K. Cronick
Hace muchos años fui, un 12 de octubre, con varias personas,
incluyendo el antropólogo Neptali Álvarez, a la Montaña de Sorte en Yaracuy.
Por mi parte esta visita tenía un ánimo más de turismo cultural
que espiritual, y yo observaba todo con asombro por lo que percibí como una
celebración de inclusión e identidad. Claro, mis aspiraciones racionales y
científicas impedían que participara en lo que veía. Este culto (o asimilación
de muchos cultos) es una fantasía selvática con sus propias reglas de
crecimiento y evolución, y es una realidad muy diferente a la mía.
Michaelle Ascencio lo describe como:
…un sistema de correspondencias
entre dioses paganos y santos católicos, y entre los ritos de una y otra, tal
como sabemos ocurrió con la santería, con el vodú y el candomblé, las tres
religiones afroamericanas de nuestro continente, y con los cultos como San Juan
y San Benito, en Venezuela (Referencia 2, p. 8).
Además, el culto se compone de variados “cortes” que
específicamente refieren a los grupos étnicos en Venezuela, como el Corte
india, el corte negro, algunas deidades africanas como Changó, y Ochún, algunos grupos naturalísticos, los
médicos -específicamente al Santo José Gregorio Hernández-, algunos militares y
aun unos “malandros” de barrio que hicieron reputaciones en sus zonas, y que, después de morir, son
admirados por algunos de sus seguidores.
Ascencio habla del sentido de la responsabilidad personal
entre los seguidores de la Santería. Se trata de algo es muy diferente a la culpa
católica, porque es:
“una sociedad que proyecta el mal
sobre los demás, sean espíritus o seres de carne y hueso, los individuos no se
sienten responsables (en última instancia, culpables) sino perseguidos: la
relación entre la conducta y sus consecuencias no se percibe” (p. 7).
Todo esto permite que sus seguidores puedan obrar en grupos que
carecen de una conciencia ética formal, y sin respeto para una ley y un moral abstracto de
responsabilidad social.
Sin embargo, al nivel
comunitario, en la Santería el destino y el bienestar son valores compartidos
de relaciones interpersonales. La vida espiritual de la comunidad se relaciona
con la vida colectiva tanto en lo material como en lo emocional, aunque a veces
estas personas no viven en los mismos espacios físicos. En esto lo ceremonial junta a grupos de convicción (sin habitar necesariamente las mismas calles) y
da pautas para la resolución de los conflictos.
Existe la magia en la Santería que Ascencio clasifica en
cuatro categorías: prácticas benéficas, prácticas maléficas, prácticas
adivinatorias y prácticas propiciatorias. No es lo mismo que el milagro
cristiano ya que el poder del acto ritual es la misma fuente del portento,
mientras en el catolicismo se trata de una bendición conferida por un santo o
por Dios. Además, el cristianismo no contempla prácticas maléficas.
La divinidad de la montaña, María Lionza, es una mujer. Es, como la María cristiana, a la vez una madre y una virgen, y
también -como Eva-, se encuentra con una serpiente. Pero en su caso se trata de
una anaconda que le rescata, no le condena. “Ella es el principio creador
independiente del hombre personalizado, el poder y la riqueza de lo femenino
apartado del principio masculino” (Referencia 1).
Referencias
1.
La
Montaña de Sorte en Venezuela (I): María Lionza y las cortes espirituales.
(n.d.). Abra. https://www.abracademica.com/l/la-montana-de-sorte-en-venezuela-i-maria-lionza-y-las-cortes-espirituales/
2.
Michaelle Ascencio )2012/ 2015, 24de abril). De
que vuelan, vuelan. Imaginarios religiosos venezolanos. ePub r1.0, Titivillus, www.lectulandia.com.