martes, 30 de agosto de 2022

Dar cara a la historia

 

Karen Cronick

Estas reflexiones son motivadas por la necesidad de examinar nuestra capacidad para analizar y juzgar las tradiciones que nos vienen del pasado. Es difícil decir que la historia sea progresiva y que conduzca generalmente hacia un bien mayor, a pesar de lo que nos ha dicho Hegel (1807/1985) y algunos de los filósofos que él inspiró; hay poca evidencia de un proceso evolutivo de carácter dialéctico en la narración del pasado. Más bien podemos percibir en el pasado un vaivén de acontecimientos: revoluciones, despotismos, sistemas legales y políticos que ofrecen por un tiempo una cierta libertad para sus ciudadanos, conquistas sanguinarias, movimientos de liberación, mejoramientos económicos y científicos (como la imprenta, las vacunas y la computadora) y retrocesos tecnológicos (como la bomba atómica y las tecnologías que conducen al calentamiento global).

No aparece una línea de progreso hacia la justicia y el bienestar. Pero al mismo tiempo la historia nos enseña, y ella constituye un recurso que, en el mejor de los casos, nos puede advertir sobre peligros, o alentar al tomar decisiones en la actualidad. 

Por estas razones es importante explorar la marcha del cuestionamiento histórico. En estos párrafos exploraré, sobre todo con respecto a la esclavitud y la conquista militar, los siguientes temas: a) el pasado como legado, b) la legalidad de estas prácticas en la modernidad, c) la efectividad de prohibirlas, d) las actitudes y críticas del pasado respecto a ellas, e) nuestra capacidad de ubicarnos temporalmente para criticar y juzgar a nuestros orígenes y f) el retoque del pasado propio.  Finalizo con un pequeño resumen.

El pasado como legado: Hay tantos problemas que impiden analizar el pasado. La primera dificultad es que nuestras civilizaciones se germinan a partir de las semillas que la historia ha sembrado, pero no podemos identificarnos plenamente con las actitudes de nuestros predecesores. Cada nuevo árbol es diferente, aunque nazca de las nueces de la misma especie. Leemos sobre los eventos, las leyendas, los personajes y los documentos que otros nos han dejado, pero nuestras vidas han sido distintas, y hemos sido expuestos a ideas que nuestros antepasados no podrían siquiera imaginar. A pesar del desenvolvimiento del tiempo, sin embargo, nos cuesta muchas veces distanciarnos, juzgar, y aún condenar los sucesos adversos. 

La legalidad de estas prácticas en la modernidad: En estas consideraciones voy a considerar los fenómenos de la esclavitud y la conquista militar. Son considerados hoy en día por la mayoría de las instancias legales como crímenes. En el siglo XIX la esclavitud fue prohibida en la mayoría de los países europeos y americanos. Al nivel mundial en el artículo 4º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (aprobada en 1948) se afirma: “nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”. Igualmente, respecto a la usurpación de un país por otro, el preámbulo de los Estatutos de Roma (aprobado en 1998) refiere a la invasión y ocupación de una nación por otra así “…los Estados se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”.

La efectividad de prohibirlas: Hay que reconocer que la ilegalidad no se ha acabado con estos crímenes. Millones de personas en el mundo actual están sometidas a variadas formas de esclavitud, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) porque no pueden escapar de las condiciones de explotación en que se encuentran. Al mismo tiempo, millones de niños están sujetos al trabajo infantil, e incontables mujeres están sometidas a la prostitución forzada. A pesar de su ilegalidad actual, la servidumbre involuntaria todavía ocurre. Igualmente, las invasiones territoriales continúan: mientras escribo estas palabras Rusia está invadiendo Ucrania, y si bien los europeos, los canadienses y los estadounidenses ayudan a este país perjudicado a defenderse, hay Estados que apoyan al agresor.

Las actitudes y críticas del pasado respecto a ellas: Antes del rechazo histórico en el siglo XIX de las usanzas de la invasión, la ocupación y la esclavitud, ellas eran frecuentes y aún aceptadas entre las potencias y reinos. Se ha empleado la esclavitud por casi toda la historia humana; en Mesopotamia, Egipto, India, China y Grecia lo que comenzó como costumbre fue legitimándose y reglamentándose.  Casi todos los imperios, reinados y países tenían esclavos, y algunos de los más admirados héroes históricos eran conquistadores que traían esclavos para el usufructo de los ciudadanos de sus propios imperios, como Alejandro Magno, Julio César y Gengis Kan. Napoleón Bonaparte era un conquistador un poco más complejo, ya que en el siglo XIX no era apropiado traer personas cautivas para la servidumbre involuntaria, pero él, sí, pretendía traer recursos y dominio a Francia.

La historia del mundo está repleta de ejemplos de lo que ahora consideramos lesa humanidad. Aun los atenienses, los inventores de la democracia constitucional y representativa, tenían esclavos, y sus ejércitos conquistaban territorios en Anatolia y otros lugares. Aristóteles defendía estas prácticas. Él las aceptó como algo natural, y en su libro “Política” el tema tiene un subtítulo completo dedicado a la defensa de esta costumbre.

En la época medieval algunas personas abogaban por la erradicación de la esclavitud, pero simpatía para una emancipación general sólo encontró su plena expresión con la Ilustración europea. El vasallaje obligado era una práctica generalmente aceptada, pero gradualmente generaba incomodidad ética en ciertos ambientes eclesiásticos:

“…de forma oficial e inequívoca la Iglesia se pronunció, a través de Gregorio XVI, en contra de la esclavitud de los negros. Habían pasado tres siglos, durante los cuales distintos papas se habían referido a la esclavitud, insistiendo en la denuncia de la esclavización de los indios e incidiendo de forma progresiva en los abusos que se cometían con los esclavos africanos. Incluso con pronunciamientos que se podían interpretar como contrarios a la esclavización de los negros, …con Pablo III se había manifestado en contra de la esclavitud de los indios en 1537, pero no fue hasta 1839 la suficiente claridad; como lo demuestra el hecho que las mismas órdenes religiosas presentes en las colonias en muchas ocasiones también tenían esclavos” (Amnistía Internacional, s/f. párrafo 20).

En España la tradición de la esclavitud tardó mucho en desaparecer totalmente, y en Al-Ándalus era una práctica usual. Con el comienzo del colonialismo europeo en América y África, la servidumbre obligada se convirtió, no sólo en un negocio lucrativo, sino en un sistema económico indispensable para la agricultura, sobre todo en las Américas. La conquista y la esclavitud formaban partes de un mismo fenómeno. Uno de los motivos para la conquista fue justamente la posibilidad de obtener riquezas y esclavos.

Durante la Ilustración en el siglo XVIII en Francia apareció en la publicación de la Enciclopedia de Diderot y D'Alembert, numerosas condenaciones a la práctica de la esclavitud. En particular Rousseau declaró: “Si la guerra no da al vencedor ningún derecho de masacrar a los pueblos vencidos, este derecho que no posee no puede ser el fundamento del derecho de esclavizarlos" (Amnistía Internacional, párrafo 26). Entre los intelectuales europeos y algunos grupos abolicionistas en Inglaterra y los Estados Unidos se comenzaron a confluir cuestionamientos sobre el derecho que podrían tener algunas personas de poseer y usar a otras. Desde este punto histórico es posible hablar de una condena ética cuya influencia llegara finalmente al gran público. Para este entonces el abolicionismo se había convertido en un tema de debate. Si algunas personas se negaban a oírlo, ya no se debía a que vivían en tiempos cuyas prácticas culturales eran innegables e incontrovertibles. No fue sino en los siglos XIX y XX que estas prácticas fueron rechazadas legalmente a nivel internacional.

Nuestra capacidad de ubicarnos temporalmente para criticar y juzgar a nuestros orígenes: Por milenios estas usanzas eran normales, y aún hoy en día cuestionarlas produce respuestas variadas. Es más, es frecuente encontrar personas que excusan o justifican la dominación histórica en sus formas de conquista y esclavitud porque en aquellos tiempos eran habituales.  En cierto grado ellas tienen razón. No es posible juzgar una sociedad por prácticas que históricamente sus integrantes no han podido cuestionar. Hans-Georg Gadamer (1993) diría que quien interpreta un fenómeno histórico tiene que hacerlo como un ser en dos tiempos, el suyo propio y el de su objeto de interpretación. Dice que somos seres de sentido "arrojados" a un mundo particular. Esto es una condición de la existencia humana.  El problema de la interpretación es la necesidad de indagar sobre conciencias que nos son ajenas. ¿Cómo asumir la conciencia del otro sin intentar formar parte del circuito histórico al que éste pertenece?

El cuestionamiento ético requiere esto. Para la transformación histórica es necesario alejarse de prácticas intolerables del pasado, pero al mismo tiempo reconocer las condiciones existenciales de las personas que participaban en ellas. Hay que distinguir entre, a) la aceptabilidad –o no- de estas prácticas en sí, y la posibilidad de seguir empleándolas en la actualidad y b) las responsabilidades históricas y éticas de las personas del pasado que las realizaban. Es decir, podemos entender a Aristóteles y su mundo, sin hacernos cómplices. Al mismo tiempo, hay atrocidades tan grandes que tenemos que condenar no sólo a ellas sino también a sus autores.

¿Cuál es la responsabilidad ética del ser humano? Podemos lamentar las tragedias, como cuando Eurípides lamentó el destino de las mujeres troyanas después de la caída de Troya. Y podemos llorar la destrucción de Cartago al final de la tercera guerra púnica (149-146 A.C). Podemos preguntar: ¿Los ejércitos de Gengis Kan eran asesinos genocidas? ¿Merecen nuestro oprobio? Igualmente: ¿las prácticas de la Inquisición que duraron desde el siglo XII hasta el siglo XIX en las Américas eran actos de lesa humanidad? Tal vez sea importante no sólo distanciarnos de estos acontecimientos, sino también impugnar a sus perpetradores. Es más, desde el Juicio de Núremberg, quizás sea posible condenarlos. 

La abolición de la esclavitud nació del oprobio. Para los británicos, en el siglo XVII la expansión del lucrativo trato de esclavos en el imperio motivó algunas expresiones de rechazo. En el siglo XVIII se iniciaron algunos movimientos abolicionistas importantes. En el siglo XIX se logró la emancipación legal de todos los esclavos en el mundo británico. Esto coincidió con el crecimiento del liberalismo político y la Ilustración en toda Europa. Es un movimiento histórico que tiene sus raíces en los actos de negación individual, cuando las personas se oponen a una perturbadora tradición, y finalmente esta negación se vuelve casi universal.

El retoque del pasado propio: Hace unos días leí la introducción del libro "The future of the Soviet past" (Adler y Weiss-Wendt, 2021). De la introducción de Adler y Weiss-Wendt, repito una cita de Alec Luhn:  "Cuando hablen de los tiempos de Stalin, imaginen la funda para el revólver guindando del hombro, pero no el cañón de la pistola en la nuca".  Los vaqueros estadounidenses tienen similares reacciones con respecto al sometimiento y matanza de los indo-americanos.

Es cierto que los rusos maquillan su pasado, y muchos países hacen lo mismo, por ejemplo, en las Américas todavía se evitan criticar la destrucción de las poblaciones indígenas y la esclavitud de los afro-descendientes. La estrategia es decir: Ok, bien, pero todo el mundo lo ha hecho. Cuestionar la tradición propia no es fácil. Hay una sola excepción en que un país ha reconocido y aceptado su pasado oscuro: los alemanes, desde la derrota del Fascismo en 1945, han mantenido una continuada campaña para objetar y condenar a los campos de exterminio y las invasiones del Tercer Reich a Europa y Rusia. Ellos han aceptado el Tercer Reich como una parte tenebrosa y lamentable de su pasado, y sobre la base de esta aceptación buscan rescatar el presente con estrategias humanistas de convivencia y comprensión.

Resumen final

Al final queda claro que el problema es complejo, pero la tarea es importante. Las críticas que hacemos del pasado constituyen parte de la elaboración del futuro, y se incorporan en nuestro patrimonio cultural el cual va alimentando el porvenir. Las personas van a criticar la historia a partir de su postura en la actualidad, al mismo tiempo que tienen que estar conscientes de los mecanismos que podrían haber influido a quienes “se han equivocado” antes.  Las opiniones y actitudes actuales se basarán necesariamente en la ubicación social de los participantes, su temporalidad, y su situación geográfica, generacional y educativa. De todo esto se generan debates, conversaciones y publicaciones.

Lo que no podemos hacer es aceptar las prácticas de pasado simplemente porque son tradiciones, antecedes heroicos o heredad ancestral.

 

Referencias

Adler, Nanci y Anton Weiss-Wendt (2021). En Wendt, Anton y Adler, Nanci (Eds), The future of the soviet past. Bloomington, Indiana: Indiana University Press.

Amnistía Internacional (s/f). La trata atlántica y la abolición de la esclavitud. Documentos. Historia de los Derechos Humanos. Disponible en: https://www.amnistiacatalunya.org/edu/es/historia/inf-esclavitud3.html

Aristóteles (2017). Política. Ed: Edu Robsy. Islas Baleares: Maison Carrée.

Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (s/f). Declaración universal de los derechos humanos (1948). Disponible en: https://www.ohchr.org/sites/default/files/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf

Gadamer, Hans-Georg (1993). Verdad y método. Salamanca: Ediciones Sígeme

Euripides (s/f) Las Troyanas. Disponible en: https://historicodigital.com/download/Euripides%20-%20Las%20Troyanas.pdf

Hegel, G.W. (1807/1985). Fenomenología del Espíritu. Traductor: Wenceslao Roces. México. Fondo de Cultura Económica

Organización Internacional de Trabajo (OIT) (2017). Trabajo forzoso, formas modernas de esclavitud y  trata de seres humanos. Disponible en: https://www.ilo.org/global/topics/forced-labour/lang-- es/index.htm#:~:text=Se%20estima%20que%20en%20cualquier,moderna%20por%20cada%201.000%20personas. es/index.htm#:~:text=Se%20estima%20que%20en%20cualquier,moderna%20por%20cada%201.000%20personas.

Corte Penal Internacional (1998), Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Disponible en: https://www.un.org/spanish/law/icc/statute/spanish/rome_statute(s).pdf          

martes, 16 de agosto de 2022

El Drama Estadounidense

 

 

Karen Cronick

Los Estados Unidos siempre ha sido un país dividido; por un lado estaban los grandes estadistas como George Washington, Thomas Jefferson, James Madison, Benjamín Franklin, John Adams y Alexander Hamilton. Ellos elaboraron una Constitución y el concepto de democracia inclusiva, en los cuales las leyes serían elaboradas por el conjunto de los ciudadanos por medio de sus representantes legales. En la Declaración de Independencia declama: "Todos los hombres fueron creados iguales".

La Constitución no niega el derecho a la nacionalidad a ningún ser humano nacido dentro de sus fronteras, ni siquiera a los esclavos. Fueron leyes posteriores por medio de los cuales se desarrollaron los mecanismos de exclusión, sobre todo en los estados que reconocían la legalidad de la esclavitud. En cambio, en los estados de Maine, Massachusetts, New Hampshire, Rhode Island, y Vermont los afroamericanos siempre podían votar sin restricciones.

Sin embargo, desde los inicios de la República, y de hecho, hubo exclusión para muchas personas, sobre todo los afroamericanos y los amerindios. En 1868 finalmente fue adoptado el decimocuarto enmiendo a la Constitución que reconoció que todos los hombres que habían nacido (o naturalizado) en el país eran ciudadanos, incluso los afroamericanos. Pero curiosamente la declaración plena de la ciudadanía para los amerindios no ocurrió sino en 1924 cuando el Presidente Calvin Coolidge firmó el Acto de Ciudadanía India. La razón de esta demora no era declaradamente racial: como las personas indígenas habían sido asignadas a “reservaciones” en que podían (supuestamente) dictar sus propias leyes,  estas tierras tenían la implicación de ser zonas no-nacionales.

Por otro lado, en la “frontera”, es decir la vasta y cambiante región al oeste de los trece primeros estados que componían la “Unión”, se vivía una legalidad descuidada y laxa.  La ocupación de los territorios de Luisiana, Nebraska, Texas, Nuevo México, California y Oregón fue una historia disputada y de conquista armada. Conjuntamente con la violencia se iba desarrollando una cultura de sobrevivencia. La aceptación de una noción de ley fue posterior, y el principio que una familia pudiese “poseer” una parcela de tierra como algo propio fue primero el resultado de una lucha violenta. Estas parcelas eran los frutos de una pelea armada contra los amerindios y luego contra las bandas de forajidos que recorrían estos parajes libres de control. Posteriormente los habitantes comenzaban a construir pueblos, marcar senderos, y desarrollar pequeñas industrias como la minería, y para defenderlos, nombraban representantes del orden como los "sheriffs". Todo fue una expresión de lo que se llegó a llamar el Destino Manifiesto (“Manifest destiny”). El individualismo y autosuficiencia eran valorados más que la idea del acato a las leyes, y los “derechos” se defendían a punto de revolver.

Esta herencia sigue como una ideología de la resistencia por parte del individuo frente a la colectividad. Viene acompañada de un racismo ostensible y palpable que nunca terminó, el cual se basa en el temor de la población privilegiada de perder sus ventajas.

Hablando de sus manifestaciones actuales, dicen Rather y Kirchner (11/8/22):

“...surge una imagen clara y escalofriante. Grandes sectores del Partido Republicano no creen que la ley deba aplicarse a sus líderes. Y no creen que pueda haber una elección justa en la que pierda su candidato. Esto es, en esencia, un repudio del ideal de Estados Unidos como una república democrática regida por la ley. Todos debemos tener cuidado aquí. Esto no se aplica a todos los representantes electos republicanos y ciertamente no a todos los votantes republicanos….. este socavamiento de la confianza en nuestras instituciones está mucho más extendido y es mucho más profundo de lo que podríamos haber temido al principio.”[1]        

Referencia

Rather, Dan y Kirchner, Elliot (11/8-22). An Attack on the rule of law. Rallying around Trump. Steady. párraflo 12. Accesible en la página web: https://steady.substack.com/p/an-attack-on-the-rule-of-law



[1] “...a clear and chilling picture emerges. Large swaths of the Republican Party do not believe the law should apply to its leaders. And they do not believe that there can be a fair election in which their candidate loses. This is, at its very essence, a repudiation of the ideal of America as a democratic republic ruled by law. We all should be careful here. This does not apply to all Republican elected representatives and certainly not to all Republican voters. Nor does it apply to any and everyone who questions the FBI’s actions. But as we are seeing with the overall general reaction to the FBI’s search, this undermining of confidence in our institutions is far more widespread and far deeper than we might have first feared” (Rather y Kirchner, 11/8/22).

martes, 5 de julio de 2022

English: Yet another shooting in the United States. Español: Otro tiroteo más en Estados Unidos

 

English: This is a reflection about America’s devotion to war weapons.

Español: Ésta es una reflección sobre la devoción que tiene Los Estados Unidos al armamento bélico.

English:

Yet another shooting in the United States. And this happened just shortly after another half-hearted attempt to control gun access. The problem is only partly gun access.

The United States has a long history of violence which has never been adequately faced: first there was the massacre of the first Indian populations, then slavery and its brutality, then all the subsequent wars that include the Mexican-American war from 1846 to 1848, the Civil War from 1861 to 1865, the Spanish-American war in 1898, World War I from 1914 to 1919, World War II from 1941 to 1945, the Korean war from 1950 to 1953, the Vietnam war from 1955 to 1975, the Bay of Pigs invasion in 1961, the invasion of Panama from 1989 to 1990, the Gulf (including Iraq) war from 1990 to 1993, participation in the Yugoslav Wars from 1992 to 1995, War in Afghanistan from 2001 to 2021, Iraq war 2003-2011, participation in the Syrian conflict from 2014 to the present, and participation with armament in the Ukrainian war in 2022. I have not mentioned numerous other skirmishes involving U.S. troops and armament.

It has become a way of life, that has made the arms industry into the most powerful political interest in the country. Whole sectors of the population cannot imagine themselves without their personal arsenals. There are shops in every town that sell war-grade weapons to the general public.

After World War II Germany went through a soul-searching examination of their part in the horror of that period. This introspection continues today. But the United States has never had to reconsider their devotion to armed hostilities and weapons.

Español

Otro tiroteo más en Estados Unidos. Y esto sucedió un poco después de otro intento -poco entusiasta- de controlar el acceso del público a las armas de grado militar. Creo que la facilidad de obtener estas armas es sólo una pequeña parte del problema.

Estados Unidos tiene una larga historia de violencia que nunca ha sido enfrentada adecuadamente: primero fue la masacre de las primeras poblaciones indígenas, luego la esclavitud y su brutalidad, luego todas las guerras posteriores que incluyen la guerra mexicano-estadounidense de 1846 a 1848, la Guerra Civil de 1861 a 1865, la Guerra Hispanoamericana en 1898, la Primera Guerra Mundial de 1914 a 1919, la Segunda Guerra Mundial de 1941 a 1945, la guerra de Corea de 1950 a 1953, la guerra de Vietnam de 1955 a 1975, la invasión de la Bahía de los cochinos cerdos en 1961, la invasión de Panamá de 1989 a 1990, la guerra del Golfo (incluido Irak) de 1990 a 1993, la participación en las guerras de Yugoslavia de 1992 a 1995, la guerra de Afganistán de 2001 a 2021, la guerra de Irak de 2003 a 2011 , participación en el conflicto en Siria desde 2014 hasta el presente, y participación con armamento en la guerra de Ucrania en 2022. No he mencionado muchas otras operaciones militares que involucran tropas y armamento de los Estados Unidos.

La guerra se ha convertido en una forma de vida, que ha transformado a la industria armamentista en el interés político más poderoso del país. Sectores enteros de la población no pueden imaginarse sin sus arsenales personales. Hay tiendas en cada pueblo que venden armas de guerra al público en general.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania pasó por un examen profundo de su parte en el horror de ese período. Esta introspección continúa hoy. Pero Estados Unidos nunca ha tenido que reconsiderar su devoción por las hostilidades armadas y las armas.

viernes, 1 de julio de 2022

La tragedia del linchamiento de Emmett Till

 


Recordando el caso del linchamiento de Emmett Till, un joven de catorce años procedente de Chicago que estaba visitando parientes en Money, Mississippi en 1955, pienso en otra tragedia similar pero ficcional. Es la que fue contado por Harper Lee en su novela, To Kill a Mockingbird. En la novela de Lee, Atticus Finch es un abogado que asume la defensa de un joven negro, Tom Robbinson, acusado de violar a Mayella Ewell, una mujer blanca.

En la novela Mayella sienta atracción por Tom e intenta seducirlo, y cuando él la rechaza con pavor, huyendo de su casa, ella lo acusa falsamente de haberla violada. Atticus Finch lo defiende en un juicio, dentro de un ambiente social impregnado de tensión racista, y a pesar de haber demostrado finalmente que Tom no pudo haber violado a la muchacha, éste es asesinado por fanáticos blancos del pueblo en el momento de intentar salir del juzgado.

Igualmente, en el caso verdadero de Emmet Till, se trata d un joven acusado de “flirtear” con una joven mujer blanca, Carolyn Bryant. Esto supuestamente pasó en un tiende de víveres, propiedad de ella y de su esposo, Roy. Años más tarde Carolyn admitió que el coqueteo nunca ocurrió, pero en el momento ella acusó a Emmett, contando su chisme a todo el pueblo. Cuando el esposo, Roy, que estaba de viaje en el momento del episodio, regresó a casa, se encontró con el rumor esparcido, y amenazó al adolescente Emmett. Luego Roy y su medio hermano William Milam lo buscaron y lo golpearon tanto que quedó desfigurado. Al final lo dispararon en la cabeza y botaron su cuerpo en el Río Tallahatchie donde fue descubierto tres días después por unos pescadores. Fue identificado por un anillo que llevaba. Los dos hombres, Roy  y Milam, fueron enjuiciados por el asesinato, pero absueltos por un jurado blanco.

Fue en su tiempo un crimen muy sonado en todo el país. Yo tenía 16 años y su crueldad me marcó tanto que casi 70 años más tarde reconozco instantáneamente el nombre de Emmett, y me acuerdo de detalles del caso.  Era el momento que me di cuenta del abismo cultural entre el Sur y el Norte, aunque el Norte tampoco era un paraíso de tolerancia y paz racial.

En estas reflexiones quisiera pensar en los dos linchamientos, él del Tom en el libro de Lee, y él verdadero de Emmett. Amos casos tienen dos particularidades en común: primero está el ambiente de peligroso erotismo racista del Sur de los Estados Unidos, y segundo, la trampa social en que cayeron los personajes de Maella, la mujer que acusó a Tom en la novela, y Carolyn, la joven que acusó a Emmett en el incidente real.  

Harper Lee le dio a Maella una descripción detallada. Era una mujer con limitaciones cognitivas que siempre fue encargada de la crianza de sus hermanos menores en la ausencia de su madre. Es abusada por su padre, Bob Ewell, y Lee la describe como solitaria y triste. Tom, el joven negro, pasa frente a su casa todos los días camino a su trabajo, y siente lástima por ella. Este afecto atrae a Maella, pero la diferencia racial imposibilita que ella establezca una amistad con él. Por esto hay una sola salida para sus simpatías: una tragedia.

La novela incluye otros personajes: entre ellos están la hija del abogado Atticus Finch, llamada “Scout”, que Lee encargada de relatar la historia, su hermano y compañero de andanzas, y Boo Radley, un tímido recluso que intriga a Scout. Ellos van a tener importancia en el desarrollo de la historia, convirtiéndola al final en una doble desdicha. La primera es el asesinato de Tom, junto con la desgracia de Maella cuando se hace públicas sus motivaciones por haberlo acusado. La segunda desdicha ocurre cuando Boo sale de su reclusión en defensa de la niña Scout para matar a Bob Ewell, en el momento que éste la amenaza. En ambos casos, los responsables quedan en libertad.   Los culpables de la muerte de Tom nunca fueron ni acusados ni arrestados. Y Boo, como el autor de la muerte de Bob Ewell, queda también en libertad. En el primer caso, los asesinos de Tom se queden impunes a causa de la aplicación selectiva de la ley cuando se trata de blancos que matan a un hombre negro. En cambio, los encargados de la ley en el pueblo protejan compasivamente al pobre Boo, un personaje que los lectores hemos aprendido a querer. Finalmente, el dictamen de la ley es que Bob Ewell se suicidó. El primer caso es una aberración de la justicia; el segundo es una expresión de caridad y empatía entre blancos.

En cambio, en el episodio no ficcional, los motivos de Carolyn, la joven blanca que acusó a Emmet Till, no están tan delineadas porque no hay un autor para desarrollar el personaje. Es un incidente verdadero cuyos detalles tienen que ser extraídos de los periódicos del tiempo en que ocurrió. Ahora, en el 2022, los parientes vivientes de Till han intentado re-abrir el caso, pidiendo el arresto de Carolyn después de encontrar el orden de arresto para Till en 1955 en el cual aparece el nombre de ella (RSN, 1/7/2022). Carolyn ahora es una mujer de más de 80 años.

No sabemos nada de su personalidad, y hay que extrapolar sus motivos de lo que sabemos de la sociología del racismo de aquellos tiempos: hay que recurrir a la erotización del racismo sureño.  

Desde los días de la esclavitud en los Estados Unidos, ha sido común en el Sur que los hombres blancos “usen” a las mujeres negras como objetos sexuales. Ellas habitan en los límites entre “propiedad” y femineidad, y no tenían ninguna posibilidad para defenderse. En cambio, cualquier relación entre una mujer blanca y un hombre negro era absolutamente prohibida; era un hecho punible con la muerte de ambos a mano de turbas siempre impunes. Por esta razón, ante siquiera la fantasía de un acercamiento erótico por parte de un hombre negro, las mujeres blancas han reaccionado con histerismo, acusándolos y esperando la debida venganza por parte de los hombres blancos de su entorno. Es más, era un deber de honor para estos hombres vengar y “proteger” a sus mujeres. Al mismo tiempo, había una caracterización del hombre negro como más veril y bien dotado sexualmente; Davis y Cross (1979) describen este estereotipo. Era un desvarío mítico que los personificaba como fuertes y brutos, y por lo tanto una amenaza potencial.

Todo esto constituía una trampa social de alta toxicidad que creaba un mito de femineidad pura para las mujeres blancas, y una masculinidad ultra-potente y bruto para los hombres negros. Frente a esta dualidad, los hombres blancos del Sur tenían la obligación y el derecho de defender a “sus” mujeres, no de amenazas reales, sino de fantasías virulentas.

Emmett Till era un muchacho adolescente del Norte desamparado. No conocía los peligros en el Sur para los jóvenes de su raza, y cayó en una emboscada que tenía cinco siglos de existencia. Su asesinato marcó parte del inicio de un movimiento serio a favor de los derechos humanos y la justicia racial en los Estados Unidos. Pero también hizo evidentes las profundas yerras y heridas en la cultura racial del país que han quedado de los tiempos de esclavitud.

Estas lesiones están allí aún. Aunque estén más marcadas en el Sur, afectan también al Norte. Es importante examinarlas abiertamente, cuestionarlas y buscar bases culturales más saludables.  

Se ha dicho que estas huellas son como los pisados de dinosaurios, que ya no existen. Sin embargo, sólo en Mississippi hubo ocho linchamientos en el año 2020-2021 (Brown, 8/8/21). La práctica no ha terminado; es que ya los participantes son más discretos. 

Referencias

Brown, DeNeen L. (8/8/2021). Lynchings in Mississippi never stopped. Washington Post. Accesible en: https://www.washingtonpost.com/nation/2021/08/08/modern-day-mississippi-lynchings/

Davis GL, Cross HJ. (8/5/1979). Sexual stereotyping of black males in interracial sex. Arch Sex Behav. 8(3):269-79.

Lee, Harper (1960). To kill a mockingbird. Nueva York: McIntosh and Otis

Reader Supported News (RSN, 1/7/2022). Emmett Till’s family seeks the arrest of a woman after a 1955 warrant is found. Asociated Press. Accesible en: https://www.rsn.org/001/emmett-tills-family-seeks-the-arrest-of-a-woman-after-a-1955-warrant-is-found.html

jueves, 23 de junio de 2022

La derecha y la izquierda como doctrinas económicas

 Con estas reflexiones hago algunas preguntas sobre la utilidad y la claridad actual de las grandes etiquetas económicas "derecha" y "izquierda". 

Pregunto: en la práctica de los siglos XX y XXI ¿no será que la gran dicotomía es entre el totalitarismo y la democracia? Entre: a) Ortega, Días Canal, Kim Jong-Un y Xi Jinping, por un lado, y por el otro: b) Putin, Lukashenko y bin Abdulaziz (entre muchos otros) ¿cuáles son las diferencias? Los primeros son supuestamente de la izquierda, por lo menos en sus herencias históricas y declaraciones propagandísticas. Los otros están aliados con principios derechistas. Sin embargo, se asemejan mucho en términos de su irrespeto para los derechos humanos, los derechos de los trabajadores, la salud y la equidad. Es cierto que en la China se ha reducido dramáticamente la pobreza histórica de su población, pero ¿a qué precio en términos de la dignidad humana?  

“La izquierda” y “la derecha” todavía señalan una cierta adhesión a doctrinas económicas diferentes en los países escandinavos, Inglaterra, Alemania y Francia. Pero su sentido, incluso en Los Estados Unidos, se ha vuelto borroso. Por ejemplo ¿Donald Trump representa la derecha, o el totalitarismo?

Son muchas preguntas, y realmente no tengo claras las respuestas.  

domingo, 15 de mayo de 2022

The tragedy of adolescent assassins / La tragedia de los asesinos adolescentes

 

K. Cronick


English

In the United States this week two young men killed multiple people in anonymous slayings. One killer was 18 years old and the other was 17. They are not the only adolescent murderers either in that country or in the rest of the world; for example, juvenile bands of young killers roam the streets of Latin America, and child-soldiers in Africa make up the majority of some militias.  Aside from the tragedy represented by these boys’ victims, which is intolerably sad, we also have to think about the collective heartbreak that these assassins themselves signify. What makes a boy this age kill?

There are many well-known causes. The need to identify with peers that belong to gangs, abusive home conditions, environments that foster bullying, grinding poverty, childhood abandonment, and many other influences. The professional literature has dealt extensively with them. The point here is not to name them all, but rather ask how it is possible that societies tolerate these influences in their cities, towns, neighborhoods, and homes.

It is well known that free and good education, access to sporting installations, affordable health care, the elimination of homelessness, and the possibility of participation in a society’s cultural activities can reduce juvenile crime. How can it happen that these benefits are not standard offers made by all governments?

This last question is, of course, ironic. We know the reasons. The privileged choose to ignore the needs of others. In some places those in power absorb all the available resources for themselves. Much money is made by having marginalized young people participate in delinquent activities. Certain ideologies survive based on the cultivation of cultural rejection and social hate. And, of course, the armament industry benefits largely from these ideas.

But all this leads to another question: The existence of these exclusion systems is a large, non-flattering social mirror. When will come the time that we, like fairy-tale stepmothers, can no longer simply ask the mirror to tell us that we are the most beautiful, but rather hear it say that we are severely distorted.

Español

La tragedia de los adolescentes asesinos.

En los Estados Unidos esta semana, dos jóvenes mataron a varias personas en asesinatos anónimos. Un asesino tenía 18 años y el otro 17. No son los únicos asesinos adolescentes, ni en aquel país, ni en el resto del mundo; por ejemplo, bandas juveniles de jóvenes asesinos deambulan por las calles de América Latina, y los niños soldados en África constituyen la mayoría de algunas milicias. Más allá de la tragedia que representan las víctimas de estos muchachos, que es intolerablemente triste, también hay que pensar en el desamor colectivo que significan estos mismos asesinos. Ellos también son víctimas. ¿Qué hace que un chico de esta edad mate?

Hay muchas causas bien conocidas. La necesidad de identificarse con compañeros pertenecientes a pandillas, condiciones de hogar abusivas, ambientes que fomentan el bullying, pobreza extrema, abandono infantil y muchas otras influencias. La literatura profesional se ha ocupado extensamente de ellas. El punto aquí no es nombrarlas a todas, sino preguntar cómo es posible que las sociedades toleren estas presiones en sus ciudades, pueblos, barrios y hogares.

Es bien sabido que la educación buena y gratuita, el acceso a las instalaciones deportivas, la atención médica asequible, la eliminación de la falta de vivienda y la posibilidad de participar en las actividades culturales pueden reducir la delincuencia juvenil. ¿Cómo puede ser que estos beneficios no sean ofertas estándar que hacen todos los gobiernos?

Esta última pregunta es, por supuesto, irónica. Conocemos las razones. Los privilegiados eligen ignorar las necesidades de los demás. En algunos lugares, los que están en el poder absorben todos los recursos disponibles para sí mismos. Se gana mucho dinero haciendo que los jóvenes marginados participen en actividades delictivas. Ciertas ideologías sobreviven basadas en el cultivo del rechazo cultural y el odio social. Y, por supuesto, la industria armamentística se beneficia en gran medida de estas ideas.

Pero todo esto lleva a otra pregunta: la existencia de estos sistemas de exclusión es un gran espejo social poco halagüeño. ¿Cuándo llegará el momento en que nosotros, como madrastras de cuentos de hadas, ya no podamos simplemente pedirle al espejo que nos diga que somos los más hermosos, sino escucharlo decir que estamos severamente distorsionados?

jueves, 12 de mayo de 2022

Vallenilla Lanz y el caudillismo.

 

Karen Cronick


Vallenilla Lanz y el caudillismo.

Siempre es peligroso asociar las condiciones y móviles del pasado con el presente. Pero arrastramos nuestra historia tras nosotros –la sombra-; si tenemos el cuidado de reconocerla como una interpretación previa, algo relativo al momento en que apareció, ella puede ayudarnos a interpretar la actualidad. Es difícil entender Francia sin su revolución, los EE.UU. sin el “Destino Manifiesto” y Venezuela sin la violencia del Siglo XIX. Laureano Vallenilla Lanz es uno de los intérpretes de aquel siglo tan tormentoso.

Como cualquier sombra, hay que leer el libro de Vallenilla, “Cesarismo Democrático”, con cuidado. Los primeros capítulos describen a la anarquía de los tiempos de la separación de España. Caracteriza a estos tiempos, no como una lucha patriótica, sino como una guerra civil, y probablemente Vallenilla tiene algo de razón, por lo menos en el ambiente del Llano venezolano del Siglo XIX. Las contradicciones sociales entre la ciudad y el campo eran gigantescas; las ideas de la Ilustración europea no habían llegado al sur del país donde había grandes diferencias de clase. El poder se expresaba en los efectos de pobreza extrema y en una economía que dependía ´de la esclavitud.

Al iniciarse el proceso independentista este sistema entró en una crisis expresada en violencia que no sólo se dirigía a los colonialistas, sino también al sistema de explotación en general. Era una expresión de odio, producto siglos de sometimiento.  Las bandas en lucha no se limitaban a los patriotas y realistas, y no existía un pueblo unido, participante en una lucha de liberación. La carencia casi total de conciencia política, y el desconocimiento de las razones de la guerra terminaron borrando la diferencia entre los españoles y los patriotas. Vallenilla describe una población empobrecida y deseosa de triunfar sobre sus aflicciones más inmediatas. Por eso no era tan importante para los soldados diferenciar entre los realistas y los bolivarianos. Dijo Vallenilla:

“… la Revolución de la Independencia fue al mismo tiempo una guerra civil, una lucha intestina entre dos partidos compuestos igualmente de venezolanos, surgidos de todas las clases sociales de la colonia.” (p. 62)

Y luego afirmó:

Venezuela presentó en aquellos años el mismo espectáculo que el mundo romano con la invasión de los bárbaros” (p. 119).

En la escritura de Vallenilla Lanz se siente todavía la presencia del desprecio racial; describe como “pardos, quinterones, cuarterones y ‘blancos de orilla’ constituyen la gran masa pobladora de las ciudades” (p. 75). En otras palabras, al recurrir a términos raciales para describir a esta gente, niega su capacidad de pensamiento independiente, y deplora en aquel escenario de la gesta de independentista la presencia de gente de pensamiento “jacobina” que:

consideraba [al[ hombre natural como un ser esencialmente razonable y bueno, depravado accidentalmente por una organización social defectuosa [y que] creyeron, como los precursores y los teóricos de la Revolución Francesa, que bastaba una simple declaración de derechos para que aquellos mismos a quienes ‘el bárbaro sistema colonial tenía condenados a abyecto estado de semi-hombres… se transformaran con increíble rapidez en ‘un pueblo noble y virtuoso, consciente de su misión y árbitro de sus derechos’ (cita a documentos de Blanco y Azpurúa, Vallenilla, p. 117).

Dudaba de la capacidad transformadora del pueblo, y para él, el sueño republicano fracasó contra la realidad de soldados llaneros dedicados al pillaje que migraban entre los ejércitos de Páez y las de Boves, Yañes y Morales, sin ninguna ideal ni realista ni republicana.

 La solución vino de la necesidad de someter al desorden por la fuerza bruta, “y del seno de aquella inmensa anarquía surgirá por primera vez la clase de los dominadores: los caudillos, los caciques, los jefes de partido” (p. 119). En un capítulo posterior llamado “El Gendarme Necesario” defienda a José Antonio Páez como el caudillo que entendió el carácter nacional del país, y que tuvo suficiente fuerza para establecer un mínimo de orden.

Claro, es importante entender que Vallenilla fue el ideólogo y apologista por el régimen dictatorial de Juan Vicente Gómez; era evidente que respaldara la sumisión de una población revoltosa, y que la caracterizara como ignorante y en necesidad de una guía fuerte.

Podemos ubicar entre paréntesis su evocación de temperamento y las carencias de los soldados de los revueltos  de los años 1810 – 1823, y sin embargo darnos cuenta de una larga lucha armada que rebasó el conflicto con los españoles. Es más, el conflicto siguió por todo el siglo XIX durante las Guerras Federales.

Frecuentemente en Venezuela se ha recurrido al hombre fuerte, es decir al caudillo o al militar para solucionar los problemas. Todavía hoy en día hay gente que quiere encontrar un salvador, un amo que “nos saque de este desastre”. En el comienzo del siglo XX Gómez necesitaba intérpretes como Vallenilla para justificar su dominación. Es cierto que Gómez parecía traer algo de calma al país, pero claramente se trataba de un disimulo de la represión y un eufemismo para ocultar la carencia de a una paz verdadera.

Tenemos que escarbar en el militarismo y la resistencia a soluciones institucionales en Venezuela y dejarlos expuestos como motivos siempre subyacentes a muchos de los movimientos de cambio social. Como en el psicoanálisis, lo que no examinamos queda poderosamente en el inconsciente. En este caso es como una especie de inconsciente colectivo que hay que examinar con cuidado. Es sólo así que la historia puede cambiarse.


 
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