miércoles, 24 de febrero de 2021

Xenophobia (English) / xenofobia (Español)

-Karen Cronick 

English: A word about xenophobia.

It is clearly an historical phenomenon, the Greeks considered all cultural achievements that were not their own to be “barbarous”. For millennia, any conquered peoples have been turned into slaves. Some of the great historical migrations involved conquest, from the combative Middle-Eastern and South-Asian resettlements during the Bronze Age, to the European conquest of the American continent. These invasions have almost always ended with the vassalage of the original populations. In other cases, such as the capture, shipment, and enslavement of Africans from the sixteenth to the eighteenth centuries to Europe and America, the victims were not even considered humans.  More recently, in the twenty-first century, people who have had to migrate from Syria, Africa, Central America or Venezuela have been received with rejection and even violence. It is a well-known phenomenon. Tribes and settlers always defend “their own” land, and the conquerors eternally try to legitimize their claims to their newly-acquired territories.

There is another manifestation of xenophobia, that is not new, but in the twentieth and twenty-first centuries it has become the source of incredible suffering. It is populism’s deliberate use of social rejection and racism in order to dominate the minds of its own followers. The most notorious example was Hitler’s use of ethnic and racial hatred to mobilize the Germans in the 1930’s and 1940’s.  Populism's political interests have been using this technique again in Europe, the United States, Burma, China, and other places as an emotional springboard for obtaining and maintaining power. 

What happens in the minds of the intolerant and prejudiced people that the populists have managed to convince? They obviously must relinquish something in order to cling to their leader´s directives to hate certain, specified people, even though they already may have cultural traditions that facilitate this animosity. I believe they must give up the capacity to reason and decide their lives on their own. They follow orders, and accept the most bizarre doctrines without protest. In return, they gain a sort of clubby sense of belonging, and the feeling that they are better than the people they reject (Jews, Blacks. Moslems, the Rohingya of Myanmar, the Uyghurs in China…). 

The cost is abysmal, both for the victims of xenophobia and for its perpetrators. The victims lose any hope for the future; they face hunger, homelessness and the destruction of their families in the exodus. The perpetrators lose their capacity for self-determination; they accept a fundamental self-sacrifice for their militancy, and in some cases they will even lose their lives as soldiers.  

Español: Unas palabras sobre la xenofobia.

Claramente se trata de un fenómeno histórico: los griegos consideraban "bárbaros" a todos los logros culturales que no les eran propios. Durante milenios, los pueblos conquistados se han terminado convertidos en poblaciones esclavas. Algunas de las grandes migraciones históricas han implicado conquista, desde los combativos reasentamientos de Oriente Medio y el sur de Asia durante la Edad del Bronce, hasta la conquista europea del continente americano. Estas invasiones casi siempre han terminado con el vasallaje de las poblaciones originales. En otros casos, como en la captura, el envío y la esclavización de africanos desde los siglos XVI al XVIII a Europa y América, las víctimas ni siquiera fueron consideradas humanas. Más recientemente, en pleno siglo XXI, las personas que han tenido que migrar desde Siria, África, Centroamérica o Venezuela han sido recibidas con rechazo e incluso con violencia. Es un fenómeno bien conocido. Las tribus y los colonos siempre defienden "su propia" tierra, y los conquistadores intentan eternamente  legitimar sus reclamos sobre sus territorios recién adquiridos.

Hay otra manifestación de xenofobia, que tampoco es nueva; en los siglos XX y XXI se ha convertido en una fuente de un sufrimiento increíble. Es el uso deliberado del rechazo social y el racismo por parte de líderes populistas para dominar las mentes de sus propios seguidores. El ejemplo más notorio fue el uso que Hitler dio al odio étnico y racial para movilizar a los alemanes en las décadas de 1930 y 1940. Los intereses políticos del populismo han estado utilizando esta técnica nuevamente en Europa, Estados Unidos, Birmania, China y otros lugares como un trampolín emocional para obtener seguidores y mantener el poder.

¿Qué pasa en las mentes de la gente intolerante y prejuiciosa que los populistas han logrado convencer? Obviamente, deben renunciar a algo para aferrarse a las directivas de su líder de odiar a ciertas personas específicas, aunque ya tengan tradiciones culturales que faciliten esta animosidad. Creo que deben renunciar a la capacidad de razonar y decidir sus vidas por sí mismos. Siguen órdenes y aceptan las doctrinas más extrañas sin protestar. A cambio, obtienen un sentido de pertenencia al “club”, y la sensación de que son mejores que las personas a las que rechazan (judíos, negros, musulmanes, rohingya de Myanmar, uigur en China ...).

El costo es abismal, tanto para las víctimas de la xenofobia como para sus perpetradores. Las víctimas pierden toda esperanza de un futuro: enfrentan el hambre, la falta de vivienda y la destrucción de sus familias en el proceso del éxodo. Los perpetradores pierden su capacidad de autodeterminación, aceptan un autosacrificio fundamental por su militancia y, en algunos casos, incluso perderán la vida como soldados.


lunes, 8 de febrero de 2021

Obediencia

 

Karen Cronick
Instituto de Psicología
Universidad Central de Venezuela



Resumen

Este escrito es el resultado de varias reflexiones sobre el tema de la obediencia. No es una investigación sistemática. Aunque indague sobre un tema de gran importancia social, y recurra a muy variadas fuentes científicas, literarias, filosóficos, históricos e inclusive, periodísticas, se trata de una reflexión inicial.  

Hay dos problemas principales que hay que superar al razonar sobre este sustantivo. Primero, se trata de una palabra con una enorme variedad de acepciones, algunas de las cuales son contradictorias; segundo, todas ellas tienen contextos, y aun léxicos incompatibles. Sin embargo, se trata de un tema con gran arraigo cultural e impacto afectivo. Su ambigüedad aumenta el impacto de la noción. 

Repaso enfoques muy distintos sobre el tema de la obediencia: Primero hago una corta referencia a algunos hallazgos de la psicología social y estudios sobre la “modificación de la conducta”; luego, tomo en cuenta ciertas leyendas, como es el caso de la obediencia de Ifigenia a su padre Agamenón o la obediencia de Abraham a Dios. A continuación, examino el problema de la “obediencia debida” entre las fuerzas de orden, y el punto de vista asumido en los juicios de Núremberg.  Al final considero la capacidad que tenemos para decir “no”, tal como ha sido elaborado por Mead y Sartre. Concluyo con algunas reflexiones finales sobre la naturaleza de esta diversidad y la urgencia de seguir investigaciones sobre el tema en la psicología y las ciencias sociales. 

Palabras claves: obediencia, sumisión, autonomía.

Abstract

This text is the result of several reflections on the subject of obedience. It is not a systematic investigation. Although it inquires about a subject of great social importance, and uses a wide variety of scientific, literary, philosophical, historical and even journalistic sources, it is an initial reflection. 

There are two main problems to overcome when reasoning about this noun. First, it is a word with a huge variety of meanings, some of which are contradictory; second, they all have incompatible contexts, and even lexicons. However, it is a subject with important cultural roots and affective impact. Its ambiguity increases the social impact of the notion.

I review very different approaches to the subject of obedience: First I make a short reference to some findings from social psychology and studies on "behavior modification"; then, I take into account certain legends, such as the case of Iphigenia's obedience to her father Agamemnon or Abraham's obedience to God. Next, I examine the problem of "due obedience" among the military and law enforcement corps, and the point of view taken at the Nuremberg trials. In the end I consider our ability to say "no", as elaborated by Mead and Sartre. I conclude with some final reflections on the nature of this diversity and the urgency of further research on the subject in psychology and the social sciences.

Keywords: obedience, submission, autonomy.


Introducción

La obediencia es, tanto una conducta como una posición existencial en que una persona acepta las instrucciones u órdenes de otro individuo o de un grupo, cuya autoridad o poder ella puede reconocer.  En algunos casos su acatamiento es voluntario, pero en otros es forzado como en el caso de la sumisión o la sujeción. Obedecer no es lo mismo que la conformidad o el asentimiento razonado de la influencia de los demás. 

Evidentemente, parte del problema es semántico. Obedecer es un acto, en el que no importa si se lo realiza activamente, o no (como el contraste entre levantar la mano para votar –un acto-, y quedarse inmóvil ante a un semáforo en rojo –inacción-); implica la observancia de una orden, a veces sin reflexionar sobre la bondad o conveniencia de esta subordinación.  Por otro lado, aceptar una sugerencia o indicación tras valorar los potenciales beneficios -o la ética de asentir en su cumplimiento- no es lo mismo que aceptar irreflexivamente una exigencia ajena. 

Hay dos problemas principales que hay que superar al reflexionar sobre el sustantivo “obediencia”. Primero, se trata de una palabra con una enorme variedad de acepciones, algunas de las cuales son contradictorias, por ejemplo, la distinción entre la obediencia voluntaria y reflexionada a una ley, y, por otro extremo. la conformidad de los integrantes en una turba callejera a los órdenes de un revoltoso.

 Segundo, todas ellas tienen contextos, y aun léxicos incompatibles. Por ejemplo, el contexto de un informe profesional en la psicología de la Modificación de Conducta dista mucho del dictamen de un juez en un caso de la obediencia debida en el mundo militar. Sin embargo, todos tienen efectiva relevancia social y ética para nosotros. Se trata de un tema con gran arraigo cultural e impacto afectivo, y su ambigüedad aumenta el efecto social de su uso. Es menester examinar estas discordancias y compararlas.

Todos obedecemos. Se espera que los niños respeten las advertencias de sus padres y maestros. Al nivel social en las democracias se supone que las leyes sean el producto de un pacto social acordado colectivamente, que ellas representan la voluntad de la población y que por ende deben ser respetadas por todos los ciudadanos. 

En este artículo considero –desde puntos de vista muy distintos- el concepto general de obediencia. La razón para esta diversidad es la necesidad de abarcar el concepto en su amplitud. Desde los Juicios de Núremberg, que consideramos en este texto, la obediencia ha sido un problema colectivo, político y personal. Se relaciona estrechamente con otros conceptos como la responsabilidad legal y ética, la cual en una democracia liberal recae sobre el individuo y no sobre los grupos o las familias como ocurría en la ley romana y medieval. 

En este trabajo, defino la noción como: Acción de acatar; a) a la voluntad de otra persona, b) a una norma o una ley, c) a una normativa social o d) a una mayoría.” Incluyo en estas reflexiones a la aceptación dada en los estudios sobre la Modificación de la Conducta con respecto al aprendizaje de las contingencias.   

La organización de este artículo es la siguiente: Primero hago una corta referencia a algunos hallazgos de la psicología social y los estudios sobre la “modificación de la conducta”. Luego considero referencias históricas y de leyenda, como la obediencia de Ifigenia a su padre Agamenón y la obediencia de Abraham a Dios. Termino esta sección con una consideración de la noción de la obediencia debida para los funcionarios del Estado, y una reflexión sobre la posición de los juicios de Núremberg.  Al final considero la capacidad que tenemos para decir “no” tal como ha sido elaborado por Mead, Sartre y Schütz. Concluyo con algunas reflexiones finales. 

Método

Se trata de una reflexión general sobre un tema de urgente interés para la psicología y las ciencias sociales, escrita desde una perspectiva personal. De manera intencional he elegido ámbitos diversos de pensamiento (investigación psicológica, revisión de leyendas, consideraciones sobre disposiciones legales respecto a prácticas castrenses y reflexiones sobre ciertas posiciones filosóficas relacionadas con la capacidad existencial que tenemos para elegir). Estos contenidos reflejan algo de la amplitud de la experiencia humana, y demuestran la complejidad del tema. Hay muchos contenidos que tuve que obviar, o mencionar sólo muy brevemente ; mi criterio para seleccionarlos -en el corto espacio de este artículo- fue la necesidad de abarcar el concepto con amplitud suficiente para poder incluir las tendencias primordiales para los psicólogos, sociólogos, historiadores y otras profesiones.  

Debido a la naturaleza personal de estas reflexiones he empleado la primera persona gramatical para expresar el contenido de este artículo. Se trata de una posición ética, es decir, la de asumir la responsabilidad por el texto.    

Justificación

La obediencia es un tema que ha preocupado a psicólogos sociales desde hace más de setenta años. Con acercamientos metodológicos distintos, Milgram (1963 y 2005), Zimbardo (2009), Asch (1955), Moscovici (1996) han considerado sus aspectos sociales y éticos, junto con las implicaciones inquietantes de la conformidad y la deferencia a la mayoría, en el sentido de la sumisión del individuo a los dictados de una colectividad. 

Aparece la misma intranquilidad en contextos muy antiguos de reflexión. Comenzando con el Antiguo Testamento y las tragedias griegas del siglo VI a.C., encontramos dudas similares. Obedecer ha sido un valor cultural muy positivo por mucho tiempo y, paralelamente, su bondad ha sido cuestionada; cumplir con las exigencias del rey era una obligación que casi no se discutía, pero muchos autores como los griegos Sófocles y Eurípides, y los del Renacimiento como Shakespeare, Michel de Montaigne y Erasmo abrieron la puerta a disidencias.

Por un lado, estaba Thomas Hobbes (1651/s/f) para quien someterse formaba la base filosófica de una sociedad ideal. La obra de Hobbes es una justificación del Estado absoluto. Propuso la idea de un contrato social que consideraba necesario porque en su opinión los hombres son esencialmente egoístas. Por esta razón tienen que subyugarse a un poder mayor para poder vivir en paz. 

El único camino… capaz de defenderlos [a los hombres] contra la invasión de los extranjeros y contra las injurias ajenas, … es conferir todo su poder y fortaleza a un hombre o a una asamblea de hombres …, todos los cuales, por pluralidad de votos, puedan reducir sus voluntades a una voluntad… Esto es algo más que consentimiento o concordia; es una unidad real de todo ello en una y la misma persona, instituida por pacto de cada hombre con los demás, en forma tal como si cada uno dijera a todos: autorizo y transfiero a este hombre o asamblea de hombres mí derecho de gobernarme a mí mismo, con la condición de que vosotros transferiréis a él vuestro derecho, y autorizaréis todos sus actos de la misma manera. Hecho esto, la multitud así unida en una persona se denomina ESTADO, en latín, CIVITAS. Esta es la generación de aquel gran LEVIATÁN …. (Mayúsculas del autor, Hobbes, 1651/s-f, p. 99-100).

Por otro lado, aún antes de la Ilustración en el siglo XVIII, hubo severas críticas a las virtudes de la obediencia política. Étienne de la Boétie (2015), en el inicio de su libro, “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”, expresó así sus motivos para escribirlo:

De lo que aquí se trata es de averiguar cómo tantos hombres, tantas ciudades y tantas naciones se sujetan a veces al yugo de un solo tirano que no tiene más poder que el que le quieren dar; que solo sabe dañarles mientras quieren soportarlo… Cosa admirable y dolorosa es, aunque harto común, ver a un millón de hombres servir miserablemente y doblar la cerviz bajo el yugo….(p. 18).

La obediencia no es siempre indeseada. Como señalo en este artículo, es apropiado obedecer la ley en una democracia, y para los niños y jóvenes es deseable que obedezcan (en el sentido de respetar) a sus padres. También se obedecen a los dictados de la conciencia y la razón. Se obedece al árbitro en los juegos competitivos. Refiere a algo complejo en la cultura humana que debe ser visto en su multiplicidad. 

La Psicología Social y el conductismo

Uno de los contextos particulares en que la obediencia ha sido un tema de estudio es la psicología social y el conductismo. Tienen sus propios métodos y vocabularios, y se destacan por presentar posiciones teóricas particulares sobre la tendencia que tienen las personas a acatar sin reflexionar a las expectativas de la autoridad o a las expectativas de la mayoría. Reviso los estudios de Milgram (1963 y 2005), Zimbardo (2009), Asch (1955), Moscovici (1996) y Skinner (1985). 

Los experimentos de Milgrim

Milgram (2005) demostró que la gente tiende a obedecer a ciertas figuras reconocidas como autoridades legítimas. En un trabajo ampliamente conocido, empleó una situación experimental en que se ordenaba a los sujetos a realizar actos contra normativos, los cuales parecían cada vez más dañinos para una tercera persona, aunque en realidad se trataba de una situación fingida en la que nadie fue realmente lastimado. Las órdenes fueron dadas por un “experimentador” vestido con una chaqueta gris de laboratorio, y el escenario fue una replicación de un laboratorio de experimentos psicológicos. Los sujetos creían que participaban en un estudio científico sobre el aprendizaje, y no conocían la razón verdadera de su contribución.  El estudio fue replicado por Jerry Burger (enero, 2009) con ligeros cambios. Las tasas de obediencia eran similares a las obtenidas por Milgram quien encontró que en su mayoría los sujetos obedecían las órdenes que recibían, sin cuestionar la ética de sus actos. En este caso se trata de la obediencia ciega a una figura de autoridad.

Los experimentos de Zimbardo

Un estudio llevado por Zimbardo (2009) en la Universidad de Stanford, también es bien conocido. Zimbardo simuló una situación de cárcel y asignó los sujetos a dos grupos: los “presos” y los “custodios”. En los resultados los sujetos presos recrearon la situación de obediencia a los carceleros, y los custodios, por su propia iniciativa, tomaban el papel de represores, a veces de manera brutal, tal como si se tratara de una cárcel de verdad, aunque podrían haber terminado su participación en cualquier momento. Todos los participantes asumieron roles conocidos por ellos, sin reflexionar en por qué lo hacían.

Dijo Zimbardo en su libro “El efecto Lucifer”:

Una de las principales conclusiones del experimento de la prisión de Stanford es que el poder sutil pero penetrante de una multitud de variables situacionales puede imponerse a la voluntad de resistirse a esta influencia. …. [Hubo] una gama muy amplia de participantes en estos estudios —como estudiantes universitarios o ciudadanos corrientes— acabaron accediendo, obedeciendo o dejándose tentar para hacer cosas que no podían imaginar antes de entrar en el campo de esas fuerzas situacionales. [Hemos examinado] una serie de procesos psicológicos dinámicos que pueden inducir a una persona buena a obrar mal, entre ellos la des individuación, la obediencia a la autoridad, la pasividad frente a las amenazas, la auto justificación y la racionalización. Otro proceso psicológico fundamental para transformar a personas normales y corrientes en autoras indiferentes o incluso complacientes de actos malvados es la deshumanización. La deshumanización es como una catarata en el cerebro que nubla el pensamiento y niega a otras personas su condición de seres humanos. Hace que esas otras personas lleguen a verse como enemigos merecedores de tormento, tortura y exterminio…. (Zimbardo, 2007, Prólogo, p. 6).

¿Cuál es la diferencia principal entre la obediencia descrito por Milgrim y Zimbardo? En el caso del primero, los participantes obedecen a una figura de autoridad, aun contra sus propios sistemas normativos. En el segundo caso, asumieron sin cuestionar, a un sistema de roles sociales ampliamente conocido en su cultura.  Este segundo tipo de obediencia no es inducida por una figura de autoridad, por lo menos no directamente. Es situacional, en donde aspectos culturales, el aprendizaje de expectativas sociales, la presión social y la auto-justificación interactúan para moldear el comportamiento de los individuos. Estas situaciones aparecen naturalmente en instituciones totales como prisiones, en el mundo castrense, y aun en escuelas donde las expectativas sociales de grupos cerrados conducen a fenómenos como “bullying” (maltrato). 

Asch y Mosovici

En los dos casos revisados hasta ahora los experimentadores simulaban situaciones en que la obediencia es esperada, es decir, se trata de roles donde hay conductas normadas culturalmente (obediencia a una autoridad académica o a un sistema de roles conocidos). 

En el caso de Solomon Asch (1955) la situación es diferente: la autoridad es “una mayoría”, es decir, una entidad abstracta.  Los participantes tendían a doblegarse frente a una colectividad artificial, dejando solo al participante para  formular juicios distintos a los de los demás. Serge Moscovici, en “La psicología de las minorías activas” (1996) reporta sobre modificaciones que hizo en los experimentos llevados años antes por Asch. Repitió el formato original, pero añadió un cómplice más, cuya tarea era dar la respuesta correcta antes del turno del sujeto. Con este respaldo, los sujetos experimentales se atrevían a seguir sus propias inclinaciones y respondían con la respuesta que consideraban realmente apropiada.

Moscovici llamó a estas personas que abran paso a la disidencia, “desviantes de la mayoría” o “minorías activas”. El libro tiene además múltiples ejemplos de estas minorías en la vida política, entre ellos un relato sobre el disidente ruso Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn, premio nobel y autor ruso de varios libros, entre ellos “Un día en la vida de Iván Denísovich” en que denunció los abusos cometidos contra los condenados en un Gulag soviético. El libro actuó como la brecha en el dique político de aquel país, y provocó un debate sobre los aspectos negativos del estalinismo entre gente que antes no se atrevía a opinar.  

Como señala Moscovivi (1996), el comportamiento del individuo o del grupo asegura su   membresía en el ambiente social. La realidad se considera como algo uniforme, y la desviación de la norma representa una especie de fracaso en la inserción social. La influencia conduce a la reducción de la desviación, y la conformidad es entendida como consenso y equilibrio. 

Durante mucho tiempo los desviantes han sido tratados como estorbos. Moscovici, en cambio, los re-etiqueta como “minorías activas” donde pierden las connotaciones patológicas frente a la expectativa social dominante. Son individuos que poseen su propio código ético, y hoy en día los reconocemos entre las feministas, los luchadores por la equidad racial, los “gay” y ciertos opositores políticos. A partir del ejemplo de la minoría activa, otras personas, que antes eran marcados por la anomia, pueden engendrar su propio puesto en la sociedad. 

Condicionamiento operante

El condicionamiento operante no refiere directamente a la obediencia, porque se trata de un cuerpo de técnicas para manipular las consecuencias ambientales de la conducta. El reforzamiento de una conducta dada tiende a incrementar su frecuencia. Un sujeto tiene más probabilidad de repetir conductas que se asocian con consecuencias positivas, y menos probabilidad de repetir aquellas que producen resultados negativos. En general se trata de un aprendizaje asociativo; las contingencias de la conducta pueden provenir “naturalmente” del ambiente de manera no manipulada, es decir, de manera “normal” (al no cuidarse se puede caer por una escalera), pero también pueden provenir de programas para provocar ciertas consecuencias de manera artificial. En este caso la “obediencia” no es necesariamente consciente; el sujeto simplemente aprende las contingencias de sus actos.

El término se originó con los trabajos del Psicólogo Burrhus Frederic Skinner. La investigación sobre el condicionamiento operante ha producido una tecnología muy minuciosa que se emplea en la enseñanza, la medicina, la psicología y otras disciplinas, denominada “modificación de conducta”.

Hay un interesante relato en la autobiografía de Skinner, “A matter of consequences” (1983) en que el autor relata un encuentro con el humanista Erich Fromm. En 1958, los dos asistieron a un simposio. Fromm sentía que las técnicas del condicionamiento no tomaban en cuenta la capacidad de decisión y el libre albedrio de los seres humanos, y le dijo: “Las personas no son palomas” en referencia a estudios hechos por Skinner con esta especie. Skinner se molestó y desarrolló un pequeño tanteo en el condicionamiento allí mismo con relación al mismo Fromm:

En un pedazo de papel escribí ‘observa la mano izquierda de Fromm. Voy a moldear un movimiento de karate’ y se la pasé bajo la mesa a Halleck Hoffman. Fromm estaba sentado directamente frente a mí en la mesa y hablándome a mí mayormente. Giré mi silla ligeramente de manera que pudiera verlo con el rabillo del ojo. Gesticulaba mucho cuando hablaba, y cuando su mano izquierda subía, yo lo miraba directamente. Si bajaba la mano, yo asentía y sonreía. A los cinco minutos estaba moviendo el brazo en el aire tan vigorosamente que el reloj se le salía a cada rato por la mano» (cita tomado de Psyciencia, 2015).

En este relato Fromm “obedecía” a Skinner, pero sin saberlo. Se trata de un mecanismo de control, pero si Fromm hubiera entendido lo que le hacía, podría haber negado su participación. Las técnicas del condicionamiento funcionan en dos situaciones de base: a) cuando el sujeto ignora la disposición de las contingencias, y b) cuando tiene conocimiento de ellas y las acepta. De hecho, en ciertos tratamientos contra adicciones, los pacientes se someten a programas de condicionamiento aversivo de manera voluntaria para eliminar sus hábitos indeseados. 

Cuando el condicionamiento se asocia con el uso de la fuerza, como en ciertas situaciones de instituciones totales como cárceles, no es condicionamiento como está definido teóricamente; más bien se trata de casos de violencia y subordinación que nos recuerda a los experimentos de Zimbardo. 

Leyndas  e instituciones

En lo que sigue cambiamos radicalmente de referentes culturales. Los resultados sobre estudios académicos relacionados con la obediencia distan fundamentalmente de los discursos sobre las leyendas. Los primeros señalan los factores cognitivos y emocionales involucrados en el fenómeno. Las leyendas en cambio relatan ciertas experiencias que quedan como relatos o prototipos de conductas que luego generaciones sucesivas juzgan, emulan o rechazan. Son léxicos y contextos distintos, sin embargo, convivían culturalmente y forman parte de la red conceptual sobre nuestro tema. 

En un sentido similar, revisamos la obediencia en el mundo castrense que sigue a un discurso que puede distinguirse de todos los demás. Se trata del deber más fundamental del soldado, pero el Siglo XX nos ha enseñado que debe tener límites, que cuando la orden es ilegal o inmoral el soldado debe obedecer a una regla más alta y desobedecer a su cadena de mando. 

A continuación, examinaremos estos dos contextos nuevos sobre el tema de la obediencia. 

Agamenón

La mitología griega exalta los valores del heroísmo, pero también la noción del destino que a veces acosa y doblega a los héroes, quitándoles las mismas cualidades que podría haberlos hecho grandes.  Los guerreros, en su afán de destacarse en la batalla, a veces traen la violencia a casa, algo que podríamos interpretar –de manera sumamente anacrónica- como una especie de retorno del reprimido en el sentido freudiano. En el párrafo que sigue haré una brevísima sinopsis de la tragedia de la familia de la leyenda griega de Agamenón, para luego analizar algunos aspectos de su vida en mayor detalle.

Según la obra de Eurípides, “Ifigenia en Áulide”, Helena ha sido raptada por el troyano París; ella era la esposa de Menelao, el hermano de Agamenón, y éste es elegido jefe del ejército que irá a Troya para rescatarla. Cuando Agamenón quiso zarpar con sus marineros, sin embargo, se encontró varado en las playas debido al mal tiempo -con todo un ejército frustrado por la falta de “acción”. Un oráculo le dijo que para poder partir a la guerra tenía que sacrificar a su hija Ifigenia. Lo obedeció, porque valoró su aventura bélica más que ella. Clitemnestra, la madre de la niña, y esposa de Agamenón, también se sometió a la voluntad del oráculo, pero nunca le perdonó a su esposo. Es una crónica de encono y terror que se inicia con un héroe malvado que sacrifica todo por su propia búsqueda de gloria y poder: su legado es el odio. 

Hay elementos aquí que nos llaman la atención: la batalla exige. Una vez que los poderosos hayan juntado un ejército listo para ir al combate, hay que pelear o perder el dominio de la situación. El poder reclama obediencia a su dinámica, aún para los mandatarios, y ellos se convierten en los artefactos de la mecánica de su propio mando. Agamenón no quiso sacrificar a su hija, pero ya no puede obrar según su propia voluntad y al mismo tiempo mantener su reino. 

En la estructura del mito el sacrificio de Ifigenia es un umbral, y su sacerdote es tal vez el “guardián”; éste también conoce el precio de la autoridad y mando. Claramente no tiene tanto que perder como el rey, pero sabe que los soldados, a pesar de sus llantos por la inminente inmolación de la hija del rey, necesitan un signo de parte del monarca de su voluntad de seguir adelante. Ifigenia misma obedece: se ofrece mansamente a las exacciones de su rango: noblesse oblige. Sangre requiere más sangre en este imaginario: la sangre de los soldados debe ser precedida por la de la casa real. Es interesante que Agamenón no se sacrifica a sí mismo: sus generales podrían haber zarpado sin él. Se seleccionó la figura más vulnerable y débil de la familia.

Agamenón representa la obediencia a una cultura que exige violencia. No es el único mandatario que se ha permitido transgredir las normas más básicas de la humanidad: las tragedias griegas y las de Shakespeare están repletas de estas historias; en nuestra época los siglos XX y XXI también ofrecen muchos ejemplos no ficcionales. En este corto artículo no hay espacio para expandir sobre el tema, pero en mi libro “El agarre del héroe” (2018) lo desarrollo con más amplitud. 


Abraham

Otra referencia histórica y de leyenda para reflexionar sobre la obediencia tiene que ver con la autoridad religiosa. Es un tema de interés ahora porque existen actos de violencia en nombre de casi todos los credos; ciertos individuos se sienten llamados a defenderlos con bombas, masacres y armas de fuego.

El caso de Abraham en el Antiguo Testamento (reconocido por las tres religiones monoteístas principales) es de interés en nuestras reflexiones. Es uno de los primeros relatos sobre la violencia como mandato directo de Dios, pero al mismo tiempo contiene el tema del perdón. Evidentemente en este libro sagrado hay un sin-número de relatos en que Dios participa de manera violenta a favor de las israelitas (el sacrificio de los primogénitos egipcios, la violencia de Joshua en Jericó, y muchos ejemplos más).   La voluntad de Abraham de sacrificar a su hijo Isaac es un relato íntimo que examina los motivos del padre, y la obediencia del hijo que se asemeja a la de Ifigenia en la narración de Agamenón antes de irse a Troya. Por esta razón merece nuestra atención. 

Abraham, un acaudalado patriarca israelí de tiempos prehistóricos, aparece en el Antiguo Testamento como heredero directo de Noé. La secuencia de los eventos es: (El Antiguo Testamento, Génesis 22):

(...) Dios puso a prueba a Abraham: (v. 1) “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moriá, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré”. (v. 2) (...) Isaac dijo a su padre Abraham: “¡Padre!”. El respondió: “Sí, hijo mío”. “Tenemos el fuego y la leña”, continuó Isaac, pero “¿dónde está el cordero para el holocausto?”. (v. 7) “Dios proveerá el cordero para el holocausto” respondió Abraham.(v. 8) Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. (v. 9) Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. (v. 10) Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo. (v. 11) Y el Ángel le dijo: “No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único”. (v. 12)

La historia tiene muchas interpretaciones posibles, pero en el contexto de este artículo nos concentraremos en la obediencia ciega de Abraham y la aceptación de Isaac, la víctima que al final fue perdonado. 

Kierkegaard (1843/1954), en la persona de Johannes de Silentio levanta la imagen del “pavor” de Abraham cuando decide obedecer la orden de Dios de sacrificar a Isaac, el hijo de su vejez quien podría haber cumplido la profecía de ser el progenitor de la Nación de Israel. Kierkegaard pregunta sobre la moralidad cotidiana de la obediencia de Abraham -- si esto fuera un vil asesinato o una prueba de fe; recuerda que Abraham no pidió a Dios que cambiara de opinión. Abraham obró por una fe irracional que aceptó la orden de Dios como también aceptó (en el último momento) el perdón divino para su hijo. 

Al poner a Abraham en la categoría de lo particular, Kierkegaard ubica su autor en relación, además de con Dios, con Hegel: Abraham está en relación con Dios como el esclavo se relaciona con el amo en la “Fenomenología del Espíritu” (Hegel, 1807/1987),  pero no como conciencias separadas, sino como una conciencia infeliz y global. Abraham no puede preguntar, si la orden divina es justa o si obedece a algún criterio de la verdad; no puede clarificar los motivos o preguntar si la voz que escuchó representaba realmente la voluntad de Dios: la verdad objetiva no es una meta válida para aminorar las exigencias de un Dios tan celoso.

Abraham es un padre amoroso e inmensamente dolido, pero su experiencia puede contrastarse con otros mandatos religiosos -más nefastos- para matar en nombre de una fe o una causa ideológica o nacionalista. 

La obediencia debida y el Estado moderno

En la tradición castrense encontramos otro léxico cultural y otros contextos históricos. El problema de la obediencia debida para los funcionarios del Estado, particularmente entre los militares y los cuerpos policiales, sigue sin resolverse. Este problema moderno puede distinguirse de la obligación de obedecer al oráculo que experimentaron Agamenón e Ifigenia, o la de Abraham de aceptar la voluntad de Dios. No se trata de una incontestable obligación ancestral que requiere la sangre sacrificial de la casa reinante como una señal de obediencia y sumisión a la tribu y la cultura.  

La institución militar es una instancia del Estado caracterizada por una inquebrantable cadena de mando; toda la disciplina del soldado descansa sobre la expectativa de su inmediato e incuestionado acatamiento a las órdenes de sus superiores. En la tradición castrense, el hombre de armas no puede tomar la iniciativa de cuestionar las órdenes que recibe de sus superiores: debe responder “¡Sí, Señor!” y obedecerlas. Sin embargo, algunas exigencias pueden ser ilegales, injustas o inmorales. ¿Cuál es la responsabilidad del subalterno castrense en estos casos? 

En español se habla de ciertas condiciones “eximentes” de responsabilidad criminal para los subordinados que “sólo cumplen órdenes”. Sin embargo, la jurisprudencia nacional e internacional no ha clarificado la naturaleza de estas condiciones; desde 1945 los gobiernos y los tribunales mundiales debaten respecto a dos posiciones encontradas: a) las expectativas tradicionales de la obediencia debida en el mundo castrense, y b) los límites legales de la ética militar y civil. 

Vale revisar estas realidades; me baso en dos autores chilenos Rocio Rivero Velarde (2016), y Juan Pablo Cavada Herrera (Abril, 2019). Según el primero, en el caso de órdenes ilícitas, el artículo 62 de la Ley Chilena Nº 18.834, sobre Estatuto Administrativo:

…[se] contempla el deber de representación de una orden que el funcionario estimare ilegal ante el superior, y en caso de éste reiterarla, la norma supone que el funcionario … deberá cumplirla, quedando exento de toda responsabilidad, la cual recaerá por entero en el superior que hubiere insistido en la orden…. (Rivero, 2016, p. 4)

Es decir, según esta ley es suficiente que el superior repita la orden ilegal para que el funcionario esté en el deber de cumplirla. Se entiende, además, que dicho funcionario se quedará eximido de cualquier responsabilidad personal. 

Cavada Herrera, revisando los códigos penales de varios países latinoamericano (Bolivia, Colombia, Costa Rica, El Salvador y Nicaragua) y España, encontró similares situaciones “eximentes”. Por ejemplo, Código Penal de Bolivia en su Artículo 40 identifica las siguientes atenuantes para la responsabilidad de subordinados:

Cuando el autor ha obrado por un motivo honorable, o impulsado por la miseria, o bajo la influencia de padecimientos morales graves e injustos, o bajo la impresión de una amenaza grave, o por el ascendiente de una persona a la que deba obediencia o de la cual dependa (Cavada Herrera, p. 4).

 En cambio, el Código Penal de Colombia en su artículo 32 añade: “No se podrá reconocer la obediencia debida cuando se trate de delitos de genocidio, desaparición forzada y tortura” (Cavada Herrera, p. 4).

La necesidad de explicitar las condiciones “eximentes” en los códigos penales de muchos países es un reflejo directo de tres instancias institucionales: a) los juicios de Núremberg, b) el Tribunal Internacional de Justicia en La Haya establecido originalmente en 1945 y c) la posterior aprobación del Estatuto de Roma en 1998, los cuales limitan la inmunidad castrense al nivel internacional. Históricamente, antes de la adopción de estos instrumentos legales, las personas –como individuos- no eran responsables por haber obedecido órdenes indebidas. El desarrollo de la responsabilidad legal del individuo ocurrió en el siglo XX; anteriormente, las obligaciones legales y éticas se limitaban a los Estados, las monarquías y las naciones, como entidades abstractas.


Los juicios de Núremberg

Los juicios de Núremberg tuvieron lugar desde noviembre de 1945 a octubre de 1946 según las resoluciones adoptadas por los Estados Unidos de América, la Unión Soviética y Gran Bretaña. Eran los vencedores de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, y desde un punto de vista representan la venganza de los vencedores. 

Se trata de un juicio que sentó antecedentes y cierta jurisprudencia sobre la responsabilidad legal y moral del subalterno a nivel internacional. Se determinaron las responsabilidades individuales de miembros de alto rango del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler con relación a crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del Tercer Reich. Hitler ya se había suicidado. Entre los sentenciados estaban:  Martin Borman, Karl Dönitz, Hans Frank, Wilhelm Frick, Hermann Göring, Rudolf Hess, Gustav Krupp y Joachim von Ribbentrop. Los cargos incluían: Conspiración en contra de la paz mundial, Planeación, provocación y realización de una guerra ofensiva, Crímenes y atentados en contra del Derecho de Guerra, y Crímenes inhumanos (EcuRed, s/f). 

La jurisprudencia sobre los crímenes y abusos representó un avance jurídico que sería reflejado luego en las Naciones Unidas y también, a partir de 1998, en el establecimiento del Tribunal Penal Internacional Permanente. También se modificó el enfoque tradicional del derecho internacional basado en las relaciones entre Estados. En Núremberg se añadió la idea de los derechos y deberes de las personas particulares. Desde entonces, los delitos cometidos por personas como funcionarios de Estado, podrían ser juzgados internacionalmente.

Hubo críticas a estos juicios por varias razones, entre ellas: a) se juzgaban “crímenes” que no habían sido declarados como tales sino después de haberlos realizado (violando las garantías de no aplicación retroactiva de la ley), b) los jueces provenían del lado vencedor en una guerra y los juzgados eran los vencidos y c) entre los “jueces” estaba la Unión Soviética que había perpetrado crímenes similares.

Sin embargo, dada la enormidad de las atrocidades cometidas por el Nacionalsocialismo, era evidente que se necesitaba algo más que un simple tratado de paz. Los juzgados tenían el derecho a representación legal y un juicio individual frente a un juez. 

Tal vez uno de los logros más importantes era una reconsideración del deber de un soldado o un funcionario. En este trozo de entrevista hecha con Rudolph Höss (el comandante en jefe del campo de concentración de Auschwitz), se puede apreciar la conocida defensa de Núremberg: “Yo sólo seguía órdenes”. La entrevista está citada por Alejandro Gándara (9/10/2008), pero su fuente es el libro “Las entrevistas de Núremberg” de León Goldensohn. 

Le he preguntado que cuántas personas habían sido ejecutadas en Auschwitz en los cuatro años en que fue comandante del campo. 

-El número exacto es difícil determinarlo. Yo calculo que alrededor de dos millones y medio de judíos. 

-¿Sólo judíos? 

-Sí. 

-¿Mujeres y niños también? 

-Sí. 

-¿Y eso qué le parece? 

Höss se queda impávido e indiferente. Le repito la pregunta y añado si a él le parecía bien lo que sucedía en Auschwitz. 

-Yo recibía órdenes personales de Himmler. 

-¿Protestó usted alguna vez? 

-No podía hacerlo. Las razones que me daba Himmler tenía que aceptarlas.

Desde los juicios posguerra, especialmente los de Núremberg, esta defensa es inaceptable, aunque, como hemos visto, Estados particulares intentan recuperar algo de la inmunidad castrense al nivel local. 

Desde la segunda mitad del siglo XX, se supone que existe en cada individuo la capacidad de negar las órdenes que recibe de un superior.

La capacidad para decir “no”

Hemos revisado léxicos y aspectos culturales que describen facetas encontradas sobre la obediencia. Ahora exploraremos una postura existencial y cultural para confrontarla si nuestros códigos éticos así lo requieren. 

Para adentrarnos en este tema tenemos que considerar a G.H. Mead (1913/1972) y lo que dice sobre los componentes de la personalidad. Son como múltiples modelos que en cada persona “aparecen” en la consciencia en contextos apropiados; son productos de la incorporación de los roles que los niños perciben en su ambiente social. Dice Mead que el individuo humano consciente de sí, asume las actitudes sociales organizadas de su grupo social o comunidad a la que pertenece.  

Pero la persona no está completamente sujeta a las normas de la sociedad, puede desafiarlas (decir “no”) utilizando sus voces interiores e influir sobre las demás personas para producir cambios.  Según Mead, la persona se divide estructuralmente en el “yo” y en el “mi”. El “yo” reacciona a las voces interiores que surgen dentro de sí, gracias a la adopción de las actitudes de otros. 

La actuación del “yo” es espontánea y no reflexiona. No es perceptible dentro de sí mismo; esto ocurre porque el “yo” existe sólo en el presente. Esta actualidad del “yo” es el mecanismo que le permite obrar con cierta independencia del “mi”. En Mead, el “yo” reacciona a las actitudes de los demás, pero el “mi” es la serie de actitudes organizadas de los otros que adopta uno mismo.  Inclusive se puede decir que la actuación del “yo” es incierta e impredecible: 

Aunque el “mi” puede exigir una cierta clase de “yo”, en el sentido de cumplir con las expectativas sobre sí mismo que el primero ha desarrollado, el “yo” actúa con palpable independencia en el sentido de la creación de la experiencia. Es una autonomía entre las partes de la psiquis que abre espacios para el cambio, aunque luego podemos sorprendernos o inclusive asustarnos cuando reflexionamos sobre nuestros actos.  

Ha habido otras formulaciones sobre esta relación entre lo inmediato y lo reflexionado, de ellas podemos mencionar las de Schütz y Sartre.  Schütz (1932/1993) habló del flujo de la consciencia que sólo puede existir en el presente. Es sólo por medio de la reflexión posterior que el sujeto puede enjuiciar su pasado y formular nuevos proyectos. En ambos autores, el significado no está presente en el momento de la acción.  

Si la corriente de la experiencia para la persona es irreflexiva, entonces, según Schütz, existe el fenómeno de la actuación sin monitoreo. Al respecto, dice Schütz, el flujo de la experiencia inmediata está constituido por fases de las cuales el sujeto no está directamente consciente. Es que el sujeto se permite reflexionar sobre el pasado, y en este proceso percibe las etapas de su experiencia como vivencias completamente terminadas e imbuidas de significado. El recuerdo no tiene que ser una copia exacta de la primera experiencia, pero existe también la experiencia de la "evocación" que es la reproducción de una experiencia en el pasado. 

En sentido similar Sartre (1943/1989) dijo que la consciencia inmediata y presente tiene un pasado, pero ella no puede identificarse con él. Esto es así porque que ella vive en el presente: es radicalmente libre para determinar (escoger) lo que va a ser (y a hacer), y es absolutamente responsable por estas elecciones. 

La experiencia de existir es el constante aniquilamiento de lo que uno ha sido en cada instante del presente, la cual se desliza al pasado (Sartre, 1943/1989).  No podemos ni siquiera tener consciencia de los motivos que nos impulsan a actuar, porque cuando los conocemos, ya existen en el pasado. En la frase famosa de Sartre, apreciamos que: “Estoy condenado para siempre a existir allende mi esencia, allende los móviles y los motivos de mi acto: estoy condenado a ser libre” (1943/1989, p. 466).  

Es una experiencia de negación. Dice Sartre que se trata de uno de los atributos más básicos de la ontología, inclusive nuestro “para-si”, o sea, el flujo de nuestra experiencia pasada vista desde el presente; es la única clave que tenemos para identificarnos como sujetos, pero tiene poco que ver con lo que somos o lo que seremos. Es sólo en la negación del “en-si” -lo que somos en el instante perpetuo del ahora-, que se puede elaborar nuestra identidad.  En cada momento nos lanzamos a la nada, es decir, lo desconocido hasta que se incorpora en nuestra memoria como el pasado. Esta misma “nada” es el comienzo de nuestro “no” habilitante: la nada debe surgir en el mundo como un “no”, y, en efecto, dice Sartre, como un “no” capta primeramente el esclavo a su amo hegeliano.

Pero, si Schütz y Sartre afirman que no podemos controlar el próximo instante en nuestras vidas, sin embargo, ambos reconocen que el proyecto de persona que hemos elaborado nos conduce en direcciones generalmente previstas. Es decir, el proyecto existe como un patrón desde el pasado que influye en cierto grado sobre el salto hasta el futuro que experimentamos en cada instante del presente; pero es sólo un proyecto y no un mandato. Por esta razón somos impredecibles, aquel salto libre es también el gran momento de iniciar cambios.

La capacidad para decir “no” es nuestra herramienta principal contra la obediencia indebida. En ella tenemos la posibilidad de un sujeto con autonomía relativa y con la capacidad para reflexionar sobre nosotros mismos; podemos negar nuestras propias intenciones y las que el Otro tiene en relación con nosotros. Podemos distanciarnos inclusive de nuestro proyecto de vida tal como ha sido en el pasado. 

Algunos breves pensamientos adicionales sobre el fundamentalismo y la violencia

En un artículo publicado hace 27 años, Carlos Kohn (1992) reflexiona sobre la naturaleza del fundamentalismo que define como:

…toda subordinación de los hombres concretos, esto es, en tanto individuos, a un principio abstracto y radicalmente superior a ellos mismos, que legitima un orden social dado, o propuesto, en tanto que prescripción omniabarcante del “deber ser”; Behemont (‘borregos’) tutelados por un Leviatán (El Estado) para utilizar el lenguaje hobbesiano (Kohn, p. 74).

Me parece que hay que clasificar las creencias como un imaginario poderoso que orienta a sus seguidores, no sólo según pautas tradicionales provenientes de sus propias identidades culturales, sino también según propósitos de intereses ligados al manejo del poder político. Kohn dijo proféticamente, modificando la primera frase del Manifiesto Comunista de Carlos Marx, que “un fantasma aún recorre el mundo: el fantasma del fundamentalismo” (1992, p.63); desde entonces su presentimiento se ha convertido en advertencia y presagio: es siempre más frecuente que los hombres y las mujeres del Siglo XXI manejen sus angustias existenciales sometiéndose mansamente a dictados atávicos que les ha enseñado a obedecer ciegamente, y los políticos se aprovechan de su necesidad de cobijo espiritual. 

Ocurre entonces que dicho sometimiento manso se vuelve espeluznante cuando se les enseñe también la daga de Abraham que tendrán que empuñar como prueba de su fe y señal de su devoción. Incluso, se perciben a sí mismos como parte de una causa justa para lograr el bien de la patria, la supremacía racial, la ley Sharía, la Tierra Prometida, la evangelización de los nativos y otros objetivos ancestrales. Hoy en día los líderes políticos encadenan la obediencia de sus seguidores a motivaciones no tan patrimoniales como la fortuna de la compañía transnacional y el mantenimiento de los precios de petróleo, diamantes, oro y cobre. 


Reflexiones finales

Las experiencias académicas de Milgram, Zimbardo, Moscovici y Skinner nos ayudan a entender las tragedias de Agamenón y otros, y tal vez nos dan alternativas. Las propuestas de estos autores apuntan hacia los aspectos ambientales de la obediencia, es decir, aquellas presiones que nos influyen cultural o socialmente para que aceptemos la dominación de algún otro. Hemos visto como la jurisprudencia del siglo XX, tanto nacional como internacional, ha dirigido su atención a los límites legales de la obediencia visto como una obligación de los funcionarios del Estado.  Mead, Schütz y Sartre señalan los recursos internos que tenemos para resistirlos. 

Repito parte de la cita a Zimbardo (2007, Prólogo, p. 6) citado anteriormente: 

Una de las principales conclusiones del experimento de la prisión de Stanford es que el poder sutil pero penetrante de una multitud de variables situacionales puede imponerse a la voluntad de resistirse a esta influencia. 

Este poder de la multitud es paralizante. Pero hay quienes resisten. Hay mucho debate sobre dónde se encuentra la capacidad de actuar con independencia. ¿Está en el cerebro? ¿Está en el ambiente?  Experimentos neurológicos (Radder y Gerben, 2012, Libet, 1999 y otros) todavía no demuestran clara evidencia por la existencia de la autonomía consciente de los procesos decisionales. Es interesante que encontraron que el “potencial para actuar” (readiness potential), medido como un impulso eléctrico en el vértice del cráneo por un electroencefalograma, precede la consciencia que tiene el sujeto de su acto. Es difícil interpretar estos resultados filosóficamente, pero definitivamente no contradicen la idea de un “yo” impulsivo como propuesto por Mead, Schültz y Sartre. 

Mead, Schültz y Sartre mencionan la importancia de la reflexión que ocurre después del acto, la acumulación de experiencia y la elaboración de un proyecto intencional. Se trata en muchos casos de la preparación individual para enfrentar las situaciones a las que se deberían resistir. Como en el caso de la aplicación las técnicas de la modificación de la conducta, si el sujeto o el paciente conoce la disposición de las contingencias de recompensa y castigo, y sabe de dónde provienen, está en condiciones para tomar sus propias decisiones. Si Eric Fromm hubiera percatado el truco de Skinner, no hubiera caído en la ridiculez de quedarse agitando su mano en el aire –como si fuera una paloma más en un experimento conductista. Si alguien les hubiera dicho a los sujetos en los experimentos de Milgrim y Zimbardo que su capacidad para resistir la manipulación estaba siendo evaluada, podrían haber decidido cómo participar. 

Tal vez la herramienta más poderosa para resistir la obediencia irreflexiva es la preparación cultural y educativa. Mosovici nos ha dicho que el lugar de la resistencia se encuentra en el ambiente social, sobre todo en la presencia de una minoría activa que alivia la presión hacia la conformidad, y permite al individuo expresar sus ideas con más independencia. 

Después de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo después de los Juicios de Núremberg, ha habido cierta reflexión mundial sobre las prácticas represivas y el grado de responsabilidad que tienen los individuos al respecto. Es todavía un debate tímido; aparece poco en las escuelas, las universidades y los medios de comunicación. El tema se abre en los cuarteles sólo con reiteraciones en los códigos reglamentarios sobre los pretendidos límites al prejuicio legal por la obediencia debida. Este silencio discursivo en los acantonamientos, entre las policías y en las cárceles impide una discusión valida y significativa sobre el derecho y la obligación que tiene un soldado, un agente de seguridad o un preso para incumplir una orden. 

He intentado explorar ciertos tipos de obediencia que al fin pueden clasificarse en dos categorías: a) la que termina con el sometimiento y que puede conducir al vasallaje y la violencia de los fieles, y b) la que resulta de una reflexiva decisión de obedecer (o negar la orden recibida). 

Aunque Hegel y Kierkegaard eran cristianos, no he querido señalar un dogma o ideología particular. Podemos preguntar: ¿Qué hubiera pasado si Abraham hubiese preguntado a Dios por qué quería una prueba tan brutal de su devoción? ¿O si hubiera dudado de la bondad de una deidad tan sanguinaria?  Tal vez podría haber sido un renovador de los fundamentos de los credos judíos, cristianos y musulmanes.  Este no es el lugar de imaginar qué cambios hubiese introducido en estas tradiciones, pero por lo menos el devoto que haya heredado estas creencias podría haber tenido el derecho a decir que “no” frente a las exigencias de los dogmas que a veces exigen sangre. Los conflictos modernos, por ejemplo entre los irlandeses del norte y sur, y los israelitas y los palestinos no tendrían la misma justificación.  

La historia, sus leyendas y los textos tradicionales no pueden modificarse, en cambio, las leyes modernas, sí, pueden ser reconstruidas. En las disciplinas humanistas como la psicología y la sociología, y en las escuelas de leyes, hay que abrir debates sobre la historia de la obediencia en la cultura humana, consideraciones sobre cuáles son las condiciones para provocar y controlarla y finalmente evaluaciones sobre qué lugar debe ocupar hoy en día. Una parte de la autonomía individual y grupal consiste en resistir la influencia indeseada de los demás. Hay soldados que mueren en “cruzadas” modernas, e insurgentes terroristas que no cuestionan las razones para asesinar a otros, vengarse y, en el proceso, inmolarse. Por otro lado, la necesidad de poner límites en la crianza de los niños y en la convivencia de los ciudadanos forma una parte obligada de la ética y la civilidad. 

Lo que tenemos que preguntar es ¿qué tipo de coraje necesitamos hoy en día? ¿Necesitamos aquel del individuo kierkegaardiano, aislado de sus semejantes, que obedece ciegamente como hizo Abraham? Hay que prestar atención a otros modelos: Nelson Mandela dijo “no” al Apartheid y pudo negociar inclusive una relación de no-sumisión con su propio carcelero en Sudáfrica. En el cautiverio, cultivó una ética de obediencia a su propia conciencia. 

Bibliografía

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sábado, 9 de enero de 2021

Individual and group thinking: loyalty against reason

 


These excerpts were taken from: 

Cronick, K, in; Pandemia and coexistence in the chapter:

 Farías Mata, Mariana,  De Tejada Lagonell, Miren and Karen Cronick (in press). La pandemia, confinamiento por Covid-19: Práctica psicológica y ética de la convivencia, in Leonor Mora, Editor: PSICOLOGÍA Y SOCIEDAD VENEZOLANA. CONOCIMIENTOS Y PRÁCTICAS CONTEMPORÁNEAS. Central University of Venezuela. 

Translation: Karen Cronick


 [One’s] decision to accept beliefs is only voluntary to a certain degree. People "decide" whether to look for evidence, or to evaluate the sources of the information they receive, or to uncritically support what their favorite politicians or clergy say. Accepting a particular way of determining "reality" is a deeply ethical act, but it has many impediments; human beings do not fully enjoy the capacity for free will, because choosing our behavior does not necessarily come from a conscious decision. Multiple influences intervene: -the teachings we receive as children, -the need for the cognitive and emotional structure, which is sometimes satisfied with the creeds, -social pressures from the family and reference groups, and -the coercion that emanates of political parties.

A collective belief is not limited to a simple sum of individual intentions. The phenomenon of team action occurs. Participants value their membership in a group and accept its demands. This is partly about coercion and authority, but also to affective group affiliation that includes the obligation to adopt the collective will. Jujan Kraus (March, 2011) affirms that, through a kind of adaptation similar to empathy, people assume the group's intentions as if they were their own, without questioning them.

“Agents cooperate because they can take a higher-order perspective on what would be optimal for the group, even if the decision goes against their best individual plans. If this is true, it is plausible to consider that, in groups characterized by asymmetries and imbalances in power, individual agents can be persuaded to select a strategy that not only runs counter to their own interests, but is also not optimal. for the group itself ” (Krause, p. 5).

I think of the people who participate in demonstrations, for example, in Michigan in the United States in the last week of April in 2020. The militants were armed with automatic rifles, and demanded an end to the quarantine that local authorities had declared to protect the population from the contagion of Covid-19; they demanded their "right" to return to work. They did it in droves of people without protective masks despite the fact that this is one of the states most affected by the virus in the country. Some of the members of the state legislature protected themselves with bulletproof vests. The national president in Washington had called on them to “liberate their state” from the opposition party that currently governs there, and those who demanded “justice” obeyed this slogan, exposing themselves to contagion and sacrificing themselves for objectives unrelated to their own well-being. This attitude goes beyond the individual beliefs of the protesters.

Why did they feel the need to arrive armed? I think the most immediate response is that they wanted to show a potential power that would surpass any electoral force. There are two messages in this type of behavior. First their behavior is meant to demonstrate their omnipotence as a group, and second, beneath this alleged power there is an obvious desire to feel protected. This second message is an indication of fear, but fear of what? Against whom would it be necessary to demonstrate its capacity for lethal action? ...

On the other hand, if the weapons were intended to protect them, who threatened them? First it should be noted that the protesters were all white, and American racial bias is well documented. Social exclusion is closely related to fear of economic loss and of social prerogatives. Also in the recent programming of stations such as CNNI, the exaggerated vulnerability of people of color and Native Americans to Covid-19 has been denounced. It is probable, but I have no data, that these vulnerable groups would favor a prolongation of the current quarantine, and the protesters demanded the opening of the economy. There have been recent demonstrations in which groups that support the ideology of white supremacy have paraded armed through the cities of this country to terrorize Jews, Muslims and people of color….

The domination of some over others is a group phenomenon of long antiquity. Its relationship with the seizing of power and other resources is evident. And yet, argumentation is the main weapon of democracy: conversations replace the rattle of sabers on the battlefield. The logic of the negotiation is opposed to the immediacy of the uprisings and military occupations. The participation of the rebels is complex since it not only has to do with the desire for group obedience and conformity, but also with the self-destructive consent created for reasons of social identity. From the time of the tribes it has been necesary to identify closely with the group. Today, however, our identities are more complex, and herd obedience can cause great harm to individual members, especially when such obedience increases the possibility of contagion in times of epidemic.

The Psychology of Science and Belief

According to the Royal Spanish Academy, a belief at the individual level is: 1. A firm assent and conformity with something, 2. The full credit that is given to a fact or news as certain or certain and 3. A religion or doctrine. The Royal Academy does not clarify the bases of the assent, conformity or credit that support them.

 It is necessary to go to collective phenomena to find these supports, and social psychology offers some explanations. Studies on constructionism (Gergen, 1985) examine the underlying beliefs held by every society, but this case deals with beliefs restricted to particular groups that are   sometimes ephemeral. For their part, Moscovici and Hewstong (1984) speak of “social representations”, which have defined structures that characterize collective beliefs in large and small groups. Moscovici (1979) also talks about “active minorities” and shows how some individuals can break their conformity and encourage dissent to the militants’ slogans. What interests us here, however, is the dynamics of self-annulment that the group demands, and the willingness of the individual himself to collaborate in this.

Some of this obedience has been identified in the Royal Academy's third meaning cited above, which deals with religion or doctrine, but it can come from almost any source, including neighborhood gossip networks or Twitter ads. Lacking a discipline to ensure truthfulness, "believers" do not have a firm foundation for their convictions, and they do not seek them. We ask why do people lack the will to find out about something that can mean the difference between life and death for them? ...

 Freedom of worship

Since the times of the Enlightenment in Europe, especially in France, and especially with the beginning of modern democracies, we have questioned transcendental truths, especially when they influence the work of governments. Téllez (2011) talks about:


[…] The speculative path opened up by the enlightenment is flanked by a political impulse: the replacement of Regnum Dei by regnum hominis, which in terms of legal claim means denying the Christian faith the right to rule / inspire the political order and public morals. The illustration can be characterized, in this sense, as "the shift of attention to man, the critical appropriation of the representations of God and their constitutive transformation by modern reason" (p. 229).

This change gave way to the idea of tolerance and freedom of conscience and worship (Voltaire, 1763-1766). This is an important milestone with respect to groupthink, because the democracies that were born after the 18th Century established the rights of all cults to exist, and founded the norm of legal tolerance of their creeds, opinions and beliefs; it is about the birth of the right to differences. By later recognizing the legitimate right of political parties in their quest to participate in (democratic) power, the European Enlightenment denied them all the ability to proclaim themselves the only bearers of absolute truth. This is the most important foundation of democracies. Within them coexist groups that believe they are the only bearers of the truth, but in the system -as a global structure-, they remain as tolerated islands, incapable of imposing their ideas on others. What they can do is try to persuade other people to be right… ..

... At the end of the Middle Ages the struggle between "believing" in a Ptolemaic universe, and "understanding" it according to the Copernican model, cost Galileo Galilei dearly. The distinction between these two verbs, "believe" and "understand", is key in humanism, one of the main sources of democracy. The dispute between tradition and science is long. The traditionalists poisoned Socrates; In another example, a horde of Christians tore Hypatia to pieces in AD 415. in Alexandria. She was a scholar of Platonic thought and mathematics. Also the empiricist Roger Bacon was captured around 1279 and probably died in prison. Similarly, Giordano Bruno (1548-1600) was an astronomer and poet who was burned alive in 1600 by the Inquisition. 

Today, however, our identities are more complex, and herd obedience can cause great harm to individual members, especially when such obedience increases the possibility of contagion in times of epidemic.

The new authorities are science and mathematics; they are built on the reasons for their pronouncements; science never claims to have found the ultimate truth on a subject; it limits itself to proving its reasoning, always subject to later refutation. They are disciplines that generally reject the formation of groups that develop around unfounded beliefs. We could say that scientists obey both an ethics and an epistemology: they obey, from a rather individualistic ethical position, systematic reasoning that becomes incorporated into a complex body of reflections and methods that never appeal to an authority, tradition or archaism. Science is based on logic and "evidence", and its pronouncements are always clear and transparent; they are findings susceptible to being rejected when new tests are produced. In this they contrast with tribal thinking groups: nowadays no scientist is going to defend the existence of "ether", but there are sects whose members still claim that the Earth is flat.

Science is not accessible to everyone because it requires training to understand its methods and the language of its findings. When a researcher explains that his results are reliable to a degree of p = <.01, he is referring to the precise values of the certainty that can be had in these results, and it is understood, in addition, that they depend on factors such as the size of the the sample, the use of control groups and other techniques that allow to reach this level of confidence. People excluded from understanding these methods may prefer the more egalitarian world of unsupported opinions.


REFERENCES

Gergen, K. (1985). The Social Constructionist Movement in Modern Psychology. American Psychologist, Vol. 40, No. 3, 266–275.

Krause, J.  (2011, marzo). Collective intentionality and de (re)production of social norms: The scope for a critical social science. Philosophy of the social sciences.  No.42, p. 323. http://pos.sagepub.com/content/42/3/323 (Gergen, 1985

Moscovici, S. (1979). Psychologie des minorités actives. Presses Universitaires de France.

Moscovici, S. y Hewstone, M. (1984). "De la science au sens comun" en Moscovici, S. (Ed.), Psychologie sociale. Presses Universitaires de France. Téllez (2011)

Téllez, J. A. (2011) La libertad de conciencia y de religión en la Ilustración francesa: El modelo de Voltaire y de la “Encyclopédie”. Revista de Estudios Histórico-Jurídicos. [Sección Historia del Pensamiento Jurídico y Político]. No. 33, 227 – 272.

Voltaire (1763-1766).  Traité sur la Tolérance a l`occasion de la mort de Jean Calas, 1763, en Oeuvres complètes de Voltaire, mélanges IV, Kehl. http://www.voltaire-integral.com/Html/25/01_table_tolerance.html].


miércoles, 28 de octubre de 2020

Las tres taras: el hombre fuerte, el socialismo y las diversas democracias


Tenemos tres taras políticas en el Siglo XXI; son: a) nuestra fascinación/repulsión con la figura del líder fuerte, b) nuestra interpretación de la palabra “socialista” y c) nuestras múltiples interpretaciones del concepto de “democracia”.

El hombre fuerte aparece como una figura de salvación aun cuando llegue al poder por medio de las armas. Son eternos: en América Latina incluyen a: Jorge Rafael Videla, Alfredo Stroessner, Hugo Banzer, los Somoza, François Duvalier, Fidel Castro, Rafael Lónidas Trujillo, quienes han gozado de cierta popularidad en sus tiempos, pese a que no todos sus seguidores se beneficien económicamente de sus regímenes.  Proclaman distintas filosofías fiscales, pero en el fondo su política esencial es lograr, mantener y fortalecer su propio poder. Todos tienen opositores ocultos, algunos quieren sustituirlos en el poder (“quítate tú para ponerme yo”), y otros desean terminar con la tiranía e instalar algún tipo de poder popular.

Para muchas personas la figura del dictador va mano a mano con el concepto de socialismo. El socialismo es una idea que casi ha perdido sentido hoy en día porque en la boca de ciertos los dictadores sólo se trata de un canto de ninfas marinas para atraer a los marineros hacia los escollos de su destrucción.  La idea original provino de ciertas filosofías decimonónicas que promovían la igualdad económica en las sociedades de incipiente industrialización. Luego la idea fue incorporada en la noción de “Comunismo” la cual incluía el requisito de la “dictadura del proletariado” como una estrategia esencial para alcanzar a la tan deseada igualdad. Paralelamente en algunas democracias históricas como las de Inglaterra, los Estados Unidos, Holanda y Escandinavia, la palabra ha señalado programas de bienestar colectivo como los seguros sociales, las pensiones para los ancianos y educación gratuita y universal. Es evidente que estas acepciones son contradictorias, incompatibles y opuestas. 

Para muchas personas la palabra “socialista” es un sinónimo de “dictadura”. Se trata de una asociación/reflejo, es decir algo que produce -primero y sin reflexión- un gran rechazo hacia las propuestas políticas que tienen que ver con el bienestar. Es una asociación que rebasa, inclusive, a la aversión que las personas tienen hacia los aspirantes a la figura del “hombre fuerte”. En estos casos las personas huyen del socialismo justo a las redes “salvadoras” del dictador.

Finalmente, el concepto de democracia es complejo, pero de manera muy breve se puede decir que tiene que ver con el control ciudadano del manejo político y económico de un país, que normalmente se logra por medio del voto popular. Es inconciliable con la idea de la dictadura del proletariado, pero puede tener entre sus políticas programas de bienestar social. Las personas pueden elegir candidatos que promueven la salud popular y la educación gratuita y universal, por ejemplo.  Igualmente, en una dictadura pueden existir programas similares, pero en general no responden a sus objetivos principales ya que, primordialmente, ellos desean mantenerse ellos mismos el poder.   


lunes, 17 de agosto de 2020

La Ilíada: una compleja cultura de guerra

 

La Ilíada: una compleja cultura de guerra

Karen Cronick

Instituto de Psicología, Universidad Central de Venezuela


 

 

Resumen

 

Estas reflexiones tratan de una relectura de la Ilíada de Homero, se examinan en esta obra la naturaleza del liderazgo, el valor del heroísmo y la intención del poeta de participar en la creación de una nueva identidad cultural, la de los helénicos o “aqueos”. Homero cantó sus poemas 400 años después del conflicto en Troya; en este tiempo los reinos griegos comenzaban a ver las similitudes lingüísticas y comunalidades de origen entre ellos, y se estaba formando una frágil noción de cultura compartida. En la poesía homérica se pueden hallar, además de una llamada cultural, aspectos profundamente anti-bélicos y humanitarios. Se reflexiona sobre ciertos elementos poéticos que pueden apreciarse como el inicio de los valores del hombre universal.

 

Abstract

 

These reflections are the product of a new approach to Homer’s Iliad in which the nature of leadership, the value of heroism, and the poet’s participation in the creation of the new Hellenic culture, that is, of the “Aqueous” or “Achaeans”, is examined. Homer recited his poems 400 years after the Trojan war; by this time the Greek feudal kingdoms had begun to see their linguistic similarities and the communality of their origins, and were beginning to forma a shared, if shaky, union. In Homer’s poetry one can find profoundly anti-war and humanitarian aspects, that go beyond their cultural awareness. We consider certain poetic elements in which a new universal humanity can be appreciated.

 

 

Introducción

La historia es un proceso que, aunque no implica necesariamente progresar hacia vías más humanitarias de convivencia, deja tras de sí suficientes rastros que las generaciones de cualquier época pueden usar para construir nuevas soluciones sociales. Los griegos antiguos crearon y recrearon un ambiente de reflexión sobre temas como la justicia, el gobierno y lo que debe ofrecer un líder. Podemos ver los inicios de este pensamiento en la Ilíada, poema épico que narra parte de una espantosa guerra histórica ocurrida en el Siglo XII a. C., que relata cómo los helenos asediaron la ciudad de Troya con el fin declarado de rescatar a Helena, la reina de Esparta, cuyo secuestro fue, para sus participantes, la razón obvia del conflicto.

Más profundamente, se trata de una inquietud sobre la naturaleza del liderazgo, el valor del heroísmo y soterradamente, sobre la creación de una nueva identidad cultural.

Con los criterios de hoy, que promueven la eliminación de elementos culturales que recuerden cualquier pasado de injusticia, rechazando documentos, películas y monumentos que así lo hacen, la historia va quedando vacía. Con mi apreciación actual de Homero, encuentro que en la Ilíada se hallan aspectos profundamente anti-bélicos y humanitarios; se evidencia una vez más que se deben preservar y analizar los rastros que deja la marcha del tiempo humano.

Homero cantó esta historia de la Ilíada 400 años después de la batalla que describe.  No tenemos conocimiento de documentos escritos sobre este conflicto de la edad de bronce, sólo la memoria colectiva y generacional de los rapsodas, que quedó plasmada seiscientos años más tarde en historias, poesías transcritas y obras de teatro. Los poemas orales transmitieron estas tradiciones mezclando leyendas y mitos, supuestamente sin añadir mucho de su propia autoría. Los cantores se basaban en lo que oían de otros trovadores, implicando la propagación continua de los mismos relatos por diez generaciones, considerando la posibilidad de un promedio de vida de 40 años en ese entonces.  

El poeta Homero existió como un individuo con su propia historia; era un conocido cantor que aprendió los trozos dispersos de las narraciones poéticas por estas mismas vías de filiación cultural. Aunque no haya pruebas suficientes para suponer que él sea el autor de todo que se le atribuye, se puede percibir en sus dos obras principales, la Ilíada y la Odisea, la mano de un poeta virtuoso. Los poemas que nos han llegado en su nombre fueron copiados, posiblemente a manos de Solón en el Siglo VI, dos siglos después de su muerte, a pesar de que los griegos ya habían inventado un abecedario fonético en el Siglo X, doscientos años antes de la vida de Homero.

Es decir, entre las batallas de Troya y el momento de transcribir los poemas de Homero, pasaron seiscientos años. Los aedos tenían que haber tenido memorias fenomenales. Claro, era un don apreciado y cultivado en aquellos días, pero recordar, y repetir los nombres, los parentescos y los detalles de cada actor y evento es una hazaña histórica impresionante. Fue un recuerdo colectivo, transmitido de cantor en cantor, de generación en generación y de evocación en evocación.

La Ilíada es más que un collage disperso de cantos reunidos. En ella uno encuentra el sentido de una obra pensada y construida, con temas y subtemas en los que las personalidades de los protagonistas están muy bien desarrolladas. A pesar de que el poema tenga el evidente propósito de enaltecer el heroísmo de los combatientes, y crear las bases para una consciencia helénica, o de los “aqueos”, hay un tema escondido, casi subversivo: el horror frente a tanta violencia. La descripción de las batallas es pavorosa. Homero glorifica la reciedumbre y el heroísmo de todos los guerreros participantes, tanto griegos como troyanos, y lamenta por igual a todos los muertos.

Uno de las protagonistas más importantes y atrayentes es Héctor, un príncipe troyano enemigo de los griegos; es retratado como un gestor de paz y un amante hijo, padre y esposo; honrado al mismo tiempo como el mejor batallador de su reino. La imparcialidad del poeta no es causal, porque no canta un himno tendencioso de buenos y malos, más bien celebra a la humanidad. Esto es notable para una obra que siglos más tarde pretendería el estatus de un texto fundacional para la identidad helénica.

Es necesario rescatar estas contradicciones antiguas, y apreciar cómo la compasión pueda convivir con el fervor de lealtad al reino. En estas reflexiones he seleccionado unos momentos claves de la Ilíada, particularmente aquellos en que el poeta delibera sobre el significado de una guerra tan violenta, y el papel de los héroes que participan en ella. Analizo la contradicción entre el afán de heroísmo y el anhelo de paz. Los dioses también intervenían, y su actuación revela la estructura de los valores y esperanzas de los mortales.  Básicamente, en este trabajo razono sobre la capacidad para la sensibilidad humana que tiene el guerrero en Homero. También analizo el papel del poema en la creación de la identidad griega e intento crear un acercamiento interpretativo entre la estética y la interpretación histórica.

Propongo crear una nueva mirada sobre estos tiempos. En seiscientos años los griegos pasaron de propiciar una guerra cruel de exterminio, a crear la primera democracia del mundo. Quiero examinar estos orígenes y ver los atisbos de reflexiones antiguas sobre las ideas de: el sentido de liderazgo, el valor de la vida humana, la defensa del hogar, la participación en un proyecto colectivo, la relación de los griegos con sus deidades, y la creación de un valor helénico que rebasa cada reino “griego” por separado.  Para ello he organizado estos temas bajo géneros más amplios:

a) Las personalidades de los protagonistas en Algunos personajes

b) La contradicción entre el afán del heroísmo y la voluntad de paz en La guerra y el anhelo de paz

c)  El sentimiento de sumisión de los héroes a la voluntad arbitraria de sus deidades en “El papel de los dioses

d) La sensibilidad del ser humano en el contexto de la hostilidad en La humanidad de los guerreros”.

e) La Ilíada como obra fundamental de la cultura griega en “Los orígenes de quienes se consideraban “griegos

He usado la traducción al inglés de Alexander Pope (1899), pero cuando la he citado, he traducido las citas al español. El original de cada cita aparece en inglés en notas numeradas al final del ensayo completo. No he reproducido ni la métrica ni las rimas del original; mis citas en español no aparecen en forma poética como hizo Pope.  En algunos casos he buscado referencias externas para clarificar algunos puntos.

 

Algunos personajes

En la Ilíada, los personajes principales han sido muy bien desarrollados; sus temperamentos emergen en la descripción de sus conversaciones, en la actuación en el campo de batalla y en la calidad de relaciones que mantienen con los demás. Brevemente describo algunos de los más destacados: Agamenón, Menelao, Aquiles y Héctor. Junto a ellos hago breves referencias a otros personajes que los acompañan como París, Príamo, Helena y Patroclo.

Agamenón y Menelao

En la Ilíada de Homero, Agamenón, el rey de Micenas; es el comandante máximo de un ejército compuesto por reyes de feudos dispersos de lo que ahora llamamos “Grecia”. Hay suficiente en la Ilíada para calificar la personalidad mezquina de Agamenón, quien ha sido el tema de numerosas obras, como las de Esquilo (458 a.C/sf) y Ovidio (2 dC /1998). En el siglo V a. C, Esquilo escribió sobre el mismo personaje descrito en la Ilíada, en su obra teatral “Agamenón”; cuenta cómo este personaje sacrificó a su propia hija para lograr el apoyo de la diosa Artemisa, antes de zarpar con sus huestes a Troya. Homero no pudo conocer esta obra, pero seguramente debe haber tenido acceso a los mismos cantos que Esquilo escuchó.

En la Ilíada, por momentos Agamenón es un soldado arriesgado y prepotente, aunque en algunas situaciones huye de la guerra.  Suele ser orgulloso, ambicioso y despiadado, impetuoso, descomedido, avaro y ansioso de adquirir y mantener el poder. Pero frente a un desafío que no controla, se convierte en alguien que ruega la ayuda de los demás.

Los reyes feudales, integrantes del ejército de Agamenón, no se habían reunido para participar en ningún proyecto colectivo antes del llamado a la Guerra de Troya. El motivo aparente de la acción bélica es rescatar a Helena, su cuñada y la esposa de Menelao, que París, un príncipe troyano, ha secuestrado (aunque sin la resistencia de la dama). Ahora París vive con Helena bajo la protección de su padre, el rey, Príamo en Troya.

Con respecto a Agamenón, podemos suponer que no sólo peleaba para rescatar a Helena; tenía el ojo puesto en una regencia mayor de poder que se basaría en su propia dirección de las huestes griegas. Más que rescatar a Helena, los griegos se unen en respaldo a designios hegemónicos, o por lo menos culturales.

En el comienzo de la Ilíada Agamenón pone toda la guerra en peligro cuando confisca para él la esclava y amante de su mejor guerrero, Aquiles, motivando a éste a retirar su apoyo de la causa griega. Después, cuando pareciera que los griegos iban a perder la guerra, implora la ayuda del todavía resentido Aquiles. En el Noveno Libro intenta sobornarlo para que vuelva a pelear a favor de los griegos, ofreciendo incluso adoptarlo como hijo.

Menelao, su hermano, y rey de Esparta, es el esposo de Helena. Está descrito como un guerrero valiente, aunque no es uno de los grandes héroes. Ha solicitado ayuda a Agamenón para recuperar a su esposa, pero no pretende guiar el ejército hacia Troya, más bien prefiere quedar bajo la protección fraterna.

El lector tiende a compararlo con París quien es un atractivo seductor que ha ilusionado a Helena. En el comienzo de la Ilíada, Menelao pelea en la guerra mientras París huye a sus aposentos para quedarse cómodamente con Helena, pero al final, después de las reprimendas de su hermano Héctor, París también sale a defender a Troya.

Aquiles y Héctor

El argumento global de la obra da más importancia a Aquiles. Desde el inicio, los lectores -u oyentes- están esperando que este príncipe griego salga de su rabieta con Agamenón, por haberse apoderado de la esclava Briseida, y comience por fin a defender a los griegos. De hecho, el poeta nos da a entender que los miles de fallecidos que yacen en las arenas de Troya, incluyendo a todos los combatientes anónimos, murieron por la negligencia de Aquiles; si hubiera salido de su tienda antes, para pelear y apoyar a los griegos, la guerra por supuesto hubiera terminado antes.

En la Ilíada, Homero no hace referencia a la leyenda sobre su invulnerabilidad divina frente a las armas de sus enemigos, pero describe la enorme capacidad que tiene como guerrero, y sugiere que hubiera dado la victoria a los griegos sin tanto sufrimiento. Al final sólo salió para vengar la muerte de su amigo Patroclo, después que Héctor, un príncipe troyano, lo mató. Es sugestivo como Aquiles se motiva por sus pasiones personales más que por la lealtad al grupo. Homero dejó claro que este personaje tenía sus dudas sobre la prolongada conflagración, cuyo propósito consideraba “privado” y no helénico, pero quiso participar, y viajó sin coerción desde su pueblo natal Ptía hasta Troya, como también nos dice el poema, de manera “voluntaria”.

El cantor nos hace sospechar que Aquiles vino en búsqueda de gloria guerrera, y no para un propósito común, ni para rescatar a Helena, ni para participar en un proyecto helénico. Este príncipe vino de lejos, del norte de la península griega, y tal vez no comparta este anhelo de unidad cultural. Es un guerrero enigmático; en su querella con Agamenón dijo:

“¿Por qué tengo yo que pelear bajo sus órdenes? Los Troyanos distantes nunca me han molestado… Navegamos hasta aquí, un grupo voluntario, Para vengar un mal que es privado, no público”….. (p. 13, Nota 1)

Y, sin embargo, cuando Héctor mata al amigo de su infancia, Patroclo, sale trastornado de dolor a vengarlo.

El príncipe troyano Héctor es un hombre más amplio, casi –uno podría decir- más actual. Es un soldado formidable, pero detesta la guerra y desprecia a su hermano París por haberla traído a Troya. Es un hijo respetuoso y un esposo y padre tierno. Es un estadista en el sentido antiguo de los reinados déspotas, e intenta varias veces negociar las diferencias, o llegar a acuerdos que no implican tanto derramamiento de sangre. Pero cuando pelea, Homero lo describe como un “dios”, un hombre capaz de hacer el trabajo marcial de ejércitos enteros.

 Allí en la carroza resplandeciente brilló el gran Héctor, como si fuera Marte, encargado de confundir a la humanidad. Antes de él su gigantesco y flamante escudo, como el ancho sol, iluminó a todo el campo de batalla; su casco en vaivén emite un rayo líquido; sus filosos ojos pasan por toda la contienda” (p. 411, Nota 2).

 

Es el único de los héroes que pelea principalmente para defender su familia y su ciudad, y lo declara varias veces. A un día de su muerte aviva a sus compatriotas a seguir luchando en nombre de la familia y los ancestros:

Piensa en sus esperanzas, sus fortunas, todo el cuidado De sus esposas, sus hijos, sus padres: Piensa, cada uno, en la cabeza sagrada de su padre; Piensa en cada ancestro que ha muerto con gloria; Ausentes, hablan por mí, por mí piden, Piden de ustedes su seguridad su fama: Los dioses dependen de esta única acción, Todos están perdidos si ustedes abandonan el día” (p. 462, Nota 3).

Al final, con Héctor muerto, los griegos se enganchen en un perverso apetito de pillaje, destrucción y depredación contra Troya.

La guerra y el anhelo de paz

Desde el cuarto libro la Ilíada es casi un poema anti-bélico. No hay cómo leerlo sin comenzar a sentirse agobiado y abatido debido a tanta muerte porque Homero crea imágenes terribles de adversarios bañados en sangre, como éste en el último día de batalla cuando los troyanos llegan finalmente a los barcos griegos:

“Por esto en armas se levantaron las naciones en guerra, Y bañaban sus generosos pechos con sangre mutua. No hay espacio para equilibrar la lanza o doblar el arco; Pero mano a mano, y de hombre a hombre, crecen en número: Heridos, ellos hieren; y buscan el corazón del otro Con falquiones, hachas, espadas y dardos acortados. Suenan los falquiones, suenan los escudos, suenan las hachas, Las espadas brillan en el aire o brillan en el suelo; Con la sangre que fluye, las orillas resbaladizas se tiñen, Y los héroes masacrados aumentan la terrible marea…. (p. 470, Nota 4).

 

El bardo canta a algo más grande que la gloria, también denuncia el salvajismo de la batalla. Son hombres que tienen que perder cualquier vestigio de consciencia de que el enemigo también tiene humanidad. Para sus oyentes Homero despierta algo entre horror y piedad. Se trata de un registro interminable de encuentros mortíferos entre los héroes griegos y troyanos, descritos en doloroso detalle. El poeta nombra a cada jefe fallecido -en muchos casos señala también los padres, esposas e hijos que quedarán para llorar sus muertos-. Es frecuente que describa las heridas con gran lujo de detalles anatómicas, de manera que el lector -u oyente- pueda sentir compasión por los héroes perdidos:

"[Diomedes/Tideida] habló, y al levantarse arrojó su fuerte dardo, Lo cual, impulsado por [la diosa Atenea] Pallas, atravesó una parte vital; Completo en la cara [de Anchises] ingresó, y entre La nariz y el globo ocular …; Chocó todas sus mandíbulas y le abrió la lengua…. Se cae, su casco golpea el suelo: La tierra gime debajo de él y sus brazos resuenan;” (p. 150 – Nota 5).

En este caso Tideida no muere:  para suerte de él, era el hijo mortal de la diosa Venus, y ella interviene, salvando a su hijo, aunque ella misma quedara lastimada en la mano. Regresaremos luego al papel de los dioses en esta contienda, pero en este trozo ya vemos que las diosas Atenea/Pallas y Venus eran “enemigas” y participantes activas en el encuentro entre los humanos Diomedes/Tideida y Anchases.

Los guerreros más heroicos son los que obtienen más víctimas. Rossman (5/10/2017, p. 44) hizo un análisis de redes sociales sobre estas masacres; encontró que, si medimos la heroicidad de los personajes por el número de bajas producidas por los combatientes principales, tenemos la jerarquía en la Tabla I.

 

Sin embargo, Homero lamenta a todos los muertos. Canta a la pérdida de su juventud, deplora que no verán más a sus familias, y a la pérdida que sentirán sus familiares que los aman: “¡Lamentada juventud! en la primera floración de la vida cayó…. “ (p. 525, Nota 6)

 

 

 

Tabla I

Muertos atribuidos a cada héroe

 

Nombre del Héroe

Número de muertos que causó

Patroclo

54

Diomedes

33

Héctor

29

Aquiles

24

Odiseas

18

Ajax el Mayor

16

Teucer

16

Agamenón

12

 

 

El guerrero y el dolor

 

La guerra se llena de rituales y opulentas pompas de batalla. Los caballos son hermosos y bien cuidados (comen “ambrosía”), y la armadura de los héroes brilla en el sol. La que el dios Vulcano hizo para Aquiles, para reemplazar a aquella que Héctor despojó del cuerpo de Patroclo, fue descrita sublimemente en múltiples versos por el bardo en el decimoctavo libro. Los demás guerreros también llevan armaduras y relucientes carros de lid. Toda esta parafernalia da un resplandor al combate que oculta las tripas y sangre que cubren el campo de batalla.

 

Fijados sobre un punto ellos pelean, y heridos, hieren, Un torrente de sangre impregna la tierra fétida: Sobre los apilados restos de los griegos, desangraban los troyanos, Y aumentándose alrededor, suben los cerros de los muertos” (p. 528, Nota 7).

 

El lector moderno rechaza tanta agonía. El poeta también lamenta las matanzas, aunque enaltezca y honre la braveza y el valor de los combatientes. Celebra los héroes de los dos lados y deplora tanta pérdida. Estas tres citas dan testimonio de sus sentimientos; el primero y el tercero son lamentaciones de en la voz de Homero como relator poético. El segundo aparece en la voz de Néstor, el viejo y sabio consejero de los griegos cuando pareciera que ellos están perdiendo la guerra:

 

La guerra sigue, los adversarios sangran otra vez Como lobos lanzasen sobre sus víctimas El hombre muere debido al hombre, y todo es sangre y rabia.” (p. 131, Nota 8).

 

Maldito es el hombre, Y carente de ley y derecho, inmerecido de propiedad y luz, Aquel desgraciado, aquel monstruo que se deleita en la guerra” (p. 264, Nota 9).

 

Y así peleó cada ejército, encendido con la sed de gloria Y multitudes y multitudes murieron en triunfo” (p. 134, Nota 10).

 

Esta última cita habla por todo el poema: “murieron en triunfo”.  Allí están todas las grandes contradicciones de la epopeya. Los miembros de cada ejército pelean para conseguir “gloria”, y aunque mueran, saben que un héroe que muestra gran destreza, impulso, reciedumbre, dinamismo, y coraje entrará en las leyendas para siempre. Con contadas excepciones no pelean por odio, en realidad, los héroes más potentes de ambos lados se reconocen como iguales (excepto Aquiles), y existe entre ellos una especie de respeto mutuo, una cofradía de hombres superiores. Cuando Áyax y Héctor combaten entre ellos dos, en un esfuerzo fallido para decidir cuál lado terminaría ganando toda la guerra, luchan terriblemente por un tiempo hasta que los “ministros”, o referees llaman a un descanso (realmente una conclusión de la lucha) porque se acerca la noche. Hasta el momento de esta solución, cada uno de los dos ha estado intentando matar al otro, pero ahora, con la más grande cortesía, el troyano Héctor le dice a Ayax:

 

O, más grande de los griegos….Quien el cielo engalana, el que es el coloso de su pueblo, con fuerza de cuerpo, y con valor de discernimiento, Ahora la ley marcial nos exige interrumpir, Más tarde nos encontraremos en guerra gloriosa, En un día futuro continuaremos con la acometimiento” (p. 222, Nota 11).

 

Inclusive intercambian regalos. Es el lenguaje de cortesía, de la diplomacia de la guerra, pero además es la apreciación de la correspondencia de roles paralelos, de las reglas de caballeros encontrados en un rito cultural que todos conocen y aceptan.

 

La lógica última para un militar es la protección de su propio reino y sus gentes. Héctor, expresando lo que considera las razones para participar en la guerra, y en medio del asalto final a los barcos griegos, grita:

 

El hombre valiente, aunque pierda su vida, Puede con esto salvaguardar a su nación y dejar libres a sus hijos” (p. 461, Nota 12).

 

No hay cómo negar la saña que también influye, sobre todo cuando al final pareciera que los griegos van perdiendo. Peneleo el griego, tras matar a Ilioneo, se jacta del dolor que acaba de causar a quienes lo amaban:

 

Troyanos, ¡Miren a su gran Ilioneo! Corran a su padre a decírselo: que sus altos techos resuenan con el dolor descomunal, Que las noticias dolorosas lleguen al oído de su madre, Tal como en la casa triste de[del griego] Promancius conocerán cuando, victoriosos, regresemos a Grecia….” (p. 438, Nota 13).

 

Todos los guerreros tienen padres, madres, esposas, hijos y hermanos; son amados y quieren a sus familias. A Homero le duelan las pérdidas de ambos lados, pero expresa las pasiones naturalmente desbordadas en la batalla en boca de sus combatientes, sobre todo en los momentos más dramáticos de las contiendas. Es la contradicción del mundo castrense: desear la vida, querer regresar al hogar donde está la familia de cada uno, y al mismo tiempo desafiar -aun provocar- a la muerte. Después de ver a sus compañeros abatidos, el combatiente puede olvidarse de los protocolos y regocijarse al ultimar a un enemigo.

 

La amistad

 

Con frecuencia los soldados vienen en pares de amigos o familiares. La amistad entre Aquiles y Patroclo es legendaria, y la muerte de éste es lo que provoca a Aquiles a salir a vengarlo, así dando la victoria final a los griegos. Entre los más célebres amigos están Ayax el Grande y Ayax el Menor; Meríones e Idomeneo; Sarpedón y Glauco (primos), y curiosamente Diomedes y Glauco. En este último caso el primero es griego, y el otro es de Licia y pelea al lado de los troyanos. En el sexto libro los dos se dan cuenta que sus ancestros eran amigos y por esto intercambian escudos y juran no lastimarse en el campo de batalla.

 

Son afectividades que constituyen importantes contrastes con las exigencias nefastas de la batalla porque son expresiones de amor y quebranto, pero el calor de la batalla normalmente conduce a la sed de venganza.   Aquí Héctor ve muerto a su hermano Polidoro.

 

Cuando Héctor vio, horriblemente ensangrentado, el tristemente abatido Polidoro, Una nube de congoja  apagó su mirada. Su alma ya no toleró pelear desde una distancia prudente y corrió hacia Aquiles, frente a frente, y sacudió su jabalina como si fuera un fuego sinuoso” (p. 610, Nota 14).

 

 

El despilfarro final

 

Una y otra vez los Troyanos ofrecen un tratado de paz; proponen devolver las riquezas que París robó a Menelao, algo más de tributo, y la posibilidad de enterrar a los muertos. Los griegos aceptan el descanso para los funerales, pero rechazan la oferta de paz. Grita Tideida:

 

O, no acepta la oferta de riquezas, amigos, ni si devuelvan la dama espartana, ustedes serán defraudados de su fama. Por medio de la conquista agarraremos estas cosas, Troya ya se desmorona, El destino sacude sus murallas” (p. 226, Nota 15).

 

Es el comienzo del ocaso. Los griegos ya no pelean por su honor, ni siquiera por la dignidad de Menelao. Ahora pelean por la posibilidad de saqueos.

 

 

La muerte de Héctor

 

Las muertes de Héctor y de Aquiles están predestinadas. Muchos griegos han intentado acabar con Héctor, pero el poeta (y el dios Jove) sabe que éste morirá solamente a manos del ídolo infame, el superhombre Aquiles; y para que esto ocurra, Aquiles debe salir de su rabieta con Agamenón. Nadie más puede triunfar sobre Héctor; entre muchos otros, Teucer lo intentó, y lo hubiera logrado si no hubiera sido por la intervención divina. Héctor está protegido hasta que haya eliminado a Patroclo y confrontado a Aquiles:

 

Una vez más el intrépido Teucer, en el nombre de su país, Apuntó una flecha hacia el pecho de Héctor: … Pero Héctor no estaba designado a morir todavía: El todo-sabio mediador (Jove imperial) demora su fin; No iba a tener Teucer tal gloria. Jaló hacia atrás el cerdo, Pero fue abatido por un brazo invisible y se rompió en dos; hacia abajo cayó el arco, y su chapitel dorado se desplomó inocente, sobre el polvo y quedó inerte. El arquero sorprendido, grita: “Un dios impide nuestro empeño: un dios que favorece al enemigo troyano” (p. 459 Nota 16).

 

Ni Teucer ni nadie lo puede lograr, por lo menos por un día más: “Y Jove demoró la muerte que iba a tener que pagar, Y dio lo que el destino permite: ¡los honores de un día más!” (p. 465, Nota 17).

 

Finamente Patroclo, vestido con la armadura prestada de su amigo Aquiles, sale al encuentro de Héctor; el príncipe troyano lo aniquila, pero en su agonía final Patroclo le dijo lo que todos sabemos:

 

... suena tu muerte; hombre necio, Serás pronto como yo; El destino negro te arropa, y tu hora se acerca; Incluso ahora, en el último límite de mi vida, al verte en pie, Te veo caer, y por la mano de Aquiles " (p. 510, Nota 18).

 

Héctor tiene miedo, pero también es muy osado. Se viste con la misma armadura de Aquiles, la cual había confiscado del cuerpo muerto de Patroclo, y proclama: “Héctor brillará en la armadura del orgulloso Aquiles, Apropiada del cuerpo de su amigo, por derecho mío de conquista” (p. 520, Nota 19).

 

Es sumamente difícil llevar las noticias a Aquiles, de ambos lados se disputan el cuerpo de Patroclo. Los griegos se enfurecen porque Héctor ya se adueñó de la armadura de Aquiles. Al saber de la muerte de su amigo, Aquiles se tira al piso, se revuelca en las cenizas de la fogata, y todas mujeres cercanas se aproximan preocupadas. En estas batallas los guerreros carecen de la generosidad espiritual que les permitiría contemplar las muertes como sacrificios trágicos. Sólo el poeta es capaz de esto. Los soldados no pueden exigir que la larga y ensangrentada guerra termine por el bien de todos. Aquiles grita: “¡Patroclo muerto!

 

“Aquiles odia vivir. Déjame vengar este muerto sobre el corazón del presuntuoso Héctor, Que su último espíritu calcinarse sobre mi dardo; Sólo en estas condiciones podré respirar: pero hasta entonces Tendré vergüenza al caminar entre los hombres” (p. 549, Nota 20).

 

Aquiles, cuando se recupera, pacta con Agamenón su regreso a la pelea, recibe por medio de su madre divina una nueva armadura hecha por el dios Vulcano especialmente para él, y sale a batallar con Héctor, a sabiendas que su propia vida está también condenada. Grita:

 

Conozco mi destino, a morir y nunca más ver Mis amados padres y las orillas de mi tierra nativa – Suficiente – cuando el cielo ordena, me hundo en la noche” (p. 591, Nota 21).

 

Aun siendo un héroe condenado por el destino -como todos los demás-, Aquiles no suscita ni la admiración ni la compasión del lector moderno. No es una figura atrayente. Si antes fue rencoroso, ahora es bestial. No hay remordimientos para esta criatura de violencia y destrucción. Después de un fracasado primer intento de matar a Héctor, extermina sin miramientos a cualquier troyano que tiene a su alcance, algunos de estos, muy jóvenes, piden misericordia.  

 

Por doquier, ruge el torrente: Así arrolla el héroe las playas arruinadas; Todo alrededor suyo se derrama en destrucción Y la tierra se empapa con lluvias de sangre…. [Luego] Por encima de la escena Aquiles se levanta, Todo sombrío de polvo, todo horrible en vísceras y crúor; sin embargo aún está insaciable, todavía arde su rabia; Así es la incesante lujuria de fama” (p. 613, Nota 22).

 

Los troyanos espantados se retiran tras sus muros, todos menos Héctor. Príamo, su padre, implora que regrese a la ciudad, pero Héctor se mantiene firme a la espera para confrontar a Aquiles. Príamo ruega a Héctor:

 

Ten compasión para mí, O mi hijo, ¡ten reverencia para las palabras de la vejez y oye los ruegos de un padre! Si alguna vez te estreché en mis brazos, O calmé tus llantos en mi pecho; Ah, no ignores nuestros años desamparados, pero resistas el enemigo desde dentro de nuestros muros, Si procedes solo contra su rabia, Desangrarás (pero ¡que el cielo lo evite!)“ (p. 645, Nota 23).

 

Héctor reconsidera sus alternativas. Puede entrar y salvarse o puede quedarse a pelear. Si se queda fuera de los muros tiene estas dos posibles desenlaces: sobrevivir la confrontación con Aquiles y salvar su ciudad, o sacrificarse por la misma causa. “Siento que este desacierto [de huir] resultará en la masacre de mi gente. Pienso que oigo la voz de mi patria que sufre” (p. 647, Nota 24).  Héctor no carece de sueños de gloria pero, antes que nada, primero es el guardián de su ciudad y su pueblo. También piensa en la posibilidad de negociar un pacto con Aquiles, pero Héctor no confía en él.  Ya en el último momento Héctor ve que su enemigo está a punto de atacarlo, y termina huyendo, lo hace corriendo tres veces alrededor de la ciudad, hasta que de súbito los dos se confrontan. Héctor, habiendo perdido su lanza y viéndose acabado, dice: “La muerte y el negro destino se acercan! Soy yo que debe sangrar” (p. 654, Nota 25). Héctor muere, pero Aquiles no acata las mínimas normas de la guerra: tras su carro de guerra arrastra el cadáver por todos los campos de Troya frente a los ojos de la familia y los demás troyanos. Luego deja el cuerpo del príncipe tirado sobre la tierra, sin sepultura, y regresa al campo de los griegos para organizar enormes rituales funerales en honor de su amigo Patroclo.

 

Su dolor es grande, a solas llora a Patroclo. Cae agotado sobre la playa y sueña con él. En su sueño Patroclo repite la profecía advirtiendo que Aquiles también morirá en las playas de Troya: “Cuando las llamas del funeral asciendan, nuca más se encuentran Aquiles y su amigo;…El mismo destino preordinado, que a mí me ha esperado desde mi nacimiento, te espera también a ti ante los muros de Troya. Aun tú, tan semejante a un dios, estás condenado a hundirte” (p. 671, Nota 26). Patroclo pide que cuando esto ocurra, sean enterrados los dos en el mismo sepelio. Aquiles se despierta, asombrado por la presencia tan real de su amigo muerto: “Es cierto que el hombre, aun muerto, retiene Parte de sí mismo, la mente inmortal se queda, La forma subsiste sin la ayuda del cuerpo… Mi amigo es mi camarada de siempre, vino tal como era en vida. ¡Alas! Tan diferente y al mismo tiempo tan permanente” (p. 672, Nota 27).

 

Los griegos preparan unos suntuosos y díscolos funerales para Patroclo en los que sacrifican tanto a bestias como a doce presos troyanos (que sólo consideran ofrendas, sin ninguna prerrogativa como soldados). “Entonces al final, ¡demasiado horrible para contarlo, Sacrificio triste! Doce cautivos troyanos cayeron sobre el fuego voraz (p. 676, Nota 28).  El ritual demanda también la preparación de un festín, una carrera de caballos, competencias de lucha libre y de tiro al arco. ¡Terminan pelándose por quien haya ganado las competencias! Los premios son diversos: caballos, envases de oro y esclavas, y Aquiles no se priva de recitar lo que valen, como un anfitrión que tiene que jactarse de los precios de sus regalos. Es una conmemoración y una solemnidad para honrar a Patroclo, pero igualmente es un descalabro macabro.  

 

Por otra parte, el dolor y la piedad no se extienden todavía al cuerpo sin vida del príncipe Héctor, su cadáver yace sin protección en el campo de batalla hasta que Aquiles lo arrastra al campo de los griegos. Tienen que ser los dioses Venus y Febo (Apolo) que de nuevo intervienen y cuidan su cadáver de los perros salvajes y los buitres. El dios Apolo se queja de la conducta de Aquiles, lo compara con una bestia que por dondequiera asesina sin discriminación, que extermina “…con alegría salvaje, que invade todo y respira sólo para destruir…. Repugna la suerte de toda la humanidad” (p. 709, Nota 29).  Y termina diciendo que Aquiles “viola las leyes humanas y divinas (p. 710. Nota 30).

 

Los dioses pactan un encuentro entre Príamo y Aquiles. El rey de Troya debe ir solo – únicamente con un sirviente también viejo-, en una carreta de mulas cargado de regalos para recuperar el cuerpo de su hijo. Va aterrorizado, pero se encuentra en el camino con el dios Hermes, quien le trata con respeto y cariño. Le dice: no permitas que tu alma se encoja de miedo; De mí parte ningún daño tocará su cabeza venerable; De los grecianos te protegeré, también, porque dentro de sus campamentos brilla la imagen viviente de mi padre” (p. 724, Nota 31). Pero le advierte también que al día siguiente Grecia atacará a los muros de Troya.

 

Hermes deja a Príamo en la tienda de Aquiles. El encuentro entre los dos revela una faceta totalmente distinta del héroe. De repente ve a Príamo como un padre, como el suyo propio. “Ahora, por turnos [los dos] experimentaron el flujo de dolor; y ahora las dos mareas se juntaron; Uno el padre y otro el hijo que deploran [su destino]. Pero para Aquiles son pasiones agregadas. Ahora llora por su y padre y luego por su amigo. Un recogimiento contagioso corre por los héroes; Un diluvio ilimitado comenzó. Lo sostenían como héroes, pero lo sentían como hombres” (p. 732, Nota 32).

 

Aquiles es capaz de emociones generosas y abiertas, aunque sólo en sus relaciones más íntimas. Amaba a Briseida (la esclava que causó la rabieta con Agamenón), y Patroclo, el amigo de su infancia. Amaba a los familiares que dejó en Ptía, especialmente a su padre, y en el encuentro intenso en su tienda con el rey troyano lamentó que no los iba a ver más.

 

Pero es implacable; aun relacionándose tan de cerca con Príamo, no se le ocurre pensar en una negociación para terminar con la hemorragia de muertos en ambos lados. Aquiles le da a Príamo un lapso de doce días para las celebraciones funerales de su hijo. Luego se entiende que Troya caerá, aunque Aquiles antes haya expresado sus dudas sobre las razones para pelear (“Los Troyanos… nunca me han molestado… Navegamos... Para vengar un mal que es privado…”-(ver nota 1, p. 13.). Son concesiones estremecedoras; han llorado juntos como hombres, pero Aquiles no ha podido superar la barrera del odio que da la guerra. El conflicto debe seguirá hasta sus últimas y trágicas consecuencias porque ella es inevitable. No hay contacto humano que pueda cambiar esta miseria y esta fatalidad. Príamo pasa parte de la noche en la tienda de Aquiles y luego regresa a Troya.

 

El contraste entre los funerales de Héctor y Patroclo no podría ser más grande. Los Troyanos cumplieron los ritos de la cremación y concluyeron sus actividades en dignidad y dolor. Y así termina la Ilíada. El resto lo sabemos: Troya cae, París mata a Aquiles, los habitantes de la ciudad mueren o se convierten en esclavos, y los griegos que sobreviven regresan a casa. Homero canta los eventos de una historia, pero, como excelente dramaturgo, también deja abierto el desenlace.  

 

 

El papel de los dioses

Los dioses no están de acuerdo entre sí. Algunos de ellos permanecen fielmente a favor de los griegos; otro grupo apoya invariablemente a los troyanos, y mientras tanto otros dioses cambian de bando. Homero canta sobre cómo Apolo protege a los troyanos mientras Atenea aviva a los griegos:

Apolo, así desde las torres altas de Ilión, Preocupado, eleva los poderes troyanos, Mientras que la diosa feroz [Atenea] da bríos a… los griegos, y grita y truena sobre los campos…” (p. 157-158, Nota 33).

Aunque Jove/Júpiter es el máximo regente de todos, con frecuencia los demás se quejan de sus órdenes. Por ejemplo, cuando Jove manda a la diosa Iris con un mensaje a Neptuno para que deje de apoyar a los troyanos, él contesta:

¿Qué quiere decir el engreído soberano de los cielos?  (El rey de los mares, así, furioso, contesta);  Que mande como quiera su reino allí arriba; No soy un dios avasallado, ni soy de su séquito” (448, Nota 34).

Neptuno termina obedeciendo, pero a regañadientes. En el curso de la épica muchas deidades se rebelan contra el jefe de los cielos, pero ellos terminan aceptando su poder, aunque la voluntad del soberano de los firmamentos sea vacilante. En el comienzo de la Ilíada Jove/Júpiter y Atenea prometen la victoria a los griegos, y Apolo y Marte respaldan a los troyanos. Venus protege a su hijo (mortal) troyano. Pero el apoyo de Jove es inestable: ofrece y luego retira su protección en un vaivén que confunde a los griegos, e inclusive, a veces apoya a los troyanos. En el Octavo Libro ordena a todas las deidades a abstenerse de intervenir más en la guerra, pero sin mucho éxito, en parte debido a la insubordinación de los demás dioses. Para los griegos esto parecía la quiebra de su promesa de victoria sobre los troyanos que les había dado antes. A veces Jove comienza el día apoyando a un bando, y ya para el medio día apoya al otro, como en el decimoprimer libro, al principio apoya a Agamenón, el rey griego, y luego da consejos estratégicos a Héctor, el troyano. Finalmente vuelve a apoyar el lado griego. Es como un gato jugando con un par de ratones; aquí aparece ayudando a Héctor:

 

La diosa [Iris dijo] entonces: ‘¡O hijo de Príamo, oiga! Vengo de Jove, y traigo su alto mandato. Mientras Agamenón desgaste sus legiones, y pelea en el frente, y baña la tierra de sangre, Absténgase de pelear, pero al mismo tiempo dispóngase de sus huestes, y confíe la guerra a manos menos importantes; Y entonces cuando el rey esté herido con una lanza o un dardo, El montará en su carroza y se alejará, entonces Jove le dará a usted fuerza para su brazo y su pecho” (p. 321, Nota 35).

 Inclusive, permite a su hijo mortal, Sarpedon, morir a manos del griego Patroclo. Jove lo quería salvar, pero su muerte estaba predestinada, aunque no está claro el origen de esta fatalidad. Jove lamenta:

La hora se acerca y los destinos ordenan, Mi hijo, que es semejante a un dios, caerá sobre la planicie de Frigia: Allí sobre la cúspide de la muerte está, su vida está en las manos feroces de Patroclo. ¡Que pasiones debatan en el pecho de un padre! ¿Lo salvo de su destino pendiente, y lo mando seguro a Licia? ¿O condeno a mi más valiente hijo? (p. (492-493, Nota 36).

La predestinación es confusa en la Ilíada. Mueren tantos, y los dioses intervienen a veces. Jove interviene por ratos en ambos lados, pero algo le impide salvar a su hijo. Contempla hacerlo, pero, su esposa (y hermana) le dice que no es posible.

 

Corta es la fecha dispuesta para el hombre mortal. ¿Puede Jove por uno sólo extender el tiempo autorizado, Cuyos límites eran fijados antes del comienzo de su raza?” (p. 493, Nota 37).

 

Jove ordena a Febo/Apolo que lleve el cuerpo sin vida de Sarpedon a su Licia natal para ser atendido y sepultado con reverencia allí. Y mientras tanto ordena la caída de Patroclo, su verdugo. La voluntad de los dioses es insondable.

El dios que da, organiza y ordena todo Te animó, y te apoyó para verte caer” (p. 503, Nota 38).

Este zarandeo celestial puede tener una explicación: en el tiempo que Homero describe en la Ilíada, los griegos no siempre tenían éxito. Si Jove hubiese sido constante en su apoyo, habrían ganado la guerra en poco tiempo. Suponiendo cierta veracidad histórica en el relato, el poeta tiene que recurrir a cambios en la voluntad divina para explicar las dificultades de ambas bandas en el campo de batalla.

No son simples espectadores. Intervienen activamente como haría un público indisciplinado en un juego de fútbol. Dan fuerzas especiales a los héroes de su predilección e, inclusive, a veces se montan en las carrozas a pelear físicamente en el campo de batalla, como cuando Marte ayuda a los troyanos precipitando su lance sobre Diomedes/Tideida. En este encuentro la diosa Palla/Atenea interviene a favor del griego, lo salva y en el proceso ella hiere a Marte. El dios, sin embargo, es inmortal, puede sufrir dolor, pero no morir. Lamentándose, sube al cielo y allí le sanan.

 

El dios [Marte] se lanzó sobre Tideida, Ahora apurados, feroces, ¡iguales!, ¡El griego atrevido y el horrible dios de la guerra! … Del brazo de Marte el arma enorme salió: [la diosa Palla/Atenea] interpuso su mano y la desvió… Entonces [Tideida] lanzó su jabalina que siseó por el aire; la diosa la alentó: Penetró al dios debajo de la cintura de su armadura…. Marte grita del dolor…. Y el dios asciende desde el combate, Alto sobre el torbellino oscuro hacia el cielo. Enloquecido con el dolor buscó su hogar brillante, y se sentó debajo del padre de los dioses, Le mostró su sangre celestial, y lamentándose, expresó sus quejas ante el trono inmortal” (p. 176, Nota 39).

 

Marte, sabiéndose inmortal, se junta a la batalla y mata a los mortales que él considera enemigos. La distinción entre los dioses y los héroes mortales es débil: casi lo único que los separa es el poder milagroso de los dioses y la mortalidad de los hombres.

 

Se puede decir que los hombres son los títeres de los dioses porque éstos son los que deciden si van a precisar la puntería de sus lanzas, o en cambio, si sus disparos van descarriar, para salvar a al guerrero a que quieren proteger. Ellos forman una estructura explicativa para los eventos: por medio de ellos los héroes mortales pueden entender por qué algunos se salvan y otros pierden. Los dioses son las fuerzas que impulsan a los mortales a defender su ciudad –o sitiar una población ajena-. Actúan como los motores aparentes tras el anhelo del poder de los reyes; diríamos hoy, funcionan como proyecciones interpretativas de los deseos humanos. En la siguiente cita los griegos, que antes iban ganando la guerra, ahora se sienten incapaces de defender la fortaleza en la playa que protege sus barcos, y Menelao explica lo que sientan como una inmanente derrota así: 

 

No hay que culpar a Grecia, Las armas son su quehacer, y la guerra es cosa suya. Sus héroes vigorosos de las bien batalladas planicies No se retrasan debido al miedo, ni por el ocio: ‘Es el cielo, ¡Alas!, y la calamidad [enviado por] Jove, el todo poderoso, que [abandonados] aquí, ¡lejos de nuestras casas, Desata nuestra caída ingloriosa!” (p. 388, Nota 40).

 

Y París, quien ha salido a combatir después de las críticas de su hermano Héctor, se defiende ahora, pero también dando a los dioses el crédito de sus éxitos en el campo de batalla:

 

Entonces París dijo: ‘Mi hermano y mi amigo, su impaciencia cálida hace que su lengua ofende. En otras batallas yo merecía su crítica, aunque no carecía de hazañas ni era carente de fama: Pero desde entonces he esparcido mortandad con mi arco fatal…. Lo que puedo hacer con este brazo, prepárate a saberlo…. Pero no se debe a nosotros, combatimos con fuerzas que no son nuestras: La fuerza pertenece sólo a los dioses” (p. 410, Nota 41).

 

La idea que los hombres podrían decidir su porvenir vino mucho después.  De hecho, los griegos en Atenas asomaron esta posibilidad seiscientos años después. En el periodo entre el siglo XII a. C. hasta el siglo VI a. C. hubo cambios sísmicos para la civilización mundial. En la edad de bronce y en los tiempos del sitio de Troya, los griegos se sentían totalmente controlados por una invención de su propia hechura cultural, es decir, su panteón de dioses. Seiscientos años más tarde en el tiempo de Solón (el primer mandatario que pensó en la necesidad de una constitución para gobernar a Atenas), los atenienses se declararon dueños de su propio destino y emprendieron el camino hacia la primera democracia del mundo. No abandonaron totalmente su fe en los dioses, ni después de Solón. De hecho, Sócrates fue condenado a la muerte debido a su confianza en el poder de la razón, en parte porque los conservadores de su tiempo lo consideraban “impío”.

 

 

La humanidad de los guerreros

Los héroes también tienen familia: padres, esposas e hijos. La despedida entre el príncipe troyano Héctor y su esposa Andrómaca está llena de tiernos detalles, como cuando su hijo se asusta al ver al padre con el casco de guerra lleno de ornamentos brillantes, y Héctor, dándose cuenta del problema, se lo quita para poder abrazar al bebé. Andrómaca le pide a Héctor quedarse, pero él, pensando en el destino de su familia si Troya no sobrevive, ve su obligación en el campo de batalla.

El bebé se agarró al pecho de la nodriza, asustado por la cresta del casco. Los dos padres sonrieron con placer oculto, y Héctor se apuró para calmar a su hijo, y desamarró el casco reluciente de su cabeza, y lo puso en el piso; Entonces besó al niño; y lo levantó alto en el aire, Así para ofrecer una plegaria de padre” (p. 204, Nota 42).

Toda esta escena es una preparación para la muerte de Héctor. Homero quiere dejar en claro que no era sólo un héroe; era también una persona valiosa y amada. Pero los valores marciales permean el ambiente. En su plegaria desea que el hijo crezca fuerte y se convierta en un guerrero más valiente aún que su papá.

Héctor lamenta la guerra y teme, tanto el destino de Troya como aquel de su familia que será capturada y empleada como esclavos. Él busca una solución que primero es pactada por los dioses Apolo y Minerva. Tendrá la responsabilidad de retar al griego más fuerte a un duelo que decidirá el porvenir de la guerra, en donde habrá una sola víctima más. Él sale al campo de batalla y grita:

Ustedes, entonces, O príncipes griegos, aparezcan; Habla Héctor, y les llama también a los dioses a oír: De todas sus tropas, seleccionen al guerrero más temerario, Él y Héctor se atreverán a confrontarse” (p. 212, Nota 43).

Al principio nadie se levanta. Entonces lo hace Menelao, pero su hermano lo convence que tiene que haber un soldado más fuerte que él. Los griegos seleccionan a Ayax; ya hemos descrito como la batalla termina debido a la caída de la noche. Y luego, la despiadada guerra continúa.

Aunque todos lloran sus muertos, Héctor es el más sensible de todos los combatientes.

 

Los orígenes de quienes se consideraban “griegos”

Los griegos que acuden a Troya provienen de lugares esparcidos por todo lo que ahora llamamos “Grecia”.  Aquiles y Patroclo vienen de Ptía en el noreste, pero en general los combatientes vienen del sur: a) el viejo Néstor es el rey de Pilos, b) Menelao es el rey de Esparta, c) Agamenón es el rey de Micenas, d) Odiseo es de Ítaca y f) Diomedes/Tideida proviene de Argos. Esta dispersión de orígenes señala una diversidad de tribus -eolios, dorios, aqueos y jonios y otros, y Homero canta las hazañas de todos; canta y conjura a un lugar en construcción cultural: él de los “aqueos”, un término que comienza a referir a todos porque todavía no se usaba “Helenos” para referir a los habitantes de la península, las islas y las colonias de Anatolia. En el Siglo XII a. C. ellos concurrieron en defensa de algo que rebasaba el rescate de Helena: están en el proceso de definir un territorio que tiene un significado compartido en relación a los reinos circundantes.

Ya había algo de una cultura con orígenes míticos.  El término “Hellas” proviene de Hellen, el hijo de Deucalion y Pyrrha. El mitológico Deucalion a su vez era el hijo del titán Prometeo. Él y su consorte Pyrrha repoblaban la tierra después de una gigantesca inundación, arrojando piedras que después se convirtieron en personas; la primera piedra produjo Hellen, que llegó a ser un gran patriarca. Tucídides escribe, en el Libro I de su Historia de la Guerra del Peloponeso:

Me inclino a pensar que el mismo nombre aún no se había dado a todo el territorio y, de hecho, no existía en absoluto antes de la época de Hellen, el hijo de Deucalion; las diferentes tribus, de las cuales la pelasga era la más extendida, dieron sus propios nombres a los diferentes distritos. Pero cuando Hellen y sus hijos se hicieron poderosos en Phthiotis, su ayuda fue invocada por otras ciudades, y quienes se asociaron con ellos gradualmente comenzaron a llamarse helenos, aunque pasó mucho tiempo antes de que el nombre prevaleciera en todo el territorio. De esto, Homero ofrece la mejor evidencia; porque él, aunque vivió mucho después de la guerra de Troya, en ninguna parte usa este nombre colectivamente, sino que lo limita a los seguidores de Aquiles de Phthiotis, que eran los helenos originales; cuando habla de toda la hueste, los llama Danäans, o Argives, o Achaeans” (Libro I, párrafo 4).

Homero reconoce que el sitio de Troya representa un hito histórico, cultural y étnico para los griegos del Siglo VIII a. C., y muchos de sus coterráneos podían identificarse con el anhelo de una entidad compartida. Hay otras evidencias de este aliento cultural: la Liga Anfictiónica ya existía en los tiempos de Homero, ciertamente se fundó después de la guerra de Troya; comprendía unas doce tribus en la parte central de Grecia, y aunque no se trataba de una agrupación cívica o política, requería la colaboración general de grupos separados. Su propósito era la protección y administración de los templos de Apolo en Delfos y de Deméter en Anthela; evidentemente señalaba el comienzo de un nuevo espíritu griego.

En el idioma original de la Ilíada, Homero insinúa varios dialectos que juntos pueden sumarse al griego (Derks y Roymans, 2009).  El poeta vivía en un tiempo en que hubo muchas migraciones dentro de la península y entre las islas del Mar Egeo.  Inclusive había asentamientos griegos en Anatolia que ahora es la costa oriental de Turquía. Él mismo había viajado entre algunos de estos lugares. Derks y Roymans dicen que probablemente para el Siglo VII había personas que hablaban más de un dialecto y que los reconocían como variantes de un mismo idioma.

El deseo para un espacio cultural compartido atravesó los siglos, desde la Guerra de Troya hasta la conquista de Atenas por Alejandro en el año 335 a.C. En las Guerras Médicas en que los griegos se defendían contra el Imperio Persa, todas las ciudades contribuyeron a alejar los invasores, especialmente Atenas y Esparta, primero en las llanuras de Maratón en el año 490 a. C., y luego en las Termópilas y en la Batalla de Salamina en el 480 a. C. Sin embargo, esto no impedía guerras entre las ciudades/estados; fue luego de las Guerras del Peloponeso (431-404 a.C.) que Esparta sustituyó a Atenas en el liderazgo helénico, y la democracia ateniense fue suplantado por el “Régimen de los Treinta”, una terrible tiranía liderada por a Critias. Este avasallamiento duró menos de un año, pero diezmó la población. Una coalición finalmente negoció la restauración de algo similar a una democracia en la ciudad.

Grecia vivía los vaivenes de una cultura múltiple, que combinaba diversas aspiraciones hegemónicas con el deseo de autogobierno. Vivía guerras crueles que coexistían con los intentos de formar ligas de cooperación, y sobre todo ensayó un largo experimento en que intentaba forjar una identidad compartida. Estos esfuerzos duraron más de mil años hasta que Alejandro convirtiera la región en un vasallaje de Macedona, y luego los romanos conquistaron los macedonios, y reclamara la península como como dependencia de su Imperio. Sin embargo, Atenas sobrevivió como como un centro de cultura donde seguían prosperando la filosofía, la ciencia y la educación. Horacio, el poeta romano, dijo: “Graecia capta ferum victorem cepit” (Grecia conquistada capturó al feroz vencedor) (Horacio, 11/11/2004, parágrafo 4).

Reflexiones finales

La Ilíada es una tragedia incompleta porque no termina de describir la caída de Troya, excepto en una especie de reflexión anticipada en el decimosegundo libro cuando el poeta avisa que el final se acerca. En este momento los troyanos están derribando al muro que protege los barcos griegos. Pareciera que ellos estén ganando el conflicto, pero Homero sabiamente desengaña al lector u oyente con sus tristísimas predicciones, no sólo sobre el ocaso de Troya sino sobre la eliminación absoluta de todo. No quedará nada.

Sin los dioses, ¡por tan poco tiempo puede mantenerse El monumento hecho por los manos humanos más orgullosos! Esto [Troya] duró mientras Héctor y Aquiles se agrediesen. Mientras los huestes acometiesen a la sagrada Troya; Pero cuando exterminaron a sus hijos, su ciudad se quemó, y los que sobrevivieron de los griegos, a Grecia se devolvieron; entonces Neptuno y Apolo sacudieron a la costa, Entonces las cumbres de Ida [el espíritu del bosque] derramaron su agua…. Febo [Apolo] devolvió [al mar] los cascos y escudos, y los héroes muertos -semejantes a dioses- … se inundó el murallón por nueve días continuados, El peso de las aguas debilitó la pared, y al mar se fueron los balaustres…. Ahora alisado con la arena los ríos fluyen de nuevo, y brillan entre las colinas o yerran sobre las planicies, Y ningún fragmento refrenda dónde estuvo aquella maravilla” (p. 356, Nota 44).

Aunque dice que los muros de la ciudad serán arrastrados al mar por los ríos desbordados, y no quedarán ni los sables ni los escudos de los héroes sobre la arena, sabemos que permanecerán los cantos de los aedos. 

A las alturas del Siglo XXI revisitamos a Agamenón, Menelao, Príamo, Héctor, París, Helena, Aquiles, Patroclo y los demás. Sus dramas nos conmuevan, y al mismo tiempo nos dan nuevas ventanas a nuestro propio mundo. Es inevitable preguntar si, con un liderazgo distinto, la guerra podría haberse evitado, o por lo menos qué hacía falta para que los intentos de negociación de Héctor hubiesen tenido éxito. Para contestar estas preguntas, es necesario, por un corto tiempo, prescindir de la influencia de los dioses sobre los mortales.  

Con ojos modernos tenemos que examinar el conflicto entre el liderazgo y el heroísmo.  Gadamer (1977/1991) diría que esto es imposible porque los eventos históricos sólo ocurren en sus contextos verdaderos, y que es papel del intérprete acercarse al mundo que observa, deshaciéndose de los prejuicios de su propio tiempo. En nuestros tiempos, personajes similares dirigen procesos semejantes, y los documentos épicos nos sirven de base para entender nuestros propios tiempos.

Si Agamenón es un militar que aprovecha de las circunstancias para convertirse en el líder despótico de todos los griegos, Príamo es el rey bondadoso que llora por las desgracias de su pueblo. Si Menelao es el representante de una causa (el rescate de Helena), Aquiles es un héroe violento sin causa y sin propósito; un asesino sin miramientos, que contradictoriamente puede amar y llorar sus propias pérdidas. Si Héctor es el negociador y el defensor de su gente, Diomedes/Tideida es un batallador atrevido que sigue órdenes, sabiéndose protegido (por la diosa Venus, su madre).

Los reyes de todos los tiempos conducen sus pueblos a la batalla. Las leyendas cuentan como Agamenón llevó un gran ejército por el mar Egeo a atacar un pueblo lejano; y cuando Príamo aceptó la presencia de Helena, tiene que haber sospechado que los griegos vendrían a rescatarla. Era una situación de tensa anticipación cuyo desenlace nadie podría predecir, pero estaban todos dispuestos a tomar los riesgos. Cada lado tenía potencialmente algo que ganar.

Los reyes toman las decisiones y los héroes obedecen. Mientras más feroces sean los soldados, más se les aprecia por su valor militar. Ellos ni razonan ni dudan. La ética de la guerra es similar en todas las épocas, y lo que es diferente en este caso es que el cantor llore por todas sus víctimas por igual. Inclusive, se puede decir que, para Homero, los troyanos han sido menos patanes y beligerantes que los griegos. El poeta reconoce una valentía templada y aun amorosa en el viejo Príamo cuando cruza –casi solo- las líneas bélicas entre los dos lados para buscar al cadáver de su hijo Héctor.

Inclusive, los dioses son problemáticos en la Ilíada. Pelean entre sí, son desleales, y en vez de preocuparse por el bien de los cielos, de la Tierra o de los seres humanos, pasan su tiempo creando sus propias esferas de influencia. No creo que haya sido el propósito de Homero criticarlos; más bien, como he observado, sus voluntades tumultuosas sirven para explicar los vaivenes de una guerra interminable, impredecible y paradójica.

Normalmente en las novelas, obras teatrales y canciones que son admiradas como obras fundamentales para la identidad de un pueblo, los autores celebran la victoria de su propio estado o reino; declaman la conquista de otro que consideren invasor, opresor u objeto de apropiación. En la Ilíada Homero denuncia una tragedia genérica, al mismo tiempo que elogia la valentía de todos los protagonistas.

Ricoeur propone que la interpretación que hagamos de obras ajenas incorporen algo de “sospecha” y busquemos en ellas los temas que sediciosamente delatan preocupaciones escondidas. En este caso me atrevo a decir que este canto a la humanidad fundamenta más bien la inquietud que siglos más tarde comenzaría a manifestarse en Atenas, donde los hombres asumían la responsabilidad de sus actos y se gobernaban a sí mismos. Los héroes de Atenas eran los filósofos de la razón, y a veces, como en el caso de Sócrates, pagaban sus enseñanzas con sus vidas.


 

Referencias:

                                                       

Esquilo, Agamemnon. Theoi, e-texts library. Disponible en: http://www.theoi.com/Text/EsquiloAgamemnon.htmlESQUILO (458 bC/sf). Recuperado el 12/6/2020.

Derks, Ton y Roymans, Nico (2009), Ethnic constructs in antiquity. Amsterdam University Press. Amsterdam

Gadamer, Hans-Georg (1977/1991). La actualidad de lo bello. Paidós. Barcelona

Gadamer, Hans-George (1960/2000). Verdad y método I. Sígueme. Salamanca.

Homero. The Iliad of Homer, Traducido por Alexander Pope. The Guttenberg Project. Disponible en: http://www.gutenberg.org/ebooks/6130. (1899). Recuperado el 30/6/2020

Horace. The works of Horace. Traducido por A.M. Smart. Project Guttenberg. 11/11/2004. Disponible en: https://www.gutenberg.org/files/14020/14020-h/14020-h.htm#THE_SECOND_BOOK_OF_THE_EPISTLES_OF_HORACE

Ovidio (2 dC/ 1998). Efigenia en Áulide. Las Metamorfosis. Libro XII. Editorial Porrúa. México.

Ricoeur, P. (1981/1994). Hermeneutics of the human sciences. Cambridge University Press y Editions de la Maison des Sciences de l’Homme. Cambridge, Massachusetts y París

Rossman, Gabriel. Glory and Gore. Contexts. American Sociological Association. 16 (3), pp.  42-47. Disponible en: https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1536504217732052 (5/10/2017). Recuperado el 3/7/2020.

Tucídides (c. 411 B.C.//7/13/2013). La historia de la guerra del Peloponeso. Proyecto Guttenberg. Disponible en: https://www.gutenberg.org/files/7142/7142-h/7142-h.htm

 

Agradecimientos

Quisiera agradecer la ayuda del Profesor Gilberto Márquez por revisar la redacción de este manuscrito.

 

 

Notas Finales

 

(1)“What cause have I to war at thy decree?

The distant Trojans never injured me”….

Hither we sail'd, a voluntary throng,

To avenge a private, not a public wrong (p. 13).

 

(2) “Full in the blazing van great Hector shined,

Like Mars commission'd to confound mankind.

Before him flaming his enormous shield,

Like the broad sun, illumined all the field;

His nodding helm emits a streamy ray;

His piercing eyes through all the battle stray” (p. 411).

 

(3)Think of your hopes, your fortunes; all the care

Your wives, your infants, and your parents share:

Think of each living father's reverend head;

Think of each ancestor with glory dead;

Absent, by me they speak, by me they sue,

They ask their safety, and their fame, from you:

The gods their fates on this one action lay,

And all are lost, if you desert the day" (p. 468).

 

(4) For this in arms the warring nations stood,

And bathed their generous breasts with mutual blood.

No room to poise the lance or bend the bow;

But hand to hand, and man to man, they grow:

Wounded, they wound; and seek each other's hearts

With falchions, axes, swords, and shorten'd darts.

The falchions ring, shields rattle, axes sound,

Swords flash in air, or glitter on the ground;

With streaming blood the slippery shores are dyed,

And slaughter'd heroes swell the dreadful tide” (p. 470).

 

(5) “[Tydides] spoke, and rising hurl'd his forceful dart,

Which, driven by Pallas, pierced a vital part;

Full in his [Anchises’] face it enter'd, and betwixt

The nose and eye-ball the proud Lycian fix'd;

Crash'd all his jaws, and cleft the tongue within,

Till the bright point look'd out beneath the chin.

he falls, his helmet knocks the ground:

Earth groans beneath him, and his arms resound;

The starting coursers tremble with affright;

The soul indignant seeks the realms of night. P. 150

 

(6) “Lamented youth! in life's first bloom he fell,

Sent by great Ajax to the shades of hell (p. 525).

 

(7) Fix'd on “the spot they war, and wounded, wound

A sanguine torrent steeps the reeking ground:

On heaps the Greeks, on heaps the Trojans bled,

And, thickening round them, rise the hills of dead” (p. 528).

 

(8)“The war renews, the warriors bleed again:

As o'er their prey rapacious wolves engage,

Man dies on man, and all is blood and rage.” (p. 131).

 

(9) "Cursed is the man, and void of law and right,

Unworthy property, unworthy light,

Unfit for public rule, or private care,

That wretch, that monster, who delights in war” (p. 264).

 

 (10) “So fought each host, with thirst of glory fired,

And crowds on crowds triumphantly expired” (p. 134)

 

(11) "O first of Greeks! (his noble foe rejoin'd)

Whom heaven adorns, superior to thy kind,

With strength of body, and with worth of mind!

Now martial law commands us to forbear;

Hereafter we shall meet in glorious war,

Some future day shall lengthen out the strife” (p. 222).

 

(12) “The gallant man, though slain in fight he be,

Yet leaves his nation safe, his children free” (p. 461).

 

(13) "Trojans! your great Ilioneus behold!

Haste, to his father let the tale be told:

Let his high roofs resound with frantic woe,

Such as the house of Promachus must know;

Let doleful tidings greet his mother's ear,

Such as to Promachus' sad spouse we bear,

When we victorious shall to Greece return” (p. 438).

 

(14) “When Hector view'd, all ghastly in his gore,

Thus sadly slain the unhappy Polydore,

A cloud of sorrow overcast his sight.

His soul no longer brook'd the distant fight:

Full in Achilles' dreadful front he came,

And shook his javelin like a waving flame” (p. 610).

 

(15) "Oh, take not, friends! defrauded of your fame,

Their proffer'd wealth, nor even the Spartan dame.

Let conquest make them ours: fate shakes their wall,

And Troy already totters to her fall” (p. 226).

 

 

(16) “Once more bold Teucer, in his country's cause,

At Hector's breast a chosen arrow draws:

And had the weapon found the destined way,

Thy fall, great Trojan! had renown'd that day.

But Hector was not doom'd to perish then:

The all-wise disposer of the fates of men

(Imperial Jove) his present death withstands;

Nor was such glory due to Teucer's hands.

At its full stretch as the tough string he drew,

Struck by an arm unseen, it burst in two;

Down dropp'd the bow: the shaft with brazen head

Fell innocent, and on the dust lay dead.

The astonish'd archer to great Ajax cries;

"Some god prevents our destined enterprise:

Some god, propitious to the Trojan foe” (p. 459).

 

(17) “Yet Jove deferr'd the death he was to pay,

And gave what fate allow'd, the honours of a day!” (p. 465),

 

(18) “… it sounds thy death:

Insulting man, thou shalt be soon as I;

Black fate o'erhangs thee, and thy hour draws nigh;

Even now on life's last verge I see thee stand,

I see thee fall, and by Achilles' hand" (p. 510).

 

(19) “Hector in proud Achilles' arms shall shine,

Torn from his friend, by right of conquest mine” (p. 520).

 

(20) “Patroclus dead, Achilles hates to live.

Let me revenge it on proud Hector's heart,

Let his last spirit smoke upon my dart;

On these conditions will I breathe: till then,

I blush to walk among the race of men" (p. 549).

 

(21) “I know my fate: to die, to see no more

My much-loved parents, and my native shore—

Enough—when heaven ordains, I sink in night” (p. 591).

 

(22) “This way and that, the spreading torrent roars:

So sweeps the hero through the wasted shores;

Around him wide, immense destruction pours

And earth is deluged with the sanguine showers….

High o'er the scene of death Achilles stood,

All grim with dust, all horrible in blood:

Yet still insatiate, still with rage on flame;

Such is the lust of never-dying fame!” (p. 613).

 

(23) "Have mercy on me, O my son! revere

The words of age; attend a parent's prayer!

If ever thee in these fond arms I press'd,

Or still'd thy infant clamours at this breast;

Ah do not thus our helpless years forego,

But, by our walls secured, repel the foe.

Against his rage if singly thou proceed,

Should'st thou, (but Heaven avert it!) should'st thou bleed” (p. 645).

 

(24) “I feel my folly in my people slain.

Methinks my suffering country's voice I hear” (p. 647).

 

(25) “Death and black fate approach! 'tis I must bleed” (p. 654).

 

(26) “When once the last funereal flames ascend,

No more shall meet Achilles and his friend;

No more our thoughts to those we loved make known;

Or quit the dearest, to converse alone.

Me fate has sever'd from the sons of earth,

The fate fore-doom'd that waited from my birth:

Thee too it waits; before the Trojan wall

Even great and godlike thou art doom'd to fall.

Hear then; and as in fate and love we join,

Ah suffer that my bones may rest with thine!” (p. 671).

 

(27) "Tis true, 'tis certain; man, though dead, retains

Part of himself; the immortal mind remains:

The form subsists without the body's aid,

Aerial semblance, and an empty shade!

This night my friend, so late in battle lost,

Stood at my side, a pensive, plaintive ghost:

Even now familiar, as in life, he came;

Alas! how different! yet how like the same!” (p. 672).

 

(28) “Then last of all, and horrible to tell,

Sad sacrifice! twelve Trojan captives fell

On these the rage of fire” (p. 676).

 

(29) “A lion, not a man, who slaughters wide,

In strength of rage, and impotence of pride;

Who hastes to murder with a savage joy,

Invades around, and breathes but to destroy!

Shame is not of his soul; nor understood,

The greatest evil and the greatest good.

Still for one loss he rages unresign'd,

Repugnant to the lot of all mankind; (p. 709).

 

(30) “He violates the laws of man and god” (p. 710).

 

(31) “Yet suffer not thy soul to sink with dread;

From me no harm shall touch thy reverend head;

From Greece I'll guard thee too; for in those lines

The living image of my father shines" (p. 724).

 

(32) “Now each by turns indulged the gush of woe;

And now the mingled tides together flow:

This low on earth, that gently bending o'er;

A father one, and one a son deplore:

But great Achilles different passions rend,

And now his sire he mourns, and now his friend.

The infectious softness through the heroes ran;

One universal solemn shower began;

They bore as heroes, but they felt as man” (p. 732).

 

(33) “Apolo thus from Ilion's lofty towers,

Array'd in terrors, roused the Trojan powers:

While war's fierce goddess fires the Grecian foe,

And shouts and thunders in the fields below…” (p. 157-158)

 

(34) "What means the haughty sovereign of the skies?

(The king of ocean thus, incensed, replies;)

Rule as he will his portion'd realms on high;

No vassal god, nor of his train, am I” (448).

 

(35) “The goddess then: "O son of Priam, hear!

From Jove I come, and his high mandate bear.

While Agamemnon wastes the ranks around,

Fights in the front, and bathes with blood the ground,

Abstain from fight; yet issue forth commands,

And trust the war to less important hands:

But when, or wounded by the spear or dart,

The chief shall mount his chariot, and depart,

Then Jove shall string thy arm, and fire thy breast” (321).

 

(36) "The hour draws on; the destinies ordain,

My godlike son shall press the Phrygian plain:

Already on the verge of death he stands,

His life is owed to fierce Patroclus' hands,

What passions in a parent's breast debate!

Say, shall I snatch him from impending fate,

And send him safe to Lycia, distant far

From all the dangers and the toils of war;

Or to his doom my bravest offspring yield” (p. 492-493)

 

(37) “Short is the date prescribed to mortal man;

Shall Jove for one extend the narrow span,

Whose bounds were fix'd before his race began? (p. 493)

 

(38) “The god who gives, resumes, and orders all,

He urged thee on, and urged thee on to fall (p. 503)

 

(39) “The god … at Tydides flies.

Now rushing fierce, in equal arms appear

The daring Greek, the dreadful god of war!

Full at the chief, above his courser's head,

From Mars's arm the enormous weapon fled:

Pallas opposed her hand, and caused to glance

Far from the car the strong immortal lance.

Then threw the force of Tydeus' warlike son;

The javelin hiss'd; the goddess urged it on:

Where the broad cincture girt his armour round,

It pierced the god:. ….Mars bellows with the pain:….

In such a cloud the god from combat driven,

High o'er the dusky whirlwind scales the heaven.

Wild with his pain, he sought the bright abodes,

There sullen sat beneath the sire of gods,

Show'd the celestial blood, and with a groan

Thus pour'd his plaints before the immortal throne: (p. 176)

 

(40) "…On Greece no blame be thrown;

Arms are her trade, and war is all her own.

Her hardy heroes from the well-fought plains

Nor fear withholds, nor shameful sloth detains:

“Tis heaven, alas! and Jove's all-powerful doom,

That far, far distant from our native home

Wills us to fall inglorious! …" (p. 388).

 

(41) “When Paris thus: "My brother and my friend,

Thy warm impatience makes thy tongue offend,

In other battles I deserved thy blame,

Though then not deedless, nor unknown to fame:

But since …,

I scatter'd slaughter from my fatal bow…..

What with this arm I can, prepare to know….

But 'tis not ours, with forces not our own

To combat: strength is of the gods alone" (p. 410).

 

(42) “The babe clung crying to his nurse's breast,

Scared at the dazzling helm, and nodding crest.

With secret pleasure each fond parent smiled,

And Hector hasted to relieve his child,

The glittering terrors from his brows unbound,

And placed the beaming helmet on the ground;

Then kiss'd the child, and, lifting high in air,

Thus to the gods preferr'd a father's prayer” (p. 204).

 

(43) “You then, O princes of the Greeks! appear;

'Tis Hector speaks, and calls the gods to hear:

From all your troops select the boldest knight,

And him, the boldest, Hector dares to fight” (p. 212)

 

(44) “Without the gods, how short a period stands

The proudest monument of mortal hands!

This stood while Hector and Achilles raged.

While sacred Troy the warring hosts engaged;

But when her sons were slain, her city burn'd,  

And what survived of Greece to Greece return'd;

Then Neptune and Apollo shook the shore,

Then Ida's summits pour'd their watery store; ----

Helmets, and shields, and godlike heroes slain:

These, turn'd by Febo from their wonted ways,

Deluged the rampire nine continual days;

The weight of waters saps the yielding wall,

And to the sea the floating bulwarks fall.….

Now smooth'd with sand, and levell'd by the flood,

No fragment tells where once the wonder stood;

In their old bounds the rivers roll again,

Shine 'twixt the hills, or wander o'er the plain” (356).

 

 

 

 
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