lunes, 22 de junio de 2026

DERECHA E IZQUIERDA: ¿QUÉ SON?

K. Cronick

(Los pies de página se encuentran al final.)

 

I.                 INTRODUCCIÓN

 En este ensayo exploraré los enfoques teóricos que han sido elaborados por pensadores del pasado y la actualidad para describir a las dos posturas ideológicas apeladas “derecha” e “izquierda”.

 Comenzaron a aparecer en el siglo XIX. Nunca han sido plasmados como regímenes reales en sus postulados originales en ninguno de los grandes escenarios nacionales donde han ocurrido “revoluciones” políticas para instalarlas. Siempre han sido modificados para acomodar los intereses de sus líderes políticos de turno.

 Para defender esta afirmación haré un repaso de algunas descripciones teóricas de dichos modelos, y luego las compararé con ciertos ejemplos claves de países que se han hecho llamar derechistas o izquierdistas.

 El concepto de trabajo

 Es importante contextualizar estos enfoques por la historia del trabajo en los dos sentidos de la labranza y el empleo. Los seres humanos siempre hemos labrado. Estos vocablos pueden referirse al desempeño en cualquier obra. Hoy en día la palabra “trabajo” tiende a sugerir una actividad remunerada (empleo), pero se puede trabajar inclusive en la realización de una pintura cuyo objetivo se limita al disfrute del pintor. Es algo que resulta cuando la actividad humana produce algo; puede distinguirse del “juego” y de actividades como los deportes, las fiestas, los rituales, la lectura recreativa y el canto los cuales no dejan ninguna obra física. Actividades como limpiar una casa, cocinar y reparar el carro propio implican esfuerzos y generan la limpieza, la comida y un automóvil que funciona. Por esta razón pueden considerarse también como trabajo.[1]

Cuando estos esfuerzos sean ocupaciones retribuidas entran en una categoría de actividades que forman parte de un sector económico.   

 Una estructura económica se refiere a cómo los diferentes sectores productivos se relacionan entre sí. La historia humana ha generado múltiples sistemas para distribuir el trabajo y los recursos que provienen de él. Primero hubo sociedades nómadas que vivían de la caza, la pesca y la recolección. Con la revolución neolítica, apareció la agricultura, y con ella el intercambio por medio del trueque. En la Edad Antigua, los egipcios y los griegos adoptaron sistemas dominantes y aun esclavistas, donde el producto del trabajo no pertenecía a los fabricantes, sino a los dueños de los labradores. Luego apareció el feudalismo, en que la propiedad de la tierra quedaba en manos de señores nobles, y los siervos sólo recibían algo de protección y un mínimo de sustento.  La economía era generalmente local, basada en la agricultura y con un sistema de comercio basado en mercados y ferias.[2]

 El trabajo remunerado con un salario puede encontrarse en la sal que recibía el legionario romano como una recompensa por su dedicación. En una época la sal tenía mucho valor y podía ser usada como una divisa para adquirir otros bienes. El concepto de salario moderno se origina tras la Revolución Industrial, cuando los obreros comenzaron a trabajar en las fábricas. De este modo, la recompensa para laborar comenzó a separarse del producto del trabajo.

 Esta distinción independizó al obrero de una granja o taller particular y le permitió cierta libertad. Pero a la vez lo hizo anónimo, como parte de una fuerza laboral o un miembro del proletariado que estaba sujeto a las decisiones de los dueños de las fábricas. Con este cambio no pudo decidir el precio que iba a cobrar para vender su producto porque tenía que aceptar las condiciones impuestas sobre todos los demás empleados.

 Estas condiciones dieron las bases para el nacimiento de las ideologías.

 El nacimiento de las ideologías

 La “invención” de los diferentes enfoques económicos entre la derecha y la izquierda nació luego de los debates de la Ilustración y prontamente, la aparición de la Revolución Industrial.

 La Ilustración fue un movimiento filosófico, científico y político que se desarrolló en los siglos XVII y XVIII, y se extendió en algunos de sus aspectos, hasta el principio del siglo XIX. Es posible fijar su inicio con la publicación del "Discurso del Método" de René Descartes en 1637, o con los libros que componen el "Principia Matemática" de Isaac Newton en 1687. John Locke fue uno de los fundadores del liberalismo y del empirismo. Reconoció la importancia de la cultura en la formación del pensamiento.[3] La Ilustración dio lugar a mucha reflexión sobre la racionalidad, la naturaleza de la libertad, y los problemas de la repartición de la riqueza. Tuvo una gran influencia en el sistema parlamentario inglés, y la Declaración de Independencia estadounidense y su posterior Constitución nacional. Sus anhelos políticos tenían que ver con la abolición de las monarquías absolutas y la voluntad para la creación de gobiernos que podrían ofrecer libertad, igualdad, tolerancia y fraternidad.

 Frecuentemente los dirigentes políticos emplean términos tomados de sus respectivas teorías fundantes para denotar sus programas administrativos, aun cuando estos programas tengan escasa relación con el lema empleado. Al final, estos programas terminan funcionando más como facciosos ejercicios discursivos de poder que intentos reales para reflejar la esencia de estos modelos.[4]

 En este ensayo argumentaré que el problema que subyace en este fenómeno tiene que ver con el abandono de los ideales básicos de ambas propuestas socioeconómicas. Como veremos, tanto las aspiraciones de la derecha como las de la izquierda nacieron de anhelos libertarios y del deseo de aumentar el bienestar de las clases populares. En la práctica ellas han servido a menudo para fortalecer el uso arbitrario y despiadado del poder.

Todavía hoy en día hay quienes ocupan posiciones de poder, o aspiran hacerlo, que emplean los vocabularios típicos de su marca ideológica, como estrategias de mercadeo. Es más, los mandatarios se agrupan en alianzas de países que comparten los mismos discursos. Parte de la razón de estas alianzas es histórica: los partidos y regímenes de la izquierda han formado lazos diplomáticos e industriales de interés, y estos lazos tienen un valor estratégico para ellos.  De forma similar los de la derecha también comparten estructuras económicas de producción y comercialización.

 Es importante resaltar que el Estado histórico siempre ha controlado las economías; la diferencia más básica y formal entre la derecha y la izquierda proviene de la designación de quiénes deberían ejercer esta autoridad. Como referencias a las teorías históricas de las doctrinas he resumido sus posiciones básicas en los siguientes párrafos. Luego consideraré cómo estos enfoques influyen ahora para manejar las economías mundiales.

 II.               EL ENSAYO COMO MÉTODO

 El ensayo analítico es un método teórico, exploratorio y no experimental que no pretende verificar ninguna hipótesis. Se trata de una exploración de la historia y la actualidad de un tema para desarrollar nuevos argumentos y críticas, y proponer nuevas interpretaciones.

 La ciencia es la investigación filosófica basada en la duda. La necesidad de claridad metodológica es la forma más fiable de generar conocimiento. En las páginas siguientes evaluaré las diferencias históricas actuales entre las posiciones ideológicas agrupadas en las categorías generales de la derecha y las de la izquierda.

 

III.              DESCRIPCIONES HISTÓRICAS DE LAS DOCTRINAS SOCIO-ECONÓMICAS

 A continuación, haré una breve descripción crítica de los elementos doctrinarios propuestos por las grandes ideologías que llamamos “derecha” e “izquierda”. Estas ideologías se conocen por varios nombres, los cuales pueden designar ciertas diferencias teóricas entre sus autores. Por ejemplo, se ha referido a la derecha como el liberalismo económico, el neoliberalismo, el conservadurismo, la economía de mercado y el capitalismo entre otros términos. Estos términos no son equivalentes; en algunos casos pueden considerarse antónimos, porque el liberalismo defiende la libertad individual, la igualdad de oportunidades y la limitación del poder del Estado. En este sentido se opone al autoritarismo en todas sus formas, mientras el conservadurismo y el neoliberalismo pueden incluir proyectos proteccionistas, y aun xenofóbicos en oposición al libre mercado.

 A la izquierda se le aplican términos como economía keynesiana[5], el asistencialismo, el socialismo, el comunismo[6], la economía planificada y el comunitarismo entre otros. De nuevo, se trata de un conjunto de descriptores cuyos valores y proyectos no siempre coinciden.

 A veces se emplean los términos derecha e izquierda para discriminar entre los principales sistemas dictatoriales, por ejemplo, el fascismo es considerado derechista, mientras el comunismo bolchevique tiende a ubicarse en la izquierda. En un sentido teórico esta discriminación carece de sentido porque los ejemplos históricos de este tipo de régimen, como los de Hitler o de Stalin, empleaban similares sistemas absolutos de control económico y social. El uso que daban a sus lemas políticos no concordaba necesariamente con sus proyectos prácticos.  

 A continuación, repasaré los temas socioeconómicos de: 1) la libertad, 2) la condición económica y social de los trabajadores, 3) el valor de la mercancía, 4) el mercado libre o controlado y 5) la división del trabajo. Analizaré como ellos han sido incorporados por las facciones de la derecha y la izquierda y haré unas breves reflexiones al respecto.  Luego, en la siguiente sección consideraré cómo estos antecedentes teóricos han sido empleados en los siglos XX y XXI.

 1.      La libertad

 

Como he señalado, las propuestas originales de la izquierda y la derecha eran libertarias, y ambas tuvieron raíces en los debates de la Ilustración. 

 

El nacimiento de ideas libertarias en el siglo XIX

 

Los términos “izquierda” y “derecha” nacieron como enfoques ideológicos durante la Revolución Francesa. Estos descriptores provienen de los lados en que les correspondía a los delegados de la Asamblea Nacional Constituyente en París sentarse en el auditorio. Los que defendían al rey Luis XVI se sentaban en el lado derecho de la sala, y eran conservadores, mientras que sus oponentes, que proponían la abolición del viejo sistema, se situaban en el otro lado. Los del lado izquierdo de la Asamblea Nacional abogaban por el fin de la monarquía y el comienzo de un gobierno que representaría también a los ciudadanos no-aristócratas.

 

Se trataba de las aspiraciones para crear un sistema basado en la soberanía popular y la igualdad ante la ley. Se formularon los principios de los derechos humanos, promoviendo así la libertad individual, la igualdad y el derecho a la propiedad privada.

 

Es importante examinar con cuidado en estas reflexiones la noción de “libertad” propuesta por la Izquierda política francesa al final del siglo XVIII. El liderazgo del movimiento llegó a las manos de Maximilien Robespierre y Georges Jacques Dantón. Eran líderes que paradójicamente aceptaban y promovían el reino de terror que caracterizaba las incontables ejecuciones en las plazas públicas de París en estos tiempos. Ambos participaban en los esfuerzos para eliminar a la realeza y sus nobles, pero estos dos delegados eran también competidores para ejercer el poder en la Asamblea. Al final ambos murieron bajo la misma guillotina que habían empleado para eliminar a sus enemigos patricios.

 

Robespierre todavía queda en la imaginación popular como un tirano y representa el terror revolucionario, cuyo legado reaparece cuando ciertos movimientos intentan afianzarse en el poder.

 Queda como una ironía histórica que estos campeones de la libertad tuviesen diseños tiránicos. Y el legado de su ejercicio de poder era más tiranía. De hecho, la Revolución Francesa terminó en el reino imperial de Napoleón Bonaparte en 1804. La Segunda República Francesa, después de Napoleón duró sólo cuatro años, de 1848 a 1852. Charles de Gaulle declaró el inicio del sistema actual, la Quinta República, el 4 de octubre de 1958. Después de los excesos de su Revolución, el país tuvo que esperar más de 150 años para cumplir con sus ideales.

 El inicio de la idea de libertad como una ideología

 Luego de la derrota de Luis XVI y sus herederos, y el afianzamiento del gobierno parlamentario inglés, la derecha política comenzó a adoptar ideas libertarias en el sentido de un mercado libre. Tanto Adam Smith como sus seguidores en el siglo XX hablaban de la necesidad de proteger a las naciones y sus poblaciones de posibles limitaciones impuestas por el poder estatal. 

 El libre mercado era considerado por la derecha, no sólo como un medio para promover la prosperidad económica, sino también como un avance cultural que iba a tener un alto valor civilizatorio. Dijo Milton Friedman (1982, p. 11) que “Los grandes avances de la civilización, ya sea en arquitectura o pintura, en ciencia o literatura, en industria o agricultura, nunca han venido de un gobierno centralizado.”[7]  

 Defiende esta afirmación dudosa diciendo que estos innovadores culturales “fueron producto del genio individual, de opiniones minoritarias firmemente arraigadas y de un clima social que permitía variedad y diversidad” (ibid.). Es una afirmación curiosa, y, además, deja afuera la historia de los mártires de la ciencia y la filosofía como Sócrates, Hipatia de Alejandría, Nicolás Copérnico, Giordano Bruno, Galileo Galilei, y otros que fueron condenados o severamente limitados por haber propuesto nuevas ideas.

 Sin embargo, está claro que en un ambiente de libertad política los avances socioculturales prosperan con más apertura. Nuestras ideas sobre la libertad están muy ligadas a los conceptos de justicia. Steiner y Vallentyne (2009) refieren a cómo los requisitos de la justicia en sus varias acepciones moldean lo que al final se permite:

 El término 'justicia' se utiliza comúnmente de varias maneras diferentes. A veces designa la permisibilidad moral de las estructuras políticas (como los sistemas jurídicos). A veces designa Equidad moral (en contraposición a la eficiencia u otras consideraciones relevantes para la permisibilidad moral). A veces designa legitimidad en el sentido de que es moralmente inadmisible que otros interfieran por la fuerza en el acto u omisión […] Finalmente, a veces designa lo que nos debemos mutuamente en el sentido de respetar los derechos de todos. Por supuesto, estas nociones están estrechamente relacionadas. Lo que nos debemos mutuamente puede, pero no es necesario, basarse en parte en cuestiones de justicia. La legitimidad y permisibilidad de las estructuras políticas están en gran medida, aunque quizás no completamente, determinadas por los derechos que tienen los individuos de no interferencia (Steiner y Vallentyne, 2009).

 Lo que estaría permitido o negado por ser justo o injusto afecta la libertad de cada persona y cada grupo, y las variadas posiciones ideológicas se ocupan de señalar los límites, las autorizaciones y las licencias. Incluso los sistemas morales y religiosos que rebasan las ideologías se vinculan a lo que nos permitimos y lo que nos es permitido por nuestra cultura. Cada cultura es diferente al respecto.

 Con frecuencia la moralidad permea las mismas ideas ideológicas. José Rafael Herrera (2026) abre su artículo “La supremacía moral del izquierdismo” con este párrafo acertado:

 Uno de los rasgos característicos de ciertos sectores de la izquierda contemporánea es la presunción de detentar una superioridad moral que pareciera darles ventaja sobre sus adversarios. Ya no se trata, como en otros tiempos, de sostener determinadas ideas sobre la justicia social, la igualdad o los derechos humanos. Ahora se trata de algo mucho más profundo y sublime: la creencia de ocupar una posición privilegiada -una suerte de púlpito invisible- desde donde les resulta oportuno juzgar y dictar sentencia sobre el resto de la sociedad.

 El autor distingue entre, por un lado, “una fuerza crítica contra las formas establecidas de dominación” y, por el otro, “doctrina” y “dogma”. Es necesario reconocer que al final, el fundamento de todas las ideologías tiene rasgos morales. Herrera habla de “Una energía moral e intelectual que se niega a aceptar como naturales las jerarquías políticas, económicas o culturales” como la base de una crítica productiva. Pero al convertirse en dogmas, las exigencias morales “suelen terminar exigiendo obediencia”, que ya no permite cuestionamiento. Sigue Herrera:

 Hegel analiza la figura de la conciencia moral abstracta y de la llamada “Alma bella” (die schöne Seele), especie de conciencia que se contempla a sí misma como depositaria de la pureza moral. Su problema no consiste en la falta de principios, sino en el exceso de autocomplacencia espiritual. Está tan convencida de su propia bondad y de sus inequívocas convicciones que pierde la capacidad de reconocerse en sus contradicciones reales con el mundo. El alma bella vive en la distancia entre sus ideales y sus actos. Conserva intacta su “pureza”, precisamente porque evita confrontarse con las consecuencias efectivas de sus actos. No se mancha. […] Es, en el fondo, un ejercicio reflexivo que permite explicar por qué algunos de los regímenes más cuestionados del mundo contemporáneo continúan reivindicándose como modelos éticos de emancipación.

 Este fenómeno aparece también en las ideologías y todos los dogmas.[8] Como he mencionado, la doctrina puede terminar como el sostén de intereses creados. Los dirigentes políticos y sus seguidores, al llegar al poder, tienen acceso a recursos y privilegios que no quieren perder, y para resistir sublevaciones y acusaciones, no permiten desviaciones en las teorías socio-político-económicas que los llevaron al poder. A veces se han involucrado en actos ilegales, y aun, en crímenes contra la humanidad, y temen ser juzgados si se cambia o cuestiona el ambiente ideológico que los llevó al mando.

 La condición económica y social de los trabajadores

 La revolución industrial

 La influencia de la Ilustración se extendió desde la ciencia hasta la tecnología. En el siglo XVIII comenzó a influir en los medios de transporte, en la fabricación de los bienes domésticos e industriales, y en la medicina. Este tiempo comenzó a llamarse la “Revolución Industrial”. Se inició en Gran Bretaña y de allí pasó a Europa, América y el resto del mundo.

 La Revolución Industrial no solo transformó la producción de bienes, sino que también alteró radicalmente la forma en que las sociedades se ordenaban. Este proceso afectó la producción de los bienes y cómo se organizaba el trabajo. Marcó un cambio en la misma generación de la riqueza. Las sociedades dejaron de cimentarse sobre economías rurales y agrícolas, y comenzaron a aparecer sistemas productivos e industrializados impulsados por la maquinaria y la producción en masa.

 Una de las transformaciones fue una nueva consciencia sobre la distribución social de los bienes económicos. El trabajo barato de los siervos que estaban bajo el control del señor medieval, y el uso del trabajo esclavizado dejaron de ser una ventaja. La demanda comenzó a requerir una mano de obra calificada para producir, manejar y reparar los productos manufacturados en masa. Este nuevo empleado requería otras condiciones de vida y de derechos civiles.

 La historia del trabajo y el concepto de pobreza

 Desde que las sociedades abandonaran la vida tribal siempre ha habido diferencias de clase social. La esclavitud ha existido durante casi todos estos milenios, y su abolición oficial ha sido tanto gradual como muy reciente. En general los países individuales la han ido eliminando sólo desde los siglos XVIII y el siglo XIX. Brasil fue el último país americano en 1888, pero no fue sino en 1981 cuando Mauritania la ilegalizó, que dejó de existir (legalmente) en el mundo.

 La consciencia de la necesidad de estos cambios llegó por la boca de los nuevos teóricos de la economía. En algunos casos, como en el libro La riqueza de las naciones de Adam Smith (1996), publicado en 1776, hubo proclamaciones sobre el bienestar general como si fuera un "fait accompli":

 La gran multiplicación de la producción de todos los diversos oficios, derivada de la división del trabajo, da lugar, en una sociedad bien gobernada, a esa riqueza universal que se extiende hasta las clases más bajas del pueblo. Cada trabajador cuenta con una gran cantidad del producto de su propio trabajo, por encima de lo que él mismo necesita; y como los demás trabajadores están exactamente en la misma situación, él puede intercambiar una abultada cantidad de sus bienes por una gran cantidad, o, lo que es lo mismo, por el precio de una gran cantidad de bienes de los demás. Los provee abundantemente de lo que necesitan y ellos le suministran con amplitud lo que necesita él, y una plenitud general se difunde a través de los diferentes estratos de la sociedad (Smith, p. 41).

 Es interesante contrastar la visión que tenía Adam Smith sobre el bienestar de los obreros en el siglo XVIII con otras apreciaciones de la distribución de los beneficios económicos. Laurence Fontaine, en una entrevista con Nicolas Gastineau (2024) dijo:

 […] la pobreza era [considerada más bien como] un riesgo [en el siglo XVIII], mientras que hoy en día se considera mayormente un estado de ser. La pobreza como riesgo afectaba a todas las clases bajas, no solo a aquellas que habían caído en un estado de indigencia. Ser pobre significaba depender únicamente del propio trabajo para sobrevivir, lo que significaba que, ante la primera desgracia, la más mínima enfermedad, no existía una red de seguridad proporcionada por el Estado.

 La preocupación por estos riesgos, y por la existencia de la pobreza en general, creció, y un siglo más tarde de la publicación del libro de Smith, en Los Miserables, Víctor Hugo describiría un retrato desgarrador de la pobreza en Francia. En 1890 Alfred Marshall describió el motivo principal de la escuela fisiocrática como el de “disminuir el sufrimiento y degradación causadas por la pobreza extrema (Gastineau, 2024).

 En los siglos XIX y XX hubo una creciente preocupación por ciertas prácticas discriminatorias, sobre todo en los Estados Unidos, en parte debido a la necesidad de incorporar a los inmigrantes, los esclavos que se habían liberado con la guerra civil, y eventualmente a las mujeres en la economía. También después de la Segunda Guerra Mundial, la eliminación de la persecución de los judíos y otros grupos minoritarios en la Alemania nazi, condujo a una preocupación al respecto a nivel mundial, especialmente en Europa. 

 Milton Friedman (1982) dice que estas llamadas al reconocimiento y a la igualdad de derechos civiles deben surgir de los mismos grupos discriminados porque:

 

“Los intereses en la preservación y fortalecimiento del capitalismo competitivo atañen sobre todo a aquellos grupos minoritarios porque pueden convertirse más fácilmente en objeto de desconfianza y la enemistad de la mayoría […. Se trataría de] los negros, los judíos, los nacidos en el extranjero, por citar solo las más obvias” (p 26).

 La igualdad

Siempre ha habido clases sociales. Con la revolución industrial comenzó otro fenómeno, el “excedente de producción” (cuando los trabajadores generan más que lo necesario para su propia supervivencia). Este excedente suele ser apropiado por la clase dominante -aun cuando sus miembros hayan sido los dirigentes de países llamados “comunistas”-.

Los teóricos modernos de la izquierda promueven la igualdad económica común. Aparte de escuelas como el “anarquismo socialista” (Spangler, 2011) que se oponen inclusive a las limitaciones legales del parlamentarismo electoral, hay una especie de libertarismo de izquierda similar a los conceptos liberales clásicos de propiedad privada (Richman, 2000).  Sus proponentes sostienen que es ilegítimo reclamar propiedades cuando esta acción puede perjudicar a otros. En cambio, los recursos naturales podrían constituir propiedades en común. La apropiación de tierras privadas solo puede aceptarse si todos los involucrados pueden posesionarse de una cantidad igual de terrenos, o si se cobran impuestos para compensar a quienes estén excluidos de la transacción. La propuesta apoya también algunos programas estatales de bienestar social y la idea general de la igualdad de oportunidades.

 3.      El valor de la mercancía

 Según los dogmas del libre mercado, el vendedor que ofrece sus productos a menor costo tendría más éxito en su negocio. Esto quiere decir que para tener ganancias el costo de la producción debe reducirse.

 Según Milton Friedman esto se logra en el ambiente de libertad de intercambio. Uno de los peligros para el establecimiento de estas condiciones sería la presencia de monopolios que controlen los precios de algunos productos. Los monopolios carecen de motivos para bajar sus precios.

 Según el autor es un desvío económico, que “suele surgir, aunque no de forma general, del apoyo gubernamental o de acuerdos colusorios entre individuos” (p. 31). Friedman considera a los monopolios como aspectos que deben ser controlados y aun eliminados por las leyes estatales. Observa, sin embargo, “el monopolio también puede surgir porque es técnicamente eficiente tener un solo productor o empresa […] Un ejemplo sencillo es quizás la prestación de servicios telefónicos dentro de una comunidad. Me referiré a estos casos como monopolio "técnico" (Ibid).

 Friedman vio tres opciones económicas para los monopolios, y estuvo en desacuerdo con todas. Ellas eran monopolios privados, públicos o aquellos que se controlan con la regulación legal. Él consideraba que la primera opción era la menos peligrosa. Sin embargo, se puede criticar esta posición. Los monopolios privados tienden a fijar los precios al máximo que el mercado tolera. Un monopolio privado puede fijar precios y limitar la competencia porque posee patentes o los canales de distribución. Su objetivo principal es maximizar sus propias ganancias. Pero éstas no suelen ser repartidas entre todos los niveles de la organización. Ejemplos hoy en día son las grandes empresas tecnológicas de Internet, entre cuyos dueños se encuentran los únicos billonarios de la historia.

 La mano de obra

 Hay dos factores de fácil identificación que han contribuido a los cambios en la apreciación del valor de los comestibles y los objetos manufacturados. El primero es el cambio del estatus del trabajador a partir de la Revolución Industrial. El otro es la facilidad de la producción de mercancías que resultó del mismo proceso histórico. Estos cambios obligaron a los manufactureros y los comerciantes a incluir el valor de la mano de obra en el precio del intercambio de productos. Karl Marx, en el primer capítulo de su libro El Capital (2020) ofrece una explicación -muy enredada- de la relación entre los precios y el valor del trabajo requerida para producir los bienes en el proceso de venta. Dice:


La forma general del valor, la cual presenta a los productos del trabajo como simple gelatina de trabajo humano indiferenciado, deja ver en su propia estructura que es la expresión social del mundo de las mercancías. Hace visible, de este modo, que dentro de ese mundo el carácter humano general del trabajo constituye su carácter específicamente social (p. 82).

 Todo el primer capítulo requiere interpretación debido a su vaga en redacción. En general se puede decir que para Marx el valor de los objetos, que son producidos por el trabajo, debe tomar en cuenta el esfuerzo y el tiempo del trabajador. Así, para calcular el precio de intercambio hay que incluir los materiales necesarios para su producción y, además, el esfuerzo (sueldo) del obrero que los preparó.

 Dichos materiales también tienen precios de adquisición, que igualmente incluyen el esfuerzo de los obreros que los produjeron. De este modo, para Marx, el costo de una chaqueta incluye: a) lo que cobra el sastre por coserla, b) el costo del lienzo (y el hilo, las agujas, etc.) usado para fabricar la chaqueta, c) esto a su vez incluiría el lino, cáñamo o algodón necesario para producir la tela y d) el sueldo del obrero que tejió la tela. Podríamos seguir: los materiales para tejer la tela vienen a su vez de campos agrícolas y suponen un reconocimiento, tanto para el campesino, como para quien los llevó al tejedor y eventualmente, el costo de almacenarlos si no fueron usados enseguida. El precio de cada producto tiene incluido el valor del trabajo de quien lo produjo, lo modificó y lo transportó. Pero la cadena no termina con el tiempo y sudor del obrero, porque, además, incluye el costo de su estilo de vida y la necesidad de proteger su bienestar.

 4. Mercado Libre o controlado

 En general hoy en día se refiere a la ideología de la derecha política como liberalismo económico. Se basa en la idea del “mercado libre”, que puede desarrollarse y que se corrige sin restricciones estatales, debido a las interrelaciones -consideradas espontáneas- entre los productores y los consumidores. Según este enfoque lo ideal es un sistema de propiedad privada en el cual cada quien se limita a defender sus propios intereses. Autores como Adam Smith y Thomas Malthus han puesto los fundamentos de este enfoque.

 Adam Smith en su libro, La riqueza de las naciones (1996), argumenta que la búsqueda del interés propio de los actores económicos va a conducir al bienestar general, porque el mercado se autocorrige.

 Sin embargo, Smith no consideraba que el mercado debía carecer de toda supervisión porque pensaba que debería haber ciertas reglas éticas que limitasen la conducta de los actores económicos. Estas reglas eran los límites morales propios de los mismos actores. Dijo en su libro, Teoría de los Sentimientos Morales (2020), que aun el hombre más egoísta tiene algunos principios que le mueven a interesarse por la suerte de los demás. Siempre tendríamos lazos familiares, de amistad, vecindad, nacionalidad.

 Estos límites son, sobre todo personales, pero según Smith, las estructuras del Estado que promueven la paz social también influyen para frenar el egoísmo individual. Esto implica que la mano invisible que regula la marcha económica de las naciones tendría el respaldo de un Estado que garantice la paz y la justicia. Sin embargo, el mercado ideal operaría en base a una “libertad natural” en que la competencia entre los proveedores y consumidores siempre sería superior a los monopolios y la intromisión estatal.

 En este punto Milton Friedman del siglo XX está de acuerdo. Dice que el alcance de un gobierno debe estar limitado a la protección de las libertades individuales de los “enemigos” que podrían provenir tanto del mismo país como del extranjero. También tiene la obligación de “preservar la ley y el orden, hacer cumplir los contratos privados y de promover el mercado libre” (1982, p. 10-11).

 En estas reflexiones sobre el control del mercado nos hemos referido sobre todo al control que ejerce el Estado. Hay controles privados también, y arriba nos hemos referido al ejemplo de los monopolios cuyo control entra sólo parciamente en las preocupaciones de los teóricos del libre mercado. Aunque Friedman los nombra como posibles frenos al libre desarrollo de las economías, afirma que se pueden tolerar las compañías privadas que llegan a ser monopólicas.

 John Maynard Keynes (2014), considerado un teórico de la izquierda económica, no estuvo de acuerdo con estos planteamientos. Básicamente pensaba que la intervención estatal era un importante recurso para aliviar las crisis. Pensaba que era necesario estimular la demanda que había en la economía. Proponía que el gasto gubernamental, aun frente al déficit público, era una herramienta para lograr esto. Para Keynes el problema principal era el desempleo. Se trata de una demanda insuficiente para las actividades comerciales, y por esta razón en una crisis habría trabajadores sobrantes. En resumen, coinciden dos crisis: la primera es el desempleo con las dificultades que éste representa para las personas que quedan sin ingresos monetarios. Este factor bajaría la demanda para nuevos productos porque reduce la demanda. Si los salarios no bajan y los precios sí, eso supondría que los trabajadores cobrarían más en términos reales, podrían comprar más cosas cobrando la misma cantidad.

 La solución a la demanda insuficiente sería aumentar el gasto estatal. Keynes, siendo un partidario de una política fiscal intervencionista, pensaba que, cuando los consumidores gasten sus ingresos, añadan este valor a la economía. Dado que, con endeudamiento público no se reducen los ingresos de los trabajadores, el déficit público conseguiría incrementar la demanda.

 Por desutilidad debe entenderse cualquier motivo que induzca a un hombre o a un grupo de hombres a abstenerse de trabajar antes que aceptar un salario que represente para ellos una utilidad inferior a cierto límite (p 33).

El problema se halla más en la utilidad del empleo que en el costo de la vida. Por esta razón, para este autor, es de importancia mantener funcionando el mercado laboral. 

Todo sindicato opondrá cierta resistencia a una reducción de los salarios nominales, sin importar lo pequeña que sea; pero como ninguno pensaría en declarar una huelga cada vez que aumente el costo de la vida, no presentan obstáculos a un aumento en el volumen total de ocupación, como lo pretende la escuela clásica (p.38).

 5. La división del trabajo

 Smith (1996, p. 28) observó que los sistemas productivos se instituyen “naturalmente entre las distintas clases [sociales] y condiciones del hombre en la sociedad”. En esto es importante la división del trabajo en múltiples tareas distintas pero coordinadas. Además de la división de las tareas de la manufactura de un producto (por ejemplo, las diferentes etapas en la producción de alfileres) existe el trabajo de los “filósofos”, el término empleado por Smith para referir a quienes no tengan oficios prácticos en la manufactura de los bienes, sino que analicen los trajines de los labradores. Ellos están en condiciones para sugerir nuevos procesos e, inclusive, inventar máquinas para agilizar los procesos de producción. El resultado de este aumento de producción redundaría en el bienestar general, según Smith (1996).

 Por otro lado, la izquierda política y económica propone que el Estado intervenga y controle la economía. Su doctrina inicial planteaba que el movimiento libre del mercado ha producido disparidades y desigualdades, y que es sólo por medio de una redistribución promovida y dirigida por un Estado controlado por “las masas” que la riqueza puede beneficiar a la población en general.

 La dictadura del proletariado

 En su primera encarnación estatal, en la Revolución Bolchevique en Rusia, la izquierda propuso la nacionalización de algunos de los sectores productivos. Según este enfoque el control debe ser ejercido por “el proletariado”, es decir, las clases sociales de los obreros que siempre han sido excluidas de participación en la planificación de las economías tanto por la aristocracia como por los mercantilistas. El término que comenzó a describir este control era la “dictadura del proletariado”, que, en sus inicios se refería a un cambio en el cual las clases obreras en su conjunto llegarían a dirigir toda la economía. En la práctica, la revolución bolchevique fue un despotismo que se convirtió en control sobre el proletariado en los tiempos de Lenin y Stalin en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que duró en Rusia por casi 70 años entre 1922 y 1991.

 LA DERECHA Y LA IZQUIERDA EN LOS SIGLOS XX Y XXI

 En esta sección haré una breve descripción de cómo las orientaciones socio-político-económicas que hemos llamado ideologías han sido adaptadas y empleadas en escenarios reales y actuales.

 He descrito cómo las ideas llegaron a ser las ideologías de la derecha y de la izquierda nacieron paralelamente al pensamiento de la Ilustración, obedeciendo a las diferentes preocupaciones de pensadores como René Descartes y John Locke. He mencionado cómo las varias maneras de apreciar la “realidad” y abogar por cambios sociales se originaron en preocupaciones libertarias. Sus principales diferencias tienen que ver -sobre todo- con sus distintas opiniones sobre quiénes deben ser más libres. 

 En algunos casos las ideologías han contribuido a la resolución de problemas reales, aunque cambiantes. No hay duda que han influido en la creación de las democracias modernas y programas de bienestar. Raúl Rojas (2025) ha descrito como las ideologías y dogmas religiosos corren paralelos hoy en día entre las organizaciones comunitarias locales para producir cambios y resolver los asuntos de salud, recreación, empleo, acceso a comida, transporte y otros. Cronick y Llorens (2026) describen cómo los equipos deportivos generan reglas de convivencia y protección para los participantes, y se podría afirmar que la idea de reglas que nacen de acuerdos mutuos en un sistema social puede trazarse a la Ilustración.

 He mencionado cómo, en algunos casos, las ideologías han sido usadas para justificar tiranías. He mencionado cómo hay gobiernos de turno del siglo XX que han empleado ideologías que antes eran libertarias para justificar regímenes totalitarios. Esto ha ocurrido tanto para las doctrinas de la derecha como de la izquierda. Ejemplos históricos de ideologías tiránicas de la derecha pueden encontrarse en las dictaduras de Hitler en Alemania, de Jorge Rafael Videla en Argentina, de Augusto Pinochet en Chile, de Juan María Bordaberry en Uruguay y de Humberto de Alencar -entre otros militares- en Brasil. Para la izquierda se pueden mencionar las dictaduras de Stalin en Rusia, de Mao Tse Tung -Mao Zedong- en China, de Fidel Castro en Cuba y de Daniel Ortega en Nicaragua, entre otros.

 Ya me he referido a las reflexiones de Herrera (2026) sobre cómo críticas sociales y propuestas nuevas han ido convirtiéndose, desde las afirmaciones que se originaron en formulaciones racionales de pensamiento, a cuestionables declaraciones de fe.  Esta transformación tiene dos orígenes. El primero es la necesidad que tienen los creyentes para sostenerse existencialmente sobre bases que ellos puedan considerar sólidas. El segundo es que esta necesidad es útil para los líderes totalitarios cuando quieren justificar sus aspiraciones de dominio.

 Hemos examinado este fenómeno en Cronick y Rojas (2026); analizamos varios factores: a) los mecanismos culturales que generan estas explicaciones, b) criterios para juzgar su veracidad, c) su adopción y su perdurabilidad en sistemas democráticos y totalitarios, d) el papel de la empatía en su generación y mantenimiento y e) las posibilidades de disidencia en estos sistemas. En las reflexiones que hago en las páginas actuales no volveré a revisar estos temas, excepto para considerar la permeabilidad o la intransigencia que adquieren con el paso del tiempo.

 Algunas manipulaciones ideológicas que se derivan de ejercicios evidentes de poder tienen que ver con el control sobre cuáles ideas e ideales serán permitidos. Las estrategias de control son múltiples, por ejemplo, crear un cuerpo permitido de creencias e ideales de cambio, ilegalizar manifestaciones políticas contrarias a estas creencias, controlar publicaciones y programas de televisión no autorizados, prohibir críticas al gobierno de turno y sus líderes, encarcelar a los disidentes, y crear situaciones que enfaticen la distinción xenofóbica entre “nosotros” y “ellos”. 

 Otras manipulaciones tienen que ver con el uso de símbolos de posturas ideológicas que se asimilan a la idea de “patria”. Todos los gobiernos, independientemente de su adhesión ideológica, emplean símbolos patrios. Todos los gobiernos, democráticos o totalitarios, emplean símbolos con claras referencias a una ideología de base. Los estadounidenses usan la Estatua de la Libertad cuya ascendencia a los valores libertarios de la Revolución Francesa es evidente. Los británicos reconocen el Big Ben, la campana del Palacio de Westminster en Londres, como una referencia a su historia y su sistema parlamentario. Entre los más nefastos se encuentran la esvástica nazi, y la hoz y el martillo soviético; señalan tanto el poder de los dirigentes, como una supuesta adhesión ideológica.

 No hay ni un solo país en el mundo que no tenga una bandera, aunque algunos, sí, excluyen el color rojo de su emblema debido a su referencia a la valentía bélica y la sangre derramada por la libertad, la patria o el gran líder. Esta exclusión también tiene valor ideológico, por ejemplo, en Arabia Saudí y Pakistán, el verde representa el islam, mientras en Jamaica y Nigeria, representa la riqueza natural y la esperanza

 Cambios en las necesidades y cambios ideológicos

 Las necesidades socio-económicas van cambiando, y con ellas, las maneras de entenderlas. Hoy en día hay modificaciones ideológicas que responden a problemas actuales como la identidad de género, el feminismo, la exclusión social basada en la raza o la religión, el ambientalismo (que involucra el uso industrial de tierras vírgenes, la contaminación del aire y el agua por residuos industriales, el uso de insecticidas en los campos agrícolas, y recientemente, la construcción de enormes data centers digitales para alimentar la industria de la Inteligencia Artificial).  Estos proyectos emergentes requieren adaptaciones ideológicas que afectan la construcción de valores e identidades comunes. Está claro que, para los defensores de las industrias petroleras, las que manufacturan productos como insecticidas o aquellas que ofrecen recursos de internet, les convienen las referencias a alguna variante de la ideología del libre comercio. En algunos casos, quienes se oponen a estos proyectos apelan a conceptos relacionados con el control comunitario sobre los recursos que tienen su origen en doctrinas de la izquierda.

 El presente ensayo no es el lugar para analizar estos peligros. Por ahora me limito a señalar cómo ellos son recogidos ideológicamente. Me refiero a las bases económicas que los promueven. Team Zeteo (2026) describe como empresas como Amazon, Microsoft, Google, Meta y Oracle ofrecen nuevos empleos e ingresos fiscales a comunidades que al fin sufrirán daños ecológicos. Su mensaje mercantil dista mucho de los efectos físicos verdaderos. La resistencia a estas inversiones crece en el mundo, y aunque los inversores están claramente alineados con su propia versión de la derecha económica, los opositores surgen de grupos comunitarios y ambientales, e inclusive de legisladores de ambos partidos principales en Los Estados Unidos, junto con voceros en China, España, Francia, Alemania y varios países latinoamericanos. 

 Incluso se puede mencionar la tendencia política de resolver los problemas internacionales con guerras, aun con amenazas de conflictos nucleares. El Newsletter Clarín (2026) se refirió muy recientemente a unas predicciones catastróficas hechas por el astrofísico David Gross:

 “Actualmente, dedico parte de mi tiempo a comunicar a la gente que las posibilidades de que vivan 50 años más son muy reducidas”, declara Gross. Esta afirmación impacta como una dosis de realidad basada en estadísticas y probabilidades. David Gross no es un científico cualquiera; es una figura clave que contribuyó a desentrañar el funcionamiento más íntimo de la materia, lo que le confiere una autoridad considerable en el debate sobre el futuro. La reflexión, recogida en una entrevista concedida al medio Live Science, apunta directamente a los crecientes riesgos a los que se enfrenta el mundo. […]  Según explica, existe aproximadamente un 2% de probabilidad anual de conflicto nuclear, lo que reduciría la esperanza de supervivencia global a unos 35 años.

El Nacionalismo como ideología

 El amor a la patria (reino, imperio, etc.) ha sido un valor casi universal desde los inicios de la historia. Es un valor identitario que supera muchas de las lealtades locales, incluso las de las subculturas dentro de la patria grande. Sin embargo, las fronteras nacionales han sido móviles y cambian con el régimen del momento. Si bien los celtas resistieron a César[9], los romanos terminaron conquistando una gran parte de su territorio. Luego de la resistencia a los romanos en las Islas Británicas, y después del colapso del Imperio, los reyes locales defendían la cultura romana como valiosos restos civilizatorios frente a las invasiones anglosajonas en el siglo VII. Son lealtades y fronteras siempre cambiantes.

 La conquista y la incorporación de nuevos territorios constituyen una larguísima historia y forman parte de motivos imperiales y nacionalistas. Relatos de estos eventos aparecen en el Viejo Testamento, en los relatos de las ciudades-Estados griegas, en las historias medievales, en las conquistas coloniales y en invasiones que han ocurrido en los siglos XX y XXI.  Cuando los rusos intentan incorporar a Ucrania, cuando los israelís anexan a Palestina y cuando los chinos ocupan territorios tibetanos lo llaman “liberación”, como si se tratara de la recuperación de provincias perdidas. No se les ocurre a los líderes de estos países preguntar a los habitantes de los territorios “en reclamación” si desean formar parte de la nación conquistadora.

 A pesar de la influencia de la patria grande, con frecuencia las lealtades locales quedan intactas, y cuando pueden, surgen con renovados reclamos. Sobre la historia actual, Anderson (2006) observa:

 Las Naciones Unidas admiten nuevos miembros casi todos los años. Y muchas "naciones antiguas", que se creían plenamente consolidadas, se ven desafiadas por "sub" nacionalismos dentro de sus fronteras, es decir, nacionalismos que naturalmente sueñan con desprenderse de ese sufijo "sub", un buen día. La realidad es evidente: el "fin de la era del nacionalismo", anunciado durante tanto tiempo, no se encuentra ni remotamente a la vista. En efecto, la nacionalidad es el valor más universalmente legítimo en la vida política de nuestro tiempo (p. 19).

 A pesar de los valores cambiantes de la lealtad a la patria, el nacionalismo es una forma de conservadurismo que cualquier líder político que sepa usarlo podría apoyar. Es una amalgama de credo religioso y tendencias culturales que en los Estados Unidos nunca fueron ni examinados ni superados. En Cronick (2024) he analizado cómo la democracia estadounidense ha convivido desde el siglo XIX con los residuos discriminatorios de la esclavitud y la casi exterminación de las poblaciones aborígenes. Esta coexistencia nefasta no fue resuelta nunca, y el resultado es una continuación de un racismo de fondo que no ha permitido la asimilación de los valores de la libertad que rezan: “todos los hombres fueron creados iguales”.[10]

 Grupos religiosos que se apoyan en el nacionalismo

 El nacionalismo religioso combina los afectos patrióticos con una afiliación religiosa en particular. Esta relación tiene varias implicaciones: por un lado, puede tener un efecto polarizante dentro del país donde existe; por otro lado, si se trata de una religión con muchos adeptos puede funcionar como una plataforma para el ascenso político de sus líderes; finalmente el culto puede funcionar como un apoyo ideológico para los líderes políticos que ya ocupan el poder. Uno de los peligros de la combinación de sentimientos nacionalistas y religiosos es que puede conducir a expresiones de xenofobia y la exclusión social de quienes no aceptan este dogma. Ejemplos de esta combinación son el nacionalismo cristiano en los Estados Unidos, el hindú en la India, el musulmán en el Medio Oriente y Paquistán y el judío en Israel.

 Michael Luo (2026) describe el nacionalismo cristiano estadounidense así:

 […] a river of belief closely tied to the election of President Donald Trump in 2016, and again in 2024, which eludes strict definition. It is less a coherent ideology and more a collection of attitudes and impulses, rooted in nativism and racial intolerance, that has seeped into white evangelicalism. Its muscular approach to faith and politics now holds sway over much of the country.

 Este tipo de nacionalismo se nutre de las identidades de exclusión como el racismo y la xenofobia.

 REFLEXIONES FINALES

 Para finalizar estas reflexiones consideraré brevemente dos temas: a) la necesidad de crear ambientes culturales y socio-políticos que permitan el cuestionamiento ideológico y b) la necesidad de valores empáticos de base para guiar este cuestionamiento.

Frank (2025) emplea el término “incompatibilidad ontológica de la persona” para referir a “su carácter único e irrepetible, [que] es también razón de la especial dignidad que le reconocemos” (p. 15).  El sustantivo “incompatibilidad” tiene el propósito de señalar, tanto la unicidad de cada quien, como lo que comparten todas las personas. Dice el autor que la experiencia particular y única de cada persona puede tomarse como punto de partida para afirmar su dignidad. Con referencia a Hegel, se basa en:

 […] su racionalidad, un rasgo común a la naturaleza humana que sería fuente de la autoconciencia, de la capacidad moral, de la posibilidad de trascender, etc […Esto] no sería privativa de ninguna persona, pero ésta es un individuo incomunicable, tiene algo que pertenece solo a ella, y sin atender a eso único y propio de cada una no se habría llegado a fundamentar suficientemente su dignidad.” (p. 16).  

 Podríamos afirmar que la unicidad de la persona no se limita a su capacidad para la racionalidad, porque involucra su capacidad de amar. Dice Frank:

 Se podría decir que la unicidad de la persona es en primer lugar para ella misma, es decir que su ser irreemplazable es una autoposesión tanto cognitiva como afectiva, no un simple hecho bruto, y que lo es en virtud de la racionalidad. De allí que el amor a otro presuponga el amor de sí […] (p. 25).

 El respeto a la individualidad del Otro podría considerarse una postura inicial, que sería una postura ética de base, y un mensaje que podría enseñarse en las escuelas y otros lugares de formación como grupos comunitarios y sistemas legales. Sería un derivado a la capacidad empática, que también puede ser formada en los sistemas educativos.

 Una vez que la cultura haya desarrollado una postura de respeto interpersonal, se puede hablar también de reglas que protejan a los individuos frente al grupo. A nivel legal estas reglas serían garantías, como el derecho a la libre expresión y la igualdad frente a la ley. Esto se deriva claramente de la Ilustración.

 Santiago Díaz (2025) también habla de la combinación de la individualidad con la “relacionalidad”: “[…]  la máxima individualidad ―y por lo tanto, incomunicabilidad― supone una máxima relacionalidad. De allí que es precisamente nuestra incomunicabilidad lo que subraya y hace posible las formas más profundas de vida interpersonal” (p. 43).

 El hombre visto como una tabula rasa en el sentido de Locke no existe. Su incomunicabilidad, mencionada por Frank y por Díaz refiere a su esencial capacidad para evaluar y decidir por sí mismo cuales serán sus creencias y sus acciones. Casi todas las apreciaciones de la psicología moderna afirman que el ser individual se cría dentro de un contexto interpersonal, y que el niño criado en aislamiento no puede existir. Como mínimo necesita alimentos, pero además requiere modelos, afectos, lenguaje y otros insumos socioafectivos para convertirse en una persona.

 Entonces, sí, cada ser es, en sí, un ser único e irrepetible, y digno de respeto. Pero su “en sí” se ha nutrido necesariamente de lo interpersonal, lo cultural y de los recursos compartidos. Por esta razón cada persona es inseparable de su familia, su comunidad y su cultura. Las personas criadas dentro de más de una cultura particular, como los inmigrantes, no carecen de formación; más bien desarrollan mundos más amplios. Sin embargo, cada persona es, por definición, un ser único y a la vez inmerso en el mundo.

 La empatía es una capacidad compartida por casi todo el reino animal. Tiene que ver con la habilidad de sentir las emociones de otros seres. Proponer una cultura basada en la empatía es un enunciado utópico, porque de manifestarse plenamente, algo así incluiría la idea de la comprensión y la compasión hacia todas las demás personas del mundo.

 Al combinar el reconocimiento y respeto de la individualidad de cada persona con la capacidad de entenderla empáticamente, se puede desarrollar la tolerancia para las diferencias, y la capacidad para llevar a cabo conversaciones productivas con los demás. El objetivo sería llegar a acuerdos, pero también la habilidad para defenderse y asumir posturas disidentes. Este es el ideal de un parlamento y una casa de representantes. Incluso refiere a las conversaciones en las reuniones vecinales y en los partidos políticos.

  REFERENCIAS

 Anderson, Benedict (1983/ 2006). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. México: Fondo de Cultura Económico.

Caesar, Gaius Julius (51 a.C./s.f.).   La guerra de las Galias. BooKey. https://cdn.bookey.app/files/pdf/book/es/la-guerra-de-las-galias.pdf

Clarín (2026, June 14). David Gross, Premio Nobel de Física: “Las probabilidades de que la humanidad viva 50 años más son muy bajas.” Newsletter Clarín. https://www.clarin.com/estados-unidos/david-gross-premio-nobel-fisica-probabilidades-humanidad-viva-50-anos-bajas_0_yEwgVMFHl9.html?shem=rimspwouoe,

Cronick, Karen (2024, 30de julio).  Democracy and freedom in the construction of the Americas (Democracia y la Libertad en la consrucción de las Américas). Blog: Reflexiones4.Karen.  https://reflexiones4-karen.blogspot.com/2024/07/democracy-and-freedom-in-construction.html

Cronick, K. & Rojas, R.A. (2026, 31 de mayo). Dissidence and conformity. Blog: Reflexiones4.Karen. https://reflexiones4-karen.blogspot.com/2026/05/dissidence-and-conformity.html

Cronick, K. & Llorens, M. (12 de marzo, 2026). Empatía en el deporte. Blog : reflexiones4-karen.blogspot. https://reflexiones4-karen.blogspot.com/2026/03/empatia-en-el-deporte.html (una nueva versión de este ensayo está en revisión en la revista Logoi, Universidad Católica Andrés Bello).

Declaration of Independence: a transcription. (1776/2026, February 25). National Archives. https://www.archives.gov/founding-docs/declaration-transcript

Descartes, René (1967). Discurso del método. Weblioteca del pensamiento. www.weblioteca.com.ar https://drive.google.com/file/d/0B8xBAiOJ8M1POXhfSUI4bjBkbHc/view?resourcekey=0-eYYXzGkEm9VH6ZmIMj_asg

Días Lourenco, Santiago (2025). La persona: única, irrepetible, pero... ¿incomunicable? La incomunicabilidad ontológica en discusión. En Pablo E. García, Editor. La persona entre lo individual y lo comunitario. Universidad Pontificia de Salamanca. 199 p. (Colección Via sapientiae).

Frank, Juan F. (2025). Incomunicabilidad ontológica, apertura y dignidad de la persona. En Pablo E. García, Editor. La persona entre lo individual y lo comunitario. Universidad Pontificia de Salamanca. 199 p. (Colección Via sapientiae).

Friedman, Milton (1962/1982). Capitalism and Freedom.  University of Chicago Press. https://drive.google.com/file/d/0B8HvlGNmABCXMTQ2YmJhNjAtNDI3MS00M2Q2LWI4NGItY2QxZjkyMTU4MjJi/view?resourcekey=0-uDc90OzsaE5MkoJ-5pzgJw

Gastineau, N. (2024, May 29). “In the 18th century, poverty was more a risk than a state.” Philonomist. https://www.philonomist.com/en/interview/18th-century-poverty-was-more-risk-state

Herrera, José Rafael (2026, 13 de junio).  La supremacía moral del izquierdismo y su abstracción. Microfilosofía. https://www.microfilosofia.com/2026/06/la-supremacia-moral-del-izquierdismo-y.html

Hugo Víctor (1862/ s/f.). Los miserables.pdf. Google Docs. https://drive.google.com/file/d/0B4CzRM_58khtam42ZHVaLVJjMXM/view?resourcekey=0-C98UCj2KEvGfwXNGH4dCNA

Keynes, J.M. (1936/2014). Teoría general de la ocupación. Fondo de Cultura Económica.     https://www.javiercolomo.com/index_archivos/Literatura/Keynes.pdf

La guillotina, París. (n.d.). Parcours Révolution. https://parcoursrevolution.paris.fr/es/puntos-interes/44-la-guillotina. https://parcoursrevolution.paris.fr/es/puntos-interes/44-la-guillotina

Locke, John (1690/1999). Ensayo sobre el entendimiento humano (Essay Concerning Human Understanding). trad. de Edmundo O'Gorman. México : Fondo de Cultura Económico. Internet Archive. https://archive.org/details/locke-john.-ensayo-sobre-el-entendimiento-humano-ocr-1956-1999/page/n5/mode/1up

Locke, John (1689/s.f.).  Segundo tratado sobre el gobierno civil. Alianza Editorial. https://ifedec.org/wp-content/uploads/2019/05/Segundo-Tratado-del-Gobierno-Civil-por-John-Locke.pdf

Luo, Michael (2026, 14 de junio). Why American Christianity ended up like this (Porque el Christianismo estadounidense terminó así). The New Yorker Daily. https://www.newyorker.com/magazine/2026/06/22/the-church-that-won-america

Marx, Karl (1867/2020, Noviembre 29). El Capital obra complete. Internet Archive. https://archive.org/details/marx-el-capital-obra-completa

Mills, R. J. W., & O’Flaherty, N. (2024, 16 de abril). Ideas of poverty in an age of Enlightenment. In Manchester University Press eBooks. https://doi.org/10.7765/9781526166784.00006.   https://www.manchesterhive.com/display/9781526166784/9781526166784.00006.xml

Newton, Isaac (1687/2026, 21 de mayo). The mathematical principles of natural philosophy.Contributor: N. W. Chittenden. Translator: Andrew Motte. Guttenberg. https://www.gutenberg.org/cache/epub/76404/pg76404-images.html

Quiroz Villalobos, Milton Ebert (2022). Maximilien Robespierre y su contexto: acerca de su concepción sobre la igualdad, la pena de muerte y la religión. Revista de estudios histórico-jurídicos. ISSN 0716-5455. 44.   https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-54552022000100711

Richman, Sheldon (2000). Left-Libertarianism and Its Critics: The Contemporary Debate. In Steiner, Hillel and Vallentyne, Peter, Editores. Libertarian Theories of Intergenerational Justice London:Macmillan. https://www.academia.edu/2815613/Libertarian_Theories_of_Intergenerational_Justice

Rojas, R. (2025).  Capital social y resiliencia comunitaria en la comunidad “Las Casitas” de La Vega, Caracas, Venezuela. 2022 – 2025. Tesis de Licenciatura, Escuela de Sociología, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela. Tutora: K. Cronick

Smith, Adam (1776/1996). La riqueza de las naciones. Madrid: Alianza Editorial.  https://dn760007.eu.archive.org/0/items/adam-smith-la-riqueza-de-las-naciones_202304/Adam%20Smith%20-%20La%20riqueza%20de%20las%20naciones.pdf

Smith, Adam (1759/2020). Teoría de los sentimientos morales.  Editor digital: loto. ePub base r1.1.   https://jeffersonamericas.org/wp-content/uploads/2020/08/Smith-Adam-La-teoria-de-los-sentimientos-morales-6181-r1.0.pdf

Spangler, Brad (2011, 7 de agosto). Konkin’s history of the libertarian movement. Blog: BradSpangler.com. https://web.archive.org/web/20110807195029/http://www.bradspangler.com/blog/archives/288

Steiner, Hillel & Vallentyne, Peter (2009).  Libertarian Theories of Intergenerational Justice. in Justice Between Generations, edited by Axel Gosseries and Lukas Meyer (Oxford University Press, 2009), pp. 50-76. https://www.academia.edu/2815613/Libertarian_Theories_of_Intergenerational_Justice

Team Zeteo (2026, 13 de junio).  7 Things to Know About the Data Center Projects Taking Over the U.S. Zeteo. (7 cosas que necesitas saber sobre los proyectos de data centros que se apoderan de los Estados Unidos). https://zeteo.com/p/data-centers-ai-7-things-to-know?utm_source=post-email-title&publication_id=2325511&post_id=201481378&utm_campaign=email-post-title&isFreemail=true&r=r3jrk&triedRedirect=true&utm_medium=email

United Nations. (1948/s.f.). La Declaración Universal de los Derechos Humanos | Naciones Unidas. https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights



[1] Curiosamente, no se considera la caza de animales por parte de tribus nómadas como trabajo. Siempre la llaman una “actividad”. También, las actividades domésticas de las mujeres eran excluidas de esta categoría.

[2] En las Américas ha habido variados sistemas económicos. Los Aztecas y los Inca usaban el trabajo de esclavos. Con la llegada del colonialismo europeo también hubo esclavitud y también campesinos empleados en la minería y la agricultura con las encomiendas. Después de su independencia política de Europa se continuó el sistema de haciendas. En México la industrialización se inició durante el Porfiriato; y reformas posteriores como la nacionalización del petróleo. Procesos similares ocurrieron en otros países como Venezuela.

[3] John Locke escribió su Ensayo sobre el entendimiento humano en 1690; es una figura central del empirismo y padre del liberalismo clásico. Propuso la idea de la mente del niño como una “tabula rasa”, que no contiene nada hasta que la experiencia la llena.

[4] No voy a examinar aquí los factores que facilitan la adopción de estas ideologías por las poblaciones afectadas por ellas, porque Cronick & Rojas (2026) han publicado una reflexión sobre este tema.

[5] John Maynard Keynes se oponía a la idea de que los mercados libres proporcionasen el pleno empleo.

[6] El comunismo puede referirse a diferentes concepciones económicas. Es posible encontrar antecedentes de este modelo en la República de Platón y en los primeros grupos romanos de Cristianos. La doctrina comunista se presentó a comienzos del siglo XIX, como un proyecto económico y utópico, pero se convirtió en el sostén de una dictadura cuyas raíces comunitarias se perdieron.

[7] Pero Friedman ofrece como ejemplos de estos avances referencias que nacieron precisamente en tiempos monárquicos y centralizados. De manera extraña menciona al sistema que financió a Cristóbal Colón, y los regímenes en los cuales vivieron y escribieron “Newton y Leibnitz; […]  Shakespeare, Milton y Pasternak […]” y otros” (p. 11).

[8] Se puede decir lo mismo sobre las religiones que nacieron como una respuesta a los cultos y las prácticas culturales que promovían injusticias, como el cristianismo frente al poder romano. Después de su comienzo como una propuesta de amor y justicia se convirtió en el sostén espiritual de los emperadores romanos y los monarcas medievales.

[9] Los celtas, los arvernos, los helvéticos, entre muchos otros se defendieron frente a César (s/f). Estas tribus se unían para resistirlo, y según él eran brutales guerreros que él pudo conquistar con éxito.

[10] En 1689 en su Segundo Tratado de Gobierno, John Locke dijo que, en su estado natural, antes de la formación de los gobiernos, todos los hombres fueron creados iguales. La frase también aparece en la Declaración de Independencia estadounidense de 1776. Igualmente, la Declaración universal de derechos humanos (1948), artículo 1 declara: " todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos... “.

No hay comentarios:

 
Locations of visitors to this page