jueves, 19 de marzo de 2020

La ética y el virus



Leí algo que escribió William Ospina* sobre el cambio de valores sociales que viene imponiéndose después de la aparición del Covid 19. Y me di cuenta que estoy pensando de manera similar. Él propone que estamos descubriendo nuestra interdependencia, y lleva su argumento inclusive hacia un nuevo reconocimiento de nuestra relación con la naturaleza. 

Si al principio el mundo reaccionó a la amenaza de manera tradicional (culpar al otro, xenofobia, etc.), pronto se volvió claro que no se trataba de una confrontación internacional; más bien el problema se radica en la necesidad de proteger a los seres humanos de algo que amenaza a todos por igual. Los mandatarios, las estrellas del cine, los banqueros y el quesero de la esquina están igualmente expuestos al peligro. 

Es más, este reconocimiento se ha extendido a la economía: En los últimos días ha habido un debacle en las acciones en Wall Street debido al rompimiento de las cadenas de abastecimiento  en los procesos de manufactura, y la incapacidad de compra por parte de los consumidores que están no sólo recluidos en sus casas, sino que están perdiendo sus empleos y negocios. Pero si las acciones en la bolsa que tienen las grandes compañías pierden valor, no es suficiente entregarles fondos públicos para su propia recuperación como se ha hecho antes. De repente nos vamos dando cuenta  que los trabajadores son los consumidores que compran los productos que venden estas compañías, y si pierdan sus empleos ya no van a poder comprar más. Súbitamente la interdependencia de todos se ha vuelto evidente. 

Es más, el deber de mantener la cuarentena es visto no sólo como una medida de protección para quienes la cumplen. Es además considerado un gesto de solidaridad hacia la familia, los amigos, los colegas y la sociedad. Criticamos a los jóvenes que salen a divertirse: ellos piensan que el virus no constituye un peligro vital para ellos. Pero la crítica radica en que pueden traer la enfermedad a casa donde sus familiares, sobre todo los más viejos, pueden verse severamente afectados. Es decir, quedarse en casa cumpliendo la cuarentena se vuelve una acto de generosidad y ética social. 

La pandemia nació del totalitarismo. Cualquier intento de alertar a la población en la China fue duramente reprimida. Otros países autoritarios hacen igual: dicen en que sus territorios no haya llegado o que esté totalmente controlada. Es en las democracias donde el tema domina los medios de comunicación. En ellas se comienza a hablar de la nueva solidaridad.

Nota: 

*No tengo la fuente de este artículo. Lo recibí por WhatsApp sin citas, y la debilidad de mi señal de Internet no ha permitido que la busque- 

 
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