justicia restaurativa propone cambiar o aliviar, tanto las condiciones que contribuyeron al delito y la subjetividad del delincuente, como a los daños que éste podría haber causado. Esta postura legal y social responde a la necesidad de humanizar a cómo las culturas responden a las carencias personales entre sus actores.  Dicen los autores, “La Organización de las Naciones Unidas define este concepto como un proceso en el cual la víctima, el ofensor y los miembros de la comunidad afectada por la delincuencia participan en la solución de los problemas ocasionados por ésta” (p. 2). Es una herramienta que requiere que se considere a los infractores como personas con necesidades y vulnerabilidades.

Para lograr una postura de humanización legal y social se requiere ver a todos los involucrados con una mirada empática. Para la justicia restaurativa hay que ver más allá del acto, y más allá del deseo de venganza. Hay que entender las causas subyacentes a las conductas antisociales, y facilitar tanto la rehabilitación como la reintegración social del victimario. Es importante ver a las personas en su contexto y reconocer las emociones que llevaron al acto[16], aunque no se apruebe su conducta. La empatía no justificaría las agresiones de los delincuentes, más bien buscaría la sanación de las condiciones que condujeron (y conducen) a las trasgresiones; la empatía en el ámbito penal busca lograr comportamientos prosociales a largo plazo.

Los casos espantosos

Los crímenes cometidos por personas individuales, quienes muchas veces han sido víctimas ellos mismos de condiciones de mal trato y deprivación, pueden suscitar reacciones colectivas de empatía. Estas reacciones son más complejas, sin embargo, cuando se trate de violaciones masivas de los derechos humanos. Revisaré la naturaleza de estos crímenes y consideraré algunas de sus implicaciones sociales y culturales.

El concepto jurídico de los “crímenes contra la humanidad” se formalizó en 1998 con el Estatuto de Roma cuando se estableció La Corte Penal Internacional.[17] En este estatuto, en su Artículo 7, se definen tales crímenes cómo:

“cualquiera de los siguientes actos cuando ocurren como parte de un ataque sistemático contra cualquier población civil, y cuando los responsables tengan conocimiento previo del ataque: a. el asesinato, b. la exterminación, c. la esclavitud, d. la deportación o reubicación forzada de una población, e. el encarcelamiento o cualquier otra deprivación de la libertad física de las personas en violación de la ley internacional, f. la  tortura, g. la esclavitud que implica la violación sexual, la prostitución obligada, el embarazo forzado, la esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable, h. la persecución contra un grupo o colectividad identificable en términos de su identificación política, racial, nacional étnico, cultural, religiosa […], i. la desaparición forzada de las personas,  j. el crimen del apartheid, y k. cualquier otro acto inhumano de naturaleza intencional que causa gran sufrimiento, o daños físicos y corporales (Las Naciones Unidas, s/f-b, traducción mía).

Estos crímenes no tienen que restringirse a situaciones de guerra. El Estatuto de Roma es la declaración jurídica más aceptada internacionalmente. Se aplica aun a los países que no lo firmaron.

Por su parte, Cingranelli & Mark (s/f) definen “atrocidades” como lo que ocurre cuando un:

[…]  gobierno, sus agentes o quienes actúan en nombre del gobierno [lleven a cabo] ejecuciones extrajudiciales generalizadas de civiles en un año natural, y en conjunto con al menos una violación generalizada de un derecho a la integridad física. Estas violaciones podrían estar relacionadas con el uso de tortura, encarcelamiento político o desapariciones forzadas contra civiles.

Por toda la historia humana han ocurrido episodios de venganza o lesa humanidad que requieren nuestra atención especial. Encontramos ejemplos antiguos en el fin de Troya y la destrucción de Cartago, y han ocurrido en tiempos modernos con cierta frecuencia, aunque no hayan sido condenados necesariamente al nivel de la legalidad internacional. Los casos de Somalia (1993), y los genocidios en Ruanda (1994), Srebrenica (1995) y Kosovo (1999) recibieron atención legal, pero otros no, sobre todo cuando los responsables eran ciudadanos de naciones poderosas.[18]   

Al nivel subjetivo es más difícil entrar en una relación empática con los autores de estos crímenes masivos. Más bien la atención reparadora se enfoca en la protección de las víctimas, como cuando el antiguo secretario de las Naciones Unidas, Kofi Annan, pudo detener la violencia post-electoral en Kenia en el 2008 por medio de negociaciones, formando así una coalición entre las partes en pugna.

En general, las reacciones empáticas a estos eventos han sido anubladas por las ideologías y las preocupaciones políticas y económicas de la atención internacional. Igualmente, cuando los dirigentes de los países totalitarios estén a punto de ceder su poder, la preocupación de su ciudadanía y el mundo internacional tiende a centrarse en los mecanismos de recuperación de los procesos autogestionarios. El castigo de los criminales de lesa humanidad es visto como parte de este proceso, y el ánimo de la población no es necesariamente empático en estos momentos.

En un ensayo sobre las condiciones que han producido algunos de los grandes tiranos históricos (Cronick, 2024), se analizó cómo estas personalidades han podido formarse, pero en general hay que enfocar el problema en la necesidad de vigilar las condiciones que les han formado, y no tanto en nuestra capacidad cultural para aplicarles alguna forma de justicia restaurativa. Con este tipo de personalidad, marcada por una historia de manipulación y la búsqueda de poder personal, es difícil abrir relaciones empáticas mutuas. Sin embargo, se puede cuestionar la aplicación de penas severas como la pena de muerte como ocurrió en Nuremberg.

La naturaleza de una construcción restaurativa de la justicia

En esta sección final haré una elaboración de la noción de la justicia restaurativa en varios escenarios. Hoy en día hay varios países que la practican, por lo menos esporádicamente, principalmente Canadá, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Reino Unido y Australia. Es evidente que las exploraciones que hacen con este enfoque legal no han erradicado las injusticias judiciales y extrajudiciales que han heredado, pero, en estos lugares existen programas en los sistemas de justicia juvenil y penal, así como en comunidades indígenas. En Latinoamérica, países como Chile, Colombia, España y México están implementando proyectos de este tipo. Es importante observar, sin embargo, que en todos estos lugares subsisten muchos ejemplos de decisiones legales basadas en la idea de la retribución y aun la venganza. Los Estados Unidos, por ejemplo, es el único país en los continentes americanos que todavía emplea la pena de muerte habitualmente y de manera legal.

Ofrezco México como un ejemplo particular. Hay un esfuerzo que comenzó el 18 de junio del 2008, la Constitución Política de los Estados Mexicanos. Macedonio y Carballo (2020) describen como, con ello, se estableció un nuevo modelo de justicia penal en donde se prioriza un sistema procesal penal que garantiza (de manera formal) los derechos de los imputados, de las víctimas u ofendidos por el delito dentro del proceso penal. Estos esfuerzos se desarrollan con tratados internacionales y convenciones. El gobierno mexicano no solo intenta reparar el daño causado por un delito (en lugar de solo castigar al infractor), sino también considera las condiciones que llevaron al infractor a actuar con agresión y desprecio hacia su víctima. Se propone involucrar a víctimas, ofensores y la comunidad en un proceso de diálogo para reintegrar a todos los afectados, buscando la sanación colectiva.

María Fernanda del Moral (s/f) reconoce que, aunque la Constitución Política de México reconozca los derechos de las víctimas en su sistema jurídico, internamente ha sido un camino tortuoso en su implementación, debido a que “la legislación secundaria queda corta ante la expectativa del ciudadano” (p. 134). Debido a esta ineficiencia sistémica, hay frustración entre los pobladores; además existe una larga tradición de obviar las instancias legales. Héctor Laguna (2022) describe como ocurre que las personas ofendidas a veces buscan, por sí mismas, la retribución de quienes consideran culpables de las ofensas que han sufrido. Dice que:  

[…] la toma de justicia por propia mano en la actualidad se ha convertido en uno de los principales problemas por los que atraviesa el sistema jurídico mexicano. Los justicieros reflejan dos problemáticas sociales. La primera, el hartazgo de las personas y la gran desconfianza que se tiene en las instituciones encargadas de proteger el derecho a la justicia. La segunda, la decisión de la población para recurrir a medios ilegales para hacer frente a la criminalidad.

Se trata de un conflicto entre, por un lado, las aspiraciones legales, es decir, los deseos para lograr un sistema de justicia empático, y por el otro lado, la ineficiencia (y desidia) de las instancias legales, la falta de coordinación entre los escalones federales y locales, los prejuicios de los jueces y demás agentes en los sistemas judiciales, las frustraciones de la gente en general con la lentitud del proceder legal y finalmente, una cultura de venganza propia. Claramente México no es el único país que sufre de estas incongruencias. A nivel mundial hay muchas explicaciones socio-económicas para las demoras en la administración judicial, por ejemplo, la existencia de cárceles privadas con ánimo de lucro.

Para finalizar

En una concepción inclusiva y restaurativa de la justicia, se podría contemplar el desarrollo de programas preventivos que evite y desaliente, tanto la formación de bandas de delincuentes, como la creación de personalidades que, careciendo de empatía, se vuelvan despóticas. Esto implica el estímulo y el desarrollo de empatía como un rasgo cultural en las comunidades y las naciones. Algunos países actualmente tienen programas en las escuelas para lograr esto, por ejemplo, Dinamarca, Canadá, Finlandia, el Reino Unido, Nueva Zelanda y Noruega incorporan a la empatía en los planes de estudio escolares, y disuaden conductas de intimidación (bullying).

Para finalizar comparto una historia personal. Una amiga, Antonieta Rodríguez, tiene una importante trayectoria en la defensa de los derechos humanos en Venezuela. En un incidente que ocurrió hace muchos años, ella había terminado un discurso frente a un público que incluía varios altos oficiales militares. Ella estaba saliendo del edificio y encontró que la escalera para bajar al estacionamiento se había quedado sin iluminación. Un oficial le dijo, de manera un tanto fanfarrona, “Señora, ¿le presto mi revólver para bajar la escalera?”, y ella respondió, “General, ¿su revólver tiene luz?”

 Notas de pie de página


[1] Algunos aspectos formales de este ensayo: a) a veces las fuentes en línea que he consultado no indican los números de las páginas, y b) hay fuentes como blogs que no provienen de revistas formales o sitios electrónicos que no tienen indicaciones bibliográficas según los requisitos de la APA.

[2] Este mandamiento es interesante porque no prohíbe todos los actos de matar intencionalmente a otro ser humano. Permite la pena de muerte legal, y los actos de guerra, por ejemplo.

[3] We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness.

[4] De hecho, las empresas generalmente no son ni democráticas, ni consensuales, y no se basan en ninguna noción del bienestar de sus empleados. Su motivo principal es la generación de un superávit, y solo las leyes estatales limitan su actuación.

[5] La empatía puede ser selectiva.

[6] He revisado los sentidos filosóficos de la “voluntad de poder” en Cronick (2025c).

[7] Medusa, una de las tres gorgonas en la mitología griega, era una doncella hermosa, Poseidón la raptó, y violó. Esta violación no se consideraba como un crimen, más bien era una hazaña erótica, y la esposa del raptor, la diosa Atenea, reaccionó con celos, castigando a la víctima. Convirtió a Medusa en un monstro con culebras en la cabeza, en vez de cabello, y una mirada petrificante. Medusa, ahora un ser temible, fue decapitada heroicamente por Perseo. Irónicamente, para quienes defienden los derechos de la mujer, el héroe de esta historia es Perseo.

[8] En la Edad Media no existía una estructura jurídica tal como la conocemos hoy en día. El rey (o el papa) pudo emitir edictos según su voluntad, y rescindirlos también según su antojo del momento.

[9] En esta referencia, Pérez transcribe parte del capítulo 3 del libro de Castillo Argañarás, Javier Echaide & Claudia Gasol Varela (2024). “Tratado de Derecho internacional público” (Erreius, 2024). Específicamente transcribe la sección 3 del capítulo llamado “Los sujetos del derecho internacional público”. Hemos citado a Pérez porque la transcripción es suya.

[10] Marcos Pérez Jiménez fue derrocado en 1958, y las elecciones para un nuevo presidente (que ganó Rómulo Betancourt) ocurrieron en 1959. Se aprobó la Constitución en 1961.

[11] Hubo la excepción del partido “Movimiento al Socialismo” (MAS) que aceptó la oferta del Presidente Rafael Caldera para abandonar la lucha armada. El MAS nació en 1971 bajo el liderazgo de Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff, en un intento para lograr una vía socialista, pero democrática, de participación política. El MAS se distanció del verticalismo tradicional de la lucha armada, arraigado en la ideología de la izquierda.

[12] Festinger postuló que las personas evalúen sus opiniones con relación a las de las otras personas en su grupo social. Asch demostró cómo los sujetos individuales se unen a las opiniones de la mayoría. Moscovici propuso la idea de que existan personas que proponen nuevas ideas que permiten a los demás reevaluar sus propias opiniones. Milgram examinó el poder que tiene una autoridad para inducir la sumisión de los individuos.

[13] Ver: Barrett (2016), Dehaene, Sargento & Changeux (2003), Guillemant P. (2016) y Wahbeh, Radin, Cannard. & Delorme (2022). Los últimos autores se distan de la idea de propiedades emergentes y sugieren otras explicaciones que tiene su base en la física cuántica; dicen: “Los mecanismos subyacentes a estas propiedades ‘no locales’ sugieren vagamente un entrelazamiento cuántico en física, pero cómo podrían manifestarse tales efectos sigue siendo muy especulativo. La existencia de estos efectos no locales parece apoyar la propuesta de que los modelos posmaterialistas de la conciencia pueden ser necesarios para romper el estancamiento conceptual presentado por el difícil problema de la conciencia.”

[14] En los Juicios de Núremberg (20 nov 1945 – 1 oct 1946) se juzgaron los principales responsables de los crímenes lese humanidad del régimen nazi de Alemania, vencido en la Segunda Guerra Mundial. En estos juicios se establecieron la responsabilidad legal de los individuos.

[15] (Festinger, 1954, Asch, 1952 y 1962, Moscovici, 1996, Milgram, 1963, Skinner 1971).

[16] Gómez, Restrepo, & Montoya (2025) concluyen que intervenciones que “externalizan” las conductas de delincuentes juveniles les ayuda a cuestionar su desapego moral, y facilitan su recuperación social.

[17] ”Siete países – EE. UU., China, Irak, Israel, Libia, Catar y Yemen – votaron en contra de la adopción del Estatuto. Rusia retiró (2016) su firma ante la CPI tras la anexión de Crimea en 2014. El tratado del Estatuto de Roma entró en vigor en 2002, creando así la primera Corte Penal Internacional (CPI) permanente para ayudar a poner fin a la impunidad, avisar a los posibles delincuentes y reforzar el multilateralismo y un orden internacional basado en normas” (Niland, 2024).

[18] Un caso en particular fue el uso de la bomba atómica en Nagasaki el 9 de agosto, 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de su gran mortalidad, se han argumentado que los Estados Unidos no inició la guerra, y su intención era terminarla. Sin embargo, ya los estadounidenses habían eliminado la ciudad de Hiroshima unos días antes, y era evidente que Japón había perdido el conflicto. Se puede alegar que el segundo uso de la bomba no era necesario para los fines bélicos declarados.

 

 

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