lunes, 12 de agosto de 2019

The pond



A pond with swaying waterweeds 
made lush by time 
and living things 
that ripple, swell and flop and fly,

is going dry. Brown reed-stems brush
like fiddle bows
against themselves.
In the rattling draft at night.

All wait for rain. Expectant seeds
will open, grow
new life once more.
New eyes will grasp the emerald light.

These new creatures have no need
to regard the past.
They think unaided.
Their shining skin has altered dyes.

                   -Karen Cronick

                 

viernes, 2 de agosto de 2019

El aire que inhalo



El aire que inhalo 
ya pertenece a otros:
a los descendientes, 
a los bisnietos.

Mis palabras ahora
se tornan harapientas,
no suficientes y 
del pasado.

Pero, todavía 
resisto, desafío, 
y camino a pulso
por la vereda. 

Aún quiero admirar 
a sus caras talladas
en el ramaje verde y de luz,
soñadas, de la arboleda. 

                -Karen Cronick

domingo, 28 de julio de 2019

Xenofobia y tribalización

Karen Cronick


¿Qué produce la deshumanización del humano? Es decir ¿qué causa la pérdida de la empatía y reciprocidad hacia el Otro y la tribalización de los afectos? 

Normalmente es un fenómeno de grupo, en que las personas se unen para aislarse de los demás en base a cualquier característica propia (religión, raza, ideología, clan...) y así clausuradas en sus miedos y repudios, excluyen a todos menos los miembros de su propia banda. Comienzan a menospreciar a los que son ajenos a su “comunidad”, a veces al punto de extrema crueldad. 

En estos tiempos de xenofobia y polarización política en todo el mundo, crece la urgencia de evaluar el fenómeno de las cofradías tóxicas. Sobre todo hay que identificar las barreras que impiden el paso de la solidaridad entre las personas, e intentar abrir resquicios en ellas. 

Estas lealtades exclusivas obedecen a reglas de conformación y persistencia, algunas de las cuales han sido estudiados en la psicología social y por la especialización de la dinámica de grupos. Hay que examinarlas desde una perspectiva analítica y no partidista. Uno de los problemas es justamente que los profesionales estamos involucrados en los mismos sucesos que estudiamos.

Venezuela está afectado por varias manifestaciones del tribalismo. La primera es la xenofobia que confrontan los migrantes en la extranjera. Ella probablemente se exacerba debido al tamaño de la migración: cualquier lugar que confronta más de medio millón de individuos nuevos y “diferentes” en un corto lapso de tiempo reaccionará con miedo  y rechazo. La asimilación toma tiempo. Es necesario encontrar los medios más eficaces para acelerar la tolerancia.

Otra demostración de este tribalismo se encuentra, tanto en la polarización política, como en la segregación que ha experimentado las fuerzas de orden  y su falta de conexión con las necesidades de la población en general. Es una muralla  de difícil acceso porque está fortalecida por la disciplina militar, ahora al servicio de un grupo político que también se encuentra aislado y debilitado.

La tolerancia, la empatía y la compasión son valores importantes. Es posible enseñarlos en las escuelas y por medio de campañas publicitarias en los medios electrónicos. Hay personas y proyectos que ya trabajan en este sentido. Podemos mencionar:

Alicia Reyes con Sopapa'tímcy, Sonia Pérez con "Pasión Petare", Fernando Jáuregui con sus videos Alternativos, el "Proyecto Alcatraz de la Fundación Santa Teresa, CANIA con sus trabajos sobre la nutrición infantil y maternal, las escuelas de Jesús Obrero, el Sistema de Orquestras Infantiles, PROVEA, Psicomovil de UCAB y los grupos de psicólogos como el de María Teresa Urreiztieta de "Dale Letra" que trabaja con los niños y adolescentes  y los Psicólogos sin Fronteras que ofrecen apoyo gratis para el tratamiento del duelo y desasosiego en estos tiempos difíciles.   

sábado, 18 de mayo de 2019

El Recurso de Método de Alejo Carpentier



Reflexiones de Karen Cronick

Ayer, con emociones muy encontradas, terminé “El Recurso del Método” de Alejo Carpentier. 

Por un lado está la enorme maestría del autor, sobre la cual quisiera reflexionar a continuación, y por el otro está el personaje central, el Primer Magistrado, un dictador típico de América Latina que suscita inquietudes incompatibles. El personaje habla muchas veces en la primera persona y los lectores le seguimos muy de cerca por toda la novela. En el ambiente político de ahora en Venezuela, mis asociaciones se agudizaron por inevitables referencias mías –como lectora ubicada históricamente- con Nicolás Maduro, pero al final  la analogía queda débil porque Maduro es un hombre sin matices culturales, y no tenemos –ni queremos tener- acceso a sus procesos internos. Maduro queda como una personalidad aplanada por sus acciones y declaraciones públicas, mientras el Primer Magistrado se abrió en las páginas de la novela como una personalidad compleja. 
  
Carpentier ensaya con un estilo diferente de narración en donde el mundo de los personajes se revela por los objetos que ven y con los cuales se circundan. Hay páginas enteras donde aparecen largas cadenas de objetos domésticos, pinturas, autores, obras teatrales y de la ópera lírica, edificaciones, comidas evocadas por apariencia y sabores, calles, ropas, cuerpos, ambientes urbanos o selváticos y todo lo que rodea al Primer Magistrado. Él vive por medio de ellos, en la novela emergen en una especie de poesía rítmica de enumeración, hasta en insinuación musical.  Los lectores tenemos que abandonar la expectativa de encontrar descripciones francas de eventos y emociones; tenemos que dejarnos llevar por el río de objetos sugeridos, a veces como un flujo simple de la memoria que nos lleva por nuestros propios recuerdos de lugares, olores y experiencias, a veces con ironía y aun cinismo, otras veces con humor y cierto grado de ternura y afecto, siempre entrelazados con el tema de una dictadura brutal.    

Es el recurso de un método literario que nos explica muy poco: si el lector capta la alusión, puede proceder como cómplice del autor, si no, las alusiones quedan sólo como elementos rítmicos en el flujo de palabras. Como lectora capté –creo- suficientes, pero estoy consciente de haber sido dejado atrás en muchas ocasiones por no reconocerlas. 

El Primer Magistrado podría ser cualquier dictador latino del siglo XX. Vive entre París y su propio país, que Carpentier no identifica, pero que tiene gran semejanza con Colombia, Ecuador y Venezuela; regresa a su patria para suprimir asonadas militares o intentos revolucionarios de varios tipos. No tiene una ideología propia, más bien tiene un enorme talento para usarlas para mantenerse en el poder, y esto es su meta única: quedarse en el poder a toda costa. Es corrupto si se llama corrupción emplear la riqueza del país en su propio beneficio, pero realmente no puede distinguir entre el patrimonio público y sus propias posesiones: no hay leyes ni costumbres que inhiben que los emplee como recursos suyos.  Es despiadado con sus enemigos, y cuando sus atrocidades llegan a conocerse, para él sólo se trata de un problema táctico de relaciones públicas. 

Sin embargo como lectores le seguimos en sus más íntimas reflexiones, siempre mediadas por el flujo de los objetos de su vida, y como observadores tan entrañables, no podemos relegarlo como un objeto más, como un parangón de abusador y opresivo déspota.  No lloramos su muerte, pero es un Otro; no es un semejante, pero es un ser cuyos pensamientos y miedos han sido explayados a nuestra contemplación. No podemos odiarlo como hacen los ciudadanos de su país, pero lo reconocemos como el producto de una sociedad imaginario que conocemos desde hace siempre, y como una aberración humana.

Para mí fue difícil reconciliar el Primer Magistrado con el dictador que padecemos ahora.  Nosotros, sí, vemos las injusticias, el envilecimiento y la perversión del gobierno actual. Lo que queremos es un regreso a la civilización, la democracia y la justicia, como también querían los pobladores del país del Gran Magistrado. 

jueves, 14 de febrero de 2019

Guaidó y Abrams



En los tiempos actuales en Venezuela, cuando una nueva democracia se asoma de los escombros de una dictadura de veinte años, es importante revisar el papel estadounidense en el movimiento de liberación. El país del norte ofrece su apoyo al Presidente (interino) Juan Guaidó en su oposición a Nicolás Maduro. Se reconoce que el reclamo que hace Maduro a la presidencia se basa en elecciones fraudulentas. Además, más de 84% de la población venezolana apoya a Guaidó, y en él se centran grandes esperanzas para establecer un gobierno legítimo, liberal y constitucional.

Sin embargo, para muchos observadores el apoyo de los Estados Unidos causa preocupación. El gobierno estadounidense tiene tendencias populistas actualmente. El enviado a Venezuela por parte del Presidente Donald Trump es Elliott Adams, conocido por su participación en crímenes de lesa humanidad en América Central en la década de los años 80 bajo Ronald Reagan.

Un poco de historia

El país del norte participó en violaciones importantes de los derechos humanos contra las oposiciones democráticas (y también las guerrillas) en Guatemala, Nicaragua, Honduras y El Salvador. En Guatemala apoyó a la dictadura de José Efraín Ríos Montt y la junta militar posterior.  En Nicaragua también se enfrentó a la oposición sandinista a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. En Honduras los Estados Unidos respaldó las fuerzas militares reñidas contra toda oposición al gobierno, a la cual se le consideraba comunista. En El Salvador los estadounidenses apoyaron al Presidente José Napoleón Duarte y otros políticos de la derecha como Roberto D'Aubuisson, quien participó en el asesinato de Monseñor Óscar Romero. Otros sacerdotes como los jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Armando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín López también fueron asesinados por los militares salvadoreños. (El Padre Ignacio Martín Baró fue muy querido en Venezuela, principalmente entre los psicólogos sociales, entre los cuales me cuento.)

Especialmente de interés en mis reflexiones, en este momento, es la masacre de El Mozote en El Salvador en que murieron más de 800 civiles, incluidos niños, asesinados por tropas entrenadas por los Estados Unidos. Elliott Abrams tuvo participación organizativa en esta tragedia. 

El papel de Abrams en los años 80 del siglo pasado en América Central tiene que examinarse. Si no participó directamente en crímenes contra la humanidad, los facilitó en El Salvador por medio de su apoyo a las medidas represivas del Presidente José Napoleón Duarte.

La situación actual en Venezuela

Desafortunadamente es precisamente Elliott Abrams que es el enviado especial de Donald Trump en apoyo a la oposición venezolana liderizada por Guaidó. 

No hay duda de la voluntad democrática de Guaidó, y tampoco del intenso clamor para un cambio político en el país. 

Es probable que el apoyo que recibe de Trump, Abrams y los demás políticos estadounidenses esté motivado esencialmente por el rechazo tradicional de estos señores a todo lo que tiene que ver con la izquierda política. Ellos identifican a Nicolás Maduro y sus colaboradores como comunistas. Sin embargo, el Chavismo, que Maduro representa actualmente, tiene poco contenido ideológico –de ningún tipo-; se trata esencialmente del afán de asirse al poder y mantenerse en él para adelantar sus propios proyectos de enriquecimiento ilícito. 

En cambio, Guaidó, sí representa una visión democrática de transparencia y apego a la ley.

Por esta razón, es importante que la oposición a Maduro, dirigida por Guaidó en esta etapa de transición, mire con el necesario recelo al caballo de Troya que Abrams tal vez representa. El apoyo estadounidense es fundamental para el programa de democratización del país, sin embargo, hay que emplearlo con agradecimiento, más no con obligación.   

viernes, 18 de enero de 2019

El héroe o el estadista: Pérez o Guaidó



El año pasado un aviador/actor llamado Oscar Pérez se alzó como el más reciente salvador que ha propuesto rescatar a la patria, como un Superman que eternamente salva a Metrópolis del crimen organizado. Pero Pérez era un soldado liberador sin un plan de cambio. No había elaborado ningún programa para la recuperación legal, estructural, económica o penal del país, o no lo había hecho público. Su lenguaje era igualmente indeterminado: quería libertad y justicia, dos sustantivos notoriamente vacíos de cualquier contenido preciso. 

Más que esperar los aviones que vendrán como ángeles a rescatar a la población, hay que preguntarnos qué tipo de constitución queremos ahora: ¿Cuánto poder otorgará al presidente? ¿Queremos un sistema parlamentario? ¿Cómo será el sistema electoral? ¿Por cuánto tiempo elegiremos a los diputados?  ¿Cómo será el sistema de justicia? ¿Nos quedaremos con el infausto sistema de cárceles que tenemos actualmente? ¿Qué será la relación entre las fuerzas de orden y el gobierno civil? Y luego vienen las preguntas más cotidianas: ¿Qué vamos a hacer con la basura que producen nuestras ciudades? ¿Qué sistema de transporte necesitamos? ¿Cómo vamos a neutralizar y luego reformar a las bandas de delincuentes?

Pareciera que  no existiesen soluciones negociadas ni nacionales ni internacionales para Venezuela. Los estadistas que requieren la nación han sido defenestrados o yacen en una oscura cárcel. 

Pero de repente, mientras escribo estas líneas, un nuevo abanderado de la democracia se asoma: se llama Juan Gerardo Guaidó Márquez;  es un ingeniero y presidente de la Asamblea Nacional (AN) desde el 5 de enero del 2019. Guaidó, al asumir la presidencia de la AN, asumió también la presidencia interina de la nación en una iniciativa netamente democrática y en oposición a la dictadura de Nicolás Maduro.

Fue la misma Asamblea que Nicolás Maduro desconoció en el 2017 cuando la sustituyó de manera inconstitucional en 1917 con la creación de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) cuyos miembros son todos leales al actual gobierno. La AN ha seguido reuniéndose a pesar del acoso, arresto y asesinato de algunos de sus integrantes y de repente el día 15 de enero de 2019 aprobó un acuerdo en que “se declaró la usurpación de la Presidencia de la República y se definieron las líneas para recuperar el ejercicio legítimo de la presidencia, con base en los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución” (Hernández, 17/1/19). De este modo se declararon viciadas a las últimas elecciones, en las que supuestamente fuera reelegido Maduro, y se proclamó que Guaidó, actual presidente de la AN,  representaría a Venezuela como presidente interino.

Es una iniciativa dramática que propone, además, la celebración de múltiples cabildos abiertos. El cabildo es un recurso que se encuentra en la Construcción del 1999 que dice en su Artículo 70: 

Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocatoria del mandato, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros; y en lo social y económico, las instancias de atención ciudadana, la autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las de carácter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad. (Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999)

De este modo el cabildo abierto queda como un mecanismo de poder popular que efectivamente incluye la capacidad de “la revocatoria del mandato”  y “cuyas decisiones serán de carácter vinculante”. Fue concebido como un recurso a ser empleado en la resolución de problemas locales:

“… debidamente organizado, es una herramienta útil para informar y formar ciudadanía; igualmente, es un espacio que facilita al ciudadano experimentar el valor de las instituciones locales, del diálogo, el debate plural y respetuoso con las autoridades locales; además, es una estrategia política válida para intentar acercar al ciudadano a los asuntos públicos locales y reconstruir lazos de confianza óptimos con las instituciones locales” (Romero, Carlos, 3/7/014).

En el caso actual, Guaidó y los demás miembros de la AN no se proclaman insurrectos, sino inmersos en un proceso autorizado constitucionalmente. No se trata de un nuevo héroe alzado, sino de un estadista que quiere tomar el manto de Rómulo Betancourt y convertir la dictadura actual en una democracia naciente.  

Referencias:

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999

Hernández, José Ignacio (17/1/19). ¿Qué aprobó la Asamblea Nacional? Prodavinci. Disponible en: https://prodavinci.com/que-aprobo-la-asamblea-nacional/?fbclid=IwAR2nie7JzXpc30OVBBASaryVcFWaQaGhdlSTm2vjFvj8avYcb93Y2ELYZh4

Romero, Carlos (3/7/014). El Cabildo Abiero. Revista del CEPYG, Universidad Católica Andrés Bello. Disponible en: https://politikaucab.net/2014/07/03/el-cabildo-abierto/

viernes, 7 de diciembre de 2018

Reflexiones finales sobre Venezuela

Esto es parte de una primera versión de las conclusiones sobre la situación actual de la democracia venezolana; forma parte de un libro que escribo sobre la democracia en general

Reflexiones finales sobre Venezuela
Karen Cronick

La  democracia tardó en llegar a América Latina en general, y en Venezuela en particular el proceso ha sido resbaladizo. Hay que recordar que en los tiempos de la colonia española Venezuela era una capitanía, no un virreinato. Las implicaciones son importantes.

  Al principio, al formarse el Virreinato de Perú, Venezuela quedó afuera como una capitanía. Con el paso del tiempo, al formarse el Virreinato de Nueva Granada también quedó fuera. Las capitanías funcionaban básicamente como bastiones de protección militar contra los piratas y luego para la salvaguarda del comercio como en el caso de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas.

La diferencia entre un virreinato y una capitanía puede apreciarse en el tipo de desarrollo propiciado por España. Por ejemplo Nueva Granada, 

“…constaba de 8 provincias, 1 arzobispado y 7 obispados. Con Universidad en Santa Fe de Bogotá, Biblioteca Pública inaugurada por el virrey Guirior (que fue del Perú) en 1774, un Instituto de Ciencias Naturales, abierto por el virrey Caballero y Góngora a raíz de la famosa expedición botánica que dirigió el sabio gaditano don José Celestino Mutis, un observatorio, etc. En 1759 publicaba el Papel Periódico de Santa Fe de Bogotá. Tuvo imprenta. Amenazado constantemente por piratas, constituyó también apreciable fuerza militar. Su riqueza principal fueron el oro, las esmeraldas, la plata y el platino” (Sánchez, 1965, Párrafo 3).

Mientras que la Capitanía General de Venezuela:

“disfrutaba de arzobispado (Caracas; 1803) y 2 obispos sufragáneos. El colegio fundado en 1696 se convirtió en Universidad el año de 1795. Se destacó económicamente por su riqueza ganadera, que llegó a ser tan apreciable como la del Río de la Plata. Su riqueza consistió además en cacao, algodón, café, tabaco y caña, lo que dio notable incremento a la colonia…..Fue el verdadero nudo mercantil del continente, hasta que se abolió el sistema de galeones y se entregó al comercio la ruta de Magallanes“ (Sánchez, 1965, párrafo 4).

Hay una frase popularmente atribuida a Simón Bolívar: “Mientras que Quito es un convento, y Bogotá es una Universidad, Venezuela es un cuartel." La caracterización de Venezuela como “un cuartel” se deriva de su herencia de la capitanía, y luego –por más de un siglo después de la muerte de Bolívar- de las sublevaciones constantes que dificultaban la instalación de gobiernos civiles en el país. 

Esta herencia fue superada por cortos lapsos accidentados con los gobiernos de Eleazar López Contreras (aunque él mismo fuera militar) y un poco más que veinte años más tarde, Rómulo Betancourt, un civil. Con ellos llegaron finalmente la dotación y construcción de universidades, bibliotecas, hospitales, atención a la salud, fomento para la agricultura, estimulación y regulación de los bancos, una limitación al lapso permitido para un presidente en el mando y el voto universal, directo y secreto. Hubo florecimiento en las artes y la producción de literatura nacional. Se fundaron partidos políticos y se abrió el discurso nacional a la posibilidad de tolerancia democrática. 

Sin embargo, esta democracia murió por su propia mano en 1999. Come he venido describiendo, hubo varios errores: la exclusión de los comunistas, varias crisis económicas no resueltas y la inquietud de siempre en los cuarteles. Las condiciones eran propicios para el surgimiento de un candidato populista, un héroe de las masas descontentas (como Julio Cesar, Dantón, Donald Trump, Jair Bolsonaro o Hugo Chávez), que disfruta de la aclamación popular, y que luego gobierna a su manera. 

El populismo no es un acontecimiento históricamente anómalo, pero la frecuencia del fenómeno ha aumentado en el Siglo XXI. Aparece cuando existe el multitudinario desencanto con las reglas y la oferta la democracia; esta fórmula ha sido bien descrito por Rivas Leone (2012):

“Merece destacarse que hay una estrecha correspondencia y relación en los años noventa entre el deterioro de la expectativas de los venezolanos, la crisis económica, los problemas de gobernabilidad, el deterioro de los partidos e incluso los aspectos referidos a la participación, la abstención y la inferencia como parte de la cultura política del venezolano” (p. 4).

El fundamento más básico de la democracia es el derecho para votar. El abstencionismo ha sido particularmente sintomático del descontento con la democracia. De nuevo Rivas Leone dice:

“En el 83 la abstención no alcanzaba el 10% y diez años después en el 93 llegó a ser de un 40% en las elecciones nacionales y 60% en las locales del mismo año. Nuestro país, había perdido entonces ese lugar privilegiado de países con mayor índice de participación electoral a nivel latinoamericano y mundial” (p. 5).  

Cuando los viejos partidos -como AD y COPEI- pierdan su capacidad para representar a una población insatisfecha, otras organizaciones pescan en estos ríos revueltos. Rivas Leone las cataloga: Convergencia Nacional (CN), Movimiento al Socialismo (MAS), Causa Radical (CR), el Movimiento Quinta República (MVR), PSUV, Partido Patria Para Todos (PPT), Partido Proyecto Venezuela (PV), Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), Partido Alianza Al Bravo Pueblo (ABP), Partido Un Nuevo Tiempo (UNT) y Partido Primero Justicia (PJ), entre otros. 

Los viejos partidos carecían de ideología y programas viables, y para muchos de los nuevos (MVR, PPT, PSUV, ABP) sus posturas ideológicas consistían en llamadas emocionales, carentes de contenido concreto. 

Después del fallido golpe de Chávez en el 1992, el mismo Rafael Caldera expresó “cierta simpatía por los móviles esgrimidos por los golpistas, distanciándose así de los dos partidos del sistema” (Rivas León, p. 7), y formó su propia agrupación, Convergencia. No es casual que en el argot de la calle Convergencia comenzó a llamarse “El Chiripero” porque ofreció un techo electoral a cualquier tendencia política que tuviera una vaga sensación de fastidio con el sistema de este entonces. 

En este ambiente fácilmente un nuevo líder puede sustituir los ideales democráticos por la adulación al héroe. La oposición democrática dejó de existir, e inclusive intentó su propia asonada.  Desde 1992 ha llamada abiertamente al abstencionismo en un paroxismo antidemocrático que sólo ha servido para secundar a la tendencia populista ya establecida. 


Bibliografía

Rivas Leone, José Antonio (2012). La experiencia populista y militarista en la Venezuela compemporanea. Institut de Ciências Politique i Socials. Barcelona, España. Institut de Ciències Polítiques i Socials. Barcelona, España. WP núm. 307 Disponible en: https://www.icps.cat/archivos/WorkingPapers/wp307.pdf?noga=1

Sánchez, Luis Alberto (1965). Breve Historia de América (Buenos Aires: Losada, 1965), 149-51. Publicado en línea por the School of Arts and Sciences. Universidad de Pennsylvania. Recuperado el 7/12/18). Disponible en: http://ccat.sas.upenn.edu/romance/spanish/219/07colonial/virreinatos.html



 
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