jueves, 18 de febrero de 2016

El atractivo del líder carismático



¿Qué es lo que hace que la gente delire tras líderes carismáticos?  ¿Y los motiva a agarrarse a una ideología salvadora aún cuando, con el tiempo, quede obvio que conduciría a una hecatombe económica y social? 

No refiero a figuras como los golpistas de Chile y Argentina en las décadas 70-80 cuando hubo entre los militares ciertos motivos de provecho propio. Hablo más bien de movimientos generalmente populares como él de los últimos quince años en el país. 

Yo diría que estos corrientes nacen de la desesperación. Tienen que haber condiciones previas e insoportables para que los políticos tengan éxito en promocionarse como tablas salvadores. Los motores de estas tendencias son las grandes desigualdades económicas y la sordera de los gobiernos que dejan de escuchar a sus poblaciones.  En Europa y Los Estados Unidos actualmente las condiciones de desigualdad son particularmente notables, y por lo tanto medran personajes como Maríe Le Pen, Pablo Iglesias y Donald Trump. Ellos pregonan posiciones ideológicas variadas pero de igual forma son peligrosas.  

A pesar de que ahora añoremos los anaqueles llenos de productos de la Cuarta República, tenemos que recordar que ciertos sectores en Venezuela no tenían acceso al aparente bienestar de aquellos días. Es importante mantener esto en mente al elaborar nuevas soluciones para el país.

martes, 9 de febrero de 2016

Lo políticamente correcto



Lo políticamente correcto refiere a lo que se puede decir en público o en la televisión. Agravios tradicionales, como las palabras más ofensivas para referir a la raza, la nacionalidad o la orientación sexual se prohíben para limar las asperezas interpersonales más agresivas.

Se trata de cambios sociológicos por medio de la semántica. Lo indecible se cubre con eufemismos, o en el mejor de los casos se asoman sinónimos con connotaciones más benignas. 

El problema es que aquellos viejos prejuicios se quedan allí, ulcerándose debajo de la veda de significados ocultos, que sin embargo se comunican por miradas en la calle y conversaciones privadas en casas o tabernas.

Ahora lo políticamente incorrecto está de moda, y aquella vieja olla rancia se destapa. Llegan personas como Donald Trump, y los votantes reaccionan con alivio. La palabrota se dice desde el podio; se rasga la ambivalencia de la tabú, y los que se han mandado a callar se sienten liberados. 

Estas palabras prohibidas denotan el rencor en sus múltiples formas. Cuando de nuevo se permita que entren pronunciadas en la las relaciones formales de convivencia, de hecho se legitima al odio. 

lunes, 8 de febrero de 2016

El Guri, la electricidad y el agua en Venezuela



Todo el mundo se preocupa por los símbolos patria, pero no estamos capaces de percibir la mega-desastre que nos viene encima. 

El Guri se seca, en parte debido al muy nombrado “El Niño”, pero más a causa de la deforestación y la minería que ha ido ocurriendo por las riberas del Rio Caroní y que han sido denunciadas por expertos desde hace más de diez años . La sequía es culpable de sólo una pequeña parte de la pérdida del volumen de agua en la represa. 

Los responsables verdaderos somos quienes hemos pensado que se puede ir extrayendo recursos de la tierra sin reponer vegetación y sin cuidar los bosques. Es decir, los causantes somos todos que no hemos defendido los suelos de la nación. 

¿En qué consiste la desastre? Las ciudades de Venezuela van quedándose sin agua. Además, no habrá electricidad, ni para las luces en la noche, ni para los electrodomésticos, ni para las computadoras y el Internet y ni para los telecajeros de los bancos. 

Parte de las dificultades con el suministro de electricidad viene de la falta de mantenimiento de las plantas de generación. Sólo se puede preguntar dónde fue el dinero destinado a esta obra que debe ser constante.

Yo quisiera ver una sola marcha en Caracas donde la gente reclama la recuperación de las riberas del Caroní y la maquinaria de la represa.

No entiendo por qué permitamos tanta degradación ambiental.

miércoles, 27 de enero de 2016

Legalizing drugs / La legalización de las drogas


English

Personally I think all drugs should be legalized, and the money for policing, trying, and jailing offenders should be used in viable projects for the recuperation of addicted people. I think drug producers should be taxed and regulated just as alcohol and tobacco producers are. The article cited below is just about long term jail sentences for offenders under current laws.

The war on drugs is a complete failure that only helps out the criminals.

Español:

Personalmente creo que todas las drogas deben ser legalizadas, y que el dinero que se usa ahora para actividades policiales y legales, y para la encarcelación de los usuarios, traficantes y productores debe usarse en proyectos viables para la recuperación de las personas adictas. Creo que los productores de drogas deben ser gravados y regulados del mismo modo que sonlos productores de alcohol y el tabaco. En el artículo citado abajo se trata sólo de la reducción de la encarcelación para los delincuentes menores y sólo en Los Estados Unidos.

La Guerra contra las Drogas es un total fracaso que sólo ayuda a los criminales. 


Reference / Referencia
John Kiriakou (January 27, 2016). The Clemency Project, Another Obama Mirage? Reader Supported News. Available at: http://readersupportednews.org/opinion2/277-75/34848-focus-the-clemency-project-another-obama-mirage
John Kiriakou (27 de enero, 2016). The Clemency Project, Another Obama Mirage? Reader Supported News. Disponible en: http://readersupportednews.org/opinion2/277-75/34848-focus-the-clemency-project-another-obama-mirage

viernes, 22 de enero de 2016

Frente a la autoridad


Bombonas de gas

El drama de comprar bombonas de gas en Los Teques se agudiza. Sólo permiten dos por persona.

Como éramos tres pretendimos comprar seis. Pero el hombrecillo en la puerta quería que los tres cargáramos personalmente las dos que nos tocaran. Mi artritis dificulta que levante a estos objetos, y normalmente los hombres que me acompañan me ayuden. Pero aquel -como dije- hombrecillo no quería dejarnos pasar a menos que tuviera yo uno en cada mano, levantados y arrastrados por el suelo. Era un Gestapo. 

Supongo que pudiera haberlo hecho, pero que me obligara era demasiado. Le llamé, con cierto volumen decibélico, "feíto", "poco humano" y algunas injurias más. Los demás en la cola se solidarizaron conmigo y el gnomo maligno finalmente dio un paso atrás, dejándonos entrar.

Sé que hay que protestar cuando los porteros se alzan a ejercer los pocos centímetros cúbicos de poder que las autoridades les entregan. Pero al final me sentí mal. Sí, el gnomo era feíto, pero creo que podría haber sido menos personal en mis protestas. 

“Obey”

A veces me dan risa los mensajes en inglés escritos en las franelas que usan las personas. Algunos son francamente groseros y quienes los exhiben no tienen idea de las barbaridades que publican por las calles. 

Pero ahora hay uno en particular que me deja perpleja: Hay chaquetas que dicen "obey", es decir, "obedecer". Claro puede ser interpretado de las dos maneras: "yo obedezco", o "obedézcame", pero para mí es particularmente notable ver estos avisos cuando todo el mundo pasa los días sumisamente haciendo cola.

domingo, 10 de enero de 2016

El deber del ciudadano es no confiar


Guárdense contra toda acumulación de poder, sin adaptarse a ella ni justificarla debido a quiénes la detentan. No importa si surja en una junta de vecinos, de una casa financiera, de un monopolio de la manufactura de un producto de alta demanda, de un retén policial,  de una banda hamponil, de un aula de clases o de un partido político.

No hay buenas causas que justifican tal acumulación. No hay peligros externos que excusan que los individuos entreguen su potestad propia. Cuando el gobierno pide acceso a las comunicaciones personales de sus ciudadanos en nombre de la seguridad nacional, o cuando un presidente pide a los legisladores que le entreguen la autoridad de regir por decreto o cuando se dediquen cantidades desmesuradas del tesoro público al desarrollo y acopio de armas de guerra,  se trata de algo que, en una democracia –en una sociedad civilizada-, no es lícita. 

Deberíamos rechazar a los héroes que piensan que pueden obrar en nuestros nombres. No hay salvadores que nos rescatarán de nuestra obligación de ser perspicaces y desconfiados sobre el manejo del bien público.

Deberíamos huir de las ideologías totalitarias y los fundamentalismos que nos prohíben pensar más allá de los límites de ciertos dogmas consagrados.

Hay que cuidarse de las agrupaciones agresivas de gentes que defienden su causa a costa de la nuestra. 

Deberíamos sospechar cuando los gobernantes nos piden sacrificios sin renunciar nada ellos mismos.

El deber del ciudadano es no confiar; es actuar con compromiso personal y autónomo. Es asumir la responsabilidad por los actos propios. 

lunes, 4 de enero de 2016

Kundera



He terminado de leer dos libros de Milan Kundera en estas vacaciones: El libro de la Risa y el Olvido, y La Fiesta d la Insignificancia. Ambos combinan la frivolidad con un sustrato muy serio que alude a la condición humana en general y específicamente al ejercicio del poder como tiranía. 

Como ya comencé a leer un tercer libro de otro autor, con un estilo muy distinto, quiero organizar mis reacciones a Kundera antes de perder su manera poética de ver la realidad a través de palabras que embrujan mientras la construyen. Evidentemente tengo que combinar las dos novelas en lo mis reflexiones porque al leer la segunda tuve la primera todavía viva en mi cabeza. 

Se trata de encuentros entre amantes y amigos que juegan con variados grados de intimidad y entendimiento mutuo. En el primer libro hay una mujer que pierde a su esposo y pasa por todos los resabios de dolor y rescate -imaginarios y creíbles-; el autor pone su destino en manos de unos niños indiferentes y enajenados de las emociones que normalmente compartimos. De nuevo el lector se pierde entre posibles simbolismos políticos y sociales, pero sin la seguridad de que no se trate todo de simples absurdos. En el segundo aparecen hombres que intentan entenderse con sus amigos, amantes y madres. Estas crónicas íntimas ligan los encuentros más casuales con la opresión política de la era soviética, pero también con el sustrato compartido de lo que es ser un humano sentiente.

Corre por La Fiesta… una anécdota sobre Stalin como un cazador improbable; emplea sus embustes para atormentar a un funcionario suyo que sufre de la incontinencia urinaria, obligándolo a quedar oyendo una misma historia alargada y repetida a pesar de su incomodidad. Este cuento se repite entre un grupo de amigos en atiborrada juerga y también como una obra teatral en plena calle, o tal vez como un retorno en pleno Jardín de Luxemburgo del dictador soviético con una escopeta que caza al pobre funcionario del relato. Hay un hombre en esta historia llamado Calibán que trabaja como mesonero; finge no entender francés (ocurre en París): inventa un facsímile original suyo de Urdú que llama “pakistanés”; así ejercita su oficio de actor y a la vez evita interactuar con los que asisten a los banquetes donde gana –de mala gana- la vida. 

Cuento estos incidentes para ilustrar como las realidades se tejan alrededor de burbujas de jabón, y llevan al lector a lugares emotivos de realidades construidas con frases inventados por un gran maestro.

 
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