Algunos
no crecen rectos.
Sus ramas
son curvadas, nudosas,
como las manos
de una vieja tejedora.
Como la misma vida
ampliamente vivida,
retuercen de verde gozo.
.
Otros extienden largas ramas
que penden, descienden
al pavimiento.
Son paraguas sinoples,
una fantasía de Kandinsky.
Tocan al suelo
solo implícitamente
como el salto
de un canario.
-Karen Cronick