lunes, 23 de enero de 2012

At my age

                                                                                              Fuente de la foto

Slimsly time,
I look back, I look backwards at the era of the stars,
Light-years to night.

Too brief, this,
Too dear, loping rhythms of a soaring song in progress,  
Living birthright.

Singing cosmos,
Aurora borealis, bright with dancing gamma rays,
Audible light.

At my age
The center of the galaxy, the swirling, big black hole
Is visible now.

I feel its
gravity, its dreary drag, its sad solemnity, 
its eerie sough.

I’ll talk to you,
Hover, a friendly, synaptic, quantum entanglement,
Be there, somehow.

But, then, for now,
I’ll finish my book, plant my parsley, call where my loves live,
Be here, just now.

domingo, 15 de enero de 2012

Crimen y castigo

Fuente de la foto

Ya que el problema de la inseguridad se ha configurado como un problema electoral en Venezuela quisiera añadir unas reflexiones propias.
Primero, además de lo práctico e inmediato de la administración estatal de la criminalidad y la justicia, estamos lidiando con problemas muy viejos: primero no hemos sabido adjudicar responsabilidad por las transgresiones normativas y segundo, no sabemos qué hacer con los transgresores.

Me explico:  en la antigüedad, e inclusive hoy en día en ciertos conflictos armados, los imputables en situaciones de culpabilidad eran toda la familia del infractor y aún, toda su etnia.  La leyenda dice que Nerón culpó y castigó a los cristianos como colectividad por el incendio en Roma. En el Siglo XX ha habido numerosos casos de castigos colectivos, por ejemplo los nazis (tanto en Alemania como en los países que ocuparon), los rusos en Chechenia y los israelís en Palestina. Inclusive la mera idea de guerra implica castigar a todo un pueblo por los desacuerdos entre los gobernantes. 
Desde tiempos romanos, sin embargo, y en un sentido formal, los culpables  -los que pueden ser enjuiciados por delitos-, son los individuos señalados como responsables en un juicio formal.  

Además, el concepto de castigo ha ido modificándose. Aunque la tortura existe hoy en día (sólo hay que recordar a Guantánamo) no es generalmente aceptable como fue en la Edad Media (Foucault, 1986). Desde el Siglo XIX todo el concepto de castigo corporal ha sido cuestionado y según los ideales de la Ilustración, se le sustituye por la noción de rehabilitación. Hasta  la misma encarcelación debe configurarse como un  lapso en el cual el criminal pueda cuestionar su conducta anterior y desarrollar nuevas normas que son más pro-sociales.
Pero no es sólo la idea de castigo que se cuestiona: también se discute la vieja concepción de que algunas personas nacen como criminales, que tienen desde el comienzo de sus vidas alguna deficiencia orgánica o moral que las destinan para un mundo de crimen y violencia. Desde la segunda mitad del Siglo XX* se propone que la sociedad tienen un papel en la creación de la violencia social: por ejemplo hay evidencia que los niños que sufran violencias tienen más probabilidad de de convertirse en agresivos y tendrán menos habilidades para controlar arrebatos de rabia.

Es más: experimentos (ScienceDaily, enero. 21, 2007) que emplean imágenes de la resonancia magnética del cerebro demuestran que la parte del cerebro llamada “el posterior superior del surco temporal”, la zona que percibe las emociones en las caras de los demás, se activa cuando una persona va a demostrar conductas altruistas.  En una entrevista televisada, conducida por Charlie Rose hace algunos meses, uno de los entrevistados sugirió que presos encarcelados tienen poca actividad en esta zona. Dijo igualmente que ella puede ser cultivada en los niños por medio de entrenamiento de la empatía, y que  este órgano puede activarse por medio de la práctica. 
¿Por qué no estamos haciendo esto en las escuelas?

 Cuando mandamos los delincuentes a lugares de violencia y sufrimiento (las cárceles), lo único que aprenderán es ser criminales más eficientes y despiadados; indudablemente no estamos estimulando los “posteriores superiores de sus surcos temporales”.
Estas dudas no pueden aclararse por medio de la construcción de más cárceles y el puesto de más policías en la calle. Requieren más bien una reflexión profunda de parte de los psicólogos y criminalistas para idear nuevas respuestas a este dilema inmemorial.

Reconozco que el problema inmediato es asegurar las calles y terminar con la matanza monstruosa que se sufre en Venezuela: tenemos una guerra civil entre el hampa y el resto de nosotros. Es decir, a corto plazo la solución tiene que ser una mejor represión de la violencia, pero ella no va a solucionar nuestras dificultades a largo plazo.

Referencias:
Foucault, Michel (1986). Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI Editores. pp. 86. ISBN 84-323-0332-1

Fuente de la foto: http://www.google.co.ve/#hl=es&cp=12&gs_id=1a&xhr=t&q=images+prison+bars&pf=p&sclient=psy-ab&source=hp&pbx=1&oq=images+priso&aq=0L&aqi=g-L1g-vL3&aql=&gs_sm=&gs_upl=&bav=on.2,or.r_gc.r_pw.,cf.osb&fp=2a31cee37aded72a&biw=830&bih=409

ScienceDaily (enero. 21, 2007). Activation Of Brain Region Predicts Altruism. Accesible en la página web: http://www.sciencedaily.com/releases/2007/01/070121162756.htm
*Este tipo de cuestionamiento no es totalmente moderno: puede encontrare en Rousseau.

martes, 10 de enero de 2012

La estética y la ética de la imagen del Otro


Escribo la autobiografía de otra persona, mi consuegra María, con quien he tenido una larga relación de dos décadas y además con quien he grabado numerosas entrevistas formales. Al principio su lenguaje parecía confuso ya que confunde temas que sólo puedo desenredar porque ya conozco mucho de su historia y puedo preguntarle directamente cuando no entiendo. Pero al desenredar su texto encuentro enorme riqueza descriptiva y capacidad emocional que nuestras conversaciones cotidianas casi ocultan.
Sin embargo escribir una autobiografía de otro individuo es un atrevimiento. Harrist y Richardson (2012) recientemente hablaron de la advertencia de Levinas sobre la imposibilidad de encontrarse y aprender totalmente al Otro, pero al mismo tiempo asomaron la realidad de problemas éticas con la noción de la radical alteridad de cada individuo. En sus reflexiones expresaron lo que perciben como la necesidad de “escapar un grado significativo de narcisismo o solipsismo que pareciera conducir a un grado de violencia en el proceso de responder al otro…” Dicha violencia ocurre por dos vías: a) cuando reducimos el Otro a nuestras preconcepciones y b) cuando renunciamos a nuestro deber ético de acercarnos a él (ella). Es más, dicen estos autores, que nuestra mera conciencia se debe en primera instancia a nuestra capacidad para acercarnos a los demás. Citan a Bernstein que reclama la existencia de “una reciprocidad entre el ‘yo y el Otro’ que es compatible con su radical alteridad.” (Harrist y Richardson, 2012 p. 8).  Consideran Harrist y Richardson que debemos estar tan preocupados por el peligro de fracasar en nuestros intentos de aprender del otro como por el peligro de interpretarlo erróneamente según nuestros propios categorías previas.
Mis reflexiones hoy tienen que ver con las ganancias que nos dan nuestros esfuerzos de entender a quienes nos rodean. He ido más allá de simplemente escucharle a María: he empleado métodos formales de la hermenéutica y el análisis de textos para acercarme más a alguien que conozco hace años. Y de repente ella se aflora ante mí como poeta graciosa y relatora sensible de su historia y su cultura. Es una experiencia asombrosa.
Referencia:
Steve Harrist y Frank C. Richardson (2012). Levinas and hermeneutics on ethics and the Other. A publicarse en: Theory & Psychology 1-17.

viernes, 30 de diciembre de 2011

viernes, 16 de diciembre de 2011

Un mes y medio sin que CANTV se preocupe

No sé qué hacer.
He llamado sopotocientas veces a CANTV, la compañía telefónica de Venezuela. Aunque me he topado con algunos de sus “ejecutivos” amables (pero igual que yo, atrapados en aquel sistema de ineficiencia y maltrato) la mayoría de las veces carecen notablemente de los más elementales destrezas comunicacionales y de cortesía. He escrito al Correo del Pueblo del periódico El Universal. Tengo una carta en mi cartera para entregar en una oficina de atención al público de esta empresa estatal, pero lo haré sabiendo de la inutilidad de mi gesto.
CANTV ha perdido toda noción de servicio público, por lo menos en su departamento de Internet. Sigue cobrando pero no actua.
Y mientras tanto uso líneas prestadas cuando pueda.

Y lo peor es que me pongo paranoide y sospecho que no reparan mi línea porque a veces critico lo que percibo como injusticias. Critico a todo el mundo. Lo considero un deber cívio.

lunes, 12 de diciembre de 2011

CANTV

Sigo sin Internet en casa!!!!!


¿Dónde estás, CANTV?

martes, 6 de diciembre de 2011

Internet y CANTV

Hace un mes dejaron de funcionar en mi casa el teléfono e INTERNET. Informé a CANTV por otro teléfono usando los números previstos para estas emergencias, y en pocos días tuve de nuevo acceso a mi línea telefónica.
Pero el Internet no.
Llamé repetidas veces solicitando la reparación de la línea y al final sólo pude escuchar grabaciones que iban aumentando el estimado de tiempo necesario para atender a mi problema, hasta finalmente declarar (por voz grabada) que mi problema era tan grande y tan serio que no se sabía cuando se lo podían solucionar. Y claro, mientras tanto sigan cobrando por un servicio que no prestan.
Hoy pude hablar de nuevo con una operadora humana que mostró sus buenas modales colgando el teléfono para no tener que escuchar mi frustración.
Escribo ahora desde otro lugar. ¿Esto tiene solución?
 
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