viernes, 2 de agosto de 2019
El aire que inhalo
El aire que inhalo
ya pertenece a otros:
a los descendientes,
a los bisnietos.
Mis palabras ahora
se tornan harapientas,
no suficientes y
del pasado.
Pero, todavía
resisto, desafío,
y camino a pulso
por la vereda.
Aún quiero admirar
a sus caras talladas
en el ramaje verde y de luz,
soñadas, de la arboleda.
-Karen Cronick
domingo, 28 de julio de 2019
Xenofobia y tribalización
Karen Cronick
¿Qué produce la deshumanización del humano? Es decir ¿qué causa la pérdida de la empatía y reciprocidad hacia el Otro y la tribalización de los afectos?
Normalmente es un fenómeno de grupo, en que las personas se unen para aislarse de los demás en base a cualquier característica propia (religión, raza, ideología, clan...) y así clausuradas en sus miedos y repudios, excluyen a todos menos los miembros de su propia banda. Comienzan a menospreciar a los que son ajenos a su “comunidad”, a veces al punto de extrema crueldad.
En estos tiempos de xenofobia y polarización política en todo el mundo, crece la urgencia de evaluar el fenómeno de las cofradías tóxicas. Sobre todo hay que identificar las barreras que impiden el paso de la solidaridad entre las personas, e intentar abrir resquicios en ellas.
Estas lealtades exclusivas obedecen a reglas de conformación y persistencia, algunas de las cuales han sido estudiados en la psicología social y por la especialización de la dinámica de grupos. Hay que examinarlas desde una perspectiva analítica y no partidista. Uno de los problemas es justamente que los profesionales estamos involucrados en los mismos sucesos que estudiamos.
Venezuela está afectado por varias manifestaciones del tribalismo. La primera es la xenofobia que confrontan los migrantes en la extranjera. Ella probablemente se exacerba debido al tamaño de la migración: cualquier lugar que confronta más de medio millón de individuos nuevos y “diferentes” en un corto lapso de tiempo reaccionará con miedo y rechazo. La asimilación toma tiempo. Es necesario encontrar los medios más eficaces para acelerar la tolerancia.
Otra demostración de este tribalismo se encuentra, tanto en la polarización política, como en la segregación que ha experimentado las fuerzas de orden y su falta de conexión con las necesidades de la población en general. Es una muralla de difícil acceso porque está fortalecida por la disciplina militar, ahora al servicio de un grupo político que también se encuentra aislado y debilitado.
La tolerancia, la empatía y la compasión son valores importantes. Es posible enseñarlos en las escuelas y por medio de campañas publicitarias en los medios electrónicos. Hay personas y proyectos que ya trabajan en este sentido. Podemos mencionar:
Alicia Reyes con Sopapa'tímcy, Sonia Pérez con "Pasión Petare", Fernando Jáuregui con sus videos Alternativos, el "Proyecto Alcatraz de la Fundación Santa Teresa, CANIA con sus trabajos sobre la nutrición infantil y maternal, las escuelas de Jesús Obrero, el Sistema de Orquestras Infantiles, PROVEA, Psicomovil de UCAB y los grupos de psicólogos como el de María Teresa Urreiztieta de "Dale Letra" que trabaja con los niños y adolescentes y los Psicólogos sin Fronteras que ofrecen apoyo gratis para el tratamiento del duelo y desasosiego en estos tiempos difíciles.
¿Qué produce la deshumanización del humano? Es decir ¿qué causa la pérdida de la empatía y reciprocidad hacia el Otro y la tribalización de los afectos?
Normalmente es un fenómeno de grupo, en que las personas se unen para aislarse de los demás en base a cualquier característica propia (religión, raza, ideología, clan...) y así clausuradas en sus miedos y repudios, excluyen a todos menos los miembros de su propia banda. Comienzan a menospreciar a los que son ajenos a su “comunidad”, a veces al punto de extrema crueldad.
En estos tiempos de xenofobia y polarización política en todo el mundo, crece la urgencia de evaluar el fenómeno de las cofradías tóxicas. Sobre todo hay que identificar las barreras que impiden el paso de la solidaridad entre las personas, e intentar abrir resquicios en ellas.
Estas lealtades exclusivas obedecen a reglas de conformación y persistencia, algunas de las cuales han sido estudiados en la psicología social y por la especialización de la dinámica de grupos. Hay que examinarlas desde una perspectiva analítica y no partidista. Uno de los problemas es justamente que los profesionales estamos involucrados en los mismos sucesos que estudiamos.
Venezuela está afectado por varias manifestaciones del tribalismo. La primera es la xenofobia que confrontan los migrantes en la extranjera. Ella probablemente se exacerba debido al tamaño de la migración: cualquier lugar que confronta más de medio millón de individuos nuevos y “diferentes” en un corto lapso de tiempo reaccionará con miedo y rechazo. La asimilación toma tiempo. Es necesario encontrar los medios más eficaces para acelerar la tolerancia.
Otra demostración de este tribalismo se encuentra, tanto en la polarización política, como en la segregación que ha experimentado las fuerzas de orden y su falta de conexión con las necesidades de la población en general. Es una muralla de difícil acceso porque está fortalecida por la disciplina militar, ahora al servicio de un grupo político que también se encuentra aislado y debilitado.
La tolerancia, la empatía y la compasión son valores importantes. Es posible enseñarlos en las escuelas y por medio de campañas publicitarias en los medios electrónicos. Hay personas y proyectos que ya trabajan en este sentido. Podemos mencionar:
Alicia Reyes con Sopapa'tímcy, Sonia Pérez con "Pasión Petare", Fernando Jáuregui con sus videos Alternativos, el "Proyecto Alcatraz de la Fundación Santa Teresa, CANIA con sus trabajos sobre la nutrición infantil y maternal, las escuelas de Jesús Obrero, el Sistema de Orquestras Infantiles, PROVEA, Psicomovil de UCAB y los grupos de psicólogos como el de María Teresa Urreiztieta de "Dale Letra" que trabaja con los niños y adolescentes y los Psicólogos sin Fronteras que ofrecen apoyo gratis para el tratamiento del duelo y desasosiego en estos tiempos difíciles.
sábado, 18 de mayo de 2019
El Recurso de Método de Alejo Carpentier
Reflexiones de Karen Cronick
Por un lado está la enorme maestría del autor, sobre la cual quisiera reflexionar a continuación, y por el otro está el personaje central, el Primer Magistrado, un dictador típico de América Latina que suscita inquietudes incompatibles. El personaje habla muchas veces en la primera persona y los lectores le seguimos muy de cerca por toda la novela. En el ambiente político de ahora en Venezuela, mis asociaciones se agudizaron por inevitables referencias mías –como lectora ubicada históricamente- con Nicolás Maduro, pero al final la analogía queda débil porque Maduro es un hombre sin matices culturales, y no tenemos –ni queremos tener- acceso a sus procesos internos. Maduro queda como una personalidad aplanada por sus acciones y declaraciones públicas, mientras el Primer Magistrado se abrió en las páginas de la novela como una personalidad compleja.
Carpentier ensaya con un estilo diferente de narración en donde el mundo de los personajes se revela por los objetos que ven y con los cuales se circundan. Hay páginas enteras donde aparecen largas cadenas de objetos domésticos, pinturas, autores, obras teatrales y de la ópera lírica, edificaciones, comidas evocadas por apariencia y sabores, calles, ropas, cuerpos, ambientes urbanos o selváticos y todo lo que rodea al Primer Magistrado. Él vive por medio de ellos, en la novela emergen en una especie de poesía rítmica de enumeración, hasta en insinuación musical. Los lectores tenemos que abandonar la expectativa de encontrar descripciones francas de eventos y emociones; tenemos que dejarnos llevar por el río de objetos sugeridos, a veces como un flujo simple de la memoria que nos lleva por nuestros propios recuerdos de lugares, olores y experiencias, a veces con ironía y aun cinismo, otras veces con humor y cierto grado de ternura y afecto, siempre entrelazados con el tema de una dictadura brutal.
Es el recurso de un método literario que nos explica muy poco: si el lector capta la alusión, puede proceder como cómplice del autor, si no, las alusiones quedan sólo como elementos rítmicos en el flujo de palabras. Como lectora capté –creo- suficientes, pero estoy consciente de haber sido dejado atrás en muchas ocasiones por no reconocerlas.
El Primer Magistrado podría ser cualquier dictador latino del siglo XX. Vive entre París y su propio país, que Carpentier no identifica, pero que tiene gran semejanza con Colombia, Ecuador y Venezuela; regresa a su patria para suprimir asonadas militares o intentos revolucionarios de varios tipos. No tiene una ideología propia, más bien tiene un enorme talento para usarlas para mantenerse en el poder, y esto es su meta única: quedarse en el poder a toda costa. Es corrupto si se llama corrupción emplear la riqueza del país en su propio beneficio, pero realmente no puede distinguir entre el patrimonio público y sus propias posesiones: no hay leyes ni costumbres que inhiben que los emplee como recursos suyos. Es despiadado con sus enemigos, y cuando sus atrocidades llegan a conocerse, para él sólo se trata de un problema táctico de relaciones públicas.
Sin embargo como lectores le seguimos en sus más íntimas reflexiones, siempre mediadas por el flujo de los objetos de su vida, y como observadores tan entrañables, no podemos relegarlo como un objeto más, como un parangón de abusador y opresivo déspota. No lloramos su muerte, pero es un Otro; no es un semejante, pero es un ser cuyos pensamientos y miedos han sido explayados a nuestra contemplación. No podemos odiarlo como hacen los ciudadanos de su país, pero lo reconocemos como el producto de una sociedad imaginario que conocemos desde hace siempre, y como una aberración humana.
Para mí fue difícil reconciliar el Primer Magistrado con el dictador que padecemos ahora. Nosotros, sí, vemos las injusticias, el envilecimiento y la perversión del gobierno actual. Lo que queremos es un regreso a la civilización, la democracia y la justicia, como también querían los pobladores del país del Gran Magistrado.
jueves, 14 de febrero de 2019
Guaidó y Abrams
En los tiempos actuales en Venezuela, cuando una nueva democracia se asoma de los escombros de una dictadura de veinte años, es importante revisar el papel estadounidense en el movimiento de liberación. El país del norte ofrece su apoyo al Presidente (interino) Juan Guaidó en su oposición a Nicolás Maduro. Se reconoce que el reclamo que hace Maduro a la presidencia se basa en elecciones fraudulentas. Además, más de 84% de la población venezolana apoya a Guaidó, y en él se centran grandes esperanzas para establecer un gobierno legítimo, liberal y constitucional.
Sin embargo, para muchos observadores el apoyo de los Estados Unidos causa preocupación. El gobierno estadounidense tiene tendencias populistas actualmente. El enviado a Venezuela por parte del Presidente Donald Trump es Elliott Adams, conocido por su participación en crímenes de lesa humanidad en América Central en la década de los años 80 bajo Ronald Reagan.
Un poco de historia
El país del norte participó en violaciones importantes de los derechos humanos contra las oposiciones democráticas (y también las guerrillas) en Guatemala, Nicaragua, Honduras y El Salvador. En Guatemala apoyó a la dictadura de José Efraín Ríos Montt y la junta militar posterior. En Nicaragua también se enfrentó a la oposición sandinista a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. En Honduras los Estados Unidos respaldó las fuerzas militares reñidas contra toda oposición al gobierno, a la cual se le consideraba comunista. En El Salvador los estadounidenses apoyaron al Presidente José Napoleón Duarte y otros políticos de la derecha como Roberto D'Aubuisson, quien participó en el asesinato de Monseñor Óscar Romero. Otros sacerdotes como los jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Armando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín López también fueron asesinados por los militares salvadoreños. (El Padre Ignacio Martín Baró fue muy querido en Venezuela, principalmente entre los psicólogos sociales, entre los cuales me cuento.)
Especialmente de interés en mis reflexiones, en este momento, es la masacre de El Mozote en El Salvador en que murieron más de 800 civiles, incluidos niños, asesinados por tropas entrenadas por los Estados Unidos. Elliott Abrams tuvo participación organizativa en esta tragedia.
El papel de Abrams en los años 80 del siglo pasado en América Central tiene que examinarse. Si no participó directamente en crímenes contra la humanidad, los facilitó en El Salvador por medio de su apoyo a las medidas represivas del Presidente José Napoleón Duarte.
La situación actual en Venezuela
Desafortunadamente es precisamente Elliott Abrams que es el enviado especial de Donald Trump en apoyo a la oposición venezolana liderizada por Guaidó.
No hay duda de la voluntad democrática de Guaidó, y tampoco del intenso clamor para un cambio político en el país.
Es probable que el apoyo que recibe de Trump, Abrams y los demás políticos estadounidenses esté motivado esencialmente por el rechazo tradicional de estos señores a todo lo que tiene que ver con la izquierda política. Ellos identifican a Nicolás Maduro y sus colaboradores como comunistas. Sin embargo, el Chavismo, que Maduro representa actualmente, tiene poco contenido ideológico –de ningún tipo-; se trata esencialmente del afán de asirse al poder y mantenerse en él para adelantar sus propios proyectos de enriquecimiento ilícito.
En cambio, Guaidó, sí representa una visión democrática de transparencia y apego a la ley.
Por esta razón, es importante que la oposición a Maduro, dirigida por Guaidó en esta etapa de transición, mire con el necesario recelo al caballo de Troya que Abrams tal vez representa. El apoyo estadounidense es fundamental para el programa de democratización del país, sin embargo, hay que emplearlo con agradecimiento, más no con obligación.
viernes, 18 de enero de 2019
El héroe o el estadista: Pérez o Guaidó
El año pasado un aviador/actor llamado Oscar Pérez se alzó como el más reciente salvador que ha propuesto rescatar a la patria, como un Superman que eternamente salva a Metrópolis del crimen organizado. Pero Pérez era un soldado liberador sin un plan de cambio. No había elaborado ningún programa para la recuperación legal, estructural, económica o penal del país, o no lo había hecho público. Su lenguaje era igualmente indeterminado: quería libertad y justicia, dos sustantivos notoriamente vacíos de cualquier contenido preciso.
Más que esperar los aviones que vendrán como ángeles a rescatar a la población, hay que preguntarnos qué tipo de constitución queremos ahora: ¿Cuánto poder otorgará al presidente? ¿Queremos un sistema parlamentario? ¿Cómo será el sistema electoral? ¿Por cuánto tiempo elegiremos a los diputados? ¿Cómo será el sistema de justicia? ¿Nos quedaremos con el infausto sistema de cárceles que tenemos actualmente? ¿Qué será la relación entre las fuerzas de orden y el gobierno civil? Y luego vienen las preguntas más cotidianas: ¿Qué vamos a hacer con la basura que producen nuestras ciudades? ¿Qué sistema de transporte necesitamos? ¿Cómo vamos a neutralizar y luego reformar a las bandas de delincuentes?
Pareciera que no existiesen soluciones negociadas ni nacionales ni internacionales para Venezuela. Los estadistas que requieren la nación han sido defenestrados o yacen en una oscura cárcel.
Pero de repente, mientras escribo estas líneas, un nuevo abanderado de la democracia se asoma: se llama Juan Gerardo Guaidó Márquez; es un ingeniero y presidente de la Asamblea Nacional (AN) desde el 5 de enero del 2019. Guaidó, al asumir la presidencia de la AN, asumió también la presidencia interina de la nación en una iniciativa netamente democrática y en oposición a la dictadura de Nicolás Maduro.
Fue la misma Asamblea que Nicolás Maduro desconoció en el 2017 cuando la sustituyó de manera inconstitucional en 1917 con la creación de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) cuyos miembros son todos leales al actual gobierno. La AN ha seguido reuniéndose a pesar del acoso, arresto y asesinato de algunos de sus integrantes y de repente el día 15 de enero de 2019 aprobó un acuerdo en que “se declaró la usurpación de la Presidencia de la República y se definieron las líneas para recuperar el ejercicio legítimo de la presidencia, con base en los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución” (Hernández, 17/1/19). De este modo se declararon viciadas a las últimas elecciones, en las que supuestamente fuera reelegido Maduro, y se proclamó que Guaidó, actual presidente de la AN, representaría a Venezuela como presidente interino.
Es una iniciativa dramática que propone, además, la celebración de múltiples cabildos abiertos. El cabildo es un recurso que se encuentra en la Construcción del 1999 que dice en su Artículo 70:
Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocatoria del mandato, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros; y en lo social y económico, las instancias de atención ciudadana, la autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las de carácter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad. (Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999)
De este modo el cabildo abierto queda como un mecanismo de poder popular que efectivamente incluye la capacidad de “la revocatoria del mandato” y “cuyas decisiones serán de carácter vinculante”. Fue concebido como un recurso a ser empleado en la resolución de problemas locales:
“… debidamente organizado, es una herramienta útil para informar y formar ciudadanía; igualmente, es un espacio que facilita al ciudadano experimentar el valor de las instituciones locales, del diálogo, el debate plural y respetuoso con las autoridades locales; además, es una estrategia política válida para intentar acercar al ciudadano a los asuntos públicos locales y reconstruir lazos de confianza óptimos con las instituciones locales” (Romero, Carlos, 3/7/014).
En el caso actual, Guaidó y los demás miembros de la AN no se proclaman insurrectos, sino inmersos en un proceso autorizado constitucionalmente. No se trata de un nuevo héroe alzado, sino de un estadista que quiere tomar el manto de Rómulo Betancourt y convertir la dictadura actual en una democracia naciente.
Referencias:
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999
Hernández, José Ignacio (17/1/19). ¿Qué aprobó la Asamblea Nacional? Prodavinci. Disponible en: https://prodavinci.com/que-aprobo-la-asamblea-nacional/?fbclid=IwAR2nie7JzXpc30OVBBASaryVcFWaQaGhdlSTm2vjFvj8avYcb93Y2ELYZh4
Romero, Carlos (3/7/014). El Cabildo Abiero. Revista del CEPYG, Universidad Católica Andrés Bello. Disponible en: https://politikaucab.net/2014/07/03/el-cabildo-abierto/
viernes, 7 de diciembre de 2018
Reflexiones finales sobre Venezuela
Esto es parte de una primera versión de las conclusiones sobre la situación actual de la democracia venezolana; forma parte de un libro que escribo sobre la democracia en general
Reflexiones finales sobre Venezuela
Karen Cronick
Al principio, al formarse el Virreinato de Perú, Venezuela quedó afuera como una capitanía. Con el paso del tiempo, al formarse el Virreinato de Nueva Granada también quedó fuera. Las capitanías funcionaban básicamente como bastiones de protección militar contra los piratas y luego para la salvaguarda del comercio como en el caso de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas.
La diferencia entre un virreinato y una capitanía puede apreciarse en el tipo de desarrollo propiciado por España. Por ejemplo Nueva Granada,
“…constaba de 8 provincias, 1 arzobispado y 7 obispados. Con Universidad en Santa Fe de Bogotá, Biblioteca Pública inaugurada por el virrey Guirior (que fue del Perú) en 1774, un Instituto de Ciencias Naturales, abierto por el virrey Caballero y Góngora a raíz de la famosa expedición botánica que dirigió el sabio gaditano don José Celestino Mutis, un observatorio, etc. En 1759 publicaba el Papel Periódico de Santa Fe de Bogotá. Tuvo imprenta. Amenazado constantemente por piratas, constituyó también apreciable fuerza militar. Su riqueza principal fueron el oro, las esmeraldas, la plata y el platino” (Sánchez, 1965, Párrafo 3).
Mientras que la Capitanía General de Venezuela:
“disfrutaba de arzobispado (Caracas; 1803) y 2 obispos sufragáneos. El colegio fundado en 1696 se convirtió en Universidad el año de 1795. Se destacó económicamente por su riqueza ganadera, que llegó a ser tan apreciable como la del Río de la Plata. Su riqueza consistió además en cacao, algodón, café, tabaco y caña, lo que dio notable incremento a la colonia…..Fue el verdadero nudo mercantil del continente, hasta que se abolió el sistema de galeones y se entregó al comercio la ruta de Magallanes“ (Sánchez, 1965, párrafo 4).
Hay una frase popularmente atribuida a Simón Bolívar: “Mientras que Quito es un convento, y Bogotá es una Universidad, Venezuela es un cuartel." La caracterización de Venezuela como “un cuartel” se deriva de su herencia de la capitanía, y luego –por más de un siglo después de la muerte de Bolívar- de las sublevaciones constantes que dificultaban la instalación de gobiernos civiles en el país.
Esta herencia fue superada por cortos lapsos accidentados con los gobiernos de Eleazar López Contreras (aunque él mismo fuera militar) y un poco más que veinte años más tarde, Rómulo Betancourt, un civil. Con ellos llegaron finalmente la dotación y construcción de universidades, bibliotecas, hospitales, atención a la salud, fomento para la agricultura, estimulación y regulación de los bancos, una limitación al lapso permitido para un presidente en el mando y el voto universal, directo y secreto. Hubo florecimiento en las artes y la producción de literatura nacional. Se fundaron partidos políticos y se abrió el discurso nacional a la posibilidad de tolerancia democrática.
Sin embargo, esta democracia murió por su propia mano en 1999. Come he venido describiendo, hubo varios errores: la exclusión de los comunistas, varias crisis económicas no resueltas y la inquietud de siempre en los cuarteles. Las condiciones eran propicios para el surgimiento de un candidato populista, un héroe de las masas descontentas (como Julio Cesar, Dantón, Donald Trump, Jair Bolsonaro o Hugo Chávez), que disfruta de la aclamación popular, y que luego gobierna a su manera.
El populismo no es un acontecimiento históricamente anómalo, pero la frecuencia del fenómeno ha aumentado en el Siglo XXI. Aparece cuando existe el multitudinario desencanto con las reglas y la oferta la democracia; esta fórmula ha sido bien descrito por Rivas Leone (2012):
“Merece destacarse que hay una estrecha correspondencia y relación en los años noventa entre el deterioro de la expectativas de los venezolanos, la crisis económica, los problemas de gobernabilidad, el deterioro de los partidos e incluso los aspectos referidos a la participación, la abstención y la inferencia como parte de la cultura política del venezolano” (p. 4).
El fundamento más básico de la democracia es el derecho para votar. El abstencionismo ha sido particularmente sintomático del descontento con la democracia. De nuevo Rivas Leone dice:
“En el 83 la abstención no alcanzaba el 10% y diez años después en el 93 llegó a ser de un 40% en las elecciones nacionales y 60% en las locales del mismo año. Nuestro país, había perdido entonces ese lugar privilegiado de países con mayor índice de participación electoral a nivel latinoamericano y mundial” (p. 5).
Cuando los viejos partidos -como AD y COPEI- pierdan su capacidad para representar a una población insatisfecha, otras organizaciones pescan en estos ríos revueltos. Rivas Leone las cataloga: Convergencia Nacional (CN), Movimiento al Socialismo (MAS), Causa Radical (CR), el Movimiento Quinta República (MVR), PSUV, Partido Patria Para Todos (PPT), Partido Proyecto Venezuela (PV), Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), Partido Alianza Al Bravo Pueblo (ABP), Partido Un Nuevo Tiempo (UNT) y Partido Primero Justicia (PJ), entre otros.
Los viejos partidos carecían de ideología y programas viables, y para muchos de los nuevos (MVR, PPT, PSUV, ABP) sus posturas ideológicas consistían en llamadas emocionales, carentes de contenido concreto.
Después del fallido golpe de Chávez en el 1992, el mismo Rafael Caldera expresó “cierta simpatía por los móviles esgrimidos por los golpistas, distanciándose así de los dos partidos del sistema” (Rivas León, p. 7), y formó su propia agrupación, Convergencia. No es casual que en el argot de la calle Convergencia comenzó a llamarse “El Chiripero” porque ofreció un techo electoral a cualquier tendencia política que tuviera una vaga sensación de fastidio con el sistema de este entonces.
En este ambiente fácilmente un nuevo líder puede sustituir los ideales democráticos por la adulación al héroe. La oposición democrática dejó de existir, e inclusive intentó su propia asonada. Desde 1992 ha llamada abiertamente al abstencionismo en un paroxismo antidemocrático que sólo ha servido para secundar a la tendencia populista ya establecida.
Bibliografía
Rivas Leone, José Antonio (2012). La experiencia populista y militarista en la Venezuela compemporanea. Institut de Ciências Politique i Socials. Barcelona, España. Institut de Ciències Polítiques i Socials. Barcelona, España. WP núm. 307 Disponible en: https://www.icps.cat/archivos/WorkingPapers/wp307.pdf?noga=1
jueves, 29 de noviembre de 2018
La democracia como argumentación y compromiso
La democracia como argumentación y compromiso
Karen Cronick
La argumentación es el arma principal de la democracia: las conversaciones sustituyen el traqueteo de los sables en el campo de batalla. La lógica de la negociación se contrapone a la inmediatez de las sublevaciones y ocupaciones militares. Ejemplos abundan, podemos mencionar tanto la tragedia del conflicto entre Irlanda y Inglaterra que finalmente terminó en acuerdos entre las partes, como lo que ocurre actualmente entre Israel y los palestinos que todavía tiene que resolverse. Algunos conflictos surgen del simple afán de dominio (como en el caso de Alejandro Magno), pero otros ocurren porque los participantes se fijan únicamente en las diferencias que los separan y no en sus conexiones humanas más profundas.
Está claro que todo proceso de negociación esconde agendas ocultas y juegos de poder. El lado más militarmente poderoso tiene una clara ventaja. Tiene que haber ciertas condiciones previas para el diálogo si el resultado no va a implicar la rendición incondicional de uno de los contrincantes. El diálogo supone también estrategias en que los lados en conflicto buscan aliados, demuestran su disponibilidad de conceder algunos puntos de sus aspiraciones y en general fortalecen sus posiciones antes de ventilar sus argumentos.
A veces hay que separar los problemas grandes en temas más manejables, y también es útil emplear los símbolos de la concordia, como cuando en el 2018 los equipos de Corea del Norte y Corea del Sur competieron juntos como un solo equipo en los Juegos Asiáticos. Este gesto fue muy relacionado con los encuentros políticos asociados con la terminación oficial de la guerra entre los dos países coreanos y los Estados Unidos.
Algunos cristianos y musulmanes ahora piensan que se encuentran metidos en un “Choque de Civilizaciones” (Huntington, 1993) y por ende son incapaces de negociar su convivencia. Otros grupos se confrontan porque los de un lado no pueden aceptar las prácticas del otro (por ejemplo, el matrimonio entre personas del mismo sexo), o porque se perciben como rivales para los mismos recursos (los ciudadanos de países que reciben los refugiados de otras regiones).
Muy relacionada con la idea del discurso democrático está la idea de “capital social” (Aldrich, y Meyer, 1-10-2014). Se trata del conjunto de los lazos que los individuos tienen dentro su propio grupo social. Son sus interlocutores: los lazos son visto como redes de vínculos cercanos (familia, amigos y vecinos) que tienden a ser socialmente homogéneas. También son las conexiones externas (partidos políticos, lazos en el lugar de trabajo, iglesias y grupos voluntarios). Igualmente contemplan los posibles contactos que los individuos pueden tener con entidades oficiales (el alcalde, un miembro del congreso o la asamblea nacional). Las personas en estas agrupaciones pueden ser similares o heterogéneos y sus interacciones pueden demostrar la confianza que se tienen entre sí, o por el contrario, exclusión social. Esta confianza o exclusión se expresan dentro de los grupos, o se dirigen a otros grupos. Este es un concepto relativamente nuevo dentro de las ciencias sociales, y es evidente la pertinencia que tiene para entender la voluntad que tienen los ciudadanos para participar en discurso político.
Relacionado con el capital social es la idea de Habermas (1987/1992) de las condiciones ideales de comunicación en que no hay coerción: se trata de la vasta atmósfera social en la que las personas “respiran” sus culturas e interactúan entre sí. Para este filósofo existe la categoría de la comunicación institucionalizada en la que los discursos científicos, matemáticos, tecnológicos, políticos o legales se ubican contextualmente y están regidos por reglas explícitas e implícitas que determinan cuáles pronunciamientos son aceptables y cuáles no.
La aceptabilidad de los argumentos a su vez se relaciona con la necesidad de contar con información veraz. En el Siglo XXI se habla mucho de la desinformación o “fake news” y la manipulación mediática. Su objetivo es obstruir la llegada de reportajes confiables a ciertos grupos de ciudadanos. Normalmente se trata de un fenómeno periodístico, pero también se halla en sectas u otras agrupaciones que no podrían contar con la lealtad de sus miembros si éstos tuviesen acceso a la verdad. La identificación de las noticias veraces y la discriminación las falsas no es fácil para la mayoría de las personas.
En un sistema liberal los ciudadanos se reúnen en congresos, ayuntamientos, tribunales y partidos políticas para discutir sobre lo que consideran las mejoras soluciones a sus problemas colectivos, e intentan convencer a los demás sobre lo razonable de su propia posición. Finalmente se llega a un acuerdo –esto puede tomar años- y se establece entre todos la solución concordada según las normas reconocidas entre todos en su constitución y las leyes.
Aristóteles ubicaba la argumentación entre los fundamentos de la acción política en una democracia. Pensaba que aunque el resultado de los discursos, alocuciones y acuerdos finales pueda conducir a equivocaciones, a lo larga, la acumulación de resoluciones tendrá un efecto civilizatorio. En su libro “La Retórica” (330 A.C./1946) identificó y categorizó muchos de los mecanismos que un orador puede usar para influir sobre su público. Para él, el propósito final de la retórica es la persuasión. Hoy diríamos que la comunicación retórica incluye la interpretación mutua entre los hablantes y los oyentes, así como aspectos que van más allá del acto de convencer: tiene que ver con la misma construcción social de la realidad.
La razón de la retórica es convencer a otras personas en situaciones que pueden ser políticas, legales o ceremoniales; en ciertos contextos, las afirmaciones pueden llegar a constituirse en actos con significado decisivo, como casarse (decir, “lo hago”), declarar una guerra o condenar a un reo. También en este intercambio, las personas debaten sobre cómo lograr las metas (los medios), la guerra y la paz, la defensa nacional, el comercio internacional y la legislación, y definen su cultura y sus conceptos de moralidad y ética.
Una de las grandes soluciones del entendimiento mutuo que resulta del discurso compartido es el desarrollo de la tolerancia. Los grupos distintos se ponen de acuerdo en mantener sus propias identidades, pero aceptan que haya distintas maneras de vivir que no tienen que mezclarse, y que pueden coexistir. Por ejemplo, después de siglos de lucha entre sí los protestantes y los adeptos de iglesia católica de Roma las partes gradualmente decidieron respetar sus diferencias. También en una democracia los distintos partidos políticos reconocen el derecho que tienen los ganadores de elecciones justas a asumir el mando en sus países –hasta las próximas elecciones-.
La tolerancia y las migraciones: Hay una reflexión final que hay que hacer sobre la tolerancia en relación a las demografías cambiantes en Europa y los Estados Unidos. Desde hace milenios en Europa culturas antiguas han luchado para colonizar los unos a los otros –a veces a punto de sable y ballesta-, y luego se han asentado en regiones específicas: los celtas y los galos en Gran Bretaña y la zonas de costa atlántica y central; los godos, teutones, vándalos, alamanes y francos en diferentes partes de Europa central y sur; los vikingos en el norte –aunque ellos exploraron y colonizaron otros lugares también. Cada uno tenía su idioma y costumbres. Estas culturas se concentraban en reinados específicos, y luego los Estados-nacionales desarrollaban sus identidades en base a aquel arraigo tradicional y arcaico. Aún hoy en día, en tiempos de guerra apelan específicamente a estas afinidades para movilizar el fervor de los pueblos para defender al rey (o más tarde, a la patria).
Desde del “descubrimiento” de las Américas ha habido enormes migraciones hacia el “nuevo mundo” de todos partes, pero en general las de América del Norte provenían de Gran Bretaña, Suecia, Holanda y Alemania, y las del continente sur procedían de España y Portugal. El colonialismo europeo también movilizó personas a África, la India y los países orientales como la China. Pero en los dos últimos siglos han ocurrido también migraciones a revés, de las colonias hacia Europa. Desde 1945 ha habido también oleadas de refugiados, sobre todo en el Siglo XXI debido a los conflictos en el Medio Oriente y África.
De igual modo, se puede caracterizar la migración histórica hacia los Estados Unidos como proveniente generalmente de poblaciones cristianas y “blancas” (con la excepción de los esclavos de África). Sin embargo, desde la llegada de otras agrupaciones en los siglos XX y XXI su asimilación no ha sido de todo cómoda.
Estos movimientos, y las mezclas culturales que resultan de ellos, son vistos como amenazas por los pueblos que los reciben. La reacción en muchos lugares ha sido una exacerbada xenofobia, sobre todo con el arribo de grupos musulmanes. No hay duda que miedos atávicos están en juego, activados por recuerdos culturales de las invasiones otomanes en el Siglo XV, a lo que hoy en día es Serbia, Bulgaria, Albania, Bosnia, Croacia, Hungría, Polonia e inclusive Venecia y Austria. Ahora el miedo a los musulmanes se aumenta con referencias al Yihadismo. Ocurre una especie de generalización psicológica que asemeja a todos los musulmanes con la violencia del terrorismo.
Las culturas creadas por los crisoles de la migración como Australia, Canadá y los Estados Unidos son intranquilos pero exitosos. Venezuela también ha aceptado e integrado a muchas culturas distintas: hay un punto de Caracas desde donde se ven la Cruz de una iglesia católica y el Creciente y Estrella de la mezquita musulmana surgiendo juntos de las casas y edificios de una zona llamada Candalaria.
En estos países el racismo es rampante (menos Venezuela cuya cultura es bastante tolerante) pero los movimientos para eliminarla también surgen de la misma población. Son democracias que se apropian de los talentos de sus recién arribados y finalmente los arropan en los valores locales. Con gran frecuencia los nuevos ciudadanos se afilian a partidos políticos, votan, se educan en las escuelas y las universidades y contribuyen con su trabajo a las economías locales. Las religiones coexisten –con brotes de intolerancia- en donde protestantes, católicos, musulmanes e hindúes terminan participando juntos en las reuniones de los padres y representantes en las escuelas de sus hijos. La clave está en la educación para la democracia que debe llegar a todos los sectores de la población.
Bibliografía (por orden en el texto)
Huntington, Samuel P. (1993). The clash of civilizations? Foreign Affairs. (72) 3, 22-49.
Álvarez de Toledo, Cayetana (20/10/18). Lorent Saleh, preso y torturado cuatro años por el chavismo: "Buscaban anular todos mis sentidos". El Mundo Internacional. Disponible en: https://www.elmundo.es/internacional/2018/10/28/5bd493da268e3eac7f8b45e2.html
Habermas, J. (1987/1992). Teoría de la acción comunicativa. Racionalidad de la acción y racionalización social, Vol I. Madrid: Taurus Ediciones.
Aristóteles (330 A.C./1946: fecha traducción/1966: fecha impresión) "Rhetorica". The works of Aristotle. W.D. Ross (Ed.). W. Rhys Roberts (translator). Vol. XI Oxford: Clarendon Press.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)