martes, 28 de febrero de 2012

Ovidio nos olvidó

Fuente de la foto


No tengo fotos por ahora para ilustrar la desgana  administrativa de “Olvidio Los Salias”, sobrenombre que ganó Ovidio Lozada, el alcalde de San Antonio de los Altos, pero reproduzco uno de sus fotos electorales.
Hay que reconocerle ciertos logros en la vida cultural de la zona, pero después de haber dejado su municipalidad casi en ruinas  con respecto a la vialidad y otros áreas administrativas, hizo unos gestos de última hora para atraer a algunos votantes en las primarias de la Unidad de la Oposición.  Por ejemplo, regaló pelotas al equipo juvenil de baseball dos días antes de los comicios, y una semana antes de la elección trajo máquinas para raspar el muy accidentado pavimento de la calle principal del caserío de El Amarillo.
Pero al perder la contienda, retiró la maquinaria dejando la vía en gran parte con un raspado sin reparaciones e igualmente intransitable.  Además, en el pueblo de San Antonio hay un hueco al lado de la plaza que va a terminar cerrando acceso al poblado.
Haber perdido las primarias no corta su lapso de empleado público y no le exonera de seguir gerenciando  en la zona –a menos que quiera dimitir y dejar su sueldo a la orden del pueblo.   Es un cinismo sin presidentes en San Antonio.

viernes, 17 de febrero de 2012

¡No llamen a la policía!!!!

Fuente del dibujo de la escala


Hace un mes alguien entró en mi casa y robó mi computadora. Los vecinos, especialmente una joven, atraparon al ladrón, y -muy desafortunadamente- llamaron a la policía. Mi máquina quedó como “evidencia” en la sede de Poli-Salias en San Antonio de Los Altos. No estuve yo en casa y una vecina la entregó en su propio nombre.
Desde entonces no puedo retirarla. La misma joven, una heroina como muchas mujeres venezolanas, se levanta a las 4:00 a.m. para llegar a su trabajo, y luego va para la universidad donde estudia, y llega a su casa a las 11 p.m. Aunque la computadora realmente no es suya, ella, esta mujer valiente que juega todo para superarse, tiene que ir, ella misma, a la fiscalía en Los Teques para conseguir una orden para luego ir a otro lugar para obtener el ordenador. Ni siquiera vale que me de una autorización para que la busque yo. Dicho sea de paso, con el tráfico, ir a Los Teques equivale perder mas de medio día.
Mientras tanto el ladrón está libre. Salió para su casa el día siguiente.

martes, 14 de febrero de 2012

domingo, 12 de febrero de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

Este domingo en Venezuela

La violencia, el cambio social y la democracia

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Chris Hedges (6 de febrero, 2012) recién habló de un grupo, el “Black Bloc” (sin referencias raciales) que promueve violencia en y alrededor de las instalaciones de “Ocupar Wall Street” (OWS). Como se aprecia del título, Hedges lo apeló un “cáncer”.

Un terrorista puede sufrir de algún tipo de enfermedad mental. También quienes promueven la violencia pueden provenir de la izquierda* (ETA, Carlos el Chacal –o Ilich Ramírez Sánchez), o la derecha* (Anders Behring Breivik -el noruego, Timothy McVeigh -Ciudad de Oklahoma- y los terroristas islámicos). En este sentido el terror es verdaderamente ecuménico.  Uno de los elementos que conduce a la brutalidad política es la impaciencia que tienen algunos participantes con la lentitud del proceso de la influencia ciudadana, es decir, de trabajar por medio de huelgas, acción legal y conciencia política en las elecciones.

Otra fuente, tal vez la más influente, es el odio: personajes como Timothy McVeigh a menudo tienen una larga historia de acumular armas, fantasear con su uso y rechazar no sólo la autoridad sino ciertos grupos particulares. Los llamados “crímenes de odio” refieren a violencia dirigida a un miembro de un grupo identificable y diferente al del victimario por razones raciales o religiosas. Muchos casos de terrorismo encierran este componente.

Los movimientos de cambio que aspiran ser no violentos tienen que atacar este problema pronto y de fondo. Suponiendo que en el caso particular de OWS, el Black Bloc no se trata de “agents Provocateurs”, hay que investigar sus motivos. Dice Hedges que: …”confunden actos de vandalismo pequeños y cinismo repelente con la revolución.” Evidentemente se refiere a más que confusión; Hedges continua: para grupos como el Black Bloc: “la solidaridad se transforma en el rapto o la destrucción de los movimientos  que compiten con ellos.”

En este caso estamos en la presencia de maniobras de poder en que el ganador lleva todo el premio, es decir, juegos suma cero, y esto es la antítesis del proceso democrático. Preguntamos: ¿qué será la resolución de esta drama tesis – antítesis? Por definición un proceso de auto-determinación no debe suprimir la violencia con más violencia, más bien tiene que neutralizarla y desasociarse de ella. A largo plazo OWS tiene que confrontar esta competencia desleal y anular las posibilidades de intimidación.  Y además tiene que reconocer las ocasiones cuando movimientos anti-democráticos se disfrazan de los democráticos;  dijo Bernard Lewis** que hay que temer la pauta: “un hombre, un voto, una sólo vez.”

Hedges al final de su artículo habla de la relación entre OWS y la intimidación policial (que es otra forma de violencia):

“[Nuestra] lucha es para ganar, tanto los corazones y mentes de un público más ancho, como los de aquellos dentro de la estructura del poder (incluyendo la policía) que tienen algún grado de conciencia. No es una guerra. Los movimientos no-violentos, en algún nivel, abrazan la brutalidad policial. El intento continuado del Estado [es] aplastar a los que protestan pacíficamente [es decir, las personas] que piden actos simples de justicia [porque como Estado considera el ellas] deslegitimizan los élites del poder. [Dichos movimientos]  promueven respuestas entre una población pasiva; atraen a algunos dentro de las estructuras de poder y crean divisiones internas que conducirán al parálisis del las redes de autoridad.”

OWS es casi un laboratorio en pequeño para lo que ocurre a nivel mundial en todas partes y todos los continentes; claro, aquí en Venezuela interesa particularmente nuestro propio proceso de exclusión e intolerancia. Escribiré sobre esto en otro momento.



Rererencias

Chris Hedges (6/2/12). The Cancer in Occupy. Publicado originalmente por  Truthdig.com y republicado por Commondreams: http://www.commondreams.org/view/2012/02/06-3

Fuente de la foto: http://www.alternet.org/newsandviews/article/737516/photo%3A_ows_slips_note_to_obama_after_jobs_speech/

* Reconozco, al escribir esto, que las definiciones de los lados de la política  izquierda y derecha se han desdibujado en las últimas décadas, pero por razones de economía de redacción no los cuestiona en este espacio.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Lagalización de las drogas actualmente proscritas

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Sergio Muñoz Bata escribió un artículo en Tal Cual (8/2/12, p. 19) en reacción a la opinión del Presidente Juan Manuel Sánchez de Colombia, que se debe legalizar las drogas ilícitas “si el mundo entero” fuera a hacer lo mismo.

Pero el articulista considera que la legalización sea una utopía imposible. Dice que no hay como debilitar los carteles porque no sólo se comercian en drogas sino también en migraciones ilegales, prostitución, esclavos, gasolina, joyas, autos, aviones y armas entre otros negocios. Además, dice, siempre habrá un mercado ilegal para las drogas entre adolescentes y niños.  En otras palabras, los carteles son tan, pero tan poderosos que no vale siquiera intentar limitar su alcance.

Supongo que siempre habrá quienes negocian en el dolor y el terror, y el control de estos miserables será difícil -perpetua  y eternamente. Pero la táctica de la “guerra contra las drogas” ha sido un claro fracaso: confrontar la violencia con más violencia no puede conducir sino a más violencia.

En mi opinión hay que:

1.       Legalizar las drogas y controlarlas desde la siembra de las plantas (o su producción en un laboratorio), hasta su industrialización y distribución.

2.       Cobrar impuestos sobre estos procesos.

3.       Ofrecer las drogas en clínicas de manera casi gratis para quebrar este aspecto económico de los carteles, y al mismo tiempo mantener un registro de los usuarios. Éste es el eslabón más crítico en toda la cadena: lo más importante es quebrar el negocio como tal, es decir como una actividad con fines de lucro.  

4.       Ofrecer otras soluciones a dichos usuarios: desintoxicación, ayuda psicológica y psiquiátrica, terapia en familia, bolsas de empleo, etc. Si estas medidas no funcionan, satisfacer sus necesidades dentro de límites razonables y no letales.

5.       Desarrollar una campaña masiva que previene a los niños y adolescentes sobre los peligros que representan estas drogas, de manera similar a la que se despliega contra el tabaco.

Siempre habrá usuarios; como en el caso del alcohol, la adicción a sustancias intoxicantes atraerá a algunas personas, y ha sido así desde que tenemos memoria cultural, desde el alto paleolítico. Sólo hay que recordar que Noé, el arquitecto de la Arca del Antiguo Testamento, fue alcohólico. Y la imagen que reproduzco aquí muestra el uso de alucinogénos en el antiguo Egipto, aunque en este caso el empleo de la sustancia probablemente fue ritual.

El problema no es su existencia sino como nosotros como sociedades lo manejamos.

Referencia:

La foto del uso de drogas en el antiguo Egipto: http://www.ancient-wisdom.co.uk/prehistoricdrugs.htm


miércoles, 1 de febrero de 2012

las empresas y la diversidad

Fuente de la foto

 
Los gobiernos autoritarios teman a instituciones que no controlan. Por esta razón ponen trabas y regulaciones extremas sobre las empresas y compañías no-gubernamentales de producción nacional. A veces llegan al extremo de intentar importar todo lo que necesita la población para tenerlo bajo un solo mando local.

Aun en las democracias hacen falta leyes que regulan estas entidades; hay que reglamentarlas porque su meta principal es ganar dinero. Necesariamente el gobierno, que suponemos representa a los intereses del pueblo, tiene que poner cuotas sobre relaciones laborales, el manejo financiero, los impuestos y la calidad de los productos que hacen. Pero esta vigilancia e imposición de limitaciones no puede obstruir el objetivo secundario de las empresas, que es fabricar objetos y ofrecer servicios que alimentan, visten, albergan, sanan y brindan comodidades a la población del país donde se ubican.

En una democracia existe una multitud de organizaciones e instituciones de las cuales sólo algunas cuantas pertenecen a la oficialidad.  A veces esta afluencia de voces parece caótica, pero proveen una diversidad indispensable para cualquier república.

Referencia:
 
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