martes, 21 de enero de 2014
El odio político y la perversidad banal de los delincuentes
He estado pensando sobre la “estimulación del odio”. Es algo conocido, -desde la alocución funeraria de Marco Antonio en la obra shakesperiana de “Julio Cesar” hasta el Holocausto, -desde las guerras del Viejo Testamento hasta el Apartheid, -desde el terrorismo de Al-Shabab hasta el trato que dan ambos lados en la guerra civil en Siria.
Y más cercano a casa, en las relaciones entre el gobierno y la oposición en Venezuela: el Presidente habla de armar la mitad de los venezolanos -la parte que él considera "pueblo"- para pelear contra la otra mitad de la nación que no es "pueblo" sino enemigo.
El odio político es una influencia importante en la violencia actual del país. Se lo han relacionado con la violencia de las bandas armadas, y creo que hay un potencial muy peligroso para que el rencor y el resentimiento se expresen en confrontaciones armadas en las calles.
Pero después de leer el artículo de Alejandro Moreno* creo que hay que añadir algo que va más allá del odio y que es todavía más espeluznante. Habla de “crímenes sin suficiente motivación”; se trata de “una motivación banal y perversa…. lo que estamos descubriendo es que disparan y matan por matar”. Son todavía grupos reducidos de malandros que no pasan de 10 en un barrio de 8000 habitantes cuando mucho según Alejandro. No es un problema de pobreza, más bien es un problema de un gobierno que no impone consecuencias reales para los violentos, y el desarrollo sin presidentes del crimen organizado donde cierta gente en el poder se beneficia de la situación.
Acabo de leer: “Estado Delincuente” de Carlos Tablante y Marcos Tarre**. Lo recomiendo para quienes quieren entender el papel de la delincuencia en gran escala en Venezuela.
Referencias
* Entrevista hecho por Venessa Davies en el Correo del Orinoco; no tengo la fecha.
**Tablante, Carlos y Tarre, Marcos (2013). Estado Delincuente. Caracas: La Hoja del Norte
lunes, 20 de enero de 2014
Una entrevista con Alejandro Moreno por Vanessa Davies publicado en el Correo del Orinoco
por: Vanessa Davies:
En el país hay una subcultura de malandros para quienes matar da prestigio y poder.
El psicólogo, director del Centro de Investigaciones Populares, teme que esos grupos de muchachos entren en conexión unos con otros y se conviertan en un poder. Asegura que no se puede intentar explicar la violencia criminal solo con el argumento de la pobreza y la exclusión
La discusión sobre la violencia criminal en Venezuela encuentra a Alejandro Moreno en su oficina y con sus armas en la mano, listas para ser desenfundadas. Armas que no son pistolas ni subametralladoras, sino libros, ideas, estudios y razonamientos. Y en su oficina en Caracas, este psicólogo, filósofo y teólogo, fundador y director del Centro de Investigaciones Populares, dispara argumentos -en conversación con el Correo del Orinoco- que pueden ser tan duros como proyectiles y que tienen como blanco a la sociedad, el Gobierno y el Estado.
Moreno alerta que las bandas de muchachos de no más de 25 años de edad se han convertido en una subcultura de hombres dispuestos a matar porque matar es poder y es un acto placentero para ellos.
Aun cuando considera que se puede hablar de crímenes atroces, señala que el asesinato de la actriz Mónica Spear y de su esposo, Thomas Berry, que ha levantado una polvareda nacional e internacional, “no es de lo más atroces; más bien es casi común”, porque los delincuentes “interfieren el desplazamiento de un vehículo y disparan”. Eso “está sucediendo abundantemente”, y según sus estimaciones, se volvió cotidiano desde hace cuatro o cinco años; el año 2013 “ha sido muy abundante en esto, lo que me hace temer que 2014 puede ser peor”.
Su preocupación es evidente al analizar que “hemos entrado en una espiral de lo que yo llamo los crímenes sin suficiente motivación. Hay crímenes con motivación banal: le dieron un pisotón, sacó la pistola y disparó”. Es “una motivación banal y perversa, porque por supuesto que ninguna motivación es justa en este caso, pero hay los que no tienen motivación, y lo que estamos descubriendo es que disparan y matan por matar”.
Con base en su conocimiento, advierte que se está formando “un grupo humano, con su propio mundo de vida, al margen de la forma de vida y del mundo de vida de la sociedad”, ya que “desarrolla sus propios valores, desarrolla sus propia manera de entender la realidad y de reaccionar ante ella, de buscarse los bienes”. Maneras que están “completamente fuera de lo aceptado en la convivencia social de la gente”.
Moreno ya lo había enunciado en la investigación Y salimos a matar gente: “El delincuente estructural ha convertido la violencia en su forma de vida, en una forma de vida”. Pero en ese momento lo había analizado como un fenómeno de los sujetos: “No se nos había presentado todavía como un fenómeno grupal”.
Aclara que son “grupos de panas”, que tienen “cierta jerarquía de prestigio”. Y asegura que es una subcultura, entendida como “la manera que tiene un grupo humano de habérselas con la humanidad”. Un grupo se comunica con otro, “y tienen la misma forma de vivir la vida”.
Moreno precisa que estos delincuentes violentos no son enfermos ni tienen daño cerebral o psicológico de por sí, pero sí están en una subcultura y tienen libertad de decisión. Va aún más allá: Esas personas “saben lo que hacen, quieren lo que hacen y lo comparten todos. Todos tienen el mismo punto de vista”. Por ahora, analiza, “son grupos aislados”, pero “en el futuro pueden conectarse y se pueden convertir en un poder”.
A FUEGO LENTO
El investigador sostiene que esa subcultura “se ha ido formando lentamente”, debido -entre otras razones- a la práctica de la violencia sin consecuencias “o con consecuencias banales”. Toma el ejemplo de la banda que asesinó a Spear y a su esposo: cuerpos de seguridad dijeron que la habían desintegrado varias veces, lo que Moreno critica porque “una banda se la desintegra una sola vez si eres policía y si eres el Estado”. El desorden “favorece que actúes libremente, jugando con los distintos desórdenes”, reprocha.“Cuando un acontecimiento social como este se deja a su libre desarrollo, se desarrolla y se amplía”, advierte, “y va captando a otros. Por eso es peligrosísimo”.
Todo empieza por las prácticas: “atracas, en pequeños grupos o en conexión con otros compinches y no tiene consecuencias. Entonces te afirmas en lo que estás haciendo y te afirmas en la manera de entender y de pensar. Empiezas a pensar que las cosas son así, que hay una forma natural de hacer las cosas así; que es lícito, que es normal hacerlo”. Así se forma “una mentalidad, una manera de ver que acaba por convertirse en una subcultura. ‘Yo soy así’. De unos años para acá han empezado a jactarse. Es más: pertenecer a esa cultura se convierte en un logro, se convierte en motivo de orgullo”. Ahora es, no una postura individual, sino una posición de grupo.
La vida humana merece, para la sociedad, un gran respeto. No así para los integrantes de esta subcultura. Ser malandro es “tener poder, y tener poder quiere decir tener todas las jevas que yo quiera, tener todo el dinero que yo quiera, tener el dominio de todos los que yo quiera”, describe. Los estudios de Moreno revelan que la gran motivación de estos delincuentes es imponer el ser respetados. “¿Cómo ven la vida? La vida como poder”.
-¿Y cómo ven la vida del otro, a quien se la quitan?
-Si tienes poder, la vida del otro está sometida a tu poder. En sentir que tienes poder. Eso lo decía Alfredo, uno de los sujetos nuestros, y en los otros también se nota eso como gran motivación: el tener poder.
-¿Eso los lleva a matar?
-Claro. ¿Qué mayor poder que ser dueño de la vida y de la muerte de otro? A uno le cuesta mucho pensar que haya gente de esta manera, pero cuando se convierte en una manera común de entender, y compartida, pues parece normal. Y ni siquiera se plantean la pregunta.
-¿No hay conflicto ético?
-No. Quizá al principio. Uno de los sujetos con los que trabajamos nos dijo: “La primera noche, con el primero que yo maté, no dormí”. Pero más que conflicto ético, es miedo, por la superstición de que “me va a salir el muerto”.
Matar se convierte, para ellos, en algo normal. Moreno cuenta que en la carretera vieja Petare-Guarenas, en diciembre pasado, personas que esperaban el autobús fueron ametralladas. “Es matar a cualquiera, es matar por matar. Es tremendamente preocupante y se está convirtiendo en un valor en esa subcultura, porque da prestigio, porque da poder y produce placer”.
LAS CAUSAS
El investigador es muy crítico de la actuación del Gobierno y del Estado para atender este fenómeno. Cita a uno de los muchachos que analizó en sus trabajos: “Tenía 17 años (con cinco o seis asesinatos), cae preso con otro de 21 que tenía 13 muertos. A este lo llevan al Rodeo, a los tres meses sale. El muchacho de 17 años se escapa del centro juvenil donde estaba recluido y dice, tan tranquilo: ‘Seguimos matando gente”.
Hay, acusa, “una impunidad que viene de la justicia”, hasta el punto de que “los malandros han aprendido a tener un fondo de dinero para cuando caigan presos”.
Su experiencia con algunos cuerpos policiales cuando detienen a un malandro dista mucho de ser buena: “A una persona le dan vuelta y vuelta hasta que pague. Los primeros que inventaron, a mi parecer, el secuestro exprés son los policías, con el ruleteo para que les paguen”.
A su juicio, “en todos los gobiernos hubo lenidad y no hubo compromiso, pero en este gobierno no ha habido ninguno. En estos años ha sido desastroso, por unas razones supuestamente teóricas: Porque dicen que son víctimas de la sociedad, son pobrecitos, son del pueblo. Pero yo creo que hay que saber distinguir; no se puede analizar una realidad como esta con ligereza y sin una profundidad de análisis”. No se trata de tener “una ideología de catecismo”, resume.
-¿No son víctimas de la sociedad?
-También, pero eso es un factor más. Lo que hemos encontrado en nuestras investigaciones es que no tiene nada que ver la pobreza de origen con su conducta criminal, lo cual no quiere decir que la pobreza no sea un ambiente en el cual se pueden fomentar ciertas cosas, porque establece límites, cierra posibilidades; más que la pobreza personal, la pobreza ambiental. Pero no hay una relación directa, porque si no, todos los pobres serían malandros. Y desde el punto de vista ideológico, si tú eres de izquierda y estás diciendo que es por la pobreza, estás acusando a todos los pobres. La ideología ahí a veces juega al revés.
EL MODELAJE
Moreno opina que también ha influido la relación entre Gobierno-oposición, especialmente “por las autoridades de mayor prestigio” que “han atacado de palabra, pero de una manera sumamente violenta, han mostrado públicamente la violencia” con palabras y gestos. “La psicología social nos ha enseñado muy bien que la mayoría de las conductas se aprenden por el modelaje” y que “las personas de mayor prestigio: un futbolista, un gran artista, un literato de importancia, un presidente, un gobernador, son las que tienen mayor probabilidad de que sus conductas sean reproducidas”.
Puntualiza, no obstante, que esta reproducción “nunca es exacta” ni una copia al carbón, sino el resultado de un procesamiento. “Si muestras que puedes agredir al otro sin ninguna consecuencia”, enseñas que “eso se puede hacer”. El modelaje “facilita la emisión de conductas, facilita el aprendizaje de conductas”.
-¿Y la violencia de la exclusión?
-Las masas, que no son dirigentes o élites de los países, siempre han estado excluidas, y en Venezuela han estado excluidas siempre, marginadas, pero no había habido esta violencia. La exclusión hay que eliminarla por justicia, por derechos humanos y por dignidad humana, pero si vas a verla como fuente, como ambiente donde se da la violencia, puede ser, pero no es así en todos los lugares. La India, por ejemplo, y el mismo Haití, son ejemplo de ello. No se puede decir que haya una relación directa; hay otros factores que son más determinantes.
Moreno recuerda que en los años 80 del siglo XX “teníamos la tasa de homicidios común, el promedio mundial”, pero ahora, según cifras oficiales, el país cerró 2013 con una tasa oficial de 39 homicidios por cada 100 mil habitantes.
-¿Hay un punto de inflexión?
-Los puntos de inflexión son los momentos de desorden social, político y ético. Primer momento: 1989, con El Caracazo. Después de El Caracazo inmediatamente subió la tasa y se estabilizó. Otro momento: 1992, dos intentos de golpe. Hay un desorden institucional en sentido general: institución militar, institución política. Sube la tasa y se queda. Y luego, en 1998: ahí también hay un cambio completo, y sube.
El investigador habla, también, de la “imposibilidad de las instituciones”, y recalca que los jueces no tienen cómo atender tantos expedientes. “Es como una culebra que se muerde la cola, es un círculo vicioso”. Estima, además, que no hay una clara disposición del Gobierno “de tomar medidas en serio”.
Es verdad, añade, que la violencia “implica a toda la sociedad”, pero “cada uno hace lo que puede. La iglesia hace lo que puede con educación”, pero hace falta “un Gobierno que establezca los controles”. A su juicio, los planes implementados han fracasado. “¿Y voy a creer yo en otro plan?”, se pregunta.
PROPUESTAS
-¿Qué haría usted ya?
-La base para esto es algo que no se quiere hacer: distribuir el poder. No a las comunas, que no son poder autónomo, ni los Consejos Comunales, que no son poder. Me refiero a poder de la comunidad, poder autónomo de la comunidad.
Asegura: “Si yo tengo una especie de alcalde en mi barrio, con nombramiento y participación de toda la comunidad, con conexión con el Estado y con apoyo del Estado” será una forma de prevenir.
Un barrio “es una trama de relaciones”; allí el malandro tiene una mujer, los primos, los hermanos, los amigos. Esos vínculos sirven, por un lado, para ocultar, lo que “favorece la impunidad del malandro”, pero por otro lado sirve para influir y cambiar su personalidad, o encontrar formas “de neutralizar su acción”. La distribución del poder, argumenta, hace más manejable esa trama. Moreno cita los casos de Lima y de Bogotá, donde se crearon más municipios y “bajó la violencia”. Esa, aclara, “no es la solución total”, pero contribuye.
Igualmente incide la educación, que es eficaz como herramienta preventiva pero que hay personas a quienes no las cambiará. Se deben emprender acciones policiales, institucionales, pero “lo más importante sería la reforma completa de la justicia”.
¿Cómo desarticular la subcultura? “Eso requiere tiempo, y ahí es donde entra la difusión de valores, pero valores no solamente enseñados, sino practicados”, con la muestra de lo que es la otra sociedad. El problema, acota, es que “la otra sociedad” debe ser apetecible para ellos. “Debe ser apetecible para desarticular esa otra microsociedad, para que no tenga éxito y se muera por sí misma”. Pero también se debe garantizar que esa subcultura no tenga acceso a armas ni a drogas. “Es un trabajo completo, pero no ejercido por los ciudadanos comunes y corrientes, sino por el Estado”.
EL ROL DE LOS MEDIOS
El crimen Spear-Berry puso en el tapete de nuevo la relación entre delincuencia y medios de comunicación. Sobre este tema, Moreno subraya que “algo tiene que influir”, pero precisa que una película violenta es vista como una película por la población. “Cuando procesas la violencia, no en el marco de la verdad, sino en el marco de la fantasía, se queda como fantasía en la mayoría de la gente. Cuando algunos tienen tendencias, les influye indudablemente. Uno sabe del malandro que ha ido a ver tres o cuatro veces la misma película para ver cómo se dispara”.
Como investigador, acota que se han hecho mucho estudios “y no se ha llegado a ninguna conclusión clara”, aun cuando “siempre hay una sospecha”.
NO SON TANTOS PERO SU CAPACIDAD DE MUERTE “ES ASOMBROSA”
“Los malandros realmente activos en un barrio generalmente no pasan de 5 o 6, 10 cuando mucho. En un barrio de 8 mil habitantes 10 personas no es mucho. Es que la gente se cree que nosotros en Venezuela tenemos infinidad de malandros. No es verdad. No son tantos los malandros. Lo que pasa es que tienen una capacidad de muerte que es asombrosa. Tienen las armas que quieren, no tienen consecuencias negativas porque hay completa impunidad, tienen cómo moverse de un lado para otro. Tienen todas las facilidades. El porcentaje de delincuentes asesinos que nosotros tenemos no pasa del porcentaje de potenciales delincuentes de este tipo que pueda haber en cualquier sociedad. Lo que pasa es que en esas sociedades están controlados”.
“LA PENA DE MUERTE NO RESUELVE NADA”
Alejandro Moreno está en contra de la pena de muerte pero sabe que esos vientos soplan fuerte en una parte de la sociedad venezolana.
“Desgraciadamente cuando suceden hechos como el de Mónica Spear y su esposo, si preguntas si hay que poner la pena de muerte, más de 50% de los venezolanos te va a responder que sí”.
-¿Por qué usted les diría que no?
-La muerte de alguien nunca será justa. Además, no es necesario, para evitar el daño que cause una persona, matarla. Las instituciones y las sociedades modernas pueden tener medios para controlarlos. Si la persona está convertida en un criminal que se formó como tal, eso requiere un control especial, que puede ser la cárcel pero realmente cárceles. Nuestras cárceles son el mundo donde la violencia tiene su asiento, su difusión, su producción y su expansión.
La pena de muerte, insiste, “es injusta, porque no hay derecho a matar a nadie, sobre todo cuando se lo puede controlar”. Además, “la pena de muerte no resuelve nada; de hecho, en los países donde hay pena de muerte no ha disminuido la violencia, ni el eliminar la pena de muerte la ha aumentado, de manera que la pena de muerte no es eficiente”.
Moreno enfatiza que, por el contrario, la pena de muerte “puede servir para algo muy malo”, que es “el descargar la venganza no solamente de aquellos que son víctimas sino de la sociedad misma. La sociedad aprende que vengarse es lo que tiene que hacer, que vengarse es lo bueno, y eso difunde más violencia en el ánimo de la gran población, de la gran masa. La pena de muerte es dañina para la sociedad”.
El investigador entiende que esa sea la reacción, pero remarca que la pena de muerte no es lo justo. Por el contrario, subraya que se necesita control por parte del Estado.
T/ Vanessa Davies
F/ Avelino Rodrigues
En el país hay una subcultura de malandros para quienes matar da prestigio y poder.
El psicólogo, director del Centro de Investigaciones Populares, teme que esos grupos de muchachos entren en conexión unos con otros y se conviertan en un poder. Asegura que no se puede intentar explicar la violencia criminal solo con el argumento de la pobreza y la exclusión
La discusión sobre la violencia criminal en Venezuela encuentra a Alejandro Moreno en su oficina y con sus armas en la mano, listas para ser desenfundadas. Armas que no son pistolas ni subametralladoras, sino libros, ideas, estudios y razonamientos. Y en su oficina en Caracas, este psicólogo, filósofo y teólogo, fundador y director del Centro de Investigaciones Populares, dispara argumentos -en conversación con el Correo del Orinoco- que pueden ser tan duros como proyectiles y que tienen como blanco a la sociedad, el Gobierno y el Estado.
Moreno alerta que las bandas de muchachos de no más de 25 años de edad se han convertido en una subcultura de hombres dispuestos a matar porque matar es poder y es un acto placentero para ellos.
Aun cuando considera que se puede hablar de crímenes atroces, señala que el asesinato de la actriz Mónica Spear y de su esposo, Thomas Berry, que ha levantado una polvareda nacional e internacional, “no es de lo más atroces; más bien es casi común”, porque los delincuentes “interfieren el desplazamiento de un vehículo y disparan”. Eso “está sucediendo abundantemente”, y según sus estimaciones, se volvió cotidiano desde hace cuatro o cinco años; el año 2013 “ha sido muy abundante en esto, lo que me hace temer que 2014 puede ser peor”.
Su preocupación es evidente al analizar que “hemos entrado en una espiral de lo que yo llamo los crímenes sin suficiente motivación. Hay crímenes con motivación banal: le dieron un pisotón, sacó la pistola y disparó”. Es “una motivación banal y perversa, porque por supuesto que ninguna motivación es justa en este caso, pero hay los que no tienen motivación, y lo que estamos descubriendo es que disparan y matan por matar”.
Con base en su conocimiento, advierte que se está formando “un grupo humano, con su propio mundo de vida, al margen de la forma de vida y del mundo de vida de la sociedad”, ya que “desarrolla sus propios valores, desarrolla sus propia manera de entender la realidad y de reaccionar ante ella, de buscarse los bienes”. Maneras que están “completamente fuera de lo aceptado en la convivencia social de la gente”.
Moreno ya lo había enunciado en la investigación Y salimos a matar gente: “El delincuente estructural ha convertido la violencia en su forma de vida, en una forma de vida”. Pero en ese momento lo había analizado como un fenómeno de los sujetos: “No se nos había presentado todavía como un fenómeno grupal”.
Aclara que son “grupos de panas”, que tienen “cierta jerarquía de prestigio”. Y asegura que es una subcultura, entendida como “la manera que tiene un grupo humano de habérselas con la humanidad”. Un grupo se comunica con otro, “y tienen la misma forma de vivir la vida”.
Moreno precisa que estos delincuentes violentos no son enfermos ni tienen daño cerebral o psicológico de por sí, pero sí están en una subcultura y tienen libertad de decisión. Va aún más allá: Esas personas “saben lo que hacen, quieren lo que hacen y lo comparten todos. Todos tienen el mismo punto de vista”. Por ahora, analiza, “son grupos aislados”, pero “en el futuro pueden conectarse y se pueden convertir en un poder”.
A FUEGO LENTO
El investigador sostiene que esa subcultura “se ha ido formando lentamente”, debido -entre otras razones- a la práctica de la violencia sin consecuencias “o con consecuencias banales”. Toma el ejemplo de la banda que asesinó a Spear y a su esposo: cuerpos de seguridad dijeron que la habían desintegrado varias veces, lo que Moreno critica porque “una banda se la desintegra una sola vez si eres policía y si eres el Estado”. El desorden “favorece que actúes libremente, jugando con los distintos desórdenes”, reprocha.“Cuando un acontecimiento social como este se deja a su libre desarrollo, se desarrolla y se amplía”, advierte, “y va captando a otros. Por eso es peligrosísimo”.
Todo empieza por las prácticas: “atracas, en pequeños grupos o en conexión con otros compinches y no tiene consecuencias. Entonces te afirmas en lo que estás haciendo y te afirmas en la manera de entender y de pensar. Empiezas a pensar que las cosas son así, que hay una forma natural de hacer las cosas así; que es lícito, que es normal hacerlo”. Así se forma “una mentalidad, una manera de ver que acaba por convertirse en una subcultura. ‘Yo soy así’. De unos años para acá han empezado a jactarse. Es más: pertenecer a esa cultura se convierte en un logro, se convierte en motivo de orgullo”. Ahora es, no una postura individual, sino una posición de grupo.
La vida humana merece, para la sociedad, un gran respeto. No así para los integrantes de esta subcultura. Ser malandro es “tener poder, y tener poder quiere decir tener todas las jevas que yo quiera, tener todo el dinero que yo quiera, tener el dominio de todos los que yo quiera”, describe. Los estudios de Moreno revelan que la gran motivación de estos delincuentes es imponer el ser respetados. “¿Cómo ven la vida? La vida como poder”.
-¿Y cómo ven la vida del otro, a quien se la quitan?
-Si tienes poder, la vida del otro está sometida a tu poder. En sentir que tienes poder. Eso lo decía Alfredo, uno de los sujetos nuestros, y en los otros también se nota eso como gran motivación: el tener poder.
-¿Eso los lleva a matar?
-Claro. ¿Qué mayor poder que ser dueño de la vida y de la muerte de otro? A uno le cuesta mucho pensar que haya gente de esta manera, pero cuando se convierte en una manera común de entender, y compartida, pues parece normal. Y ni siquiera se plantean la pregunta.
-¿No hay conflicto ético?
-No. Quizá al principio. Uno de los sujetos con los que trabajamos nos dijo: “La primera noche, con el primero que yo maté, no dormí”. Pero más que conflicto ético, es miedo, por la superstición de que “me va a salir el muerto”.
Matar se convierte, para ellos, en algo normal. Moreno cuenta que en la carretera vieja Petare-Guarenas, en diciembre pasado, personas que esperaban el autobús fueron ametralladas. “Es matar a cualquiera, es matar por matar. Es tremendamente preocupante y se está convirtiendo en un valor en esa subcultura, porque da prestigio, porque da poder y produce placer”.
LAS CAUSAS
El investigador es muy crítico de la actuación del Gobierno y del Estado para atender este fenómeno. Cita a uno de los muchachos que analizó en sus trabajos: “Tenía 17 años (con cinco o seis asesinatos), cae preso con otro de 21 que tenía 13 muertos. A este lo llevan al Rodeo, a los tres meses sale. El muchacho de 17 años se escapa del centro juvenil donde estaba recluido y dice, tan tranquilo: ‘Seguimos matando gente”.
Hay, acusa, “una impunidad que viene de la justicia”, hasta el punto de que “los malandros han aprendido a tener un fondo de dinero para cuando caigan presos”.
Su experiencia con algunos cuerpos policiales cuando detienen a un malandro dista mucho de ser buena: “A una persona le dan vuelta y vuelta hasta que pague. Los primeros que inventaron, a mi parecer, el secuestro exprés son los policías, con el ruleteo para que les paguen”.
A su juicio, “en todos los gobiernos hubo lenidad y no hubo compromiso, pero en este gobierno no ha habido ninguno. En estos años ha sido desastroso, por unas razones supuestamente teóricas: Porque dicen que son víctimas de la sociedad, son pobrecitos, son del pueblo. Pero yo creo que hay que saber distinguir; no se puede analizar una realidad como esta con ligereza y sin una profundidad de análisis”. No se trata de tener “una ideología de catecismo”, resume.
-¿No son víctimas de la sociedad?
-También, pero eso es un factor más. Lo que hemos encontrado en nuestras investigaciones es que no tiene nada que ver la pobreza de origen con su conducta criminal, lo cual no quiere decir que la pobreza no sea un ambiente en el cual se pueden fomentar ciertas cosas, porque establece límites, cierra posibilidades; más que la pobreza personal, la pobreza ambiental. Pero no hay una relación directa, porque si no, todos los pobres serían malandros. Y desde el punto de vista ideológico, si tú eres de izquierda y estás diciendo que es por la pobreza, estás acusando a todos los pobres. La ideología ahí a veces juega al revés.
EL MODELAJE
Moreno opina que también ha influido la relación entre Gobierno-oposición, especialmente “por las autoridades de mayor prestigio” que “han atacado de palabra, pero de una manera sumamente violenta, han mostrado públicamente la violencia” con palabras y gestos. “La psicología social nos ha enseñado muy bien que la mayoría de las conductas se aprenden por el modelaje” y que “las personas de mayor prestigio: un futbolista, un gran artista, un literato de importancia, un presidente, un gobernador, son las que tienen mayor probabilidad de que sus conductas sean reproducidas”.
Puntualiza, no obstante, que esta reproducción “nunca es exacta” ni una copia al carbón, sino el resultado de un procesamiento. “Si muestras que puedes agredir al otro sin ninguna consecuencia”, enseñas que “eso se puede hacer”. El modelaje “facilita la emisión de conductas, facilita el aprendizaje de conductas”.
-¿Y la violencia de la exclusión?
-Las masas, que no son dirigentes o élites de los países, siempre han estado excluidas, y en Venezuela han estado excluidas siempre, marginadas, pero no había habido esta violencia. La exclusión hay que eliminarla por justicia, por derechos humanos y por dignidad humana, pero si vas a verla como fuente, como ambiente donde se da la violencia, puede ser, pero no es así en todos los lugares. La India, por ejemplo, y el mismo Haití, son ejemplo de ello. No se puede decir que haya una relación directa; hay otros factores que son más determinantes.
Moreno recuerda que en los años 80 del siglo XX “teníamos la tasa de homicidios común, el promedio mundial”, pero ahora, según cifras oficiales, el país cerró 2013 con una tasa oficial de 39 homicidios por cada 100 mil habitantes.
-¿Hay un punto de inflexión?
-Los puntos de inflexión son los momentos de desorden social, político y ético. Primer momento: 1989, con El Caracazo. Después de El Caracazo inmediatamente subió la tasa y se estabilizó. Otro momento: 1992, dos intentos de golpe. Hay un desorden institucional en sentido general: institución militar, institución política. Sube la tasa y se queda. Y luego, en 1998: ahí también hay un cambio completo, y sube.
El investigador habla, también, de la “imposibilidad de las instituciones”, y recalca que los jueces no tienen cómo atender tantos expedientes. “Es como una culebra que se muerde la cola, es un círculo vicioso”. Estima, además, que no hay una clara disposición del Gobierno “de tomar medidas en serio”.
Es verdad, añade, que la violencia “implica a toda la sociedad”, pero “cada uno hace lo que puede. La iglesia hace lo que puede con educación”, pero hace falta “un Gobierno que establezca los controles”. A su juicio, los planes implementados han fracasado. “¿Y voy a creer yo en otro plan?”, se pregunta.
PROPUESTAS
-¿Qué haría usted ya?
-La base para esto es algo que no se quiere hacer: distribuir el poder. No a las comunas, que no son poder autónomo, ni los Consejos Comunales, que no son poder. Me refiero a poder de la comunidad, poder autónomo de la comunidad.
Asegura: “Si yo tengo una especie de alcalde en mi barrio, con nombramiento y participación de toda la comunidad, con conexión con el Estado y con apoyo del Estado” será una forma de prevenir.
Un barrio “es una trama de relaciones”; allí el malandro tiene una mujer, los primos, los hermanos, los amigos. Esos vínculos sirven, por un lado, para ocultar, lo que “favorece la impunidad del malandro”, pero por otro lado sirve para influir y cambiar su personalidad, o encontrar formas “de neutralizar su acción”. La distribución del poder, argumenta, hace más manejable esa trama. Moreno cita los casos de Lima y de Bogotá, donde se crearon más municipios y “bajó la violencia”. Esa, aclara, “no es la solución total”, pero contribuye.
Igualmente incide la educación, que es eficaz como herramienta preventiva pero que hay personas a quienes no las cambiará. Se deben emprender acciones policiales, institucionales, pero “lo más importante sería la reforma completa de la justicia”.
¿Cómo desarticular la subcultura? “Eso requiere tiempo, y ahí es donde entra la difusión de valores, pero valores no solamente enseñados, sino practicados”, con la muestra de lo que es la otra sociedad. El problema, acota, es que “la otra sociedad” debe ser apetecible para ellos. “Debe ser apetecible para desarticular esa otra microsociedad, para que no tenga éxito y se muera por sí misma”. Pero también se debe garantizar que esa subcultura no tenga acceso a armas ni a drogas. “Es un trabajo completo, pero no ejercido por los ciudadanos comunes y corrientes, sino por el Estado”.
EL ROL DE LOS MEDIOS
El crimen Spear-Berry puso en el tapete de nuevo la relación entre delincuencia y medios de comunicación. Sobre este tema, Moreno subraya que “algo tiene que influir”, pero precisa que una película violenta es vista como una película por la población. “Cuando procesas la violencia, no en el marco de la verdad, sino en el marco de la fantasía, se queda como fantasía en la mayoría de la gente. Cuando algunos tienen tendencias, les influye indudablemente. Uno sabe del malandro que ha ido a ver tres o cuatro veces la misma película para ver cómo se dispara”.
Como investigador, acota que se han hecho mucho estudios “y no se ha llegado a ninguna conclusión clara”, aun cuando “siempre hay una sospecha”.
NO SON TANTOS PERO SU CAPACIDAD DE MUERTE “ES ASOMBROSA”
“Los malandros realmente activos en un barrio generalmente no pasan de 5 o 6, 10 cuando mucho. En un barrio de 8 mil habitantes 10 personas no es mucho. Es que la gente se cree que nosotros en Venezuela tenemos infinidad de malandros. No es verdad. No son tantos los malandros. Lo que pasa es que tienen una capacidad de muerte que es asombrosa. Tienen las armas que quieren, no tienen consecuencias negativas porque hay completa impunidad, tienen cómo moverse de un lado para otro. Tienen todas las facilidades. El porcentaje de delincuentes asesinos que nosotros tenemos no pasa del porcentaje de potenciales delincuentes de este tipo que pueda haber en cualquier sociedad. Lo que pasa es que en esas sociedades están controlados”.
“LA PENA DE MUERTE NO RESUELVE NADA”
Alejandro Moreno está en contra de la pena de muerte pero sabe que esos vientos soplan fuerte en una parte de la sociedad venezolana.
“Desgraciadamente cuando suceden hechos como el de Mónica Spear y su esposo, si preguntas si hay que poner la pena de muerte, más de 50% de los venezolanos te va a responder que sí”.
-¿Por qué usted les diría que no?
-La muerte de alguien nunca será justa. Además, no es necesario, para evitar el daño que cause una persona, matarla. Las instituciones y las sociedades modernas pueden tener medios para controlarlos. Si la persona está convertida en un criminal que se formó como tal, eso requiere un control especial, que puede ser la cárcel pero realmente cárceles. Nuestras cárceles son el mundo donde la violencia tiene su asiento, su difusión, su producción y su expansión.
La pena de muerte, insiste, “es injusta, porque no hay derecho a matar a nadie, sobre todo cuando se lo puede controlar”. Además, “la pena de muerte no resuelve nada; de hecho, en los países donde hay pena de muerte no ha disminuido la violencia, ni el eliminar la pena de muerte la ha aumentado, de manera que la pena de muerte no es eficiente”.
Moreno enfatiza que, por el contrario, la pena de muerte “puede servir para algo muy malo”, que es “el descargar la venganza no solamente de aquellos que son víctimas sino de la sociedad misma. La sociedad aprende que vengarse es lo que tiene que hacer, que vengarse es lo bueno, y eso difunde más violencia en el ánimo de la gran población, de la gran masa. La pena de muerte es dañina para la sociedad”.
El investigador entiende que esa sea la reacción, pero remarca que la pena de muerte no es lo justo. Por el contrario, subraya que se necesita control por parte del Estado.
T/ Vanessa Davies
F/ Avelino Rodrigues
miércoles, 8 de enero de 2014
La víctimas y los victimarios en Venezuela
Fuente de la foto
Y otro, y
otro, y otro, y otro.
El genio de
la violencia callejera comenzó a salir de su lámpara maligna hace treinta años,
pero los muchachos que vivían en la calle sólo se mataban entre sí y su malestar no nos
tocaba a nosotros de clase media.
Hoy en día es
tan generalizado que si los violentos tuvieron un motivo para luchar sería una
guerra, pero no hay una razón, sólo un sórdido hamponaje expresado como una
psicopatía en donde los asesinos sientan la “alegría” del fantoche al matar y una
sensación arrogante de superioridad, de un “übermensch” elemental, bestial y
trivial, aunque trágico en sus consecuencias.
Es una tragedia
nacional, tanto para las víctimas como para los victimarios. Se ha permitido el
destrozo físico y moral de miles de conciudadanos. El Observatorio Venezolano
de Violencia estima que 24.763 personas murieron asesinadas en el 2013 y que la
tasa de homicidios ha cuadruplicado en los últimos 15 años (*).
Por razones
inexplicables, el gobierno, habiendo asumido la postura de un avestruz, niega
estas cifras; da la impresión de querer erradicarlas por el sencillo método de
ignorar su presencia. El ministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez
Torres, ha anunciado una reducción en el número de homicidios en el país, de un
17%. Y no se puede abrir los informes disidentes publicados en el Internet como
aquel del OVV.
No quiero
pelear por estas cifras, aunque he leído sobre los métodos del OVV, y creo que
son confiables dentro de un rango de errores entendibles. No es mi deseo que la
pelea se reduzca a una riña sobre la estadística, porque nadie niega la miseria
que tantos muertos produce. Es en esta miseria que tenemos que concentrarnos.
Mi
preocupación es: ¿cómo recuperar la humanidad de los asesinos y proteger a sus
víctimas en el futuro?
Es una tarea
más que urgente. Se requieren brigadas nutridas de psicólogos, sociólogos,
médicos y politólogos en la calle para reversar esto. Hay que usar las técnicas
relacionadas con: a) el síndrome estrés
postraumático, b) la violencia doméstica y c) “bullying”. Tenemos un arsenal de
métodos: la terapia individual, la terapia en grupo, el establecimiento de
centros recreacionales para los jóvenes, centros de recuperación no carcelarios, grupos
como Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos, centros para deportes,
actividades en las iglesias, reconocimiento e intervención en familias
violentas, campañas publicitarias y así sucesivamente. Hay que cuestionar y problematizar
públicamente y a nivel masivo a la violencia en los medios de comunicación y el
Internet. Y sobre todo hay que buscar a la gente trabajo remunerado y digno.
Tal como se
le administra ahora, la privación de la libertad de los delincuentes no funciona,
ni para su recuperación ni para aislarlos de la violencia de afuera; es
conocido como el crimen a veces se dirige desde dentro de las mismas cárceles. El
nihilismo de pensar que los agresores no puedan ser reinsertados en la sociedad
nos conduce a una callejón sin salida, a la visión de un país que seguirá para
siempre sumido en la desasosiego, y es urgente que las personas con la
capacidad de actuar al respecto encuentren las contribuciones que puedan ofrecer.
Referencias:
* Publicado en: Changing the present
(27/12/13). Observatorio Venezolano de Violencia estima unos 24 mil homicidios
este año. Accesible en la Página Web:
http://www.venezuelaawareness.com/2013/12/observatorio-venezolano-de-violencia-estima-unos-24-mil-homicidios-este-ano/
-Fuente de la foto: https://www.google.co.ve/search?q=image+arms&tbm=isch&source=iu&imgil=tB-9eq2QXRz46M%253A%253Bhttps%253A%252F%252Fencrypted-tbn1.gstatic.com%252Fimages%253Fq%253Dtbn%253AANd9GcT6B6H_Ch5hXqJFbEgDQuDfRGO-bxwjmE0CmclWUEsmgknvhW6Afg%253B1024%253B768%253Bjqc-GOXjtQ_hUM%253Bhttp%25253A%25252F%25252Fblogs.independent.co.uk%25252F2012%25252F07%25252F02%25252Fadopting-an-effective-arms-trade-treaty-a-humanitarian-imperative%25252F&sa=X&ei=c43NUrTaJabMsQTLooHIDw&ved=0CDAQ9QEwAg&biw=881&bih=415#q=image+guns&tbm=isch&imgdii=_
-Fuente de la foto: https://www.google.co.ve/search?q=image+arms&tbm=isch&source=iu&imgil=tB-9eq2QXRz46M%253A%253Bhttps%253A%252F%252Fencrypted-tbn1.gstatic.com%252Fimages%253Fq%253Dtbn%253AANd9GcT6B6H_Ch5hXqJFbEgDQuDfRGO-bxwjmE0CmclWUEsmgknvhW6Afg%253B1024%253B768%253Bjqc-GOXjtQ_hUM%253Bhttp%25253A%25252F%25252Fblogs.independent.co.uk%25252F2012%25252F07%25252F02%25252Fadopting-an-effective-arms-trade-treaty-a-humanitarian-imperative%25252F&sa=X&ei=c43NUrTaJabMsQTLooHIDw&ved=0CDAQ9QEwAg&biw=881&bih=415#q=image+guns&tbm=isch&imgdii=_
lunes, 30 de diciembre de 2013
Debate entre Chomsky y Foucault
Este es un video, con subtítulos en español, de un dabate entre Chomsky y Foucault sobre dónde se encuentra la justicia, en la naturaleza humana o en las instituciones, y los modos de enfocar cambio. Es un clásico.
Referencia: http://mash.network.coull.com/activatevideo?video_provider_id=2&pid=8165&website_id=10355&width=640&height=480&embed_type=IFRAME&video_provider_url=http%3A//www.youtube.com/embed/bfYVCLNpSrc%3Fversion%3D3%26rel%3D1%26fs%3D1%26showsearch%3D0%26showinfo%3D1%26iv_load_policy%3D1%26wmode%3Dtransparent&mobile=true&referrer=http%3A%2F%2Fssociologos.com%2F2013%2F06%2F27%2Fel-memorable-debate-entre-foucault-y-chomsky%2F
domingo, 29 de diciembre de 2013
Mundo, Demonio y Carne
Fuente de la foto: ver enlace
Terminé “Mundo, Demonio y Carne” de Michaelle
Ascencio en estos días de vacaciones. Lo había comenzado hace meses, pero al
principio el libro no captó mi imaginación: en varias ocasiones lo dejaba por
otro. Sentí que la historia de la heroína,
María Manuela, no pasaba de un cuento de hadas donde la pobre protagonista sufría
por la muerte de sus padres, y por del desamor de los tíos -Don Emiliano y la
Doña Joaquina- quienes hacían aparente cargo de ella como huérfana. Tanto era
su malquerencia que le metieron contra su voluntad en el convento de las
Carmelitas Descalzas de Santiago de León, donde las reglas son de silencio y
obediencia. La razón públicamente manifiesta de este encierro eran los amores secretos de la niña con su novio, Elías, pero la verdadera era la codicia que tenían sus guardianes por la fortuna que le dejó sus progenitores muertos.
Ni los
Hermanos Grimm maltratan tanto a sus personajes, y esto es sólo el comienzo; no
voy a contar todo el drama, excepto que María Manuela pasa casi toda la novela
bañada en lágrimas.
Pero al
avanzar por las páginas me di cuenta de que María Manuela es más bien un
vehículo para contar una historia más interesante. Aprendí en esta lectura muchas
cosas: de la vida en el convento, de la lucha entre el presidente Antonio
Guzmán Blanco y la iglesia, de las ideas de Guzmán por la modernización a la
francesa en un país, no sólo rural sino también azorado por múltiples
alzamientos de caudillos locales, de la importancia de una carrera militar para
los jóvenes de este entonces y de la cercenada vida accesible a las mujeres al
final del siglo XIX en Venezuela.
Eran estos
temas los que permitieron que terminara el libro. Al cerrarlo siento que bien valía
la pena acompañar a María Manuela en estas páginas.
jueves, 19 de diciembre de 2013
Una vivienda saludable
He tenido varias conversaciones con personas que estimo sobre "el derecho a la vivienda" y al final he llegado a la conclusión que, tal como está propuesto, la existencia o no de dicho derecho no puede resolverse: o las personas creen que exista o no lo creen.
Este es un tema
muy discutido ya que por un lado hay gente que considera que se trate de un derecho
inalienable del ser humano; por otro hay quienes piensan que la vivienda debe
ser un logro personal, que cada quien debe procurar la suya y no depender del
Estado. Es su opinión, además, que se trata de una meta inalcanzable por Estado
alguno.
Por esta razón he decidido cambiar de enfoque: en vez de derecho hablaré del bien común.
Quisiera discutir
brevemente este problema desde un punto de vista práctico de la salud en vez de derechos legales. Tengo que hablar de los efectos a mediano y largo plaza de la carencia masiva
de moradas higiénicas, y lo voy a hacer haciendo referencia a un área de
importancia: la salud pública y las pandemias.
Salud
pública y las pandemias
A veces
pensamos que los problemas de los demás no nos tienen que afectarnos en lo
personal, que ellos no desbordarán ni las fronteras nacionales, ni los muros
que construimos alrededor de nuestras casas particulares. Sin embargo parece que no es así: quiero
mencionar tres enfermedades: la Poliomielitis, la tuberculosis y el mal de Chagas,
que son patologías que, sí, pueden traspasar barreras y acercarse a las
personas más protegidas, a pesar de las vacunas, las drogas y las insecticidas
que rociamos alrededor para protegernos. Son enfermedades que viajan con muchísima
facilidad y son difíciles de controlar.
La poliomielitis
Gracias a la
posibilidad de vacunación, la polio está quedando reducida a algunos enclaves
identificables y reducidos. Esto evidentemente se debe a los programas de
vacunación, pero hay zonas donde las campañas de vacunación se ven con
sospecha, como en ciertas partes de Afganistán y Pakistán. Según el Polio
Global Eradication Initiative, este año (1):
-En Afganistán, no hay casos endémicos de la enfermedad; todos
provienen del contagio desde Pakistán.
-En Nigeria, el virus se restringe geográficamente a ciertos estados provinciales.
-En Pakistán, el foco principal es endémica, y se encuentra en las
zonas tribales (FATA), en particular en Waziristan del norte, aunque exista también
la transmisión de persona-a-persona a través del país.
Estas son zonas donde las condiciones precarias de
vida y los prejuicios contra la vacunación han demorado la erradicación de la dolencia.
Es peor ahora en Siria, donde el sistema nacional de
salud siempre ha controlado la transmisión del virus silvestre (wpv -confirmado
por el WHO en 1999 -referencia 2-); ahora aparece en los campos de refugiados y
entre las demás personas que se han quedado sin hogar debido a la guerra civil.
Muchos viven en carpas con otras personas –puede haber veinte individuos bajo
el mismo “techo”. Ha habido un importante repunte del contagio y de la
transmisión a lugares aledaños; además de la tragedia que esto significa para
las víctimas, la propagación del mal señala un problema al nivel global, nuevos
focos de infección aparecen debido a las migraciones, y pueden resultar a la
larga en el afianzamiento del wpv en los países vecinos; además pueden seguir
su transmisión a otros lugares más lejanos.
En este problema de Siria hay tres factores de
cuidado: a) la interrupción de la vacunación, b) las condiciones insalubres que
sufran los refugiados y c) la migración de millones de personas algunas de las
cuales están infectadas o que son portadores. El contagio aumenta cuando pésimas
condiciones sanitarias y de vivienda combinan con la reducción de las
resistencias naturales de las personas estresadas por su situación.
La
tuberculosis
El problema de la tuberculosis (TB) es mucho más serio
que la polio debido a dos razones: a) igual a la polio la TB se contagia con
mayor rapidez en condiciones de pobreza en que las personas tienen que vivir en
proximidad con condiciones sanitarias deficientes, y b) existe una tendencia
del patógeno a mutar y luego quedarse inmune a las drogas principales que se
usan para contralo. Haití tiene la más alta tasa de TB en las Américas. (3) Añadido
a esto y a causa de la pobreza de la isla, existen migraciones importantes de
haitianos hacia todo el mundo. En Montreal, Canadá, la inmigración desde Haití
significó 18.5% de todos los casos de TB, y en Nueva York 5%. (3) Algunos de
estos casos son resistentes a las drogas empleadas hoy en día, y hay evidencia
que en los últimos veinte años dicha resistencia aumenta en esta población,
especialmente después del terremoto de 2010, dadas las condiciones de vida que
prevalecen allí aún hoy en día.
Esto nos conduce de nuevo a una reflexión sobre las
condiciones de vida: ambas características de la TB –el hecho de florecer en
condiciones de insalubridad y aglomeración, y su capacidad de mutación- se
aumentan cuando las condiciones de viviendas son indeseables y cuando los
tratamientos son incompletos o esporádicos. Y como en el caso de la polio,
estas circunstancias no afectan sólo a los pobres y los desafortunados allí en
sus carpas de rescate, sino a otras personas a miles de kilómetros de
distancia.
Mal de Chagas
El vector de la enfermedad de Chagas es un insecto del tipo triatómicos,
que en Venezuela comúnmente se llama el “chipo, y la causa directa es el parásito
protozoario Tripanosoma cruzi. La infección ocurre cuando el insecto
pica a un mamífero y le pasa el parásito. Es uno de los mayores problemas de
salud en América del Sur. En Venezuela se estima que 6 millones de personas
están en riesgo de contraer la enfermedad (4). En una población que no alcanza
30 millones, esta cifra es alarmante.
Frecuentemente
el control de vectores ha sido concebido en términos de intervenciones físicas
(y supuestamente aisladas), por ejemplo, la eliminación de vegetación o el
rocío de insecticidas en los ambientes afectados. Este tipo de intervención
puede tener efectos dañinos que incluyen la exterminación, no sólo de los
vectores de enfermedades particulares, sino la aniquilación de diversas
poblaciones de insectos. Especialmente, las prácticas que emplean agentes
químicos pueden disminuir la biodiversidad, tanto en términos ecológicos en
general, como en términos prácticos, por ejemplo con relación a la necesidad de
preservar los insectos polinizadores para la agricultura. Otro
de los efectos secundarios de esta práctica puede ser la contaminación de las
fuentes de agua utilizadas para el consumo animal y humano.
La principal profilaxis para evitar contagio es vivir en una casa
limpia, ventilada, iluminada y de techo y paredes lisos. Según Briceño-León (5)
se trata de una enfermedad que tiene que ver con las condiciones ambientales y
sociales. El vector habita zonas selváticas pero cuando las casas de los humanos
se construyen en su hábitat, el insecto coloniza la vivienda. Allí pasa el día
en las grietas –como en las paredes de bahareque- y sale de noche a alimentarse
sobre quienes duerman allí.
La casa enferma –título de libro de Briceño-León- cuenta como la enfermedad se
relacionaba históricamente con las condiciones de pobreza en los campos, sobre
todo con los techos de paja y las paredes y
pisos de lodo seco. Ahora los vectores están también en las ciudades, y
aunque ayude tener la propia casa limpia, no hay garantías contra el movimiento
del chipo. Hoy en día hay vectores infectados en la zona de Caracas, traídos en
gran parte por la inmigración a la ciudad. Han llegado tan al norte que los
Estados Unidos.
Reflexiones
finales
Las tres enfermedades revisadas aquí tienen dos
factores en común: a) se afianzan y se multiplican en condiciones de pobreza o
emergencia social, sobre todo en viviendas precarias y b) se transmiten luego
por varias vías, principalmente por las migraciones humanas. Una vez que la
dispersión ocurra es difícil aunque no imposible detenerla, y mientras tanto se
aumenta la vulnerabilidad de las personas de clase media que pueden vivir a miles de kilómetros de
distancia a pesar de los muros que se construyan y el aislamiento que se intente
levantar alrededor del espacio personal de cada uno.
Tal vez la mejor protección para todo el mundo sea la
generalización de viviendas sanas, aunada, claro, a campañas de vacunación y
tratamientos. Es decir, no podemos huir del malestar ajeno. Nos conviene a
todos cuidar la salud de nuestros vecinos.
Con relación a las obligaciones del Estado para
facilitar viviendas adecuadas para todo el mundo, podemos hacer un par de
reflexiones.
Primero, el costo de curar a los enfermos, prevenir
pandemias y reglamentar las migraciones es muy grande. Es de argumentarse que
la facilitación de viviendas en buen estado es al final una medida
económicamente aconsejable. Segundo, la
solución no es necesariamente que el Estado asume toda la cuenta y regale las
casas a las personas que las necesitan: puede haber –entre muchas otras
alternativas-: a) posibilidades de préstamos a largo plazo para adquirir viviendas
construidas por compañías privadas, b) cooperativas de construcción compartida,
c) viviendas de bienestar gubernamental que se venden a los propietarios y d)
la organización de proyectos supervisados de autoconstrucción.
Referencies
1 1. Polio Global Eradication
Initiative (2013). Accesible en la página Web: http://www.polioeradication.org/Dataandmonitoring/Poliothisweek.aspx
2. The Henry J. Kaiser
Foundation. (2013). WHO Investigates Possible Polio Outbreak In Syria; Virus
Continues To Spread In Pakistan, Afghanistan, Horn Of Africa. Accessible en la págia Web: http://kff.org/news-summary/who-investigates-possible-polio-outbreak-in-syria-virus-continues-to-spread-in-pakistan-afghanistan-horn-of-africa/
3. Ocheretina O,
Morose W, Gauthier M, Joseph P, D’Meza R, Escuyer VE, et al.
Multidrug-resistant tuberculosis in Port-au-Prince, Haiti. Rev Panam Salud
Publica. 2012;31(3):221–4. Accesible en
la página Web: http://hal-riip.archives-ouvertes.fr/docs/00/70/83/82/PDF/Reprint.pdf
4. Avilio Méndez
Flores (s/f). Mal de Chagas. Blog Ciencias Médicas. Accesible en la página Web:
http://blog.ciencias-medicas.com/archives/1718
5. Roberto
Briceño-León (1990). La casa enferma. Fondo Editorial Acta Científica y
Consorcio de Ediciones Capriles.
La naturaleza por lo números
URL de este video: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=tnkLDFpgix4#t=214
Este video es realmente hermoso; demuestra la relación entre la matemática y la naturaleza en términos que aun yo, con mis limitadas capacidades con todo lo que tiene que ver con números, puedo entender.
Este video es realmente hermoso; demuestra la relación entre la matemática y la naturaleza en términos que aun yo, con mis limitadas capacidades con todo lo que tiene que ver con números, puedo entender.
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