K. Cronick
Anoche vimos una película sueca llamada “Me llamo Agneta”.[1]
Cuenta la historia de una mujer, Agneta (Eva Melander) que deja su esposo, sus
hijas, ya crecidas, y un trabajo rutinario en Suecia para ir como una au
pair en Francia. Para ella se trata de un escape, un sueño de libertad.
Cuando llegue a su destino encuentra que el empleo no tiene
que ver con el cuidado de un niño, sino de la necesidad de vigilar y acompañar
a un viejo hombre gay, Einar (Claes Månsson), cuya incipiente demencia requiere
un control externo, y cuyas fantasías libertarias combinan algo de erotismo con
ideaciones infantiles e imaginativas.
Agneta y los amigos de Einar forman una amistad de taberna.
Agneta es muy empática, y puede intuir en Einar sus capacidades de alegría, pero
también de dolor. Ella percibe su duelo por lo que considera la pérdida de su
hijo, y arregla un exitoso reencuentro entre ambos.
Lo interesante de esta película es la construcción de la
idea libertad según la ven los protagonistas. Particularmente interesante es
como Agneta percibe su propia vida como aburrida y sin dirección, a pesar de que
su esposo de muchos años, Magnus (Björn Kjellman) le ame profundamente, y que
haya tenido hijas que viven todavía en Suecia.
Desde mi punto de vista se trata de la incapacidad de Agneta
para construir sentido y lazos de amor en su propia vida. No es una película
que celebra la vida libre, sino un ensayo sobre una cierta vaciedad anímica, y por
esto su existencia en Francia cuenta de una mezcla de alegrías sin compromisos
y sin un propósito real. De hecho, por casi la mitad del film, ella está
tramitando un nuevo escape que sería su regreso a casa.
En la última escena, cuando haya logrado romper su relación
matrimonial de manera definitiva, ella se queda sola en una carretera francesa,
y la vemos alejar, bailando en su ropa interior entre hileras de matas de
lavanda. Su búsqueda no involucra la elaboración ni de un renovado sentido de
vida, ni relaciones profundas de amor, ni de algo como una creencia o una reciprocidad
humana que vale defender. Ella, por lo menos en este punto de su historia, ha
creado una fulminante emoción de alegría exuberante casi adolescente. Será una
libertad difícil para ella, a menos que logre convertirla en lazos más profundos
con sus nuevos amigos.
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