K. Cronick
Con mi hija hemos visto varias películas animadas para niños
recientemente cuyos valores no se limitan a los problemas de los amores entre
un príncipe y una princesa. La más reciente se llama “Intercambiados”
(Swapped en inglés). Se trata de una aventura animada dirigida por Nathan Greno
y escrito por John Whittington, Christian Magalhaes y Robert Snow. Fue producida
por Netflix y Skydance Animation.
En la película, dos enemigos jurados —una diminuta criatura
del bosque llamada Ollie, y un ave llamada Ivy, se ven obligados a habitar,
cada uno, físicamente dentro del cuerpo del otro. Es un caso extremo de la
experiencia empática. Juntos llegan a entenderse, y a salvar no sólo sus propias
especies, sino a todos los habitantes del bosque.
Es básicamente una película sobre la empatía. Los personajes
son animalitos que viven en un bosque primordial. Cada especie tiene sus
problemas de supervivencia, y con frecuencia su propia preservación pone en
peligro la de otro. De manera fantasiosa, que ignora todas las reglas de
depredación del mundo real, los animales logran intercambiar sus identidades,
ver los problemas de los otros, explicar sus propias exigencias, y finalmente
comienzan un intento de convivir en paz. Al final, hasta los lobos ofrecen a
convivir. Hay un personaje malvado que quiere controlar cruelmente a los demás,
pero el afán de paz de todos acaba con su tiranía.
Es evidentemente una metáfora para la convivencia humana.
Nosotros -los humanos- no podemos acabar con la cadena alimenticia del mundo
natural. Los lobos tienen que seguir comiendo a los ciervos y los gatos cazarán
a los ratones. Pero entre nosotros, entre los países, las religiones, las
culturas y hasta los partidos políticos, la convivencia es un sueño que tiene
una larga historia. Esta película intenta hacer accesible este sueño para los
niños. Y para los adultos que veamos la película, nos abre interrogantes.