K. Cronick
Somos colectivamente responsables de la educación de los niños de nuestra cultura. Si criamos a niños egoístas y egocéntricos, y
peor aún, si, cuando nuestros hijos crezcan, los colocamos en poderosas posiciones, de hecho, hemos escogido una alternativa cultural. Igualmente, si
les enseñamos a ser atentos y empáticos, también hemos tomado una decisión
sobre quiénes queremos ser y cómo queremos vivir.
¿Cómo fomentamos el egoísmo? Primero, de todo, necesitamos
enseñar el miedo. Tenemos que reprimir la empatía. El cultivo del miedo puede
ser un mecanismo de autodefensa para la solidaridad grupal e incluso para la
supervivencia del grupo.
Por otro lado, la empatía puede ser una herramienta que
empodera. Ines Kudo y Joan Hartley (s.f.) observan que las "habilidades
sociales" pueden potenciar el aprendizaje en general. También contrastan los
valores de la "tenacidad" con las "habilidades sociales". La tenacidad,
es decir, la autosuficiencia y la resistencia, pueden ser útiles para el éxito
personal en el cumplimiento de objetivos educativos y profesionales, pero
también pueden generar soledad. Las habilidades sociales, como la apertura a la
empatía, pueden abrirles a los niños posibilidades para vidas más
significativas como adultos.
La empatía, advierten los autores, debe ir acompañada de la
conciencia de cómo utilizarla. Dicen:
La empatía y la compasión son
significativas cuando los niños conocen, entienden y confían en sí mismos, así
como cuando saben quiénes son, qué tienen en común con los demás y qué les
diferencia. Necesitamos enseñar a los niños a ser conscientes y controlar sus
impulsos y emociones para que puedan centrarse en cómo se sienten los demás sin
desestimar sus propios sentimientos ni dejar que se interpongan. Solo entonces
la empatía y la compasión construirán una verdadera conexión. Enseñar empatía
también requiere ayudar a los estudiantes a comprender y reconocer la
discriminación, condescendencia u opresión —abierta o oculta, macro o micro—
que otras personas y grupos experimentan a diario debido a su género, edad,
etnia, fe, condición socioeconómica, orientación sexual, etc.
Esto significa que la capacidad de empatía debe combinarse
con un "conjunto de habilidades más amplio" que incluya pensamiento
crítico y una comprensión básica de "las condiciones que perpetúan la
injusticia". Una reacción empática básica y espontánea sería dejar caer
unas monedas en el tazón de un mendigo. Una comprensión más amplia conduciría a
decisiones de vida que podrían dar lugar a la creación de una cultura de
justicia y de compasión.
Referencia
Ines Kudo
& Joan Hartley (n.d.).Teaching
(with) empathy and compassion in schools. UNESCO
https://mgiep.unesco.org/article/teaching-with-empathy-and-compassion-in-schools