miércoles, 18 de agosto de 2010

Jorge Volpi




En Michigan leo “El Insomnio de Bolívar” de Jorge Volpi. Lo que me motiva a escribir hoy es mi reacción al hastío que transmite este autor en casi cada uno de sus mini-capítulos con respecto al Realismo Mágico. Entiendo sus frustraciones porque es un autor que quiere publicar sus trabajos y sufre del encandilamiento de los editores latinos con el éxito mercantil que se inició con García Márquez. Pero desde mi punto de vista se trata de algo más que mariposas amarillas y colas de cerdo.

Me encantó “Cien años…”, ¿quién no? No obstante no creo que se trate realmente de magia en el sentido de la suspensión de la realidad. Las apariciones y los fenómenos son sentimientos: son miedos y deseos que irrumpen desde su confines psíquicos; son metáforas (casi casi) de vidas que expresan su alta capacidad emocional por medio de fantasmas y quimeras. Comencé a entender bien a Juan Rulfo (quien realmente no pertenece a este genre pero que juega con lo sobre-natural) cuando llegué a la edad en que personas que quiero empezaron a morir: me di cuenta que no se alejan; se quedan allí y puedo seguir conversando con ellas. Esto no es sortilegio, es afectividad pura. Y he comprobado personalmente que se puede hechizar los ingredientes de la sopa como pasó en “Como Agua Para Chocolate”.

Y ahora que estoy de regreso en mi estado e idioma de crianza, se vuelve evidente para mí la diferencia entre culturas. Aquí las mariposas normalmente no son metáforas, y menos persiguen a las muchachas bonitas y alegres. Fuera de Faulkner (que era del Sur) y Poe (que era loco) pocas veces hay familias con destinos trágicos. Para ser justa, tengo que reconocer como algunos autores Negros de este país como Toni Morrison incorporan mundos paralelos de realidad en sus escritos.

Aquí por regla general se trabajan las emociones en terapia para que no tengan que expresarse en la forma de viejos y casi inmortales gitanos que cargan hielo al trópico.

Me gusta leer a Jorge Volpe. Me entretuvo muchísimo con “El Fin de la Locura” y las aventuras de Aníbal Quevedo que convive con (e inclusive psicoanaliza a) personajes tan diversos como Jacques Lacan, Louis Althusser, Michel Foucault, Fidel Castro y el subcomandante Marcos. A lo mejor se puede decir que las peripecias de Quevedo constituyen un mecanismo literario tan válido como la magia de aquel realismo, sólo que nos apunta en una dirección más sociológica que psicológica. No sé.

En "El Fin de la Locura " Volpi nos condujo por París, México y Cuba. Ahora en sus ensayos en “El insomnio…” nos guía por el latino americanismo en general. Todo vale cuando un autor quiere conmovernos y capitanearnos por su mente y sus pensamientos. La única restricción es que sus ardides literarios tengan que ser suficientemente transparentes como para poder seguirlo.

sábado, 7 de agosto de 2010

Eugenio Montejo



Fuente



English:


This time I'm translating from Spanish to English. Eugenio Montejo is a Venezuelan poet. This one was taken from his book "The Earthiness of Everything", Editions El Otro el Mismo, 2007




Return



For an instant the chair has returned
to its far-away tree
with its already-dry green tattoos.

Its birds are disperse, lifeless
and the herd of wrinkled leather
lies heaped under the tacks.

There's nothing now but leveled silence
under the shadow of extinct foliage
where all its mystery is tanned away.

Faithful to its boards, rest only comes
when in the afternoon we have laid it
on the wall, suppressing a memory
of days when they grew like a tree
and life was cut short like something dead,
studded with old-time thoughts.




Español:




Esta vez trazduzco de Español a ingles. Eugenio Montejo es un poeta venezolano. Tomé esta poema de su libro "La Terredad de todo", Ediciones El Otro el Mismo, 2007

Retorno



Un instante la silla ha regresado
a su lejano árbol
con sus verdes tatuajes ya secos

Sus pájaros están dispersos, muertos,
y la manada del rugoso cuero
yace plegado bajo las tachuelas.

Ya no hay más que silencio nivelado
bajo la sombra de un follaje extinto
donde se curte todo su misterio.

Fiel a sus tablas, sólo da reposo
cuando de tarde la hemos recostado
a la pared, ahogando una memoria
de días que crecieron como un árbol
y la vida tronchó por cosa muerta,
claveteada con viejos pensamientos.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Galway Kinnell



English:













Why regret?



Didn't you like the way the ants help
the peony globes open by eating the glue off?
Weren't you cheered to see the ironworkers
sitting on an I-beam dangling from a cable,
in a row, like starlings, eating lunch, maybe
baloney on white with fluorescent mustard?
Wasn't it a revelation to waggle
from the estuary all the way up the river,
the kill, the pirle, the run, the rent, the beck,
the sike barely trickling, to the shock of a spring?
Didn't you almost shiver, hearing book lice
clicking their sexual dissonance inside an old
Webster's New International, perhaps having just
eaten out of it izle, xyster, and thalassacon?
What did you imagine lies in wait anyway
at the end of a world whose sub-substance
is glaim, gleet, birdlime, slime, mucus, muck?
Forget about becoming emaciated. Think of the wren
and how little flesh is needed to make a song.
Didn't it seem somehow familiar when the nymph
split open and the mayfly struggled free
and flew and perched and then its own back
broke open and the imago, the true adult,
somersaulted out and took flight, seeking
the swarm, mouth-parts vestigial,
alimentary canal come to a stop,
a day or hour left to find the desired one?
Or when Casanova took up the platter
of linguine in squid's ink and slid the stuff
out the window, telling his startled companion,
"The perfected lover does not eat."
As a child, didn't you find it calming to imagine
pinworms as some kind of tiny batons
giving cadence to the squeezes and releases
around the downward march of debris?
Didn't you glimpse in the monarchs
what seemed your own inner blazonry
flapping and gliding, in desire, in the middle air?
Weren't you reassured to think these flimsy
hinged beings, and then their offspring,
and then their offspring's offspring, could
navigate, working in shifts, all the way to Mexico,
to the exact plot, perhaps the very tree,
by tracing the flair of the bodies of ancestors
who fell in this same migration a year ago?
Doesn't it outdo the pleasures of the brilliant concert
to wake in the night and find ourselves
holding hands in our sleep?

Español:



Fuente (Photo by Charles C. Ebbets/ © Bettmann Corbis)





¿Por qué lamentar?



¿No te gustó como las hormigas ayudan
a los brotes de la peonía al engullir el pegamento?
¿No te alegró al ver los herreros
sentados sobre una larga viga sostenida por un cable,
en fila, como estorninos, almorzando, tal vez
chorrada en pan francés con mostaza fluorescente?
¿No fue una revelación zarandear
desde el estuario, por todo el río,
la caza, la gaza, el recorrido, el rasgón, la cañada,
la rambla que escasamente mana, a la conmoción de la primavera?
¿No te hizo casi temblar, al escuchar los piojos en los libros
chasquear su disonancia sexual dentro de un viejo
Real Academia de última edición, quizás justo habiendo
ingerido illero, escofina y talscocon?
Oiga ¿Qué cosa imaginaste que se acecha
al final de un mundo cuya sub- sustancia
es limo, lodo, guano, baba, moco, inmundicia?
Olvídate de demacrarte. Consideras al reyezuelo
y cuán poca carne hace falta para producir una trova.
¿No te pareció conocido cuando la ninfa
se partió y la cachipolla se pugnó por liberarse
y voló y encaramó, y -a la sazón- se abrió por la espalda
por el exosqueleto, y el adulto verdadero
se arrojó, respingó y se levantó al aire, buscando
el enjambre, boca ya vestigial,
canal alimentaria detenida,
sólo un día o una hora para encontrar el ser deseado?
O cuando Casanova levantó el platillo
de linguini en tinta de calamar y lo deslizó
por la ventana, y dijo a su sorprendida compañera:
“El amante perfeccionado no come.”
Cuando niño ¿No te encontraste tranquilizante imaginar
a los oxiuros como diminutos batones
dando ritmo a los apretones y relajos
alrededor del descenso de los deshechos?
¿No vislumbraste a las monarcas
en lo que pareció tus propias blasones
aletear y planear, en deseo, en medio del aire?
¿No te calmó pensar que estos frágiles
seres abisagrados, y luego sus nietos,
y luego los nietos de sus nietos,
podrían navegar, obrando en tanda, hacia México
al lugar exacto, tal vez al mismísimo árbol
siguiendo el destello de los cuerpos de sus ancestros
que cayeron en igual migración hace un año?
¿No rebasa inclusive el placer de un concierto brillante
despertar en la noche y dar nos cuenta
que estuvimos agarrados por las manos en nuestro sueño?


Fuente de la foto



VER también esta otra y maravillosa foto

lunes, 2 de agosto de 2010

Jericho Brown



English:



Another Elegy










This is what your dying looks like.
You believe in the sun. You believe
I don't love you. Always be closing,
Said our favorite professor before
He let the gun go off in his mouth.
I turned 29 the way any man turns
In his sleep, unaware of the earth
Moving beneath him, its plates in
Their places, a dated disagreement.
Let's fight it out, baby. You have
Only so long left. A man turns
In his sleep, so I take a picture.
He won't look at it, of course. It's
His bad side, his Mr. Hyde, the hole
In a husband's head, the O
Of his wife's mouth. Every night,
I take a pill. Miss one, and I'm gone.
Miss two, and we're through. Hotels
Bore me, unless I get a mountain view,
A room in which my cell won't work,
And there's nothing to do but see
The sun go down into the ground
That cradles us as any coffin can.




                                                           Español:




                                                                                                 Fuente de la foto



Otra elegía








Así se ve tu muerte.
Tú crees en el sol. Tu crees que
No te amo. Siempre cierren todo
Dijo el mejor profesor antes de
Disparar el fusil en su boca.
Cumplí 29 como quien da vuelta
En la cama, ignaro que la tierra
Mueve abajo, sus placas
Ubicadas, cizaña con agenda.
Peleémosle, nena. Tienes
Poco tiempo. Un hombre da vuelta
Mientras duerme, y le tomo una foto.
No lo verá, claro. Se trata de
Su lado abnegado, del costado de Jano, el hueco
En la cabeza de un esposo. El 0
De la boca de su mujer. Cada noche,
Tomo una pastilla. Salto una, y me voy.
Salto dos, y terminados. Hoteles
Me aburren, quiero una vista a los cerros,
Un cuarto en que mi celular no funciona,
Y no hay nada que hacer sino mirar
Al bajón del sol en el terrón
Que nos acuna como una urna.
 
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