lunes, 30 de noviembre de 2009

El cuidado de la infraestructura del agua





Es imposible tomar fotos de todas las tuberías rotas que deben llevar agua potable. Pero pude tomar una mientras esperaba en una de las las eternas trancas de tráfico y otra al regresar de Maracay ayer: la primera se encuentra en Caracas en la vía que sube a la avenida Francisco Miranda desde la salida "La Carlota" del Autopista Francisco Fajardo. La segunda está en la redoma de la entrada de "Palo Negro" a la Autopista de Centro.

Es cierto que los usuarios del agua tenemos que frenar nuestro despilfarro de este bien sobre todo en los tiempos actuales de sequía. Pero es igualmente importante que las autoridades mantengan en buenas condiciones a la infraestructura que lo transporte y lo distribuye. ¿Cuantos días de racionamiento se perdieron sólo porque estos dos tubos se oxidaron?

martes, 17 de noviembre de 2009

Venezuela en llamas





Un enemigo verdadero está a punto de atacar a Venezuela pero no se le puede resitir con armas de fuego porque se trata precisamente de un eminente, generalizado y casi inevitable incendio nacional. Mientras el gobierno distribuya armamentos entre los vecinos y hable de invasiones de ejércitos tradicionales, y mientras nos preocupemos por el tamaño de la totuma con que nos bañaremos, la sequía avanza.

Este año la conflagración de los bosques, tierras baldías y prados será dramática.

Me llaman pájaro de mal agüero, pero en mi propio espejo me identifico con la paloma mensajera: en vez de Casandra mi modelo en este momento es el muchachito holandés que metió su dedo en el hueco del dique y así demoró la inundación de su pueblo por el agua salada del mar. Son hipérboles, claro, porque escribir un blog tiene menos de heroico de lo que tiene de vago, pero, sí, creo que lo que digo sea importante por los tiempos actuales.

He visto cuadrillas (las llamadas “batallones”) de hombres y mujeres entregadas a la tarea de pintar la barrera entre los canales de la Panamericana de un brillante amarillo, formándose en el proceso descomunales trancas en el tráfico. Además de mi frustración como conductora de mi vehículo, siento gran ansia debido a lo que percibo como una imperdonable pérdida de tiempo y recursos.

Estas personas deberían estar recogiendo leña muerta, retirando hierbas secas y abriendo corta-fuegos. Además deben dedicarse a la protección de lo que nos queda de la fauna silvestre en el país -que dentro de muy poco va a estar muriendo de sed y del fuego que arrastrará sus hábitats.

Y el material que se recoge no debe terminar en los basureros municipales en bolsas de plástico negro: debe llevarse a lugares asignados para “compost” y emplearse en la producción de abono orgánico para la recuperación de los bosques que se perderán este año.

Otra tarea para estos señores y señoras de camisa roja sería reparar las tuberías de agua que botan agua potable por todos los caminos. Sólo en el día de ayer vi tres de ellas, una bajando por El Cují en la vía hacia Las Mayas, una en un caserío cerca a San Antonio de los Altos y otra en Los Chaguaramos.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El Niño Southern Oscillation (ENSO) / Oscilación del Sur El Niño (ENSO)





Esta entrega tiene que ver con el fenómeno del ENSO (por sus siglas en inglés), o la Oscilación del Sur El Niño. Se trata de una recurrente anomalía climática que este año es responsable por grandes males: trágicas hambrunas en Guatemala, la pérdida de sembradíos en Nicaragua y México, la conflagración de los bosques de Colombia y la escasez de agua en Venezuela. En cambio Las Filipinas se casi hunda bajo tifones tan seguidos que los pobladores no tienen tiempo de recuperar de cada inundación cuando ya una nueva se les venga encima.

Hemos sufrido de una ENSO importante cada diez años aproximadamente desde la década del 80 del siglo XX, pero es algo conocida por los pescadores peruanos desde el Siglo XV. Su causa más inmediata tiene que ver con el calentamiento del Océano y este año la temperatura del Pacífico ha aumentado un grado por lo menos (medida en julio). Es decir, a pesar de ser un acontecimiento de vieja data, y algo de que la humanidad en su conjunto siempre haya podido recuperarse, sin embargo ahora la ENSO combina con el otro gran acontecimiento climático de la actualidad: el calentamiento global. Esta vez somos factores causales co-partícipes.

Concentraré mis comentarios en la situación en Venezuela.

Ya he hablado del papel del tráfico y del tale de árboles en la producción de CO2 que contribuyen a los acontecimientos globales. Ahora hablaré de mentalidades.

No sólo tenemos que lidiar con un fenómeno natural, tenemos que salir de algo que metafóricamente podemos llamar la cultura de tribus de cazadores y recogedores de frutas.

Como este ha sido un país tan bendecido –Darcy Ribeiro una vez dijo que habíamos sobornado a la historia debido a la afluencia petrolera- no hemos tenido que pensar que la riqueza y el bienestar se construyen por medio del trabajo y la prevención. Siempre el agua ha caído donde y cuando la hemos necesitado, los minerales han brotado de los suelos, ha habido mucha tierra fértil y hemos vivido en una primavera eterna de tibias brisas de ensueño.

Por esto, no hemos siquiera pensado en los bosques que cubrían las montañas alrededor de Caracas que fueron convertidos en carbón por los leñadores hasta la segunda mitad del Siglo XX. Nadie se acuerda de ellos. Ni podemos recordar que antes pequeños botes podían navegar por el Río Guaire.

Ahora escribo esta nota en un edificio en Los Chaguaramos; debido al estilo de construcción de este espacio necesito un ventilador para no derretirme de calor, y afuera llueve, pero esta lluvia no sirve para aliviar la escasez de agua porque todo va por las alcantarillas hacía lo que ha quedado de aquel río de antaño en Caracas: se une con las aguas contaminadas y termina matando peces en el Caribe. La única lluvia que vale para esta ciudad tiene que caer un las cuencas que alimentan los reservorios de La Mariposa y del Río Tuy. Y allí casi no llueve.

Hay que construir pequeños reservorios por todas las montañas alrededor de la ciudad que podrían servir para cultivar peces en las temporadas de lluvia y para aliviar la sed cuando escasee la precipitación. Los edificios deben tener recolectores para uso propio y los arquitectos tienen que darse cuenta que no vivimos en Nueva York: no necesitamos ni calefacción ni aire acondicionado si permitimos el paso de las corrientes de aire por las estancias que habitamos (el Maestro Carlos Raúl Villanueva sabía esto hace medio siglo y en las casas coloniales aprovechaban de muros gruesos, frondosos árboles y ventilación natural).

En Chicago el Alcalde está promoviendo jardines en los techos de los edificios para aumentar la respiración de agua y la fotosíntesis en la ciudad. En la alcaldía ya se puede ver uno como modelo. ¿Qué Alcaldía en Caracas puede decir lo mismo?

En vez de promover más autos en Caracas hay que asegurar que tengamos un buen sistema de transporte público (cómodo y suficiente) y hay que obligar a los conductores de todos los vehículos a manejar con conciencia colectiva.

Y claro, hay que sembrar. Hay que pensar en algo más del provecho inmediato: sería un buen ejercicio sembrar oliveros en Las Américas porque son árboles que pueden durar mil años, es decir, es una actividad que requiere una larga visión hacia el futuro.

Lo que hay que abandonar es la fantasía que la riqueza y la comodidad van a seguir brotado de las rendijas de la patria.

Referencias:

1. http://www.america.gov/st/env-spanish/2009/July/20090730141845CnirelleP0.1116754.html
2. http://www.rfi.fr/actues/articles/117/article_12856.asp

PD: De nuevo no tengo una linea CANTV y en consecuencia no tengo internet; ya son meses de esta carencia siempre renovada. ¡Creo que CANTV me odia!!

martes, 27 de octubre de 2009

Racionamiento de agua en Caracas





(Ahora tengo Internet de nuevo. La foto es del Embalse La Mariposa; se puede apreciar por lo evidente de la ribera de lodo el grado en que el nivel de agua ha bajado. Además, la parte norte, al lado del dique y en la parte inferior de la imagen, está cubierta de borra, una planta acuática que le inhibe el paso de oxígeno al fondo.)

Las reacciones de los caraqueños al racionamiento de agua pueden agruparse entre lamentaciones por un lado, y por otro burlas a la sugerencia por parte del presidente que nos bañemos de ahora en adelante con totuma. Pero no he escuchado a nadie, siquiera una figura de autoridad municipal o gubernamental analizar las razones por las cuales nos encontramos con esta escasez en lo que debería ser plena temporada de lluvia.

Quisiera hacer algunas observaciones al respecto.

Por alguna razón los caraqueños no hemos querido darnos cuenta de nuestros papeles en el calentamiento global. Nos ponemos a pelear a muerte para defender nuestra adhesión o aversión al gobierno, que trata de un tema importante pero casi no hablamos de otra cosa. El peligro ya asomado, ya declarado de carestías –de comida, de agua, de aire limpio- queda como algo lejano en el tiempo, o algo que pasa por allá, allá en África o el Medio Oriente. Creo también que estamos tan embutidos en nuestro característico individualismo –yo primero, yo mejor- que no queremos ver la urgencia de buscar soluciones colectivas a algunos problemas inevitables, apremiantes e inaplazables.

Hay fenómenos relacionados con la escasez de agua que parecieran inconexos pero que en realidad están directamente vinculados con ella. Primero voy a nombrar brevemente algunos de estos factores y luego hablaré de cómo nuestra propia indolencia y nuestro egoísmo individual han contribuido a la situación en que nos encontramos ahora; finalmente propondré algunas soluciones.

Algunos de las causas de la falta de agua son:

1. La concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera que contribuye tanto al calentamiento global como a los cambios climáticos en la distribución mundial de lluvia. Esto se relaciona con varios factores causales, como: a) la eliminación de los bosques y otros mecanismos de “secuestro” de este gas, b) la quema de fuentes fósiles de energía y c) la existencia de grandes rebaños de ganado y otros animales de coral.


2. La tale de los árboles sobre todo en las riberas de las afluentes que alimentan las reservas como “La Mariposa”. Además de eliminar una de las reservas “secuestradas” de CO2, cortar los árboles destruye las redes de raíces que sostienen la tierra y al mismo tiempo retienen el flujo de agua subterránea. Además, al eliminar las florestas se acaban también con la fotosíntesis de las hojas y la evaporación de agua en el mismo sitio que puede conducir a la formación de nubes.

3. La construcción de edificaciones cerca a las quebradas y la destrucción o el cambio de sus causes.

4. La contaminación de las fuentes de agua limpia por pesticidas y fertilizantes químicos provenientes de la agricultura o la urbanización caótica y sin sistemas de saneamiento.

5. La falta de mantenimiento de las infraestructuras como la necesidad de reemplazar y reparar las tuberías (tanto en casa como en las instalaciones urbanas) y conservar los reservorios (por ejemplo la obligación de remover el sedimento, producto de la erosión de las quebradas que le quita profundidad a “La Mariposa”).

Ahora, con esta lista de causas en mano, ¿qué podemos hacer los ciudadanos comunes para disminuir la pérdida del agua?

Evidentemente conviene usar menos agua en las tareas domésticas e higiénicas. Pero este es sólo un gesto mínimo de colaboración.

Es más importante comenzar a reducir la producción de CO2. Tenemos que entender cómo cada uno de nosotros contribuimos a ella –y de manera cotidiana. Por ahora voy a mencionar sólo dos factores, pero son de muchísima importancia:

1. ¡Tenemos que aprender a manejar nuestros vehículos! En un mundo perfecto todos tendríamos autos eléctricos, pero al nivel individual no podemos lograr esto. Como una alternativa viable podemos ver como nuestros hábitos tras el volante contribuyen a la escasez de agua:

Pocas personas tienen una noción sistémica del tráfico. Sólo vemos una “cola” y un pequeño espacio frente a nuestro carro donde podemos adelantar un metro más, y con furia insertamos el vehículo en el. O nos metemos por las orillas para avanzar unos metros. O en vez de quedarnos en el canal apropiado nos aprovechamos de uno al lado que se mueve un poquito más rápidamente para luego insistir en volver a entrar en el canal correcto frente a algún conductor complaciente que nos permita “colear” (“¿Yo? ¡Yo no voy a calar esta cola!!)

¿Qué relación tiene esto con la escasez de agua?

Estas conductas egoístas aumentan los efectos del tráfico y la consecuente producción de CO2 debido a la quema de la gasolina que es a fin de cuentas un producto fósil. Si vemos tramas en las carreteras donde “colear” no es posible, podemos apreciar casi enseguida mayor fluidez en el movimiento de los autos. Inversamente, tan pronto haya la posibilidad de ir cambiando de canal, el movimiento vehicular se disminuye proporcionalmente y las emisiones de gas aumentan debido al incremento en el consumo de combustible.

Es decir, no sólo hay que calar la cola sino respirar las emisiones de gases tóxicas y saber que uno está contribuyendo al calentamiento global. Y el referido ahogo atmosférico está cambiando el clima y alejando las lluvias en Caracas.

Repito: cuando se aumentan las trancas, se aumenta también la producción de CO2. Y al aumentar este gas en la atmósfera, se incrementa el calentamiento global y CAE MENOS LLUVIA EN LAS CUENCAS QUE NOS ABASTECEN DE AGUA. Simplemente.

Propongo que las emisoras de radio y televisión nos den instrucciones sobre como manejar. Con dibujitos animados como si fuéramos niñitos y niñitas. Y que las repiten cada hora. Es una emergencia.

2. Hay bastante evidencia para afirmar que la eliminación de los árboles contribuye a la escasez de agua. Ya mencioné la capacidad de captación de CO2 que tienen las plantas, la influencia de las raíces en la retención de los flujos subterráneos y los efectos de la fotosíntesis. Reforestar es urgente.

En Gaviotas, Colombia, se inició un proyecto de reforestación hace diez años. Hoy en día la recuperación de 8.000 hectáreas ha resultado en un aumento de 10% en la precipitación y la comunidad ya tiene una industria floreciente que abastece a las regiones circundantes con agua potable.

Los caraqueños no somos menos hábiles, podemos:

Sembrar árboles en cualquier espacio donde quepan. Debe haber ordenanzas municipales que requieren que cada parcela tenga la responsabilidad de mantener un cierto número de árboles por medida de terreno en los centros urbanos. Hay que llenar las montañas al sur de Caracas y el Ávila de bosques. Especialmente en las riberas de las quebradas hay que sembrar las especies más adecuadas para cada una.

Los liceístas pueden emplear sus obligaciones de servicio comunitario en esta tarea. Podemos hacer jornadas participativas al nivel vecinal para confrontar lo que hay que llamar una catástrofe nacional. Podría haber proyectos para financiar a los desempleados a cambio de labores de reforestación. Podríamos alimentar a los pájaros silvestres con las semillas de los árboles que deseamos que crezcan en la zona para que algunas lleguen intactas en las tierras apropiadas: todo vale. Es una emergencia.





Referencias:

Proyecto de Agua en Gaviotas, Colombia: http://www.pnyv.org/water/printtests/54-lasgaviotas-zeri.pdf



jueves, 15 de octubre de 2009

La demanda social para que haya violencia




e venido hablando de la violencia como un fenómeno social que tiene reglas y regularidades que pueden, no sólo estudiarse y analizarse, sino también emplearse eventualmente para que controlemos la intimidación, el crimen y el uso indebido de la fuerza. Comencé con algunas reflexiones sobre turbas “espontáneas” y pasajeras como eventos de movimiento semejantes a bandadas de pájaros o cardumes de peces debido a sus aspectos estructurales.

Ahora quisiera señalar algo más duradero: la demanda social para que haya violencia.

Creo que se pueda identificar algunos síntomas sociales de dicha demanda (y pretendo indicar tres de ellos a continuación), sin entrar en la paranoia de imaginar el “coco todopoderoso” o la mano peluda detrás de los escenarios. En otras palabras, creo que podamos hablar de un cierto empeño social o tendencia colectiva sin suponer la existencia concreta de un gran culpable que sería menester identificar y castigar; se trata de parte de nuestro imaginario social, una solución construida históricamente que ha sido útil en tiempos pasados para resolver ciertos problemas pero que ahora en las condiciones actuales -de sobre-población, mega ciudades y comunicación instantánea- ya no nos sirve ni para protegernos ni para satisfacer nuestras necesidades.

Nuestra agresión y capacidad para la violencia han sido útiles. Vamos a examinar por qué.

¿Cómo ha sido útil esta demanda? Primero ha sido ventajosa políticamente porque los grupos son más cohesivos y siguen más energéticamente los dictados de su liderazgo si tienen un enemigo que combatir. Segundo, estar preparados y pertrechados para el combate ha sido importante para la defensa de las tribus, ducados medievales y sociedades minoritarias que tuvieron que defenderse contra invasores más grandes (desde los imperios prehistóricos hasta los poderes coloniales). Tercero, ha habido la creencia que el uso de la violencia interna es una medida eficaz contra la disidencia y desviación (inclusive, todavía hay quienes pegan a los niños que se portan mal –y ¡por su bien!).

Pero los tiempos cambian. Ahora nuestra violencia se torna perniciosa y como el Minotauro en su laberinto, exige la sangre de nuestros propios jóvenes.

Sólo quiero señalar tres áreas para exploración futura con respecto a este tema; se me ocurren por ahora estas áreas sintomáticas de la demanda para la violencia en nuestros días:


1. Los intereses económicos que producen, venden y distribuyen armas:


En todo el mundo, tan pronto se comience a sugerir limitaciones sobre estas actividades, los medios de comunicación, los políticos y muchos ciudadanos comunes entran en crisis exigiendo su “derecho” a comercializar y portar armas. Recientemente cuando el Presidente de los Estados Unidos negoció un tratado con Rusia para limitar la carrera armamentista, hubo acusaciones en ciertos sectores de que dicho acuerdo fuera un signo de debilidad -y no de fuerza histórica. Aquí la demanda se esconde tras eufemismos como “libertad” y “defensa”.


2. El permiso tácito que se ha dado a los carteles de drogas ilegales:


La venta de sustancias prohibidas es una fuente muy importante de violencia al nivel mundial. Sólo las muertes relacionadas con ella en el norte de México constituyen una epidemia macabra, sin hablar de las del resto de mundo. Al ilegalizar ciertas sustancias de consumo no se controlan su producción, comercialización y empleo; más bien se hace casi imposible fiscalizarlas como se hace normalmente con las drogas legales como el alcohol y el tabaco. Además debida a la veda, el precio de compra aumenta y las ganancias para este comercio son mayores. Otro efecto es que paralelamente se desarrollan agencias como la DEA para combatir el “flagelo”, pero esta acometida emplea las mismas tácticas de violencia que usa el mal original y consume recursos que podrían usarse en recuperar a las personas que se desarrollan adicciones. Hay que concluir que, al no legalizar y fiscalizar rigurosamente estas sustancias, la sociedad da permiso para que el crimen y la intimidación continúen.


3. El mito de la defensa armada del Estado y la insurgencia:




Hoy en día ni los diferentes movimientos de insurgencia, ni los gobiernos poderosos van a poder lograr sus metas por medio de las armas. Ni la ETA, ni los Taliban, ni los Tigres de Tamil, ni “la coalición” en Afganistán, ni los diferentes gobiernos de América Latina que acaban de gastar en armas lo que podrían haber invertido en educación y salud, van a poder lograr nada por la fuerza. Sin embargo seguimos creyendo en la necesidad de un Estado armado hasta los dientes. No voy a elaborar este punto aquí, sino en otra entrega en el futuro.

Lo que acabo de bosquejar son tres áreas donde podemos fácilmente percibir el continuo anacronismo de la violencia como una solución social. Desarrollaré estos puntos en ensayos posteriores.

martes, 13 de octubre de 2009

Dióxido de Carbono: límite de 350 partes atmosféricas por millón






Con motivo de los eventos pro-ambientales al nivel mundial planificados para el próximo 24 de octubre, interrumpo mis reflexiones sobre la violencia.

El 24, personas preocupadas por los niveles de emisiones de dióxido de carbono en el planeta organizarán manifestaciones para aumentar la conciencia, tanto de la población mundial, como, y especialmente, de los líderes que tienen la capacidad de tomar medidas apropiadas para reducirlos.

La ONG 350 propone recordarle al mundo que el número 350 señala el límite superior de partes por millón de concentración dióxido de carbono en la atmósfera, es decir la máxima concentración que el planeta puede tolerar sin que ocurran cambios climáticos peligrosos e irreversibles, o dicho de otra manera, lo que hay que mantener si queremos un planeta “similar a aquel en que la civilización se ha desarrollado y en que la vida se ha adaptado”.

Personas de más de 130 países participarán. Inclusive, en el Oriente Medio donde es tan difícil llegar a entenderse:

-En Israel manifestantes se reunirán sobre la playa para formar un gigantesco “3”.
-En Palestina formarán un “5” y
-En Jordania formarán un “0”.

En todo el mundo las campanas de las iglesias sonarán 350 veces.

Y ¿qué haremos en Venezuela? Se puede apreciar en esta mapa que no hay ningún evento planificado al respecto aquí.

Quisiera pedir a los lectores eventuales de este blog que se comuniquen con los párrocos más cercanos de sus viviendas a ver si por lo menos podamos hacer repicar los carillones de nuestras iglesias.

Este video está en inglés, pero creo que las imágenes sean claras para todo el mundo.


Referencias:
1. La organización 350: http://www.350.org/
2. El video: http://www.youtube.com/watch?v=dqof641pWys

lunes, 12 de octubre de 2009

Violencia y turbas 2



Fuente



En la última entrega de este blog comencé una reflexión sobre un fenómeno colectivo que parece azaroso pero que en realidad es altamente estructurado: la turba de seres humanos que pierden el control sobre sus voluntades individuales luego de entregarlas al tropel. La turba es tan estructurada como el vuelo de una bandada de pájaros o un cardume de peces, se trata de la agudizada conciencia del movimiento colectivo y la sincronización precisa del dinamismo combinado de cada participante para lograr una meta compartida que en el caso de estos aves y peces sería comer o evitar ser comidos.

Una turba humana que se vuelve violenta es aún más compleja porque es necesario: a) identificar un enemigo, b) asignarle una responsabilidad específica por algún mal, c) asociarle un castigo apropiado (como por ejemplo: linchamiento, masacre colectiva, daño a propiedades) y actuar de manera coordinada.

En esta entrega quisiera pensar sobre maneras de debilitarlas. Creo que si todo el mundo pudiera reconocer como se forman y como actúan, los ciudadanos podrían humanizar el actuar comunitario y aminorar uno de males de nuestras sociedades.

Fuente de "Alboroto en la galería"
de Umberto Boccioni




El primer paso es reconocer que todo el mundo contiene, como parte de su herencia evolucionaria, la capacidad de unirse ciegamente a un grupo.

El segundo paso es que los miembros de la comunidad que no hayan sido envueltos en el proceso totalizante, se den cuenta de lo que ocurre y que estén en capacidad para inhibir su crecimiento. Sospecho que existan maneras de desmantelar estas turbas en momentos específicos de su desarrollo y antes de que vuelvan realmente temibles.

Siempre habrá un liderazgo, una o más personas que azuzan el fuego colectivo, y creo que una táctica para mermar su crecimiento sería identificar este individuo o individuos y efectivamente cuestionar sus motivos y tácticas. Este cabecilla casi siempre quisiera esconderse en la multitud, y señalarlo desde el comienzo puede ser una medida eficaz.

Otra manera de intervenir es individualizar a los participantes.

Tuve una vez una experiencia con un proceso grupal en que los miembros de dos bandas en confrontación (en este caso verbal) parecían haber perdido su voluntad propia; tuve la oportunidad de señalar a los participantes por nombre y cuestionar su adhesión a las dos identidades colectivas: la táctica logró romper la impermeabilización de cada uno. En aquella ocasión las dos bandas eran un cuerpo policial y un grupo de jóvenes.

Otra estrategia, que es más difícil, es interrumpir la coordinación de la turba. Necesitan movilizarse y pertrecharse, y si se tiene los recursos para obstaculizar estos requisitos, la banda se desorganiza.

Creo que argumentar motivos es inútil cuando una turba o confrontación ya se haya formado.
 
Locations of visitors to this page