EMPATÍA EN EL DEPORTE
Karen
Cronick
Universidad
Central de Venezuela (Jubilada)
Manuel
Llorens
Universidad
Católica Andrés Bello,
Notas
de los autores
Karen
Cronick,
Instituto
de Psicología
Orcid: https://orcid.org/0000-0002-1009-6873
Correo:
karen.cronick@gmail.com
Manuel
Llorens
Programa
de Especialización en Psicología Clínica Comunitaria, UCAB
Orcid: 0009-0007-2340-2853
Correo:
manuel_llorens@hotmail.com
RESUMEN
ABSRACT
The objective of this article is to use the methodology
of the academic essay to reflect on the relationship between empathy and
sports. We explore the links between community consciousness and the concept of
culture, specifically the aspects related to the practice of sport. Competitive
sports are fundamentally shaped by the rules that govern the matches between
teams. It is part of world culture and incorporates a model for understanding
intentional and reflective changes, in support of humanistic values. It does
not abandon the idea of tradition, but puts it at the service of the well-being
of all members of society and encourages the search for new solutions. This
practice involves rules of interaction that not only stipulate the behaviors
that are permitted in each athletic expression, but also foster attitudes of
inclusion and solidarity. The interpersonal and inter-community model offered
by sport is a socio-cultural contribution of enormous importance. It offers a
participatory standard in which individual interests can encompass large
communities.
INTRODUCCIÓN
En
este ensayo[1]
exploramos los lazos entre la consciencia comunitaria y la idea de cultura, en
particular los aspectos relacionados con la práctica del deporte. La cultura
puede verse en el sentido global que incluye a todas las culturas, habidas y
por haber. Ella, en conjunto, es una herencia viva, que se ha ido modificando
constantemente. Es el medio por el cual
se desarrollan y se transforman las diferentes estructuras económicas y políticas
de los reinos, los territorios conquistados, las colonias y las naciones. Tiene
un papel fundamental en la creación del bienestar para guiar y formar -en las
democracias- la plena participación de los ciudadanos en los procesos de su
Estado.
Las
Naciones Unidas, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) promueven la cultura como uno de
los pilares del desarrollo social, dentro del marco de las libertades
fundamentales. Así, la cultura fortalece la participación política, revitaliza
la solidaridad social y la cooperación, refina la formación de valores y
fortalece la comprensión que las personas tienen de su patrimonio histórico.
Una
de las principales manifestaciones de la cultura es el desarrollo de diversas
expresiones deportivas, competitivas o no. Los deportes
competitivos contribuyen con sus reglas que rigen los encuentros —que son
potencialmente agresivos— entre jugadores individuales, como en el boxeo, y
entre equipos, como en el rugby, el fútbol, el baloncesto y el béisbol. Los
deportes no competitivos, como el senderismo, el yoga y el ciclismo recreativo,
también juegan un papel en el esfuerzo de reunir a los vecinos para aumentar el
respeto a la diversidad e intercambiar ideas y opiniones.
Norbert
Elias y Eric Dunning (1992) afirman que el deporte moderno es un reflejo de la
evolución hacia la Modernidad. Entienden como “Modernidad” la evolución de un
proceso social complejo que abarca los marcos normativos amplios y compartidos con
los cuales se pueden construir sociedades más complejas. Dentro de este
contorno, el deporte moderno estableció acuerdos de conducta identificables
para todos, y se canalizó la agresión como un factor indispensable para la
sociedad.
Pero
desde hace milenios se ha usado el deporte para fomentar la solidaridad
comunitaria y la paz. Una de las primeras referencias al nexo entre los
deportes y la paz puede encontrarse en las primeras Olimpiadas que ocurrieron
en Olimpia, Grecia, en 776 a.C. En ellas los griegos celebraban la creación de
lazos religiosos que expresaban una importante evocación cultural para promover
la concordia. Con el tiempo, crearon la
“tregua olímpica”, una tradición en que se paraban temporalmente los conflictos
bélicos para que los atletas pudiesen viajar para honrar a Zeus durante el
evento. Sobre todo, los atletas competían corriendo en carreras. Cuando
reiniciaron las competencias olímpicas en sus manifestaciones modernas (en
Atenas en 1896), se incluyeron pruebas de velocidad, salto y lanzamiento en
honor a esta vieja tradición.
Dunning
(en el prefacio de Elias & Dunning, 1992) ve en cada cultura un “un todo
diferenciado y estructurado, constituido por una serie de niveles emergentes”
(p. 18) en donde hay cierta autonomía entre ellos. Ellos varían por su grado de
estructuración, y también en su velocidad de cambio y evolución. Incluso en
países donde los líderes han utilizado aspectos culturales para fortalecer su
propio poder, la diversidad cultural permite cuestionar algunas prácticas.
Esta práctica implica reglas de interacción que no
sólo orientan las conductas reglamentarias y permitidas en cada expresión atlética,
sino también fomentan actitudes de inclusión y solidaridad.
El mero asomo de límites conductuales sobre actos agresivos y no autorizados en
el deporte tiene un papel en la socialización de los participantes. Especialmente en aquellos deportes que
incorporan algo de agresividad, como el boxeo y el rugby, la imposición de
límites sobre el grado de provocación permitida tiene gran importancia
educadora y socializadora. Como iremos desarrollando en este ensayo, el deporte
aporta una estructura en la que el bienestar del individuo se relaciona
directamente con aquello de la comunidad completa.
Hay
otros enfoques al respecto. Una primera visión -que contrasta con esta
perspectiva de un sistema de encuentros reglamentados como se manifiestan en el
deporte- es la que propone que la moralidad en la vida socio-cívica tiene el
propósito de proteger a los débiles, sobre todo en la idea de que la intención principal
de los sistemas éticos sea la de garantizar la dignidad y seguridad de los
menos fuertes.[2]
Por
otro lado, los sistemas que justifican el poder absoluto suelen referirse a un
poder divino, o tradicional, que otorga autoridad y justificaciones para los
monarcas y aun a los dictadores. Una moralidad basada en las reglas de juego
incorpora a todos los actores en un proyecto compartido, en el cual el poder no
es interpretado como un atributo personal, o de una clase social, sino como
algo que se puede ejercer de manera colectiva.
Este
papel socializador ha sido reconocido por importantes líderes internacionales y
en la legislación de países individuales. Por ejemplo, Barack Obama (2026) ha
comentado sobre la capacidad que tienen las artes, la música y el deporte para
“unir al mundo”. Al nivel de los organismos nacionales e internacionales, la
Carta Olímpica (Comité Olímpico Internacional, 2024), y la UNESCO, establecen
la práctica deportiva como un derecho universal. En algunos países, como en
México (la Constitución) y Venezuela (Ley Orgánica del Deporte)[3], el acceso a la cultura
física y al deporte es un derecho fundamental.
El
deporte actúa como una herramienta para romper estereotipos y fomentar el
diálogo intercultural. Sunarti, Netra, Hayati, Firmanjaya & Rahmizal (2025)
señalan que la práctica del deporte en las comunidades no sólo funciona como
una actividad recreacional; también puede incidir sobre su desarrollo económico
y social. Puede funcionar como un catalizador para el empoderamiento social, la
cohesión vecinal y puede impactar en el desarrollo económico de las comunidades.
Los
autores definen la cohesión social como un impulso para las relaciones sociales
y el sentido de solidaridad entre los miembros de la comunidad. Entienden la
identidad como un sentido compartido de pertinencia y orgullo con respecto a su
comunidad. Demuestran que estos valores no solo fomentan el bienestar comunitario,
sino que también producen pactos económicos tangibles de inmigración. Por
ejemplo, comunidades cohesionadas pueden atraer inversiones empresariales y
estimular el espíritu emprendedor mediante una mayor confianza y colaboración
(p. 251).
EL
MÉTODO DEL ENSAYO
Se
trata de una metodología abierta en que no pretendemos ni confirmar una
hipótesis ni comprobar una orientación teórica. Deseamos explorar un tema y
ofrecer explicaciones socialmente plausibles para los fenómenos que revisamos.
RESULTADOS
Y DISCUSIONES
Las
organizaciones comunitarias y sus propuestas de cambio
Capital
Social
El
deporte puede concebirse como un componente del concepto de “capital social”.
Raúl Rojas (2025) ofrece esta definición:
“una
especie de “entidad, medible, en relación a personas, grupos, organizaciones,
comunidades, países y regiones, [… que incluye] la creación de capital humano
(habilidades, conocimiento y experiencia), instituciones democráticas más
eficientes, la reducción de la criminalidad, acceso a mejores empleos, más
rentables y a la educación de mayor calidad, así como a la erradicación de la pobreza,
etc.” (p. 30).
Para
Rojas, el concepto también incluye las relaciones comunitarias y vecinales, un
hecho social que puede cambiar la sociedad y sus instituciones. En particular,
para los propósitos de este ensayo, nos referimos al concepto de “resiliencia”
que sería un efecto del empleo positivo del capital social. Rojas refiere a
ella como la capacidad que tienen “las personas [y las colectividades] que son
capaces de desarrollarse [de manera] psicológicamente sanas a pesar de vivir en
contextos de alto riesgo como pobreza, violencia intrafamiliar y social” (p.
72-73). Esto implica no sólo la capacidad de resistir a las influencias
destructivas que existen en la comunidad, sino también la potencia de
transformarlas para producir nuevas respuestas y proposiciones sociales. Rojas
cita a Maritza Montero (2004, p. 200) para definir a un grupo que fomenta
resiliencia:
“un
grupo social dinámico, histórico y culturalmente constitutivo y desarrollado,
preexistente a la presencia de los investigadores o de los interventores
sociales, que comparte intereses, objetivos, necesidades y problemas, en un
espacio y tiempo determinados y que genera colectivamente una identidad, así
como formas organizativas, desarrollando y empleando recursos para lograr sus
fines” (Rojas, p. 74).
Con
relación específica al deporte, Rojas dividió las agrupaciones y organizaciones
de una comunidad en la que hizo una descripción detallada sobre el capital
social; las dividió en tres categorías que apeló “esferas”: a) esferas
comunitarias, b) esferas asociativas y c) esferas Estatales. En la comunidad
estudiada por Rojas (La Vega, una parroquia de Caracas, Venezuela) encontró grupos
deportistas sólo en la primera esfera. Dice Rojas que se trata de:
“entrenadores
deportivos no profesionales […] Estos entrenadores deportivos, junto con los
niños, adolescentes, padres, madres o representantes habitantes de la
comunidad, conforman los grupos deportivos comunitarios. Estos grupos, nacen
como una iniciativa espontánea de los propios habitantes (entrenadores
motivados), ante las necesidades que padecen. Representando así un tejido
organizativo primario y espontáneo. Son netamente informales, no solo porque
los entrenadores no son educadores de deporte o deportistas profesionales, sino
porque los mismos grupos carecen de formalidad jurídica, se trata de grupos que
se forman con los propios vecinos, y solo algunos de estos grupos logran
evolucionar en organizaciones más formales. (p. 120-121).
La
diversidad en la oferta comunitaria
La
descripción de las “esferas” que emplea Rojas es útil para describir cómo los
grupos y las organizaciones comunitarias se forman y generan, tanto soluciones
sociales como respuestas de resiliencia y creatividad social.[4] A pesar de que Rojas sólo
encontró grupos de deportistas en la primera “esfera” en la comunidad
particular de La Vega, pueden surgir en cualquiera de los tres niveles que él identificó.
De
hecho, a nivel nacional en Venezuela, la organización deportiva se estructura
jerárquicamente en todos los niveles sociales. Existe un Ministerio del Poder
Popular para el Deporte y un Instituto Nacional de Deportes (IND). Dentro de
esta jerarquía están el Comité Olímpico Venezolano (COV), las federaciones
nacionales clasificadas según el tipo de deporte (gimnásticas, fútbol, etc.) en
asociaciones estadales, ligas, clubes y escuelas.
Los
equipos profesionales están constituidos como organizaciones con fines de lucro;
son populares y atraen la admiración y la lealtad de sus seguidores.[5] Las organizaciones no
gubernamentales (ONG) de deporte en Venezuela incluyen las Olimpiadas
Especiales Venezuela, la Fundación “Yo Soy Deporte”, “Deporte para el
Desarrollo” y la “Fundación JHS”. Sus objetivos son promover la inclusión, la
salud y la educación a través de diversas disciplinas, a veces en colaboración
con ONG y empresas.
Los
equipos deportivos ofrecen una alternativa efectiva y creativa frente a las
actividades de las bandas juveniles. Un ejemplo admirable de este tipo de
actividad puede encontrarse en el esfuerzo de la compañía Ron Santa Teresa, que
comenzó a emplear el entrenamiento en el rugby para la resocialización de
presos jóvenes a través del Proyecto Alcatraz en el estado de Aragua, Venezuela,
en el 2003. Esta iniciativa ha formado a más de 200 jóvenes y ha creado el
equipo Alcatraz Rugby Club, que ha sido campeón nacional en su renglón.
Este
equipo nació gracias a un programa de reinserción social para jóvenes
delincuentes. Ha logrado desarticular diez bandas delictivas. Su historia
comenzó después de un asalto a la compañía. La policía capturó y encarceló a
los delincuentes, pero representantes de la compañía les ofrecieron a los ladrones
la posibilidad de trabajar tres meses en la empresa para ‘pagar’ su pena sin
pasar tiempo en la cárcel. Esta oferta se extendió a 22 miembros de la misma banda. Primero, la
compañía ofreció enseñarles a leer y a escribir. Luego, Alberto C. Vollmer,
dueño de la empresa, organizó un proyecto para entrenarlos en el deporte de rugby.
Actualmente, el proyecto se ha expandido y tiene programas de rugby penitenciarios,
escolares y comunitarios, llegando a un total de 2 mil jóvenes que se entrenan en
el rugby en la hacienda para alejarse de las bandas violentas.
Dice
Vollmer (MundoDeportivo, 2017) que el rugby ofreció un excelente marco social
para la reinserción social de estos jóvenes:
[…]
es un deporte rudo pero noble con valores muy importantes: solidaridad, fair
play y el tercer tiempo, en el que cuando termina el partido te vas a tomar
una caña con tu rival […]. El rugby tenía además otro valor importante […L]as
bandas se basan en la jerarquía y como nadie sabía jugar no había un líder
claro en el equipo. […P]rimero fue un deporte, después fue una plataforma para
enseñar valores. La filosofía se apoya en cinco valores: el respeto, la
disciplina, el trabajo en equipo, el espíritu deportivo y la humildad, el más
importante porque te permite poner los pies en la tierra, aprender de tus
errores y cuando tienes un comportamiento humilde en la vida todo se te hace
más fácil, tienes menos barreras”.
Un
participante, José Gregorio, ofrece esta descripción de la experiencia: “Antes
los chicos del barrio nos veían con pistolas y jugaban a pistolas; ahora nos
ven con balones de rugby y juegan al rugby” (Internet Archive, s/f).
Este
proyecto recibió el premio “Beyond Sport” en Inglaterra, y ha habido intentos de
imitarlo, por ejemplo, en Colombia. Ha sido acreditado con la reducción de la
tasa de homicidios a nivel regional “de 114 homicidios por cada 100.000
habitantes al año, en el 2003, a la actual que se ubica en 25 por cada 100.000
habitantes al año” (Internet Archive, s/f).
Empatía
como concepto general y en el deporte
Cronick
(2026) describe la empatía de esta manera:
La
empatía puede tener aspectos cognitivos, afectivos y/o conductuales. Es decir,
la experiencia empática puede limitarse solo a conocer el pensamiento y las
creencias de los demás, sin necesariamente compartirlos, como cuando uno
entiende y respeta una religión sin suscribirse personalmente a sus contenidos.
También puede tener contenidos afectivos, como la sensación de conocer los
sentimientos del otro (sin necesariamente asumirlos) y finalmente, puede
conducir a respuestas conductuales cuando el observador ofrezca apoyo a quienes
lo necesitan.
La
experiencia afectiva de la empatía es inmediata y personal. Desde el siglo
XVIII se le ha caracterizado como una habilidad que permite a las personas percibir
las emociones de otros individuos como "reflejadas" en sus propios
sentimientos. Es una experiencia sensible en la cual las emociones de un
individuo comienzan a manifestarse en las de un observador. Esta experiencia
suele estar relacionada con la compasión y la solidaridad en quien la percibe.
En
el deporte, este reflejo permite a los jugadores sentir el dolor y la alegría
de los demás participantes de una manera inmediata e íntima. De este modo, los
equipos opositores no pueden ser “enemigos”; son más bien contendores leales
para los mismos objetivos, pero dentro de un proyecto compartido. Ejemplos
típicos de este tipo de empatía pueden encontrarse en ayudar a un rival
lesionado, en consolar a un compañero tras una derrota dolorosa y en desarrollar
gestos de juego limpio. También aparecen en los entrenadores que apoyan
emocionalmente a sus atletas. En un caso famoso:
En
las Olimpiadas de 1936 en Berlín, sucedió una de las mejores muestras de
empatía en la historia: en la final de salto con pértiga los japoneses Shūhei
Nishida y Sueo Ōe estaban empatados en segundo lugar. Entonces, se negaron a
seguir compitiendo y pidieron a los jueces que declararan ganadores del segundo
puesto a ambos; sin embargo, las reglas no lo permitían y los jueces declararon
a Nishida como medallista de plata y a Ōe como medallista de bronce. Al
terminar la competencia, los dos atletas ejecutaron un acto de gran empatía y
amistad que sigue siendo una referencia en el deporte: cortaron a la mitad sus
dos medallas y las pegaron para crear dos medallas mitad plata y mitad bronce.
Estas medallas son conocidas como las “Medallas de la Amistad” y han puesto una
referencia para que ahora se reconozca a los atletas que empatan en algún
puesto del pódium (Bustamante, 2022).
Cronick
(2026) dice que la empatía se relaciona también con la idea de la moralidad,
pero en el sentido cognitivo de una creencia formada sobre lo que es
“correcto”. Hay conductas obligatorias, permitidas y prohibidas. Se trata de la
aceptación de un cuerpo normativo preestablecido que se asemeja a una
ideología, un cuerpo legal o una religión. Por esta razón, la aceptación de las
“reglas de juego” puede tener un papel tan efectivo en combatir la “anomia”[6] de las bandas ilegales.
Cronick
refiere al desarrollo moral de Piaget (1991) y Kohlberg (1992) como el
aprendizaje de dos estadios distintos. Dice que:
En
Piaget dicho desarrollo es “heterónomo” cuando “se caracteriza por el respeto a
la autoridad y a las normas que proceden de ella.” Y es “autónomo” en tanto
signifique “un avance del respeto mutuo y de las reglas construidas entre
iguales” (Moya, 2025, p. 70). En Kohlberg se trata de “estructuras cognitivas
[que] son siempre […] esquemas de acción” (p. 72). En Kohlberg la afectividad y
el aprendizaje de roles son importantes para el desarrollo del reconocimiento
de “los demás”. De hecho, estos dos elementos no son realmente distintos para
Kohlberg. El desarrollo social del niño implica el concepto de “ego” como una
unidad de la personalidad, y su relación con un mundo social compartido. En
general Kohlberg dice que el conocimiento social requiere el desarrollo
cognitivo, y la adopción de un rol en el cual hay expectativas compartidas.
Martin
Hoffman (2000) puede servir de puente para pensar en el modelo de Kohlberg de
desarrollo moral y el lugar de la empatía. Básicamente tomó las críticas de
Carol Gilligan (s/f) desde la perspectiva de género, que sugerían que el modelo
de Kohlberg, si bien interesante, le daba demasiado peso a las argumentaciones
racionales, autónomas, típicas del razonamiento más masculino, y perdía de
vista aquellos razonamientos morales que él consideraba convencionales. Ella
pensaba que habría que dar prioridad a la vida compartida expresada en la
empatía, para llegar a conclusiones éticas. Hoffman propone la empatía como el enlace
para comprender del todo el razonamiento moral. La empatía aquí es vista como
la "gasolina" que da el impulso inicial para el razonamiento.
La
asimilación de los roles y la creación de una identidad basada en normas es
fundamental para el desarrollo de individuos y para la creación de una cultura
normada. Se trata de un proceso, algo que continúa durante toda la vida. Las
normas viejas pueden cuestionarse y convertirse en nuevos sistemas afectivos y
conductuales. Entonces, la moralidad tiene que entenderse como un concepto
individual que tiene raíces y contenidos históricos, culturales y sociales.
Las
reglas en el deporte también pueden desarrollarse. Por ejemplo, en 1970 se
introdujeron las “tarjetas amarillas y rojas en el fútbol para sancionar la
conducta antideportiva y faltas graves. En el boxeo se introdujo el uso de
guantes y se prohibieron las patadas con los pies. Estos cambios señalan la incorporación de
normativas sucesivas que protejan a los jugadores y humanicen el deporte.
Una
crítica a la empatía
Una
base para una crítica política a la empatía fue desarrollada por Joe Rigney,
quien en 2019 escribió un ensayo titulado "El pecado tentador de la
empatía: Cómo Satanás corrompe a través de la compasión”. Su argumento distingue
la empatía de la compasión, alegando que la primera trata de una reacción primitiva,
incoherente e insensata, mientras la segunda es razonada y lógica. Considera la
empatía como un chantaje emocional con connotaciones políticas. En su lugar
propone una "compasión anclada", basada en su propia interpretación
del dogma cristiano. Algunas figuras políticas han apoyado esta posición; En
febrero del 2025, Elon Musk dijo que “La debilidad fundamental de la
civilización occidental es la empatía” (PowerfulJRE, 2025).
Este
punto de vista tiene claros orígenes en las teorías clásicas de la economía
(Davies, 2025). Nos recuerda Davies que:
En
términos de filosofía política, este debate suele rastrearse hasta las
diferentes opiniones sobre el estado de la naturaleza ofrecidas por Hobbes y
Rousseau. Hobbes pensaba que todos éramos básicamente horribles, así que, si
nos dejábamos a nuestra suerte, la vida de los hombres sería "solitaria,
pobre, desagradable, brutal y corta". Su argumento central en Leviathan es
que la creación de un Estado que pueda obligarnos a todos a aceptar leyes, y
que sea capaz de ejercer la fuerza para hacer cumplir esas leyes, es lo único
que nos impide matarnos unos a otros y robar cosas. Rousseau, por su parte,
tenía la visión opuesta: pensaba que el estado de la naturaleza era una utopía
colectivista en la que los "salvajes nobles" (sus palabras, no mías)
vivían en armonía entre sí, y que solo la aparición de la propiedad privada,
los gobiernos y las leyes arruinaban las cosas y nos hacían competir a todos.
Entonces
el argumento básico tiene que ver con la naturaleza del ser humano. Y esta
preocupación nos lleva de nuevo a preguntarnos sobre nuestra capacidad real de
producir, por voluntad propia y colectiva, una sociedad justa en que la
“felicidad general” pueda construirse.
Hay
economistas que argumentan que el altruismo que proviene de la experiencia
empática no puede distinguirse conceptualmente de la defensa de los intereses
propios y ego-orientados. Es importante examinar la naturaleza del interés
propio y compararlo con la idea del interés colectivo. Puede ocurrir que un
comportamiento aparentemente “desinteresado” puede funcionar para alentar y
proteger los intereses de los individuos a un nivel más profundo. Aunque
Hoffman (2000) puede decir, “él o ella no es el Otro” (p.1), se podría añadir
que “todos somos nosotros”.
También
puede verse en la incorporación social de personas cuyos trastornos de
personalidad les dificultan funcionar de manera interpersonal. En el deporte
podemos ver personajes psicopáticos que funcionan. No porque adquieren empatía,
sino porque entienden que no queda de otra que acatar las normas de convivencia
para poder participar.
En
cambio, la ética militar cultiva una predisposición a matar, junto a una
estricta vigilancia de la conducta reglada. Allí no alcanza la empatía. Pero si
queremos ampliar las esferas de convivencia, no alcanza con pensar en las reglas
de nuestro in-group, hace falta poder ver al otro -que no se parece a nosotros-,
y para eso necesitamos la empatía.
Otro
elemento importante es la creación de las "zonas grises" un concepto
que Llorens cita de Primo Levi (2004). En esta zona las víctimas de la
violencia pueden convertirse en victimarias, perdiendo su humanidad esencial.
Citando a Martín Baró (1990), observa que el trauma de la experiencia de la
violencia no es causado solo por individuos, ni tiene efectos solo en ellos
(Llorens et al, s/f) p. 30). Puede convertirse en una cultura local. Martín
Baró (1990) consideró que las tareas de desideolización, despolarización y
desmilitarización son tan importantes como la atención a los traumas de la
guerra. Habló de la ruptura de la
convivencia y la deshumanización del Otro.
Estos
traumas individuales y colectivos producen un fenómeno que Llorens llama la
militarización de la mente: se encuentra en la creencia de que las fuerzas
armadas son necesarias para pacificar el país. También se naturaliza la idea de
“enemigos”, y la necesidad de jerarquías. Se asume “la ley del más fuerte” como
algo natural. Todo esto conduce a la habituación social a la violencia.
El
Otro como un semejante
El
deporte no siempre ha fomentado la consciencia del Otro como un semejante. Los
deportes antiguos incorporaban destrezas militares como el manejo de la
esgrima, la jabalina y el tiro con arco. Estos deportes trataban de destrezas
individuales en el entrenamiento de los soldados, y no contemplaban las “reglas
de juego” interpersonales; la obediencia a las órdenes de los oficiales de
rango superior constituía la única regla interpersonal. De hecho, aun siendo
“juegos”, algunas de estas competencias terminaban con la muerte del
adversario.
La
naturaleza letal de las competencias deportivas ha sido eliminada en la
modernidad. Por ejemplo, el tiro deportivo es una disciplina olímpica que
comprende el uso de armas de fuego (pistolas y rifles, a veces empleando aire
comprimido en vez de balas) para impactar blancos inorgánicos fijos o móviles.
Es regido por la Federación Internacional de Tiro Deportivo. Las normas de
estas competencias rigen la conducta de individuos o las condiciones ambientales
de las competencias: incluyen modalidades para la protección de los oídos de
los competidores, indicaciones sobre el diseño de los blancos de papel, la
protección contra la lluvia, el sol y el viento, la prohibición de fumar o usar
teléfonos móviles y otras reglamentaciones sobre los ambientes de las
competencias y la conducta tanto de los competidores como del público
(Federación Internacional de Tiro Deportivo (2025)).
En
general, el deporte puede considerarse como un espacio en el que la normativa
surge de la comunidad de los deportistas en cada disciplina. Se puede
interpretar el interés compartido como una versión más amplia de los intereses
propios. Se trata de la idea de que todos se benefician cuando las condiciones
favorecen a la comunidad en general. Ampliando la referencia a las comunidades
de vecinos, o grupos socio-políticos, por ejemplo, cuando en las comunidades no
haya grandes desigualdades, hay menos crimen.
Y
esto es justamente lo que enseña el deporte: en un proyecto compartido, con
reglas y metas compartidas, todos los participantes se benefician.
CONSIDERACIONES
FINALES
Hemos
revisado los orígenes culturales del deporte, tanto en sus manifestaciones organizadas
como en las espontáneas.
Especialmente
hemos referido a una cultura de reglas en que haya variadas categorías y roles
para los participantes. Por ejemplo, un equipo de fútbol se divide en cuatro roles:
el portero, las defensas, los centrocampistas y los delanteros. Normalmente son
once jugadores, y cada quien cumple funciones específicas para adelantar un
proyecto compartido. Luego están los entrenadores, los organizadores, los fans
del club y la comunidad en que juegan. Más allá de cada equipo particular, hay
otros equipos y otras comunidades, y la competencia entre ellos es el sine
qua non de la existencia de toda la colectividad. Sin competidores, el
deporte no tiene sentido. Y las reglas de juego son la base fundamental de
todo.
Todos,
desde los jugadores hasta los observadores, forman una práctica socializadora
que aumenta la cohesión comunitaria y la amplia participación de los miembros
de los grupos y sociedades.
Otras
agrupaciones y actividades y sus reglas
Hay
personas que no encuentran placer en los deportes y que pueden preferir otras
actividades colectivas como la música, la ciencia o la creatividad artística.
Inclusive, hay actividades competitivas como el ajedrez y el bridge que tienen
estructuras organizativas similares al atletismo, sin emplear el esfuerzo
físico. Algunas de estas alternativas, como la música, tocada por agrupaciones
grandes como orquestas y más pequeñas como cuartetos o solistas acompañados por
instrumentos, incorporan el mismo grado de colectividad y disciplina que los
deportes, aunque las reglas sean totalmente distintas.
Hay
otras actividades que también se organizan por sistemas de reglas y normas, que
usualmente se encuentran en las profesiones, los sindicatos y las posiciones elegidas
como representantes públicos; incluyen los consejos municipales o nacionales, o
designadas, como en el caso de algunos jueces, autoridades ministeriales o
juntas directivas de empresas públicas. Idealmente su actuación también tendría
“reglas de juego”, pero en estos casos la obligación de acatarlas no está ni
tan nítida ni tan pública.
El
sistema de reglas y entendimientos que condujeron a la organización de la Unión
Europea y las Naciones Unidas es otro nivel de acuerdos, únicos en la historia
del mundo, que han frenado en algo el caos de las ambiciones de ciertos Estados
individuales después de la Segunda Guerra Mundial.[7]
Para
concluir, el modelo interpersonal e intercomunitario
que ofrece el deporte es una contribución socio-cultural de enorme importancia.
Ofrece un estándar participativo en que los intereses individuales pueden
abarcar a comunidades grandes, es decir, los intereses de todos los
participantes son importantes, y se extienden a la colectividad entera. En el deporte, si se ignoran los intereses de
un componente de la organización, el bienestar de todos decae. Por ejemplo, si
el público no puede asistir a las competencias, el apoyo a los equipos
desaparece. Igualmente, si las condiciones de juego son peligrosas, los equipos
pierden a sus jugadores.
Se
trata de un modelo comunitario.
REFERENCIAS
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República de Venezuela (2011, 23 de agosto). Ley Orgánica del
Deporte. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 39.741 https://www.fevetiro.com.ve/wp-content/uploads/2020/07/ley-organica-de-deporte-actividad-fisica-y-educacion-fisica.pdf
Bustamante,
V. H. (2022, 1 de septiembre). Distintos episodios en
la historia de los deportes nos demuestran que la capacidad de entender y
reconocer la experiencia de los otros es un elemento clave para ser exitoso,
pero, sobre todo, para fortalecer la conexión humana. Empatía en el deporte, ciencia y salud,
deporte. CAPTEL. https://capitel.humanitas.edu.mx/empatia-en-el-deporte/
Comité Olímpico Internacional. (2024).
Carta Olímpica: Vigente a partir del 23 de julio de 2024.
https://olympics.com/ioc/olympic-charter
Cronick, K. (2026, 18 de Febrero). La
empatía y los infractores. Blog: Reflexiones4-karen.blogspot.
https://reflexiones4-karen.blogspot.com/2026/02/la-empatia-y-los-infractores-karen.html
Cronick, K. (2024), La empatía: una
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psicosociales. Cuaderno de Investigación N° 1 - Área Psicología Social. Doctorado en Psicología. CDCH/UCV.
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(2025). An essay on participation and political consciousness. Revista
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Davies, R.
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[1] Vamos
a referir con frecuencia a un artículo particular (Cronick, 2025a).
[2] Por
su parte Nietzsche veía la protección de los débiles como una política de
resentimiento contra los fuertes. Él vio un “esclavo” que exige la compasión del
más poderoso. Se trata de una moral invertida que sirve para consolarse de la
angustia que produce la debilidad y un rechazo al impulso de dominar la
naturaleza trágica de la vida.
[3] La
primera ley Orgánica de Deporte fue aprobado el 25 de septiembre, 1995.
[4] “En
la esfera comunitaria el hilo conductor lo construyen los grupos comunitarios primarios
[… cuya] base fundamental es la solidaridad primaria basada en relaciones
interpersonales de afecto y cercanía [… que carecen] de cualquier [formalización
jurídica…] La esfera asociativa [se caracteriza por…] relaciones impersonales
que trascienden las relaciones de cercanía y familiaridad. Se trata de
organizaciones con estructuras, propósitos y acciones formales endógenas y
exógenas a la comunidad. En la esfera estatal, se han agrupado las
organizaciones comunitarias promovidas por el Estado y Gobierno venezolano.
[5]
Ejemplos de estas organizaciones son: a) la Liga Venezolana de Béisbol
Profesional (LVBP), la Superliga Profesional de Baloncesto (SPB) y la Liga
Venezolana de Tenis Playa.
[6] La
anomia se define como la desintegración o falta de normas sociales en un
individuo o a nivel social, que puede resultar de los rápidos cambios
culturales o políticos. Émile Durkheim (Centro de Investigaciones Sociológicas.
(n.d.) describe la incapacidad
estructural que tienen las culturas cambiantes para proveer metas o reglas
confiables, llevando a la desorganización cultural.
[7] En
la última década, las “reglas de juego” internacionales que surgieron después
de la Segunda Guerra Mundial se han debilitado (Europa Press. (n.d.)