K. Cronick
Es difícil creer que la autora de “Del diario de la Señora Mao”, María Teresa Ogliastri, tenga alguna nacionalidad propia y definida, porque sus poemas son tan universales, y están escritos en un lenguaje muy depurado. Es un dialecto natural que pierde localismos.
María Teresa refiere a una cultura especifica, la de la China comunista del siglo XX. Sus poemas representan a una mujer que, de verdad, existió. Pero sus poesías rebasan este referente; narran las esencias de la mujer y el hombre genéricos, y evocan tanto la generosidad como la crueldad las cuales superan cualquier identidad específica. A pesar de una violencia de fondo, entre las líneas siento escapar un gran sentido magnánimo de parte de la autora, de algo generoso que compadece con el dolor ajeno, y que no puede condenar a los demás, aunque ellos, sí, carezcan de empatía.
La voz de esta poesía es la de Jiang Qing, la cuarta esposa de Mao Zedong, el dictador que gobernó la República Popular China entre 1954 y 1976; él tuvo cuatro esposas, y Jiang Qing fue la última y más poderosa. Pero estos poemas podrían referir a cualquiera de estas mujeres. O a todas ellas. O a la condición humana donde conviven muchos sentimientos. La protagonista es una mujer universal.
Al final María Teresa reitera que el modelo para sus reflexiones fue Jiang Qing, pero también, como dice ella, podría haber sido Lady Macbeth, o cualquier de las mujeres (o hombres) que hayan participado en las tiranías y las salvajadas del poder despótico. La poeta mira a Jiang Qing con compasión, buscando a la mujer esencial que vive debajo de sus ambiciones políticas, y que puede tener dudas o miedo, y que quiere amar y ser amada.
Hay mensajes tan diversos en sus poemas. En “Templo” (p. 47),
hay una convivencia entre la vida, la muerte y la naturaleza. Expresa miedos y
anhelos que experimentan todas las mujeres. La Sra. Mao anticipa de su propia muerte,
entre turbaciones y preparación. Estas emociones la acercan a todas las demás
mujeres que también comprenden su propia y eventual mortalidad.
En “Manchuria – Shanghái – Pekín” (p. 33) la autora pone a
Jiang Qing a meditar sobre la brutalidad de la revolución en que ella ha participado
como esposa de Mao y como un militante con poder de mando:
cada pelea comenzaba
con un una venía
y terminaba en un
crimen
Ella, de hecho, participó en estos crímenes desde su
posición de mando y autoridad. Si Lady
Macbeth lamentaba aquel “damned spot’, de su culpabilidad, la Sra. Mao añora
el sol que una vez iluminaba su andar (p 33):
Llevaba mi sol sobre
la espalda
y en algún lugar lo
perdí
Quien desea escapar de la mirada de la culpa intenta ignorarla.
Y no quiere que los demás la vean tampoco. En “Demonios de huesos blancos” (p
37) dice:
Yo enhebraba una
aguja y cosía mis ojos para no verlo….
quienes conocían mi
jardín
se escondían debajo
las piedras
María Teresa opta por una compasión que ella llama “una
forma de política superior [… que puede] liberar el alma del hombre de la
enfermedad del poder” (pp. 66-67). En general refiere a la necesidad de ver a
todas las personas como vulnerables a los excesos y los vicios, y por ende con
la necesidad de encontrar las vías de regreso a la familia humana.
La compasión implica el reingreso a esta familia. La
historia, entonces, no enjuiciaría a sus transgresores, más bien intentaría
reincorporar a sus villanos y villanas, restituidos todos a su benignidad. Las
posturas de Nuremberg o de La Haya, que exigen que los culposos retribuyan o
paguen por sus crímenes, se convertirían en el precepto ético de negarse a tirar
la primera piedra. Algunos de los castigos en los juicios de Nuremberg incluían
la pena capital, que reprodujo, en esencia, la crueldad de los crímenes
enjuiciados, aunque fuera en una escala muchísimo menor.
Dice la poetisa que “… la poesía no es indiferente a la polis”
(p. 67). Su sensibilidad cívica implica una actitud compleja en que los límites
culturales actuales a la tiranía se desdibujen, pero la poesía de María Teresa nos
ofrece una necesaria llamada a la compasión.
Referencia
Ogliastri, María Teresa (2011). Diario de la Señora Mao. Caracas:
bid & co. Editores.