K. Cronick
Las discusiones y los debates son herramientas esenciales en
la construcción de la paz. Ellos forman una parte básica en la determinación de
la verdad sobre bases sólidas y demostrables. Pero también, cuando discutimos
bien evitamos la violencia, y esto es cierto en todos los niveles, tanto en los
organismos internacionales como en las conversaciones entre padres e hijos. Por
esto es importante entender su dinámica.
En los siguientes parágrafos voy a considerar cómo construir
argumentos enriquecedores. Pero primero voy a hacer una pequeña digresión para
preguntar qué es la comunicación. A final, los argumentos son comunicaciones
con características que hay que entender.
Es importantes conocer las dinámicas de las discrepancias y
saber usarlas, son los instrumentos para forjar acuerdos y no debemos tenerles
miedo.
Debajo de las palabras hay significados y muchas emociones.
El primer paso es reconocerlos; el segundo es emplear a ambos, tanto los significados
como las emociones, para que nuestras palabras lleguen a nuestros oyentes tal como
queremos éstos nos entienden, es decir como mensajes útiles y constructivas.
¿Qué es la comunicación?
El mundo está en constante comunicación. Pero como primer
paso hay que distinguir los fenómenos físicos de los mensajes. Los fenómenos
físicos como la temperatura y la luz pueden convertirse en sensaciones como el
brillo, la oscuridad, el calor y el frío, es decir, se convierten en mensajes.
Estos avisos del mundo físico, a su vez, tienen efectos materiales que tanto plantas
como animales “perciben” como señales para iniciar “actos” como estirar los
raíces o acostarse a invernar. Algunas señales tienen sus orígenes en el mismo
cuerpo de un ser vivo, como cuando la falta de calorías se convierte en hambre.
La comunicación humana ocurre de muchas maneras. A veces es
personal, por medio de gestos y lenguaje, y a veces queda como mensajes
implícitos como en las señales de tráfico, o en un muro construido para impedir
el paso. Otras veces se plasman en mensajes culturales preservados en libros, y
las imágenes en películas y vídeos. Otras formas de comunicación son no
verbales, como en las expresiones faciales o los gestos, como sonreír y saludar
con la mano. También hay herramientas culturales como en obras de teatro y en la
música que transmiten significados muy precisos. Incluso un reflejo contra una
ventana de cristal puede tener valor informativo o emocional: puede señalar la
presencia de algo oculto, o simplemente transmitir una sensación de belleza.
El lenguaje abre muchas otras posibilidades para explicitar
contenidos y preservar memorias e información. Puede ser escrito o verbal. Pero
casi siempre el lenguaje viene acompañado por signos emocionales. Verbalmente
la gente puede escribir libros o gritar insultos, murmurar seducciones o
elogiar a una celebridad. Pueden desarrollar argumentos, y usar estrategias
retóricas. Los tonos de voz y las sutilezas retóricas pueden cambiar o aumentar
la fuerza emocional de las comunicaciones verbales. Una demostración emocional
(un saludo –“buenos días, verte me produce alegría”-, o una réplica iracunda –“¡qué
estupidez!”-), una denuncia o un grito pidiendo ayuda, contienen mensajes tanto
de significado lingüístico como emocional.
La información puede, a veces, carecer de emoción. Hay anuncios
como un aviso (el precio de este producto es $5). Sin embargo, aun la
información “neutral” puede dividir a los oyentes. Si en el mercado el mismo
producto viene acompañado por dos avisos (“Este producto cuesta $5” y “Este
producto cuesta $2) los clientes se confunden y tienen que pedir
clarificaciones. La información puede conducir a conclusiones concordantes o
discordantes. Es decir, las personas pueden construir los mensajes que reciben en
pares opuestos. Esto normalmente ocurre cuando contienen juicios de valor, pero
ocurre también cuando dos mensajes con pretensiones objetivas no coinciden en
sus contenidos.
Con relación a los juicios de valor, un precio para la
compra de una mercancía puede ser justo o injusto. Algo puede caracterizarse
como bello o feo.
Los desacuerdos
Los desacuerdos sobre hechos pueden ser formales o
informales. Por ejemplo, una persona puede afirmar, sin mentir, que percibe el
color rojo en un objeto y otra podrías decir que el mismo objeto es de color
naranja. Al nivel formal, diferentes conclusiones en distintos investigaciones
estadísticas o científicas pueden conducir a resultado distintos si hay
diferencias de muestreo, análisis o de definición.
Las diferencias pueden surgir a partir de una carencia de
información: Se puede preguntar: ¿Dónde
y cuando nació Homero, el poeta griego? ¿Existió realmente el Rey Arturo de
Inglaterra? ¿Cuándo terminó la
Revolución Francesa? Para contestar estas preguntas no existe información
confiable. Puede haber distintas respuestas a estas preguntas, porque no existe
evidencias demostrables para contestaras inequívocamente.
Otros desacuerdos nacen de la construcción paralela de
sistemas de creencia cuyos fundamentos son distintos. En estos casos la
evidencia es irrelevante. Los más evidentes ejemplos de este caso son las
opiniones políticas y los principios religiosos. Pero hay otros ejemplos, como
los desacuerdos sobre el valor de las vacunas, o la creencia en extraterrestres
en la Tierra. Según la mayoría de las fuentes científicas, las vacunas de
comprobaba trayectoria son confiables, y no hay evidencia creíble sobre la
llegada de individuos que provienen desde otros planetas a la Tierra. Sin
embargo, hay personas que han decidido tomar posiciones idiosincráticas al
respecto.
Hay desacuerdos que nacen de motivos ocultos, como lealtades
políticas cuestionables o entusiasmos identificatorias, como el nacionalismo o
la filiación con una raza particular. Es cierto que el comercio transatlántico
de esclavos desplazó por la fuerza a millones de africanos. Cuando la gente
discute estos temas, sin embargo, en realidad no está debatiendo. Este tipo de
desacuerdo tiene más que ver con cuestiones emocionales que históricas. Sin
embargo, muchas discrepancias son así. El objetivo personal de una persona que
toma parte en discutirlas puede ser algún tipo de autoafirmación, o un intento
de influencia social, pero tiene poco que ver con la veracidad.
Las personas forman opiniones a partir de la información
que reciben.
Los argumentos son respuestas verbales a los desacuerdos, y
aunque llevan implícita la incomodidad de la falta de harmonía, en general no
conducen a la violencia. De hecho, participar en un argumento puede ayudar a
los participantes entender mejor los temas que discuten, y puede producir un
gran placer comunicacional. El intercambio, cuando esté amable y de buen ánimo,
puede aumentar el sentido de pertinencia grupal y la reciprocidad de la
relación social.
El placer de conversar es mayor cuando se practica con
amigos o familiares; en la conversación compartimos vivencias, proyectos
futuros y relatos en un ambiente relajado, con respeto y cariño. Es una manera
de experimentar amistad y apego. Incluso entre colegas y personas con quienes
las afinidades no sean tan estrechas, las conversaciones sobre diferencias de
opinión y creencia pueden expresar harmonía y simpatía. Incluso, los
desacuerdos pueden expresarse como modos de convivencia, en que hay disfrute y
aceptación mutua.[1]
Argumentaciones con ganadores y perdedores
En ambientes más formales como en congresos y las
organizaciones con reglas predeterminadas como ciertas agrupaciones
internacionales, conversar se vuelve más formalmente estructurado, y
normalmente tiene propósitos predefinidos. Estos intercambios pueden conducir a
la resolución exitosa de un desacuerdo, y esto es su objetivo principal. El
caso más extremo sería un juicio legal en que la dispute casi siempre tiene
características beligerantes.
A veces un argumento verbal puede suscitar una reacción
violenta. Argumentos pueden degenerarse en gritos y aun golpes, pero en estos
casos las estrategias argumentativas han fracasado.
Mario Gensollen (2012m p. 116-117) dice:
a) Iniciamos ciclos argumentales
cuando hay conflictos de creencias. Sin conflicto no hay argumentación, a lo
más pedagogía argumentativa. Cuando acordamos, de inicio la argumentación se
vuelve innecesaria. Los teólogos y los juristas debaten, cuando no hay
conflicto, como un ejercicio pedagógico, como un mero entrenamiento. La
argumentación inicia a partir nuestro natural desacuerdo en muchas de nuestras
creencias.
b) Argumentamos cuando deseamos
resolver el conflicto evitando violencias externas: porque deseamos llegar,
mediante el ejercicio de dar y recibir razones, a la forma menos violenta de
acuerdo.
Gensollen habla de una «epistemología del desacuerdo» que
examina las razones por las discordias y las ideas encontradas. No es trivial
preguntar por qué las personas llegan a conclusiones distintas y forman cuerpos
de creencias diferentes. Esto ha sido uno de los fenómenos culturales más
frecuentes de la historia humana, y lealdad a una creencia en particular ha
sido un requisito de pertinencia grupal casi siempre.
También Gensollen pregunta por el objetivo de los argumentos.
En general los participantes desean “ganar” sus debates, pero a veces se trata
de la búsqueda en común de estrategias de convivencia. En la jurisprudencia hay
condiciones de base, como, por ejemplo, suponer la inocencia de un juzgado
antes de decidir al final sobre su posible culpabilidad.
Dice el autor que existe alguna presuposición en el fondo de
toda la argumentación: de que habrá ciertos resultados seguros: por ejemplo,
que los participantes al final actuarán como si el lado ganador fuese
verdadero, deseable, correcto y adecuado, aunque de verdad no estén de acuerdo.
Gensollen observa que “toda argumentación está situada”, es decir siempre hay
algunos presupuestos compartidos. Si no fuera así, argumentar sería imposible.
Por ejemplo, los participantes normalmente comparten la idea de que puedan
existir explicaciones para los fenómenos del mundo físico y social. Si el mundo
fuera caos, no tiene sentido buscarle esclarecimientos.
Dice Gensollen que la lógica formal es una herramienta útil
pero no suficiente. Como muchas opiniones y posiciones no descansan sobre
conclusiones racionales, se requiere: a) “saber cuándo y qué preguntar, b) clarificar
el discurso, c) reconocer la estructura del argumento, d) saber cuándo la
evidencia es suficiente e insuficiente, y e) buscar alternativas (p. 125).
La paz y la concordia
La primera observación que podemos hacer sobre la
argumentación como un instrumento de paz y concordia tiene que ver con los
motivos de los participantes. Es tal vez la pregunta más importante.
Si el objetivo es clarificar algo como en una discusión
científica, entonces las reglas tienen que ver con la calidad de la evidencia y
lo adecuado de los métodos empleados para obtenerla. Si se trata de llegar a un
acuerdo de convivencia, aceptando las diferencias, entonces es necesario apelar
siempre a los motivos comunes y la esencial unidad de todos los concurrentes.
Si el motivo es lograr la sumisión o capitulación de los demás, puede haber dos
escenarios posibles: a) un juicio legal en que todos estén de acuerdo con
aceptar la decisión de un juez o un jurado, y b) una situación que no es realmente
de un argumento, sino un ejercicio de poder.
Desacuerdos sobre temas cuyas evidencias sean débiles también
pueden ser un motivo de discusión. En este caso es necesario dividir el tema
principal en esquemas secundarias y discutir cada uno. Por ejemplo, si el
objetivo es entender las fuerzas involucrados en un brote de disturbios
sociopolíticos, entonces es importante tener claro quiénes estén manifestando,
sus motivos para participar y los efectos de sus acciones. Con frecuencia esta
información no existe, es ambivalente o tarda mucho en esclarecerse. Mientras
tanto, lo analistas -formales e informales- argumentan con los datos que
tienen. Y lo único que pueden replicar sus adversarios es: “¡Esto es falso
(mentira)!” El argumento no puede avanzar más allá de las primeras
declaraciones, y la única conclusión posible es de acordar la necesidad de más
información y una postura de respeto mutuo.
Reflexiones finales
Casi todas las declaraciones, opiniones, creencias y
observaciones pueden someterse a dudas sobre sus criterios de validez y
pertinencia, aun aquellas que tienen que ver con juicios de valor. Sin embargo,
cuando se trata de temas cuya comprobación sea casi universal (el mundo es
redondo) no hay argumentaciones posibles. Los polemistas tendrían que prescindir
de toda pretensión de que haya evidencias. Por otro lado, posiciones de valor,
como la aceptabilidad o no de la pena de muerte pueden discutirse, siempre cuando
los participantes estén de acuerdo sobre sus postulados iniciales, por ejemplo,
en este caso, la existencia de la justicia como un valor social.
Ha sido mi objetivo en este ensayo presentar la práctica de
la argumentación como un recurso cultural y social que tiene un papel
importante en la construcción de la paz. Para que sea así es importante que los
participantes entiendan su papel y la dinámica de los elementos involucrados
como la calidad de la información empleada y el rol de las emociones, tanto en
la construcción social de los temas en debate, como en los motivos de los
participantes.
En cierto sentido argumentar es como un deporte: es un
ejercicio de confrontación, pero tiene reglas de juego, y objetivos
predeterminados. En el caso de la argumentación estos objetivos pueden ser
clarificar un punto de vista confuso, lograr una comunidad de convivencia o
ganar sobre un oponente. Cada escenario de argumentación y debate tiene sus
propias metas, y los contextos de un grupo familiar pueden distar mucho de las
de un tribunal.
Las religiones siempre han estado en pugna y estos choques
suelen resolverse por medio del sable. Las conquistas y la colonización han
significado la imposición de los dogmas de los vencedores. De igual manera, los
vencedores han impuesto sus soluciones culturales y económicos sobre los
conquistados. Pero a partir de la Ilustración en el siglo XVIII se inició un
proceso paralelo de respeto y debate, que ha sido plasmado en varias
constituciones nacionales, y luego en el siglo XX ha sido el fundamento de
organizaciones internacionales como las Naciones Unidas y la Unión Europea.
A niveles más pequeños se está empleando estrategias
argumentativas en comunidades locales (Rojas & Cronick, en revisión) y en
grupos familiares la terapia en grupo las emplea.
Este ensayo propone participar en esta tendencia de promover
la argumentación como un elemento civilizatorio en la cultura humana.
REFERENCIAS:
Gensollen, Mario (2012, julio). Virtudes argumentativas: hacia
una cultura de la paz. Revista de Filosofía 6(11):115-132. DOI:10.33064/11euph170
Rojas, Raúl y Cronick, Karen (en revisión).
Capital social y resiliencia en contexto de crisis: aproximación fundamentada.
New trends y cualitative research.
[1] Se
trata de un arte que se cultiva cada vez menos en la actualidad, porque está
siendo sustituido por los juegos en línea y el uso de las redes sociales. Con
los teléfonos celulares las personas no se miran a los ojos, y no conversan.
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