K. Cronick
sábado, 7 de junio de 2025
viernes, 23 de mayo de 2025
How I want to say goodbye (poem)
(K. Cronick)
We don’t need to cry,
we will meet there,
at the old stone beacon
near the northern harbor
when we, all of us, are
like the morning, evening stars,
spirits that never again
will weaken,
bright beings
made of light.
jueves, 22 de mayo de 2025
Nuestra vulnerabilidad frente a la desinformación
K. Cronick
Escribo este pequeño comentario debido a la diversidad de
opiniones que voy encontrando en las redes sociales sobre lo que es real y confiable.
Hay gente que piensa que la Tierra es redonda, que las
vacunas previenen enfermedades, que el universo comenzó con un big bong cósmico
hace unos 13.797 millones de años y que se puede acercar al extranjero sin
miedo. Pero estas posiciones están cada vez más cuestionadas.
Las ideas sobre la realidad se fundamentan en recursos
informáticos muy variados. Casi siempre basamos nuestras ideas en los reportes
de testigos y autoridades. Ellos suelen ser alguien que vio a un
acontecimiento, o que leyó sobre este acontecimiento, o que oyó un reporte en la televisión o un chisme al
respecto. Estas personas pueden ser gente cercana a uno, o “autoridades” como funcionarios,
líderes religiosos y aun personajes científicos.
Hay dos maneras que tenemos para recibir la información que
nos dan: a) dudarla e investigar sobre su veracidad, o b) aceptarla. Nuestra
aceptación va a depender de nuestra confianza en la fuente y nuestras ideas
previas al respecto, incluyendo nuestras adhesiones ideológicas, lealtades religiosas o
conocimientos previos. Estas tres condiciones son interdependientes y se influyen
mutuamente.
La ciencia, y ciertos métodos en la filosofía tienen por
propósito aumentar la probabilidad de que la información sea verídica. No hay
un juez, o una autoridad política o un sacerdote iluminado en la ciencia. No
hay libros sagrados ni tradiciones irrefutables.
La vulnerabilidad a la desinformación está cada vez más
notable. Hay mucha gente que no tiene
la oportunidad de saber qué es el método científico para entender al mundo.
Hablo en singular, de un método básico, porque, aunque existan muchos enfoques,
cada uno con sus procedimientos particulares, hay algo que todos tienen en
común: se arrancan de una suposición sobre la realdad y luego emplean una serie
de procesos abiertos y públicos para ponerla en duda, es decir, refutarla. La única
árbitro en la ciencia es la evidencia, o pasos lógicos y matemáticos para
someter la suposición inicial a la prueba.
Por esta razón la manera ideal para juzgar un hallazgo
científico es revisar el informe del reporte especialista que lo anuncia. No
basta declarar: “Los científicos dicen….” Estos reportes académicos aparecen publicados en
revistas que tienen árbitros, es decir, personas que conocen bien el campo de
estudio, y que revisan los resultados de cada informe antes de aprobarlo para
publicación. Además, hay fuentes confiables que se encargan de la divulgación en
general de los resultados [1].
Escribo esto porque leer las noticias hoy en día requiere el
uso de un muy grueso filtro de dudas. En algunos casos las mentiras son obvias,
y sus motivaciones saltan a la vista. Pero otras requieren esfuerzo para identificarlas.
Y, además, aun las mentiras más obvias tienen sus creyentes. Por ejemplo, El
presidente estadounidense actual propone la existencia de una genocida contra
los blancos en África del Sur. Dicen algunas personas que el cambio climático no existe. En países totalitarios niegan
los problemas de los derechos humanos. Y todas estas mentiras (obvias) tienen
quienes los admiten.
En gran parte la vulnerabilidad a las mentiras proviene del
aislamiento que sufran muchas personas de una institución académica de calidad.
Los niños de primaria son capaces de aprender lo básico sobre cómo discriminar
la falsedad de la verdad. Entre la pobreza de nuestras aulas actuales y la
influencia caótica de las redes electrónicas, tenemos un problema cultural de
grandes proporciones.
[1] Varias
de estas fuentes son: ScienceDirect, Elsevier (Medicina y salud), Pubmed, Ingenta,
Scopus, Académico, Science Direct, Dialnet, Redalyc, (Base bibliográfica: ChatGPT, s/f. Sidebar, 17 fuentes para la
información científica https://papelesdeinteligencia.com/17-fuentes-de-informacion-cientifica/. Además, hay revistas de difusión popular como Scientific American
sábado, 10 de mayo de 2025
Ay, ay, ay, Delilah
K. Cronick
Hace algunos meses vi un video de un gran grupo de personas
en un concierto en un espacio abierto. Su edad promedio probablemente era
unos 50-60 años. El cantante comenzó a cantar la canción “Ay, ay, ay, Delilah”,
cuya letra es trágica; se trata de un hombre que mata a su amante después de darse cuenta que ella está siendo infiel, y luego, lamenta tanto la traición de ella,
como la pérdida de su amor. Se trata de una música conocida,
popular en los años 60 del siglo pasado.
Lo interesante de esta historia es que el público comenzó a
cantar junto con el cantante, pero no como participantes en una leyenda musical
trágica, sino como algo lírico y alegre, moviéndose con el ritmo suave y
sonriendo juntos con este momento de comunicación cultural. Era un acto de
unión patrimonial, y acopamiento alegre. (Ver: https://www.facebook.com/share/v/1Dqy4b93Zh/)
Realmente me asombró ver como estas personas participaran en
la melodía y el suave ritmo, olvidándose del drama amargo que la canción
recordaba. Es un fenómeno colectivo que se ve con frecuencia, cuando las
personas “escogen” las partes de la realidad compartida que van a celebrar, descartando
sus aspectos incómodos.
Esto pasa también en la música culta.
En un artículo sobre la empatía escribí esto:
“A veces ocurre una extraña
mezcla de significación compleja y música donde la experiencia empática casi
nos engaña. En el acto final de “Turandot” de Giacomo Puccini, la aria Nessun dorma (Que nadie
duerma) es una pieza para la voz tenor. Pareciera una canción de amor, y
hablando por mí, la oigo así. Pero es cantada por el personaje de un aventurero
príncipe (Calàf) que ha perdido su reino, y anda por toda la China como un
amargo mendigo de realeza. Entra en el reino de Pekín, y ve a la princesa
Turandot que está en la edad para casarse. Quien se casa con ella se quedará
con el reino y evidentemente ella tiene pretendientes. Pero ella les pone
pruebas y amenaza a todos con matarlos. El príncipe Calàf “se enamora” de ella
perdidamente sólo con verla un instante. El espectador podría sospechar que lo
que realmente le atrae a Calàf es la posibilidad de apoderarse del reino si
llegase a casarse con ella. Ella quiere matarlo a él también, pero Calàf le
reta: si ella puede averiguar su nombre antes del amanecer, él se someterá
mansamente a su condena funesta. El problema es que nadie conoce su nombre,
excepto su padre Timur y una fiel sirvienta de éste, Liù. Y cuando Turandot se
da cuenta que Liù lo sabe, le tortura hasta la muerte para que lo revele. Liú,
a pesar de todo, no lo confiesa, y Calàf presencia esta barbaridad sin hacer
nada para salvarle a Liù. Realmente Calàf y Turandot son creados el uno para el
otro: son iguales en sus salvajismos.” [1]
Sin embargo, la aria es conocida en todo el mundo por su belleza casi amorosa.
Nota final: La letra: de “Ay, ay, ay, Delilah” en español e inglés. (https://youtu.be/MIIU9xkGAMs)
Vi la luz en la
noche cuando pasé por su ventana
I saw the light on the night that I
passed by her window
Vi las sombras
titilantes del amor en su persiana
I saw the flickering shadows of love
on her blind
Ella era mi
mujer
She was my
woman
Mientras me
engañaba, observaba y perdía la razón
As she deceived me I watched and
went out of my mind
Ay, ay, ay, Delilah
My, my, my, Delilah
Por qué, por
qué, por qué, Delilah
Why, why, why,
Delilah
Podía ver que
esa chica no era buena para mí
I could see, that girl was no good
for me
Pero estaba
perdido como un esclavo que ningún hombre podía liberar
But I was lost like a slave that no
man could free
Al amanecer,
cuando ese hombre se fue, yo estaba esperando
At break of day when that man drove
away, I was waiting
Crucé la calle
hacia su casa y ella abrió la puerta
I crossed the street to her house
and she opened the door
Ella estaba
allí riendo
She stood there
laughing
Sentí el
cuchillo en mi mano y ella no rió más
I felt the knife in my hand and she
laughed no more
Ay, ay, ay, Delilah
My, my, my, Delilah
Por qué, por
qué, por qué, Delilah
Why, why, why,
Delilah
Así que antes
de que vengan a derribar la puerta
So before they come to break down
the door
Perdóname
Delilah, simplemente no pude soportarlo más
Forgive me Delilah, I just couldn't
take anymore
Ella estaba
allí riendo
She stood there
laughing
Sentí el
cuchillo en mi mano y ella no rió más
I felt the knife in my hand and she
laughed no more
Ay, ay, ay, Delilah
My, my, my, Delilah
Por qué, por
qué, por qué, Delilah
Why, why, why,
Delilah
Así que antes
de que vengan a derribar la puerta
So before they come to break down
the door
Perdóname
Delilah, simplemente no pude soportarlo más
Forgive me Delilah I just couldn't
take anymore
Perdóname
Delilah, simplemente no pude soportarlo más
Forgive me Delilah I just couldn't
take anymore
Delilah
[1]
Cita tomado de: Cronick, K. (2024), La empatía: una capacidad en los seres
vivos. En L. Mora-Salas (Coord.). Testimonios psicosociales. Cuaderno de
Investigación N° 1 - Área Psicología Social. Doctorado en Psicología. CDCH/UCV
(En evaluación).
viernes, 25 de abril de 2025
Can they see us? (poem)
K. Cronick
Can they see us?
Do they breathe
some kind of air?
Is it a question of
their souls up there
or do they roam
down here below?
Are they everywhere,
or here nearby?
Are they made of light?
Are they the energy of love?
Are they now free?
In the end,
and then at last,
we have to ask,
can they see
our little children grow?
Do they see us
kissing them in bed
to sleep at night?
Are they the bright
reflections that we see
in a darkened glass?
Or are they shining duplications
of our own deep penury?
Most certainly they care,
they send us rainbows,
and comfort for our griefs.
And they know we’re here.
When in the end,
when I am one of them,
will we embrace
our light-filled forms,
and will I have the nerve
to whisper through the mist
to say the words,
that those still-living
need to hear,
as they have done with me?
Carlos Marx y la fuerza laboral
K. Cronick
Carlos Marx promovió ideas de justicia social y el cambio
socioeconómico para las masas desposeídos en el siglo XIX. Pero el empleo de
sus preceptos no ha producido los cambios que Marx hubiera deseado. Sus
aplicaciones históricas en países como Rusia, China[1],
Cuba y otros lugares no han conducido a economías más justas ya que estos
intentos han resultado en dictaduras brutales.
En la práctica, y apoyándose en la supuesta necesidad de una
dictadura del proletariado[2],
los líderes de grupos revolucionarios asumen el control de sus países con poco
interés verdadero en mejorar la vida de los trabajadores. Emplean el apoyo ideológico
de sus seguidores sólo para llegar al poder y mantenerlo.
Muy pronto, desde la instalación de estas dictaduras, sus
líderes concentran la riqueza en sus propias manos y en las de los altos
funcionarios de sus regímenes. Prohíben a organizaciones como sindicatos y otros
organismos independientes. También se alejan de cualquier forma de autogestión
o respeto para los derechos humanos. Es más, quienes promuevan cualquier
disidencia en sus territorios terminan acusados de terrorismo o son declarados
enemigos del Estado.
Es decir, el marxismo ha quedado como una ideología
abstracta, pero inoperante para aplicaciones prácticas. No se trata de un
fenómeno únicamente marxista. Es necesario añadir que este tipo de resolución
histórica ocurre en todos los regímenes totalitarios y populistas, tanto de la
derecha como de la izquierda. Sus ideologías aparentes tienen poco que ver con
sus políticas reales.
De hecho, gobiernos absolutistas emplean sus dogmas sólo
como excusas para atraer y mantener seguidores. La oferta pública y
propagandística de todos los populismos -de todas las idolologías- es mayor
bienestar. En la práctica las ideologías quedan sólo como mecanismos para conseguir
el apoyo popular y mantener el poder. Mientras tanto, canalizan los beneficios económicos
hacia ellos mismos. Mientras los propagandistas de la Unión Soviético
proclamaban “¡Proletarios del mundo, uníos!”, y los de Reichsarbeitsdienst
(El Servicio de Trabajo del Tercer Reich) gritaban "El Trabajo Ennoblece”,
los líderes seguían una agenda de gobierno totalmente distinto. También, en
ambos lugares se enseñaba a la gente a ver a los ejércitos militares como un
escape a sus problemas económicas.
Pero hay otros aspectos del marxismo que tienen que
analizarse hoy en día.
Aunque sea cierto que los factores económicos tienen mucha
influencia sobre la consciencia política del “pueblo”, los obreros ya tienen cada
vez menos que ver con las fuerzas de producción. Desde el comienzo del siglo
XXI el obrero ha tenido siempre menos importancia en la manufactura de bienes,
porque los dueños de muchas compañías ven a la robótica como una solución a sus
problemas laborales. En algunos puestos de trabajo robots y sistemas
automatizados hacen lo que antes hacían obreros humanos. Este cambio no sólo
produce desempleo humano, sino que crea una fuerza laboral cibernética que no
requiere los mensajes ideológicos.
Por esta razón el mensaje de los populistas va a ir
cambiando, y a corto plazo. “Proletarios uníos” no tiene la misma fuerza. Los
obreros ni pueden apoyar a los populistas, ni pueden exigir nada a los dueños
de las fábricas. Los patrones los están reemplazando con equipos no-humanos que
pueden ser controlados sin dificultad. Los robots no irían a la huelga, y los
obreros de antes van quedando con poca voz.
La situación de los asalariados ya desempleados no preocupa
en nada a los dictadores de ahora. Sólo tienen que ir modificando su mensaje. De
hecho, en algunos países, aun en las agencias de los gobiernos, hay despedidos
masivos de empleados.
Pero todavía están vivos los obreros de antes. Pueden salir
a protestar como ciudadanos. Entonces el mensaje que los populistas les envía ahora
no tiene que ver con la necesidad de “unirse” sino de dividirse. Están llamados
a protestar contra la presencia de grupos minoritarios, inmigrantes y ciertos
grupos religiosos.
La política anti- inmigrante que existe ahora en varios
países, sobre todo los Estados Unidos, no tiene que ver con una propuesta para
mejorar las condiciones de vida de los actuales ciudadanos. Ahora tiene dos propósitos
distintos: el primero es desviar la atención de la población de los cambios
económicos que realmente están ocurriendo. Y el segundo propósito es crear una
base de ciudadanos leales, unidos en su xenofobia. La idea es que asuman las
divisiones como parte de su propia identidad cultural. Este mensaje se va
reforzando mientras peores sean sus penurias económicas, porque las atribuyen
al “extranjero” que viene a “robar” lo que consideran sus derechos y su patrimonio.
[1] De
hecho, en el sentido económico, la República China ya no emplea estrategias ni
comunistas ni socialistas. Usan una forma de capitalismo del Estado, aunque
todavía emplean los símbolos de su pasado comunista.
[2]
Marx mencionó esta dictadura pocas veces. La idea era que los trabajadores,
como clase socioeconómico, iban a disfrutar del control, como antes hacía la
“burguesía”. No contemplaba una tiranía en que los obreros iban a quedarse como
objetos indefensos de un líder único.
martes, 15 de abril de 2025
LA MENTIRA INDIVIDUAL Y COLECTIVA: UN ENSAYO
LA MENTIRA INDIVIDUAL Y COLECTIVA: UN ENSAYO
Eduardo Rios y Karen Cronick
Ríos, Eduardo y Cronick, Karen (en revisión). La mentira individual y colectiva: un ensayo. En revisión en la Revista Akademos.
RESUMEN
La
palabra “mentira” se define como una expresión lingüística que sería contraria
a lo que el locutor sabe, piensa o siente. Al nivel individual hay cinco tipos
de mentira: a) hay equivocaciones, b) “mentiras inocentes” que tienen el
propósito de facilitar una situación social, c) mentiras por omisión, d) autoengaños,
y e) mentiras útiles que se emplean de manera consciente para lograr algún
objetivo. Las mentiras colectivas o culturales son extensiones de estas
categorías. En este ensayo revisaremos los matices de esta palabra, mentir,
abarcando sus sentidos individuales y colectivos. Ellos engloban varios
subtemas como la capacidad que la persona tiene para reconocer la diferencia
entra la verdad y la mentira, los motivos de la mentira, el papel de la cultura
y las estructuras políticas para crear una consciencia colectiva engañosa y
finalmente, la mentira reiterada en el populismo.
Palabras
clave: Verdad, Mentira, Autoengaño, Cultura, Populismo
INTRODUCCIÓN
La palabra “mentira” se define como una
expresión lingüística que sería contraria a lo que el locutor sabe, piensa o
siente. Esta definición, que es una modificación de lo que ofrece el Diccionario
de la Real Academia, señala tres aspectos que merecen análisis; las mentiras son:
a) afirmaciones que hace una persona conscientemente, y que son contrarias a su
conocimiento de lo “real” o verdadero, b) afirmaciones que surgen del proceso
cognitivo del hablante con la intención de engañar y c) afirmaciones sobre procesos
emocionales que no corresponden a los estados afectivos verdaderos del hablante.
En este inicio de nuestras reflexiones
haremos un repaso a las varias maneras de definir y entender el concepto al
nivel de la persona individual, para poder entender cómo la falsedad se expresa
en grupos y culturas. De manera breve podemos señalar varios tipos de mentira.
A veces las personas se equivocan y dicen algo contrafactual sin tener la
intención de mentir. Hay “mentiras inocentes” o “blancas” en que una persona
podría decir, por ejemplo, “Qué lindo vestido” para elevar el ánimo de su
oyente. Las mentiras por omisión ocurren cuando la persona dice sólo una parte
de la verdad, dejando fuera algo que le podría perjudicar. En algunos casos una
persona puede autoengañarse, y decir algo que ella sabría que es falso si fuera
totalmente sincera con ella misma. Hay también mentiras útiles que se emplean
de manera consciente para lograr algún objetivo.
En las próximas páginas de este ensayo
revisaremos los matices de esta palabra, mentir, abarcando sus sentidos individuales
y colectivos. Ellos engloban varios subtemas como la capacidad que la persona
tiene para reconocer la diferencia entra la verdad y la mentira, los motivos de
la mentira, la posibilidad de auto mentira, el papel de la cultura y las
estructuras políticas para crear una consciencia colectiva engañosa y
finalmente, la mentira reiterada en el populismo.
LA
CONSCIENCIA INDIVIDUAL Y LA MENTIRA
En el inicio de este ensayo hemos definido
la mentira en términos de la consciencia individual. Esta definición habla de
un locutor, es decir, un individuo que habla y se comunica con otras personas.
Se trata de una comunicación interpersonal y engañosa. Pero hay mentiras
internas también, de pensamiento y sentimientos. Y todas las mentiras tienen
algún propósito.
Siempre están ligadas a la intencionalidad.
Las cogniciones están inmersas en procesos cerebrales combinados con los actos
voluntarios. La intencionalidad refiere a la capacidad que tiene la mente de
representar sus propias acciones en el mundo externo y producir efectos en
él. Es la capacidad que tiene un ser
vivo de dirigir su atención y sus acciones hacia un objetivo específico. Aun las
cogniciones que no sean más que reflejos de percepciones fácticas (Este gato es
negro) tienen lazos con posibles conductas (¿Adopto este gato?). Cuando las
cogniciones se asocian con afectos (¡Este gato es bello!) la relación deja de
ser objetiva y puede cambiar junto con el ánimo del observador.
Normalmente las personas categorizan sus
cogniciones en términos de su veracidad. Distinguen, por ejemplo, entre ideas y
opiniones. Una idea se refiere a un pensamiento o concepto, que generalmente se
relaciona con el contenido del pensamiento o una observación, mientras que la
opinión se refiere a una creencia o juicio personal. Las ideas pueden tener pretensiones objetivas
o subjetivas, mientras que una opinión sería siempre subjetiva, y estaría ligada
a los motivos de cada persona.
Las mentiras, en cambio, son afirmaciones
que son intencionalmente contrafactuales. En este caso hay que calificar la noción de
“factual” para la psicología de la persona individual. La verdad es un valor intangible,
y una gran parte de la literatura filosófica está dedicada a elucidar su
naturaleza. Es una realidad trascendente y abstracta, que existe más allá de la
experiencia individual. En un sentido formal, determinar la verdad requeriría un
método para poder declarar que una afirmación dada sea aceptable. Cristian
Plantin (1998) habla de la aplicación de las reglas del silogismo para
determinar la racionalidad de una afirmación, y menciona también el papel de
las formas argumentativas, determinas empíricamente, y esquemas deductivos, que
se desarrollan a partir de fórmulas como la analogía y el modelo. Son importantes
en el pensamiento académico y científico, pero tienen escasa aplicación en el
discurso informal.
Todo el mundo “sabe” qué es verdadero, y a
nivel intuitivo se puede distinguir el concepto de su antónimo, la mentira. Decir
que algo es “verdad” siempre requiere interpretación, basada en lo que se sabe
de cada situación y del mundo en general. La realidad es el estado existente de
las cosas y los hechos. Requiere un método ordenado para determinar su
naturaleza. Sólo se puede tener una confianza relativa en lo que uno ve, oye y
siente, porque, puede haber confusiones y percepciones dudosas. Entonces, es
importante distinguir -al nivel cotidiano - entre la verdad, las equivocaciones
y las mentiras.
Hemos dicho que todas las mentiras tienen
un propósito. Aun las mentiras que uno hace en sus diálogos interiores, sin que
se expresen públicamente, tienen una finalidad. Normalmente las personas tratan
de mantener un cierto grado de coherencia interna o autoestima. “Él me ama”, “Lo puedo hacer”, “Soy mejor que
estas otras personas” son autoafirmaciones, tal vez engañosas, que podrían
servir para reducir angustias, y evitar momentos dolorosos o vergonzosos para
alguien. A veces las personas creen sus
propias mentiras, por lo menos por un tiempo, pero generalmente experimentan
una cierta incomodidad psíquica que surge de su fabricación, como algo
problemático para la persona.
Jacques Derrida (Lilliput,
s/f), en una entrevista con Antoine Spire, habla de la necesidad de separar
la veracidad de la verdad. Es una distinción ética,
porque existe una desaprobación moral a la mentira en todas las culturas. Sin
embargo, a veces decir la verdad puede lastimar a alguien, y una persona podría
mentir con la intención de protegerlo. Así, el motivo noble y benévolo de
proteger, reduciría la carga contra-normativa. Derrida también da el ejemplo de
mentir para proteger a alguien de ser capturado por las fuerzas despóticas de
una dictadura. Se trataría de una escala de valores: en este momento la
exigencia normativa de salvaguardar una vida sobrepasaría la obligación de
decir la verdad.
Posiblemente la mentira existe como un
recurso social. En la misma publicación Antoine Spire (Lilliput, s/f) dice:
“No obstante, pronto nos damos
cuenta de que la incapacidad total de mentir se convierte en una pesadilla. En
efecto, en una sociedad absolutamente transparente en donde todo el mundo dice
la verdad a todo el mundo, se ve cómo la verdad se puede convertir en una
tortura, una violencia, una crueldad intolerable. Se da uno cuenta de que,
finalmente, no se recupera el calor de la mentira de la comedia social en la
cortante frialdad de la verdad.”
Spire
da la impresión de que, a pesar de todo, hace falta un mínimo de mentira para
que haya convivencia y armonía social.
En general, sin embargo, las mentiras
públicas, es decir mentiras que se verbalizan frente a otras personas, tienen
un costo personal. Las personas, aun las habitualmente mentirosas, sienten
cierta incomodad con la práctica, pero con repetición, sus resistencias
disminuyen. Dicen Garrett., Lazzaro,
Ariely et al (2016 )
“De manera crítica, el grado de
reducción de la sensibilidad de la amígdala a la deshonestidad en una decisión
presente en relación con la anterior predice la magnitud de la escalada de la
deshonestidad interesada en la próxima decisión. Los hallazgos descubren un
mecanismo biológico que sustenta una "pendiente resbaladiza": lo que
comienza como pequeños actos de deshonestidad puede convertirse en
transgresiones más grandes.”
Es decir, con la práctica mentir se vuelve
más fácil. Por otro lado, Ceruto (2025) señala que mentir requiere más esfuerzo
emocional y cognitivo que decir la verdad:
“Los estudios de neuroimagen
demuestran que decir mentiras moviliza diferentes áreas del cerebro en
comparación con decir la verdad. La corteza prefrontal, responsable de la toma
de decisiones y el comportamiento social, muestra una mayor actividad cuando los
individuos fabrican información. Este mayor compromiso sugiere que mentir
requiere más esfuerzo cognitivo que decir la verdad, ya que implica la
manipulación de los hechos y las posibles consecuencias.”
Pero añade Ceruto que el hábito crónico de
la mentira puede tener consecuencias cerebrales a largo plazo. Dice que:
“la liberación de hormonas del
estrés, particularmente el cortisol, puede tener efectos duraderos en las
personas que mienten con frecuencia. Los niveles elevados de cortisol se asocian
con una variedad de problemas fisiológicos, incluida la función inmune
debilitada y una mayor susceptibilidad a los trastornos de salud mental.”
LA
MENTIRA EN LA CONSCIENCIA COLECTIVA
Como ha señalado Derrida, al nivel social
y cultural la mentira puede facilitar la cooperación grupal. El engaño existe como una herramienta de cierta
facilitación social. Tanto Ceruto (2025) como Derrida (Lilliput, s/f) observan
que las mentiras pueden servir para mantener la dinámica social. En ciertos grupos
los miembros pueden optar por la deshonestidad para fomentar un sentido de
pertenencia. La presión social para conformarse a la opinión del grupo a menudo
anula las otras consideraciones, y los individuos pueden priorizar la cohesión
de la colectividad sobre un esmero honrado para preservar la veracidad. Este
fenómeno pone de relieve la intrincada relación entre la mentira, la
socialización y el deseo humano de aceptación.
Por otro lado, la mentira colectiva puede
conducir a daños importantes en la interacción grupal y comunitaria. Hay una
diferencia entre alguien que miente sobre el hecho como “No te invitó a la
fiesta”, y los efectos de un político que distorsiona los hechos para propósitos
demagógicos. Para quienes oyen las mentiras de los políticos, hay varios
posibles resultados. Por un lado, pueden rechazar el engaño basándose en
evidencia que tienen de la falsedad de lo dicho.
Por otro lado, pueden aceptar los mensajes
como verdaderos. Pero a menudo, para creerlos, tienen que rechazar evidencias
que revelan la naturaleza de la mentira.
Este rechazo requiere un gasto psíquico que ha sido descrito por
Festinger (1953, 1954 y 1957) como la disonancia cognitiva. Las personas pueden
aceptar la deshonestidad para mantener su sentido de pertinencia y para no
alejar a sus compañeros y familiares. La presión para conformar al grupo puede
ser mayor que su necesidad de coherencia cognitiva. Pero hay un importante
costo psíquico para mantener el autoengaño.
Otra manera que las personas tienen para
rechazar la verdad es ignorarla, y aun crear sistemas paralelos de pensamiento.
Esta estrategia también requiere un desgasto de energía psíquica; a veces las
personas que la emplean desarrollan elaborados esquemas de creencia para
bloquear información que les produce angustia. Dicha angustia puede surgir de la
necesidad de discrepar de las opiniones de un grupo de pertinencia, cuestionar
creencias viejas y aceptar la diversidad en valores e identidades en el mundo. Ejemplos
de estos esquemas son la creencia en un mundo plano, el creacionismo y la
numerología. Estos sistemas tienen sus orígenes en tradiciones arcaicas, y sus
creyentes pueden sentirse más cómodos con credos antiguos, y no abiertos a
cambio. Los hallazgos de la ciencia están siempre en discusión, pero las
creencias fundamentalistas pueden parecer más confiables por ser eternas.[1] Mirsky (2025) habla de un patrón de sistemas
alternativos de pensamiento, los llama “ecosistemas” interconectados.
TEMAS
CONFLICTIVOS EN LA CONSCIENCIA COLECTIVA
Hay temas en la consciencia política que
son problemáticos para la idea de la verdad. Nos hace retomar lo que dijo
Derrida (Lilliput, s/f) sobre la diferencia entre la veracidad de la verdad. A
veces la mentira tiene que ver con temas que son temporalmente o
geográficamente limitados. Un ejemplo dado por Derrida es la idea de la
soberanía. Desde que la civilización tiene memoria el mundo se ha dividido en
parcelas de poder, regidos por reyes, conquistadores, dictaduras, colonias y variadas
formas de consulta popular. Estas parcelas han pasado por variadas identidades
tribales, etnias, razas y culturas. Cuando se trata de culturas ubicadas en territorios
específicos, que cambian de identidad y de regencia, puede haber conflictos de
identidad ligados a estos espacios. Los antiguos dueños de una tierra dada pueden
reclamar su jurisdicción anterior. Un ejemplo sería la reconquista de Granada
por los Reyes Católicos. Un ejemplo moderno sería Islas Malvinas, que forman
parte de un archipiélago del Atlántico Sur cuya regencia disputan Argentina y
el Reino Unido.
Igualmente, los habitantes de un país
conquistado pueden rechazar el dominio del conquistador, como han hecho algunos
grupos indígenas en las Américas, o como pasó en el pueblo polaco bajo la
dominación de Alemania en el siglo XX y luego, con la oposición de Lech Walesa
a la ocupación de la Unión Soviética. Igualmente, las culturas y las
expectativas sociales de los habitantes en un reinado o un país pueden cambiar
en el tiempo, y con ellos, la identidad sociopolítica de las colectividades.
Otra área en que la consciencia colectiva
puede cambiar es cuando algunos sectores que antes han sufrido discriminación
comienzan a reclamar, no sólo sus derechos, sino su propia identidad. Ejemplos
son las mujeres en casi todo el mundo después del siglo XIX, y grupos excluidos
por razones de raza o religión en Europa y las Américas. Cuando ocurran estos
cambios los reclamos de un grupo pueden ser entendidos por los grupos
dominantes como falsedades amenazantes.
LA
MENTIRA EN LA VIDA POLÍTICA
Dice Hannah Arendt (1971) que la
“discreción”, el engaño y la deliberada falsedad han sido “medios legítimos”
para lograr fines políticos desde el comienzo de la historia registrada. Ella
cuestiona el silencio de los filósofos tradicionales sobre este problema. Sin embargo, ella añade que:
“Somos
libres de cambiar el mundo y de empezar algo nuevo en él. Sin la libertad
mental de negar o afirmar la existencia, de decir "sí" o
"no" —no sólo a los enunciados o proposiciones para expresar acuerdo
o desacuerdo, sino a las cosas tal como se dan, más allá del acuerdo o del
desacuerdo, a nuestros órganos de percepción y conocimiento— no sería posible
ninguna acción; Y la acción es, por supuesto, la misma materia de la que está
hecha la política”
(p. 2).
Estas reflexiones surgen como una
respuesta después de la publicación de los “Pentagon Papers” (los documentos
del Pentágono)[2].
Arendt observa que el secreto que guardaba este documento, y muchos otros del
mismo estilo, no obedecían a la excusa tradicional de “secretos de Estado”. No
tenía por objetivo esconder estrategias de guerra de algún enemigo. Dice que el
punto crucial es que la mentira se dirigía exclusivamente al consumo doméstico.
Es decir, el gobierno ocultaba sus atrocidades sólo para no despertar la ira de
sus propios ciudadanos con respecto a los crímenes cometidos en su nombre.
Los Estados Unidos era una democracia en
ese entonces. Este tipo de mentira no fue destinada a respaldar a un populista
en el poder, sino para proteger las políticas de los funcionarios que llevaban
una guerra sumamente impopular. A continuación, examinaremos como los
populistas emplean la mentira como parte de sus estrategias de base.
La
mentira en el populismo
El populismo casi siempre emplea la
estrategia de fomentar las divisiones sociales y los resentimientos entre sus
seguidores basados en esquemas de identidad. La relación entre los
resentimientos culturales y la identidad de estos ecosistemas culturales no
está clara. Musil, (2013) en su novela, El hombre sin Cualidades, creó un país
ficticio llamado Kakanien, basado en el Imperio Austro Húngaro de los inicios
del siglo XX. Dijo que había un gran malestar en Kakanien, y que:
"Era sólo que el resentimiento
natural de todos hacia los esfuerzos de los demás por salir adelante, un
resentimiento que todos sentimos hoy en día, se había cristalizado antes en
Kakanien, donde se puede decir que asumió la forma de un rito ceremonial
sublimado, que podría haber tenido un gran futuro si su desarrollo no se
hubiera visto interrumpido prematuramente por una catástrofe" (Musil, 1955, pág. 30).
Dicha catástrofe fue la Primera Guerra
Mundial. Luego, frente a los acontecimientos políticos en Alemania en la década
de 1930, Musil quiso utilizar su novela como una advertencia contra la
"próxima catástrofe masiva". Vio paralelos entre el movimiento nazi
en 1933 y el inicio de la Primera Guerra.
La separación de las poblaciones en
diferentes grupos de identidad siempre ha existido. Los países son extensiones
geográficas que son administradas de manera centralizada en monarquías,
dictaduras, sistemas democráticos y otras administraciones. Entre sus
pobladores puede haber personas que provienen de grupos culturales o raciales
distintos. Pueden reconocerse entre sí como ciudadanos del mismo país, pero
discreparse sobre la pertinencia de sus culturas, o sus derechos para
participar plenamente en la toma de decisiones que afectarían a todos. A veces
hay resentimientos que quedan ocultos por mucho tiempo, o que se expresan sólo
esporádicamente. Señalar estas diferencias, y exacerbarlas es una vieja
estrategia empleada por los populistas para obtener y mantener el poder.
David Brooks (2025) cita a George Orwell
para referirse al afán de poder. Dice que Orwell (1980) entendió que hay
personas que buscan el poder “sin tener ninguna visión del bien”. El individuo,
y el partido con el cual está asociado, buscan el poder por sí mismo sin otros
motivos, excepto tal vez, riqueza. Pero, aun así, no buscan riqueza como un
motivo principal, básicamente quieren el poder puro.
Una manera que tienen el populista y sus
seguidores para demostrar que verdaderamente tienen poder es hacer sufrir a los
demás. Brooks evoca a Orwell cuando dice que la obediencia no es suficiente. El
poder está en infligir dolor y humillación. Esta capacidad para causar dolor
puede ser un atributo que compartan por lo menos algunos los seguidores del
líder populista: ellos disfrutan del poder vicariamente por medio del
sufrimiento de los grupos e individuos excluidos. Al mismo tiempo saben que pertenecen
al grupo protegido, y así pueden contentarse con la tranquilidad de sentirse
personalmente a salvo.
Recién ha habido múltiples denuncias sobre
la deportación de personas por el gobierno estadounidense hacia una cárcel en El
Salvador. No han sido identificados como “criminales”, pero aun si hubieran
sido enjuiciados, la deportación es ilegal en este país. A ninguna de ellas se le
había sometido a un juicio legal. Los seguidores del actual gobierno
estadounidense defienden esta acción porque se trata por ahora de inmigrantes y
grupos minoritarios. Este disfrute del dolor ajeno no es, en sí, una mentira,
pero aceptar las acusaciones de los poderosos, sí, involucra una participación
en la calumnia. Tanto quienes promueven las falsificaciones como aquellos que
deciden creerlas necesitan razones que justifiquen sus actos contra normativos.
En su novela La Cabaña del Tío Tom,
Harriet Beecher Stowe (2021) refiere a estas mentiras en otro escenario, en el
mundo esclavista de sur de los Estados Unidos. Uno de sus personajes
principales, un dueño de esclavos llamado Augustine St. Clare, describe la
necesidad de ubicar sus apreciaciones morales incompatibles en “cajas
distintas”:
"... Todo lo que quiero es que
diferentes cosas se guarden en diferentes cajas. Todo el tejido de la sociedad,
tanto en Europa como en América, está compuesto de varias cosas que no
resistirán el escrutinio de ninguna norma ideal de moralidad. Generalmente se
entiende que los hombres no aspiran al derecho absoluto, sino sólo a hacerlo
tan bien como el resto del mundo. Ahora, cuando alguien habla... Y dice que la
esclavitud es necesaria para nosotros, que no podemos vivir sin ella, que
seríamos mendigos si renunciáramos a ella y, por supuesto, que tenemos la
intención de aferrarnos a ella: este es un lenguaje fuerte, claro, bien
definido; tiene la respetabilidad de la verdad; y, si podemos juzgar por su
práctica, la mayor parte del mundo estará de acuerdo con nosotros..."
(Stowe, Capítulo 16).
La exageración y la distorsión son
consustanciales con mucha de la práctica política, y de allí que el exceso demagógico
sea siempre posible. La populista miente
y ofusca, y crea la mentira como una estrategia posible de lo irracional. Puede
crear mentiras no compatibles. Parte de esta estrategia es lograr que la
población bajo su mando tenga que aceptar todo sin reclamar.
Personajes
Las personas a veces generan reputaciones
por negarse a mentir, o por “ser mentirosas”. Arístides de Atenas fue alabado
por su honestidad, Socrates por su honorabilidad. George Washington fue
conocido por no mentir. La mayoría de los seres humanos tenemos historias
mixtas de honestidad.
Por otro lado, los populistas tienen fama
de invulnerabilidad porque están libres de las exigencias de la veracidad. Esta
fama puede tener un propósito: la verdad no importa. Mentir se convierte en una
manera de comunicarse. Hannah Arendt (1971) expresó:
"Mentir constantemente no
tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya
nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la
mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado
del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente
sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que
quieras".
Culturalmente ha sido importante
identificar a los personajes que emplean las mentiras como estrategias de
poder. Es una zona patrimonial sombreada e incómoda. Shakespeare creó algunos
personajes para ilustrar la presencia del engaño y la manipulación en el poder.
Por ejemplo, Yago (en la obra de Otelo) finge ser el amigo leal de Otelo
mientras facilita su destrucción como persona y como personaje público. Por su
parte Ricardo III (en la obra Ricardo III) elabora un esquema de asesinatos y
engaños para convertirse en el rey de Inglaterra. Finge amistad y lealtad
mientras trama sus crímenes. Son personajes ficticios, y estrategias antiguas,
pero socialmente incómodas, y para Shakespeare y quienes asisten todavía a sus producciones,
era (y es) importante analizar este tipo de conducta.
CONCLUSIONES
Las mentiras políticas para mantener u
obtener poder son de larga data. Casi desde el inicio de los tiempos históricos,
importantes pensadores las han denunciado. Tal vez una de las denuncias más
viejas puede encontrarse en la defensa que hizo Sócrates en el año 399 a.C. frente
a sus acusadores en Atenas por haber supuestamente “corrompido” a la juventud
de la ciudad y haberles dado motivos para dudar de la existencia de los dioses.
Podemos reflexionar sobre aquellos
tiempos. Atenas acaba de salir de un tiempo desastroso en que un grupo de sus
ciudadanos intentaba formar una dictadura nefasta, el gobierno de los Treinta
Tiranos. Durante los meses que los tiranos estaban en el poder, se produjo la
matanza de muchos opositores y la confiscación de sus bienes. Al restaurar en
algo los viejos derechos después de acabar con este breve despotismo en el
comienzo del siglo IV a.C., los atenienses estaban apenas explorando la
posibilidad de reelaborar su vieja democracia. Probablemente, en el tribunal
que acusó a Sócrates en el año 399 a.C., había viejos colaboradores y
simpatizantes con la dictadura, y personajes incómodos con el cuestionamiento
libre de este gran filósofo. Sócrates dijo en su defensa que sus acusadores
eran anónimos y que tenía que defenderse contra mentiras creadas por razones de
prejuicio y poder. Platón relata cómo se dirigió al público en el momento de su
juicio:
“Todos los que por envidia y malicia
te han persuadido, algunos de ellos habiéndose convencido primero a sí mismos,
toda esta clase de hombres son muy difíciles de tratar; porque no puedo
tenerlos aquí arriba e interrogarlos, y por lo tanto simplemente tengo que
luchar con las sombras en mi propia defensa, y argumentar cuando no hay nadie
que responda…. (Platón, p. 20-21).
Bengoa (1992) señala que, a partir de
Descartes, la filosofía política ha buscado una “fundamentación última [….
basada en] la certeza indubitable del cogíto” (p 7-8). Es una base
sumamente humana, sin más apelaciones que la razón. En el siglo XX han
comenzado a examinar “las relaciones entre la concepción hermenéutica y la
concepción fundacionalista de la filosofía” (p. 9), en que el discurso político
se enfoca sobre sí mismo, como un proceso de elaboración, más que una búsqueda
de soluciones conclusivas. Supone Bengoa que las conclusiones del diálogo libre
e inclusivo conducen a la constante “reconstrucción racional del saber
implícito de todo hablante y, por tanto, no pueden traspasar el valor
hipotético de toda reconstrucción. Y, por tratarse de hipótesis, deben ser
constantemente contrastadas con las prácticas concretas de los hablantes” (p.
15).
Entonces, estaríamos re-construyendo
constantemente la historia y las reglas de interacción política. Pero no desde
la nada. Tenemos cuatro milenios de historia escrita que nos recuerdan los
aciertos y equivocaciones del pasado. Algo podemos concluir sobre la naturaleza
de la justicia.
Arendt (1971) dice que:
“Una característica de la acción
humana es que siempre comienza algo nuevo, pero esto no significa que esté
permitido comenzar ab ovo[3],
crear ex nihilo. Con el fin de hacer espacio para la propia acción, algo
que estaba allí antes debe ser removido o destruido, y las cosas como eran
antes son cambiadas. Tal cambio sería imposible si no pudiéramos alejarnos
mentalmente de donde estamos físicamente ubicados e imaginar que las cosas
podrían ser diferentes de lo que realmente son. En otras palabras, la capacidad
de mentir, la negación deliberada de la verdad fáctica y la capacidad de
cambiar los hechos, la capacidad de actuar, están interconectadas; deben su
existencia a la misma fuente, la imaginación.”
El discurso público, por necesidad incluye
“las meras opiniones”, en que nadie tiene que rendir cuentas a nadie, “Al
final, la obligación política devendría del acuerdo de opiniones, porque no
habría un modo —no autoritario— de discriminar entre ellas” (Maldonado, 2012).
En el proceso de construir acuerdos, la verdad se asoma, por lo menos a largo
plazo. Es una verdad socialmente construida, y válida para la población que la
haya elaborado.
Tal como pasó con Sócrates, ha habido
tantas otras víctimas de las mentiras de los poderosos. Para oponérseles a
veces es suficiente revelar que las mentiras existen. Hemos mencionado la
publicación de los “Pentagon Papers”. Dice Arendt sobre la capacidad que tiene
la mentira para perdurar en el tiempo:
“En circunstancias normales, el
mentiroso es derrotado por la realidad, para la que no hay sustituto; No
importa cuán grande sea el tejido de falsedad que un mentiroso experimentado
tiene para ofrecer, nunca será lo suficientemente grande, incluso si solicita
la ayuda de computadoras, para cubrir la inmensidad de la realidad. El
mentiroso, que puede salirse con la suya con cualquier número de falsedades
individuales, encontrará imposible salirse con la suya mintiendo por principio.
Esta es una de las lecciones que se podrían aprender de los experimentos
totalitarios y de la aterradora confianza de los gobernantes totalitarios en el
poder de la mentira — en su capacidad, por ejemplo, de reescribir la historia
una y otra vez para adaptar el pasado a la "línea política" del
momento presente, o para eliminar los datos que no encajaban con su ideología…
(p. 3)
Tenemos que suscribir a la apreciación de
Arendt. Para tener éxito, la destrucción de la evidencia que revelaría
eventualmente a la verdad tendría que ser total. Esto no es posible porque las
autoridades deben jugar en los dos campos a la vez. Tienen que mantener sus subterfugios
entre los seguidores, pero a la vez tienen que conocer los hechos reales para
poder elaborar sus políticas gubernamentales.
Como dice Arendt, podemos confiar en la
imposibilidad para ocultar la verdad para siempre. Pero el daño hecho por las
atrocidades de los poderosos no es reparable. Los efectos perduran a pesar de
que eventualmente los crímenes puedan salir a la luz. Podemos revelar la
verdad, aunque su costo humano, como el “terrible número de crímenes de guerra
cometidos en el curso de la guerra de Vietnam” (p. 4) no se reduce por haberlo
revelado.
Sin embargo, revelar la verdad es una obra
importante. Arendt añade que aun en los casos de Hitler y Stalin, ocultar la
verdad para siempre requeriría la omnipotencia. Stalin no pudo eliminar el
papel de Trotsky de la historia de la Revolución Rusa, aun asesinándolo y
borrando sus imágenes de las fotos oficiales.
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Wilson, Group relations at the crossroads. 232–256). New York: Harper.
[1]
El creacionismo, que niega la idea de la evolución de las especies, propone que
el mundo tiene 6000 años y fue creado en los tiempos bíblicos. Parte del
movimiento que apoya la idea de un mundo plano también acepta el creacionismo.
De hecho, los creyentes en un mundo plano tienden a rechazar la teoría de la
evolución y algunos son antisemitas y creen en la superioridad de la raza
blanca. Son sistemas de pensamiento que tienden a mezclarse en las mismas
personas. Dice Mirsky, “Vemos estas diferentes teorías de conspiración
agrupándose” (Mirsky, 2025).
[2]
Los Pentagon Papers (los Papeles del Pentágono) era el nombre de un estudio
secreto preparado por el Departamento de Defensa (the Defense Department)
estadounidense, que describía la historia de la guerra que este país libró en
en Vietnam entre los años 1945 y 1967. El documento fue sustraído por Daniel
Ellsberg, un funcionario del Pentágono, y fue publicado por Los New York Times
en 1971. Revelaba atrocidades y mentiras cometidas en esta intervención, y
escondidas del conocimiento público.
[3] Ab
ovo significa en latín, desde el huevo. Es decir, desde el mismo comienzo
de las cosas.
[4] No
siempre está posible incluir los números de los volúmenes y las páginas de los
artículos originales cuando la fuente de la referencia sólo está accesible en
línea.