domingo, 20 de agosto de 2023

El Populismo

 

                                                          Karen Cronick

Acabo de leer la introducción del libro “La fascinación del populismo” de Israel Covarrubias. Describe el populismo como la “patología política contemporánea más relevante para el estudio empírico de las dinámicas del poder” (p. 11).   De hecho, como reconoce el autor, aunque nazca normalmente de una elección democrática, “el populismo acompañó la conclusión de varios de los procesos de democratización que tuvieron lugar hacia finales del siglo XX en diversas latitudes” (p. 6). Sin embargo, lo describe como “un estado de ánimo” (p. 7), como si fuera un género de neurosis colectiva, y en este punto no puedo estar de acuerdo con él.

Ha habido cambios radicales en la distribución de la riqueza en los últimos años. Por un lado, en el 2020 la cantidad millonarios en el mundo se ha aumentado a 5,2 millones de personas según Credit Suissse (BBC Mundo, 23 de junio, 2021). Por otro lado, según datos de 2022, al nivel mundial 108,4 millones de personas han sido desplazadas “a causa de persecuciones, conflictos, violencia, violaciones a los derechos humanos y acontecimientos que alteraron gravemente el orden público” (Acnur, s.f.).

No podemos decir que la coincidencia de estas dos tendencias sea causal, pero hay una evidente interrelación entre ellas. La acumulación de fortuna en ciertos individuos acompaña la despauperización de grandes poblaciones. Además, la riqueza se asocia con el poder político. Los grandes mil-millonarios están en condiciones de respaldar aquellos políticos que representarán sus intereses en los congresos, asambleas y presidencias del mundo. Pueden pagar a los jueces, asambleístas, funcionarios y miembros de las fuerzas de orden para influir en las leyes y su administración.

La flagrante discrepancia en bienestar produce conflicto social. Los que sufren malestar económico muestran su disgusto en manifestaciones y en los comicios. Los políticos ambiciosos entienden este descontento pobremente articulado, y crean discursos que parecieran razonables. Son discursos llenos de xenofobia y rechazo y crean ambientes violentos. Además, cuando algunos de los mil-millonarios sean los dueños de las compañías que producen y venden armas letales al público, la tensión aumenta.

El populismo decrece en tiempos de prosperidad compartida. Por esta razón también los políticos populistas proponen reducir beneficios como el seguro social, dotaciones para la educación y la salud y el valor de los salarios mínimos.

Para combatir al populismo, la mejor estrategia es aumentar la igualdad socio económica.

Referencias

Acnur (s.f.). Datos Básicos. Disponible en: https://www.acnur.org/datos-basicos#:~:text=%C2%BFCu%C3%A1ntas%20personas%20refugiadas%20hay%20en,41%20%25%20menores%20de%2018%20a%C3%B1os.

BBC Mundo (23 de junio, 2021), Coronavirus: por qué creció el número de millionarios en el mundo durante la pandemia. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-57576881.

Covarrubias, Israel (2023). La fascinación del populismo. Razones y sinrazones de una forma política actual. Penguin Random House Grupo Editorial SAU

 

 

 

martes, 20 de junio de 2023

Gun profits and deaths in the United States

                                                                      

                                                          Karen Cronick

Again, there have been gun deaths in the United States, again they were produced by lone individuals with their own weapons. Just this year there have been more than 200 mass shootings. “There have been two in Texas in the last week - five killed at a home in Cleveland, and north of Houston, and eight dead at a shopping mall in Allen, near Dallas.” (BBC, 2023).

It is remarkable that profits from domestic gun sales are more important to the weapons companies –and many US lawmakers- than people´s lives. Data is scattered but revealing. For Smith & Wesson, 91.2 % of its sales (in 2017) was to the domestic market. Remington Outdoor "produced 1.47 million guns for the U.S. market in 2014". For Strum, Ruger & Co. 96% of its firearms sales was for the US market in 2014. In 2015 Sig Sauer sold "nearly half-million guns domestically” (Kari, 2018).

That represents a broad economic committment to domestic guns sales for these companies. It is not surprising that they invest in securing lawmakers' support. As of March 2023, the National Rifle Association donated $27,413,008 to individuals in the national legislature or to their campaign funds (Wikipedia, 2023).


References

BBC (2023). How many US mass shootings have there been in 2023? Available at: https://www.bbc.com/news/world-us-canada-41488081

Huns, Kari, Feb 27, 2018. The biggest gun companies in the U.S. Available at: https://www.moneytalksnews.com/slideshows/the-biggest-gun-companies-in-the-u-s-market/

Wikipedia (2023). List of congressional candidates who received campaign money from the National Rifle Association. Available at: https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_congressional_candidates_who_received_campaign_money_from_the_National_Rifle_Association#:~:text=When%20Congress%20people%20are%20beholden,elect%20these%20individuals%20was%20%2427%2C413%2C008.

 

 


martes, 8 de noviembre de 2022

De la Boétie y Hobbes: El contrato social

                                                                           Karen Cronick

¿Qué ocurre cuando la gente decide abandonar su capacidad autónoma de pensar? Es algo que sucede cuando las personas adoptan irreflexivamente el pensamiento y los motivos del otro –un poderoso- como si fuesen suyos. Ha ocurrido en todas las tendencias ideológicas, religiosas y aún en muchas escuelas filosóficas, en todas las culturas, en el norte y el sur, tanto en los países ricos como los pobres. Desde tiempos prehistóricos ha habido reyes, líderes políticos y cabecillas de sectas que han sabido aprovechar del descuido y susceptibilidad de sus seguidores.

Muchos autores han analizado este fenómeno. Por ejemplo, en el Siglo XVI Étienne de la Boétie (2016) escribió el “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” en que avanzó varias razones para la sumisión doctrinaria de los pueblos. La primera es la costumbre, es decir, los hábitos aprendidos en la niñez, de obedecer a los padres, y luego al soberano.  La segunda es la necesidad: los tiranos ofrecen “circo” (es decir diversiones no relacionadas con sus necesidades), y una “taza de sopa” (p. 41) a los hambrientos, y estos, olvidándose que la riqueza del déspota viene justamente de lo que ha despojado a los súbditos, gritan “¡Viva el rey!” (Ibid) en vez de rebelarse contra la injusticia.

Otra razón mencionada por Boétie es que los reyes han sabido asociarse con los dioses, y sus vasallos, igualando la jurisdicción de la deidad con la del soberano, obedecen a ambos, porque no ven las diferencias.[1]

La cuarta razón de Boétie es la cadena de mando en que:

“Cinco o seis son a lo más los que conservan al tirano en su poder y al país en esclavitud; adulan al primero y le allanan el camino de las crueldades; le acompañan en sus placeres, le facilitan los medios de saciar sus licenciosos apetitos y participan de sus rapiñas…. Como les es fácil hacerse prosélitos, buscan a quinientos o seiscientos que imiten en ellos la misma táctica que observan en su soberano. Estos seiscientos tienen bajo sus órdenes a más de seis mil ahijados, que colocados en los destinos superiores de las provincias, o en la administración de los fondos públicos se dan la mano para su codicia y crueldad; [así forman] una cadena ininterrumpida que da fuerza al tirano….” (Boétie, p. 46-47).                                                                                                                 

Los eslabones más bajos de esta cadena de mando se encuentran en la calle con las fuerzas de orden, armadas y prepotentes, que castigan a las disidencias y las protestas. Las policías en todos los países, desde Irán hasta la China, o desde Rusia hasta los Estados Unidos se asemejan, tanto en su equipaje como en sus tácticas. Los oficiales están a la orden del líder, y no hacen más que emular a sus superiores, es decir, los cinco o seis acólitos que circundan directamente al gran señor.

Se puede plantear otra pregunta relacionada con estas observaciones de Boétie: ¿qué pasa con quienes conocieron una vez la democracia (la “libertad” según la terminología de este autor) pero ahora viven bajo una dictadura? ¿Es que nunca entendieron la idea de diálogo y la consideración racional e íntima de las alternativas? ¿Qué tuvieron que renunciar para formar parte de la participación masiva del totalitarismo?

Pienso en el Leviatán de Hobbes (1651/18-01-22), donde los habitantes de un reino renuncian voluntariamente al ejercicio de poder ciudadano a favor de una compleja maquinaria de Estado, regido por un rey o un líder. En Hobbes dicha renuncia terminaría siendo un acto moral en que los pobladores se someten a la disposición de un agente poderoso, y lo hacen con la generosa motivación de eliminar la violencia que ocurriría entre ellos si tuviesen que vivir sin la mano guía de una recia autoridad “pacificadora”. Hobbes defiende la idea de un “contrato” en que todos los ciudadanos cederían su derecho a decidir sobre sus propias vidas, aceptando la potestad de un soberano todo-poderoso frente al cual después no tienen la posibilidad de reclamos. Lo hacen para obtener seguridad individual y colectiva.

El resultado evidente de un acuerdo de este tipo sería la creación de una masa de personas que carecen de la capacidad de pensamiento o voluntad propios. Han tenido que abandonar las posibilidades del diálogo y el uso de la palabra como instrumentos de participación y protesta en la vida colectiva. 

¿Qué tiene que pasar para que ocurriese una renuncia de esta suerte? Hobbes habla de acuerdos en que una multitud de “autores” (o personas que originalmente tuvieron derechos) renuncia a sus potestades y se las otorgan a un monarca o una asamblea. Esta abdicación puede ocurrir también después de una conquista si los “autores” vencidos aceptan convertirse en súbditos debido a su miedo a represalias. Siendo un “pacto” –manifiesto, implícito u obligado- sería un medio para escapar de la violencia natural que, según Hobbes, ocurriría en los grupos que carecen de una figura gobernante absoluta.

Evidentemente en las campañas políticas que vemos hoy en día en los medios de comunicación, como aquella que promociona al estadounidense Donald Trump, o donde a veces se presentan “candidatos” como Vladimir Putin en Rusia, no hay un motivo “moral” para eliminar la violencia. En el mejor de los casos habría entre los militantes un deseo implícito de formar parte de un grupo dominante, como en las cadenas de mando descritas por Boétie. En general la paz social no sería para ellos un estado de bienestar general, sino la oportunidad de obligar la sujeción de otros.

De hecho, los seguidores de algunos partidos políticos se han involucrado en agresiones que incluyen intentos de homicidio en respaldo a sus líderes. Se aprecia entre ellos la renuncia de la deliberación y agencia de ciudadanía, ya que aceptan secundar a un líder en vez de examinar sus agendas políticas.

En este tipo de renuncia a veces hay un motivo de base que sirve como la piedra angular que apoya toda una estructura de creencias elaborada por los líderes de estos partidos. Este motivo puede basarse en el temor de perder estatus, el deseo de disfrutar el pillaje que el líder autorizaría para sus seguidores o la fantasía de su superioridad étnica o racial. Tienden a ocultar estos motivos, aunque ellos puedan reaparecer en eufemismos.

Hay enfoques de la psicología social que refieren a los mecanismos de este tipo de abdicación al derecho que tienen las personas de asumir su ciudadanía como los “autores” de Hobbes. Por ejemplo, los experimentos de Solomon Asch (1961) sobre las condiciones que conducen a la conformidad, y luego los de Serge Mosocovic (1981) en que éste examina las condiciones que permiten romper el círculo vicioso de acuerdos tácitos y producir algo que llamó las “minorías activas”, es decir, individuos o grupos minoritarios que rompan la armonía impuesta por la mayoría dominante. Normalmente esta influencia es vista como liberadora, en el sentido de romper la conformidad y el silencio impuestos por el poder dogmático. Sin embargo, Moscovici (1983) igualmente advierte que el efecto de la minoría activa puede conducir a la aceptación de creencias no tan liberadoras, como aquellas que promueven algunos cultos y enfoques extremos. Ocurre un “sleeper effect” (efecto retardado) en que, en el momento de su emisión, un mensaje “no influye al oyente, pero puede actuar con un retraso temporal, por ejemplo, de dos semanas o incluso dos meses después de la emisión” (Moscovici, 1983, p. 696). Este proceso incide en la formación de cultos y grupos extremos donde pueden desarrollarse creencias entre los miembros que serían considerados totalmente improbables en otros ambientes (como el mundo plano y las visitas de los OVNIS).

Regresando a Hobbes, la disposición a renunciar voluntariamente y sin coerción a la potestad ciudadana no pareciera creíble, por lo menos no ha sido documentada históricamente. Es probable que Hobbes tampoco tuviera como antecedente algún pacto auténtico, tomado por voluntad propia; es difícil imaginar una decisión de este tipo que no fuera mediada y controlada por los tiranos del momento. 

En contraste con la solución dada por Hobbes para lograr la paz y el bienestar, ha habido entre los humanos diversos sistemas sociales de control compartido. La tarea de elaborar modelos de consciencia y participación cívica sigue inacabada. No faltan paradigmas, podemos mencionar la democracia ateniense, la Confederación Iroquesa, la consulta íntima en los grupos nómadas, los cantones suizos y las asambleas de los vikingos. Y esta lista no incluye el nacimiento de las democracias representativas – a veces monárquicas- después del Siglo XVIII en los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia y otros países europeos y Australia. América Latina tiene dos siglos luchando por encontrar un modelo de democracia liberal apropiado para sus sociedades. Los ciudadanos de países como la India, Irán y varias naciones africanas también intentan escapar de absolutismos y despotismos.

Nota final:

 [1] En el Siglo XIX Antoine-Louis-Claude Destutt, marqués de Tracy, inventó la palabra “ideología” para referir a una doctrina social y económica de las ideas. Se trata de un concepto útil para apreciar como el apego a ideas laicas de naturaleza política pueden influir en la conducta de las personas. Un líder político puede usar la lealtad ideológica para fortalecer su adhesión al poder, justamente como los reyes empleaban la fidelidad religiosa. Los marxistas defienden a Marx, igual como los seguidores de Hitler, o Jean-Marie le Pen (y su hija) y otros representantes de movimientos cuasi fascistas respaldan a sus ideólogos. 

                  

 Referencias

Asch, S. E (1961). "Issues in the Study of Social Influences on Judgment". en Berg, I.A. y Bass, B.M.. Conformity and Deviation. New York, Harper

De la Boétie, Étienne (2016). Discurso sobre la servidumbre voluntaria. Prologa de Laureano Márques, Traducción de Max Flint.  Caracas: Gráficas Lauki.

González Pérez, Marco Antonio (31/08/05). El conflicto sociocognitivo como generador de cambio social. Iztapalapa 59, Año 26, pp 15-28.

Hobbes, Thomas (1651/18-01-22). Leviatán. Freeditorial. Disponible en: https://freeditorial.com/es/books/filter-author/thomas-hobbes

Moscovici, Serge (1981). Psicología de las minorías activas, Morata, Madrid, 303 pp

Moscovici, Serge (1983). “Influencia manifiesta e influencia oculta en la comunicación”, en Revista Mexicana de Sociología, núm. 2, pp. 687-701, Citado por González (31/08/05). 

 


viernes, 4 de noviembre de 2022

La libertad de expresión

 

K. Cronick

En los tiempos de la Ilustración en el Siglo XVIII, Voltaire proclamó: “Estoy en total desacuerdo con lo que Ud. dice, pero lucharía hasta la muerte por tu derecho de decirlo”.  Eran días radicales en que la libertad era el tema central de los debates sociales, filosóficos y políticos, y la idea de la libre expresión era el vehículo de base para obtener todos los demás derechos del hombre. Eran los tiempos del panfleto y el discurso en las plazas públicas de París.

Ahora, tres siglos después el problema es más complicado porque los medios de comunicación (periódicos, revistas, televisión, Internet) tienen dueños corporativos, y relativamente pocas personas tienen la capacidad para determinar las líneas editoriales de estas empresas.

En el comienzo los medios electrónicos prometían nivelar el acceso a la opinión pública –claro, todo era necesariamente limitado a quienes poseían una computadora y una línea de acceso a Internet-. Plataformas como Twitter permitían que todo el mundo publicara sus ideas y que ellas podrían tener resonancia. Aun en los primeros tiempos de Twitter antes de los logaritmos, hubo, sin embargo, algunas dificultades que tienen que ver con la naturaleza misma de concepto de libertad de expresión.

Según una apreciación radical de la idea cualquier persona puede decir cualquier cosa. Pero ¿hay cosas que no deben decirse?

En general, el pensamiento que surgió de la Ilustración rechaza aquellas tradiciones que supriman la libre expresión, como las religiones que proclaman la existencia de anatemas. Por otro lado algunas constituciones nacionales garantizan el derecho de expresarse libremente, y hay organizaciones como el ACLU (American Civil Liberties Union) en los Estados Unidos que defienden la expresión artística, la transparencia en el financiamiento de los partidos políticos, la libertad de la prensa, el derecho de los denunciantes (whistleblowers) y la propiedad intelectual. En su Artículo 11 la Carta de la Unión Europeo declara:

Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho incluirá la libertad de tener opiniones y de recibir y difundir información e ideas sin interferencia de la autoridad pública y sin consideración de fronteras. Se respetará la libertad y el pluralismo de los medios de comunicación.

 Sin embargo, todavía hay sectas religiosas que consideran ciertas ideas y opiniones malditas y blasfemas, y piensan que deban ser destruidas y sus autores castigados. También algunas instancias políticas, desde reinos, dictaduras, organismos marciales y aun repúblicas censuran las ideas y publicaciones que los critican.  

El derecho a la libre expresión es la base fundamental de la democracia. Sin ello los ciudadanos no podrían comparar y juzgar la bondad de las diferentes ideas en conflicto y desarrollar sus opiniones. Sin ello el cuerpo electoral tendría que reducirse a la repetición de las consignas que recibe desde el poder y desde los árbitros de lo permitido.

Pero repito la pregunta: ¿Hay expresiones que deben ser prohibidas?

Voy a pensar en algunas instancias evidentes: no se debe permitir las calumnias y falsas acusaciones que puedan hacer daño a otras personas. Amenazas verbales que puedan provocar lesiones y agresiones a individuos o grupos también deben restringirse, como cuando un ciudadano indignado gruña: “Alguien debería matar a este traidor”.  Gritar “¡Fuego!” cuando es mentira en un auditorio lleno de personas tampoco debe permitirse. Hoy en día es muy cuestionado hacer declaraciones xenofóbicos, homofóbicos y raciales porque pueden causar daños irreparables a las víctimas. En estos casos se la atribuye a la palabra los atributos de un arma letal.

Pero hay áreas no tan claras. La definición de pornografía es un ejemplo.  ¿Qué marca el límite entre una película erótica y otra pornográfica? Igualmente, de manera voluntaria los medios de comunicación generalmente se inhiben de usar palabras vulgares y groserías. También los cortes y los gobiernos pueden restringir el acceso que tiene el público a datos oficiales y transcriptos de juicios, y este poder ha sido cuestionado.   

Hay otras áreas que son aún más inciertos, por ejemplo, la tergiversación de estadísticas, resultados científicos o informes estatales, sobre todo cuando el motivo sea influir en políticas de salud, bienestar y seguridad. Por ejemplo, la campaña contra el uso de vacunas durante la epidemia de las variantes del SARS-CoV-2 posiblemente ha aumentado la tasa de mortalidad respecto a esta epidemia. ¿Qué responsabilidad tiene alguien que dice que se puede curar el Covid bebiendo cloro -cuando hay gente que muere siguiendo su consejo-?

Este tema ahora ha sido reforzada porque hay plataformas de Internet que prometan “libertad de expresión” pero ocultan sus agendas políticas propias. Y la compra-venta de estos plataformas entre las personas más pudientes de la tierra -y por ende las muy poderosas- motiva suspicacias sobre el alcance real del derecho a la libre expresión.


lunes, 31 de octubre de 2022

“Perderse” de Annie Ernaux

 

He llegado a la mitad de “Perderse” de Annie Ernaux. Es aburridísimo. No pienso seguir. Mi primera reacción es preguntar: ¿Cómo pudo haberse ganado el Nobel???!!!

Se trata de un diario, previamente ineditado, en que Ernaux, una francesa, da una cronología de su aventura amorosa con un diplomático ruso. Es un listado de anotaciones fechadas que incluyen: sus encuentros con su amante, su desesperación cuando él no le llama y algunas brevísimas indicaciones sobre el carácter machista de él. Está escrito en los tiempos de la caída de la Unión Soviética, pero hay pocas referencias a las actividades de él con relación a estos eventos.

Lo que asoma en este escrito es una mujer carente de proyectos propios que le satisfacen a ella. Por esta razón sustituye sus anhelos propios con el simple deseo sexual. Cuando no esté con su amante piensa exclusivamente en él. Como todas las adicciones la suya es limitante y agobiante.

Pero ella no analiza nada de esto, sólo hace el listado de sus encuentros. Yo pienso en Meursault, el personaje principal en “El Extranjero”. También es una persona desubicada, un francés argelino en los tiempos de agitación independentista. En cambio, Camus desarrolla su personaje, le da una historia y un contexto.  Annie Ernaux no hace esto con su propia vida. Más bien nos fastidia con su listado alienado de cualquier sentido propio, y nos deja a nosotros, los lectores, la responsabilidad de construir el significado de su alienación. También salpica su listado con citas a otros autores, que tal vez deben darnos pistas sobre la idea tras su obra, pero ella no clarifica la relación.

Tal vez soy una lectora de otros tiempos. Pero llenar los espacios vacíos que deja Ernaux requiere que nosotros, los que leímos su diario, hayamos pensado antes en este tipo de insubstancialidad existencial. Tal vez como el Meursault de Camus, ella está atrapada en una destrucción ideológica que antes le ha dado sostén emocional (Meursault está atrapado en el colonialismo francés, Ernaux en el comunismo soviético).  Tal vez ella nunca superó a la muerte de su madre. Tal vez no haya desarrollado una relación suficientemente satisfactoria con sus hijos. A lo mejor simplemente carece de la capacidad de amar.

miércoles, 5 de octubre de 2022

martes, 30 de agosto de 2022

Dar cara a la historia

 

Karen Cronick

Estas reflexiones son motivadas por la necesidad de examinar nuestra capacidad para analizar y juzgar las tradiciones que nos vienen del pasado. Es difícil decir que la historia sea progresiva y que conduzca generalmente hacia un bien mayor, a pesar de lo que nos ha dicho Hegel (1807/1985) y algunos de los filósofos que él inspiró; hay poca evidencia de un proceso evolutivo de carácter dialéctico en la narración del pasado. Más bien podemos percibir en el pasado un vaivén de acontecimientos: revoluciones, despotismos, sistemas legales y políticos que ofrecen por un tiempo una cierta libertad para sus ciudadanos, conquistas sanguinarias, movimientos de liberación, mejoramientos económicos y científicos (como la imprenta, las vacunas y la computadora) y retrocesos tecnológicos (como la bomba atómica y las tecnologías que conducen al calentamiento global).

No aparece una línea de progreso hacia la justicia y el bienestar. Pero al mismo tiempo la historia nos enseña, y ella constituye un recurso que, en el mejor de los casos, nos puede advertir sobre peligros, o alentar al tomar decisiones en la actualidad. 

Por estas razones es importante explorar la marcha del cuestionamiento histórico. En estos párrafos exploraré, sobre todo con respecto a la esclavitud y la conquista militar, los siguientes temas: a) el pasado como legado, b) la legalidad de estas prácticas en la modernidad, c) la efectividad de prohibirlas, d) las actitudes y críticas del pasado respecto a ellas, e) nuestra capacidad de ubicarnos temporalmente para criticar y juzgar a nuestros orígenes y f) el retoque del pasado propio.  Finalizo con un pequeño resumen.

El pasado como legado: Hay tantos problemas que impiden analizar el pasado. La primera dificultad es que nuestras civilizaciones se germinan a partir de las semillas que la historia ha sembrado, pero no podemos identificarnos plenamente con las actitudes de nuestros predecesores. Cada nuevo árbol es diferente, aunque nazca de las nueces de la misma especie. Leemos sobre los eventos, las leyendas, los personajes y los documentos que otros nos han dejado, pero nuestras vidas han sido distintas, y hemos sido expuestos a ideas que nuestros antepasados no podrían siquiera imaginar. A pesar del desenvolvimiento del tiempo, sin embargo, nos cuesta muchas veces distanciarnos, juzgar, y aún condenar los sucesos adversos. 

La legalidad de estas prácticas en la modernidad: En estas consideraciones voy a considerar los fenómenos de la esclavitud y la conquista militar. Son considerados hoy en día por la mayoría de las instancias legales como crímenes. En el siglo XIX la esclavitud fue prohibida en la mayoría de los países europeos y americanos. Al nivel mundial en el artículo 4º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (aprobada en 1948) se afirma: “nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”. Igualmente, respecto a la usurpación de un país por otro, el preámbulo de los Estatutos de Roma (aprobado en 1998) refiere a la invasión y ocupación de una nación por otra así “…los Estados se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”.

La efectividad de prohibirlas: Hay que reconocer que la ilegalidad no se ha acabado con estos crímenes. Millones de personas en el mundo actual están sometidas a variadas formas de esclavitud, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) porque no pueden escapar de las condiciones de explotación en que se encuentran. Al mismo tiempo, millones de niños están sujetos al trabajo infantil, e incontables mujeres están sometidas a la prostitución forzada. A pesar de su ilegalidad actual, la servidumbre involuntaria todavía ocurre. Igualmente, las invasiones territoriales continúan: mientras escribo estas palabras Rusia está invadiendo Ucrania, y si bien los europeos, los canadienses y los estadounidenses ayudan a este país perjudicado a defenderse, hay Estados que apoyan al agresor.

Las actitudes y críticas del pasado respecto a ellas: Antes del rechazo histórico en el siglo XIX de las usanzas de la invasión, la ocupación y la esclavitud, ellas eran frecuentes y aún aceptadas entre las potencias y reinos. Se ha empleado la esclavitud por casi toda la historia humana; en Mesopotamia, Egipto, India, China y Grecia lo que comenzó como costumbre fue legitimándose y reglamentándose.  Casi todos los imperios, reinados y países tenían esclavos, y algunos de los más admirados héroes históricos eran conquistadores que traían esclavos para el usufructo de los ciudadanos de sus propios imperios, como Alejandro Magno, Julio César y Gengis Kan. Napoleón Bonaparte era un conquistador un poco más complejo, ya que en el siglo XIX no era apropiado traer personas cautivas para la servidumbre involuntaria, pero él, sí, pretendía traer recursos y dominio a Francia.

La historia del mundo está repleta de ejemplos de lo que ahora consideramos lesa humanidad. Aun los atenienses, los inventores de la democracia constitucional y representativa, tenían esclavos, y sus ejércitos conquistaban territorios en Anatolia y otros lugares. Aristóteles defendía estas prácticas. Él las aceptó como algo natural, y en su libro “Política” el tema tiene un subtítulo completo dedicado a la defensa de esta costumbre.

En la época medieval algunas personas abogaban por la erradicación de la esclavitud, pero simpatía para una emancipación general sólo encontró su plena expresión con la Ilustración europea. El vasallaje obligado era una práctica generalmente aceptada, pero gradualmente generaba incomodidad ética en ciertos ambientes eclesiásticos:

“…de forma oficial e inequívoca la Iglesia se pronunció, a través de Gregorio XVI, en contra de la esclavitud de los negros. Habían pasado tres siglos, durante los cuales distintos papas se habían referido a la esclavitud, insistiendo en la denuncia de la esclavización de los indios e incidiendo de forma progresiva en los abusos que se cometían con los esclavos africanos. Incluso con pronunciamientos que se podían interpretar como contrarios a la esclavización de los negros, …con Pablo III se había manifestado en contra de la esclavitud de los indios en 1537, pero no fue hasta 1839 la suficiente claridad; como lo demuestra el hecho que las mismas órdenes religiosas presentes en las colonias en muchas ocasiones también tenían esclavos” (Amnistía Internacional, s/f. párrafo 20).

En España la tradición de la esclavitud tardó mucho en desaparecer totalmente, y en Al-Ándalus era una práctica usual. Con el comienzo del colonialismo europeo en América y África, la servidumbre obligada se convirtió, no sólo en un negocio lucrativo, sino en un sistema económico indispensable para la agricultura, sobre todo en las Américas. La conquista y la esclavitud formaban partes de un mismo fenómeno. Uno de los motivos para la conquista fue justamente la posibilidad de obtener riquezas y esclavos.

Durante la Ilustración en el siglo XVIII en Francia apareció en la publicación de la Enciclopedia de Diderot y D'Alembert, numerosas condenaciones a la práctica de la esclavitud. En particular Rousseau declaró: “Si la guerra no da al vencedor ningún derecho de masacrar a los pueblos vencidos, este derecho que no posee no puede ser el fundamento del derecho de esclavizarlos" (Amnistía Internacional, párrafo 26). Entre los intelectuales europeos y algunos grupos abolicionistas en Inglaterra y los Estados Unidos se comenzaron a confluir cuestionamientos sobre el derecho que podrían tener algunas personas de poseer y usar a otras. Desde este punto histórico es posible hablar de una condena ética cuya influencia llegara finalmente al gran público. Para este entonces el abolicionismo se había convertido en un tema de debate. Si algunas personas se negaban a oírlo, ya no se debía a que vivían en tiempos cuyas prácticas culturales eran innegables e incontrovertibles. No fue sino en los siglos XIX y XX que estas prácticas fueron rechazadas legalmente a nivel internacional.

Nuestra capacidad de ubicarnos temporalmente para criticar y juzgar a nuestros orígenes: Por milenios estas usanzas eran normales, y aún hoy en día cuestionarlas produce respuestas variadas. Es más, es frecuente encontrar personas que excusan o justifican la dominación histórica en sus formas de conquista y esclavitud porque en aquellos tiempos eran habituales.  En cierto grado ellas tienen razón. No es posible juzgar una sociedad por prácticas que históricamente sus integrantes no han podido cuestionar. Hans-Georg Gadamer (1993) diría que quien interpreta un fenómeno histórico tiene que hacerlo como un ser en dos tiempos, el suyo propio y el de su objeto de interpretación. Dice que somos seres de sentido "arrojados" a un mundo particular. Esto es una condición de la existencia humana.  El problema de la interpretación es la necesidad de indagar sobre conciencias que nos son ajenas. ¿Cómo asumir la conciencia del otro sin intentar formar parte del circuito histórico al que éste pertenece?

El cuestionamiento ético requiere esto. Para la transformación histórica es necesario alejarse de prácticas intolerables del pasado, pero al mismo tiempo reconocer las condiciones existenciales de las personas que participaban en ellas. Hay que distinguir entre, a) la aceptabilidad –o no- de estas prácticas en sí, y la posibilidad de seguir empleándolas en la actualidad y b) las responsabilidades históricas y éticas de las personas del pasado que las realizaban. Es decir, podemos entender a Aristóteles y su mundo, sin hacernos cómplices. Al mismo tiempo, hay atrocidades tan grandes que tenemos que condenar no sólo a ellas sino también a sus autores.

¿Cuál es la responsabilidad ética del ser humano? Podemos lamentar las tragedias, como cuando Eurípides lamentó el destino de las mujeres troyanas después de la caída de Troya. Y podemos llorar la destrucción de Cartago al final de la tercera guerra púnica (149-146 A.C). Podemos preguntar: ¿Los ejércitos de Gengis Kan eran asesinos genocidas? ¿Merecen nuestro oprobio? Igualmente: ¿las prácticas de la Inquisición que duraron desde el siglo XII hasta el siglo XIX en las Américas eran actos de lesa humanidad? Tal vez sea importante no sólo distanciarnos de estos acontecimientos, sino también impugnar a sus perpetradores. Es más, desde el Juicio de Núremberg, quizás sea posible condenarlos. 

La abolición de la esclavitud nació del oprobio. Para los británicos, en el siglo XVII la expansión del lucrativo trato de esclavos en el imperio motivó algunas expresiones de rechazo. En el siglo XVIII se iniciaron algunos movimientos abolicionistas importantes. En el siglo XIX se logró la emancipación legal de todos los esclavos en el mundo británico. Esto coincidió con el crecimiento del liberalismo político y la Ilustración en toda Europa. Es un movimiento histórico que tiene sus raíces en los actos de negación individual, cuando las personas se oponen a una perturbadora tradición, y finalmente esta negación se vuelve casi universal.

El retoque del pasado propio: Hace unos días leí la introducción del libro "The future of the Soviet past" (Adler y Weiss-Wendt, 2021). De la introducción de Adler y Weiss-Wendt, repito una cita de Alec Luhn:  "Cuando hablen de los tiempos de Stalin, imaginen la funda para el revólver guindando del hombro, pero no el cañón de la pistola en la nuca".  Los vaqueros estadounidenses tienen similares reacciones con respecto al sometimiento y matanza de los indo-americanos.

Es cierto que los rusos maquillan su pasado, y muchos países hacen lo mismo, por ejemplo, en las Américas todavía se evitan criticar la destrucción de las poblaciones indígenas y la esclavitud de los afro-descendientes. La estrategia es decir: Ok, bien, pero todo el mundo lo ha hecho. Cuestionar la tradición propia no es fácil. Hay una sola excepción en que un país ha reconocido y aceptado su pasado oscuro: los alemanes, desde la derrota del Fascismo en 1945, han mantenido una continuada campaña para objetar y condenar a los campos de exterminio y las invasiones del Tercer Reich a Europa y Rusia. Ellos han aceptado el Tercer Reich como una parte tenebrosa y lamentable de su pasado, y sobre la base de esta aceptación buscan rescatar el presente con estrategias humanistas de convivencia y comprensión.

Resumen final

Al final queda claro que el problema es complejo, pero la tarea es importante. Las críticas que hacemos del pasado constituyen parte de la elaboración del futuro, y se incorporan en nuestro patrimonio cultural el cual va alimentando el porvenir. Las personas van a criticar la historia a partir de su postura en la actualidad, al mismo tiempo que tienen que estar conscientes de los mecanismos que podrían haber influido a quienes “se han equivocado” antes.  Las opiniones y actitudes actuales se basarán necesariamente en la ubicación social de los participantes, su temporalidad, y su situación geográfica, generacional y educativa. De todo esto se generan debates, conversaciones y publicaciones.

Lo que no podemos hacer es aceptar las prácticas de pasado simplemente porque son tradiciones, antecedes heroicos o heredad ancestral.

 

Referencias

Adler, Nanci y Anton Weiss-Wendt (2021). En Wendt, Anton y Adler, Nanci (Eds), The future of the soviet past. Bloomington, Indiana: Indiana University Press.

Amnistía Internacional (s/f). La trata atlántica y la abolición de la esclavitud. Documentos. Historia de los Derechos Humanos. Disponible en: https://www.amnistiacatalunya.org/edu/es/historia/inf-esclavitud3.html

Aristóteles (2017). Política. Ed: Edu Robsy. Islas Baleares: Maison Carrée.

Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (s/f). Declaración universal de los derechos humanos (1948). Disponible en: https://www.ohchr.org/sites/default/files/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf

Gadamer, Hans-Georg (1993). Verdad y método. Salamanca: Ediciones Sígeme

Euripides (s/f) Las Troyanas. Disponible en: https://historicodigital.com/download/Euripides%20-%20Las%20Troyanas.pdf

Hegel, G.W. (1807/1985). Fenomenología del Espíritu. Traductor: Wenceslao Roces. México. Fondo de Cultura Económica

Organización Internacional de Trabajo (OIT) (2017). Trabajo forzoso, formas modernas de esclavitud y  trata de seres humanos. Disponible en: https://www.ilo.org/global/topics/forced-labour/lang-- es/index.htm#:~:text=Se%20estima%20que%20en%20cualquier,moderna%20por%20cada%201.000%20personas. es/index.htm#:~:text=Se%20estima%20que%20en%20cualquier,moderna%20por%20cada%201.000%20personas.

Corte Penal Internacional (1998), Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Disponible en: https://www.un.org/spanish/law/icc/statute/spanish/rome_statute(s).pdf          

 
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