domingo, 8 de julio de 2018

Una fantasía de paz: espadas en rejas de arado



Y entonces todas las naciones sintieron el júbilo y regocijo que produjo haber rescatado a los niños de Tailandia de aquella cueva.

 Decidieron hacer algo similar para todos los niños refugiados del mundo. Mandaron brigadas de nutricionistas, médicos, psicólogos, constructores y expertos en la agricultura sustentable y la protección ambiental a los campamentos refugiados  de Siria, Palestina, Venezuela, Nicaragua, Guatemala, Sudan, Libia, Níger, Darfur, y a los migrantes rohingas, marroquíes, rumanos, mayas y los demás.

Hubo una enorme demanda para más profesionales, y las universidades se llenaron de estudiantes entusiastas. Los gobiernos se vieron en la necesidad de construir nuevas instituciones de aprendizaje y mejorar las existentes. El nivel educativo se elevó en todas las naciones.

Lo más notable fue la decisión de las Naciones Unidas a mandar grupos rescatistas a las jaulas donde las fuerzas de choque de Donald Trump tenían retenidas a los migrantes que habían intentado cruzar las fronteras sureñas de los Estados Unidos. Ofrecieron a los guardianes del ICE la posibilidad de estudiar y rehabilitarse, y casi todos aceptaron. Abrieron las celdas y las familias fueron reunidas y ubicadas en lugares saludables y seguros. 

El pobre Trump, sin embargo, sufrió un terrible accidente cuando intentó saltar dentro del espejo de su baño para juntarse para siempre con su amado reflejo. 

Algo similar pasó en Venezuela cuando de repente las fuerzas de orden se dieron cuenta que habían vendido su alma a expensas de los demás ciudadanos, y abrieron juicios legales para considerar las violaciones lesa humanidad de Nicolás Maduro y sus narco-oficiales. Renovaron la Constitución para que fuera menos presidencialista, y hubo elecciones libres y honestas. Los miembros de lo que había sido la Oposición se convirtieron en estadistas honestas y honrables.

Maduro sufrió un percance similar al de Trump cuando colapsó luego de pasar una semana entera bailando merengue enloquecidamente en el Helicoide. 

De repente quienes manufacturan armas de guerra se vieron aislados y sin clientes. Para seguir obteniendo algo de ganancias comenzaron a producir rejas de arado, picos, materiales para construir pozos y baterías para almacenar la energía solar.

Todos los habitantes de la tierra se hermanaron. Hubo prosperidad y alegría entre todas las naciones.

miércoles, 4 de julio de 2018

¿Tiene sentido la vida?




¿Tiene sentido la vida?
David Beiro


Desde tiempos remotos la naturaleza del ser humano es tener curiosidad y buscarle sentido a los fenómenos que nos rodean. Es lo que nos ha permitido evolucionar y subsistir. Todos los elementos que nos rodean en la Tierra y en el universo tienen un sentido y razón de ser específicas aparentes. Las rocas y las montañas se produjeron por el calor interno de la Tierra que produce movimientos de masas, las estrellas existen porque los gases primordiales del BigBang no pueden evitar colapsar en el polvo que las conforman. Pero, ¿qué hay de la vida?, ¿tiene algún propósito? Es quizá la más grande interrogante del hombre a lo largo de su historia consciente que ha intentado responderse a través de ciencia, religión o la misma imaginación.

Una encuesta digital realizada por la Universidad de Yale en la ciudad de New Haven basado en estos cuestionamientos arrojó que de 7.523 personas el 28% opina que la vida tiene un propósito o razón de ser, mientras que el 72% opina que no tiene finalidad, es pura cuestión de azar.  

Antes de abordar en detalle la pregunta es pertinente unificar una interpretación de la vida. Esta se define como algo capaz de nacer, crecer, mantenerse, responder a estímulos externos, reproducirse y morir. El reino animal encaja perfectamente dentro de esta definición, por lo que las células son consideradas las unidades básicas de la vida. Ahora bien, las células no son más que zonas del espacio con una fina membrana que separa el desordenado mundo exterior de su ordenado mundo interior; y en su interior hay muchas cosas, ninguna de ellas consideradas como “vivas”. Realizan millones de reacciones químicas por segundo que provocan otras a su vez; en específico, información que viene dada por 4 elementos químicos (carbono, oxígeno, nitrógeno, hidrógeno) dispuestas en un orden específico determinado por la evolución, de tal modo que dicho orden sea al más eficiente para que la misma información persista a través del tiempo. Esta información se llama ADN. En este orden de ideas, si miramos a nivel atómico las estructuras que componen la vida nos damos cuenta que poco se parecen al conglomerado macroscópico resultante, al cual sí aceptamos que esta “vivo”. Por lo tanto, en una definición poco romántica pero no carente de sentido pienso en la vida como “información que lucha por persistir”. Clasificación dentro de la cual entran las estrellas, los elementos y el universo mismo. La pregunta es: persistir ¿para qué?

Es una característica innata del ser humano buscarle el sentido a todo, pero las cosas en el universo no necesariamente deben tenerlo. Sin embargo, dentro de la vida casi todo tiene sentido. La gran mayoría de los procesos químicos dentro de los seres vivos tienen un propósito claro, las reacciones químicas de las bases nitrogenadas del ADN, las células que forman los órganos, la regulación de la homeostasis del planeta gracias a las plantas, las bacterias transforman sustancias orgánicas en inorgánicas. Todo tiene un propósito: mantenerse vivo. Perpetuar algo que realmente no tiene propósito. El ser humano desde una perspectiva exterior no es más que materia intentándose entender a sí misma. Pero, al fin y al cabo no hay nada que nos distinga de las estrellas que vemos en el firmamento. Veamos por qué.

Estudios demuestran que los elementos más abundantes del universo en orden de abundancia son el Hidrógeno, Helio, Oxígeno, Carbono, Neón, Nitrógeno, etc; y los que componen la vida son de igual modo el Oxígeno (65%), Carbono (18%), Hidrógeno (10%) y Nitrógeno (3%). Las estrellas en su fase final como supernovas despiden a través de las galaxias los elementos formados en su interior mediante la fusión nuclear  e integran dichos elementos ligeros en otros pesados (compuestos) bajo altas presiones y temperaturas. De aquí se desprende el hecho de que estamos compuestos de la misma sustancia que las estrellas, es decir, que el universo. Somos parte del cosmos y venimos de él. Pero más importante, el universo esta en nosotros. ¿Con qué derecho entonces nos consideraríamos seres más relevantes que otras sustancias dentro del espacio?, si somos parte intrínseca de él. Somos reacciones químicas que contribuyen a su propia existencia, porque así lo permite este universo. 

En cuanto al ámbito humanista, los buenos defensores de la religión o creyentes argumentarán que el destino que cada hombre, ser u objeto replicante tiene una misión en el cosmos o por otro lado que estamos subordinados a la voluntad de una fuerza suprema creadora. Aclaro que no me opongo a ninguna de dichas teorías; sin embargo, mi labor va mucho más allá de estudiar (o refutar) el  efecto que pueden tener los seres vivos sobre otros.

Siento que mi tarea tiene que ver con el entendimiento de nuestro aporte directo sobre el cosmos y la existencia en su más amplia connotación. Nacemos y escogemos una ocupación, cada quien contribuye al descubrimiento, a mejorar lo que ya existe, en síntesis, a proporcionar mejor calidad de vida para sí mismo y para la posteridad en la humanidad, así como la conquista de nuevos espacios. Orientamos todas nuestras acciones y esfuerzo para desesperadamente subsistir en el universo caótico y expandirnos a través de él sin ninguna razón aparente. Sin conocer qué función podría tener ese “pálido punto azul”  en el colosal e incomprensible cosmos, el cual al fin y al cabo dejara de existir. Así es, el universo y todo lo que conocemos tiene su tiempo contado. Con lo cual la existencia de los “vivos” no solo carece de propósito por nuestra imposibilidad de servir para algo más que no sea solo evitar nuestra extinción, por supuesto que también creamos el arte, la música, creemos en el amor e incluso, paradójicamente en la guerra, pero eso no altera la perspectiva. Además, aunque logremos vivir para ver el fin de la materia, nos iremos con ella. Veamos por qué pasa esto. 
   
Imaginemos a un ejército (2) que intenta mover una roca muy pesada. Para ello, se emplean recursos en alimentar a los soldados y así recarguen sus energías. Ahora cada uno de ellos es sincronizado a la perfección para que a la vez transfieran toda su energía obtenida a la roca, moviéndola del camino. Por desgracia, en el universo nada funciona a la perfección, en la realidad hay soldados que están descoordinados, no todos ayudan a mover la roca. Parte de la energía que se ha puesto en ellos es desperdiciada en tareas que no favorecen el objetivo. Esto se conoce como la segunda ley de la termodinámica: la ley de la entropía, la cual se representa Q=∆U+W. donde (∆U) es la diferencia de energía (final menos inicial) utilizada, (W) es el trabajo que hará cumplir las metas y (Q) es la energía desperdiciada como calor. Dicha ley establece la imposibilidad de convertir completamente toda la energía de un tipo en otra sin pérdidas. Son procesos irreversibles, y como en el universo no existen sistemas complemente aislados, la tendencia natural de los objetos al interactuar con el medio es caer inevitablemente en un estado de desorden.  En términos toscos: nada está exento de morir. 

En la realidad, los soldados son los billones de partículas coordinadas para hacer cosas. Tenemos ejércitos en el firmamento capaces de sintetizar nuevos elementos a partir de sustancias ligeras, ejércitos atmosféricos que regulan los ecosistemas del mundo, ejércitos que utilizan la luz solar para elaborar moléculas complejas, y ejércitos que se comen esas moléculas. De este modo todos parten de una energía potencial (sea de la luz o nuclear) para cumplir sus tareas, y todos desperdician energía en el intento. Energía que no puede ser recuperada. Por lo general, la energía se transfiere, es aprovechada por otros organismos u otras estructuras y los procesos detonan otros procesos, pero el problema es que parte de la energía utilizada y transferida al interactuar (por más pequeña que sea) se malgasta, haciendo que todos los procesos del universo poco a poco transiten a su fin.  

Es el principio termodinámico que rige la vida lo que hace que la mejor creación del universo y lo que aporta la belleza al mismo sea el causante de su propia destrucción. Esto lo convierte al cabo de mucho tiempo en una colección de partículas moviéndose de manera caótica y errática por un vacío homogéneo de ausencia y oscuridad. A esto se le denomina Big Freeze o Muerte Térmica. En este sentido, es la “vida” la que derrocha la energía en forma de biomoléculas sintetizadas a través de la luz por las estrellas contribuyendo a la entropía del cosmos y a nuestra propia extinción, junto con la del universo. Dilapidamos parte de la energía generada por las estrellas en formas que ellas son incapaces de aprovechar. Bajo este panorama es imposible no percatarse de que no solo la vida es carente de propósito, sino que se conduce a si misma a su declive.     

¿Es este entonces nuestro inexorable destino? ¿No podría ser el sentido de la vida el de salvar al universo? Pensemos en un panorama más optimista. Si se plantea una teoría en la cual sea posible evolucionar a tal punto de desarrollar una inteligencia unificada y universal que nos permita vivir para siempre. Si el universo es infinito, podremos colonizar cada rincón y utilizar su infinita energía evitando la entropía o por el contrario intentar revertirla. ¿Y si fuese posible volver infinitamente al BigBang y reiniciar el cosmos en un ciclo interminable? 

La verdad, todo esto es imposible. No existe proceso eficiente para evitar malgastar la energía, evitar la entropía. En un hipotético caso en el cual el universo es una sopa de partículas inerte y errantes donde todos los elementos ligeros han sido convertidos en pesados. Si quisiéramos revertir el proceso separando los elementos pesados en ligeros y recuperando los recursos para formar estrellas de nuevo y con ellas el cosmos. Para ello sería necesaria una cantidad de energía igual a la que utilizaron las estrellas para formar dichos elementos, el problema está en que parte de esa energía no está, ha sido desperdiciada. Por lo tanto, toda la energía será utilizada, todo el espacio tiempo será ocupado, todas las preguntas serán respondidas, salvo una sola ¿Cómo evitar la extinción? Todo esto es planteado en La última pregunta por Isaac Asimov (1), escrito en 1956. La hipótesis queda descartada.  
  
En conclusión, todos los procesos del universo tienen como propósito mantener la vida en su más amplia concepción. Es por esto que lo más lógico es pensar que tantos esfuerzos por concebir y perpetuar la vida resulten en que la misma tenga un propósito aún más importante en el universo o en la existencia. Sin embargo no lo tiene, es una sucesión de procesos exitosos que tienen como fin mantenerse funcionando a través del tiempo, como un círculo vicioso cuyos efectos se aprecian dentro de su mismo campo de acción interno, mas no para el entorno circundante. Pues ya ha quedado claro que el inevitable destino, inclusive del universo, es perecer; por tanto ni el mismo propósito de la vida (evitar su extinción) es eficiente a través de la eternidad, nuestra efímera huella revela esa realidad.  Y es que dentro del universo, los fenómenos físicos y la consolidación de materia (procesos químicos) se llevan a cabo porque es posible cuando se dan las condiciones, no para que tengan un propósito más allá del mismo.
 Es válido recordar la reflexión expuesta por el astrofísico y conferencista norteamericano Neil DeGrasse Tyson en varios de sus libros: “the universe is under no obligation to make sense to you” (el universo no está en la obligación de ser entendible para ti). 

Es comprensible si resulta difícil (si no imposible) aceptar esta visión, pero invito al lector a recordar que bajo nuestra condición de humanos como resultado de un macroproceso más allá de nuestra comprensión, resultaría absurdo que viniésemos al mundo con la capacidad de entender cómo funciona cada detalle del universo. Es decir, somos habitantes de un ínfimo planeta, conocer la realidad más allá de él puede que satisfaga nuestra curiosidad, pero a nivel biológico o evolutivo no nos ayuda a sobrevivir. Imagínese a un programador de ordenadores de la NASA, ¿acaso resultaría útil que desarrolle un algoritmo para que ésta se cuestione si resulta útil llevar a cabo la tarea encomendada? ¿O esforzarse porque la misma entendiese la complejidad del pensamiento humano?  
    
Bajo la suposición de que las posibilidades de existencia de la vida y las reacciones elementales estén subordinadas a meras coincidencias o disposiciones específicas del universo conlleva a la comunidad científica a pensar si todo en el universo está realmente predestinado como el más complejo guion de película jamás escrito. 

No obstante, esto puede ser tópico de análisis para otra oportunidad. Yo en cambio prefiero proporcionar una perspectiva optimista del asunto en cuestión. Si bien es posible que el universo no nos necesite para nada y seamos resultado del azar, sin un propósito más que el de prolongar nuestra agonía, puede que sí lo tengamos para la vida misma. Somos la única especie consciente de nuestra existencia y de nuestra muerte. Puede que sea esta última nuestra motivación para salvarnos a nosotros mismos, aprovechar el regalo de la vida que el universo nos está dando. Mientras contribuimos con la muerte de las estrellas, quizá podamos hacer algo para perdurar hasta que el universo llegue a su fin, y no perecer por mérito  propio de manera prematura. Quizás la vida no tenga sentido pero sí que podemos dárselo, precisamente para salvarla. Es motivo suficiente para luchar por ella hasta convertirnos en representantes del universo como especie. O, al menos, hasta que el universo esté orgulloso de habernos creado.   


Referencias:

1. Carl Sagan 1994 “Un pálido punto azul: una visión del futuro humano en el espacio”
2. Hay elementos de este ensayo que fueron inspirados por el video "¿Tiene sentido la vida? Particularmente la metáfora del ejército fue tomada de él: https://www.youtube.com/watch?v=hJZot45Qo5s


domingo, 24 de junio de 2018

Las revoluciones y los personajes de Les Misérables


Vi de nuevo la última parte del musical Les Misérables, y me puse a reflexionar sobre cómo los personajes de la obra pueden encontrarse en casi cualquier revolución. Exceptuando el líder suprema (Stalin, Mao, Castro Chávez) que no aparece en el elenco de esta obra, los otros, es decir, los actores secundarios que facilitan el proceso, sí, están presentes. 

1. La primera es la víctima del sistema, Fantine, que vive en la pobreza, se ve empujado a la prostitución para mantener a su hija Cosette; ella aparece como el motivo, es decir, la razón de luchar. 

2. Javert, la policía que hace cumplir la letra de la ley a pesar de las injusticias y crueldad que implican sus acciones, puede encontrarse en todos los cuerpos policiales del mundo y existen en todos los sistemas ideológicos. 

3. El Sr. y la Sra. Thénardier son los "lumpen" que carecen de principios éticos y ven a los cambios sociales como una oportunidad para enriquecerse -por los medios que sean-; también pululan por las calles de Beijing, Moscú, la Habana, Caracas y Managua. 

4. El arrojado y hermoso Enjolras es un estudiante revolucionario; dirija la lucha de las barricadas en donde casi todos los jóvenes mueren a manos de las fuerzas de orden.



viernes, 22 de junio de 2018

El método y sus límites





El método y sus límites 
Karen Cronick
Instituto de Psicología
Universidad Central de Venezuela


Resumen
Este ensayo es esencialmente una comunicación para mis colegas y los estudiantes. En él repaso algunas de las posturas investigativas más importantes en las ciencias sociales para reflexionar sobre sus límites epistemológicos. Considero: 1) el realismo, 2) el pragmatismo y los objetos emergentes, 3) los paradigmas,  4) los enfoques que emplean la interpretación sin referir a la “realidad” del tema considerado y 5) el concepto de validez. Es mi propósito revisitar estos temas de manera muy resumida, tanto en sus potenciales investigativas como sus límites y cotos, sobre todo en nombre de la responsabilidad académica con respecto a los métodos construccionistas y emergentes.
Palabras claves: paradigmas, realismo, interpretación

Abstract
In this essay I review some of the most important research positions in the social sciences in order to reflect on their epistemological limits. I consider: 1) realism, 2) pragmatism and emerging objects, 3) paradigms, 4) approaches that employ interpretation without referring to the "reality" of the subject under consideration and 5) the idea of validity. It is my purpose to review these topics in a very summarized way. Every one of them has its potential and restraints, and in times when many of us use constructionist and emergent methods, it is important to review the limits imposed by the need for academic responsibility.

Key words: Paradigms, realism, interpretation


Introducción

En este ensayo reviso algunas de las posturas más importantes sobre el problema de la verdad o lo verosímil en la investigación en la las ciencias sociales. Dicho problema se relaciona estrechamente con los paradigmas empleados en los estudios en las ciencias sociales, y por ende con los métodos empleados.

Mi objetivo es repasar de manera muy breve las bases epistemológicas de algunos enfoques metodológicos, porque como docente del Instituto de Psicología de la Universidad Central de Venezuela, me preocupan algunos de los trabajos de tesis y otras investigaciones que he revisado en años recientes. Sobre todo me preocupa la posición que asumen algunos autores al considerar que no hay ni reglas ni límites en los trabajos que siguen la línea construccionista o hermenéutica.
Considero este ensayo una carta abierta a mis colegas y los estudiantes. 

Desarrollo estas observaciones para fomentar una mirada crítica y para contribuir con futuras estudios. En este empeño he considerado brevemente el problema desde los varios enfoques: 1) el realismo, 2) el pragmatismo y los objetos emergentes, 3) los paradigmas,  4) los enfoques que emplean la interpretación sin referir a la “realidad” del tema considerado y 5) la idea de validez. En esto echo una mirada a los problemas de medición, interpretación y el significado de las muestras –aun dentro de métodos tan limitados como estudios de caso- para examinar qué posibilidades existen para generalizar los resultados obtenidos.

Es importante revisar estos temas porque a veces perdemos de vista las limitaciones que imponen nuestros métodos de indagación, y les atribuimos potencialidades que no tienen.  Además, al no considerar las limitaciones de nuestros métodos, corremos el riesgo de que nuestros esfuerzos queden como simples suposiciones sin base, o lo que recientemente se están llamando “noticias dudosas”.

Las ciencias sociales tienen mucho que aportar. Pero tenemos conocer las implicaciones de  nuestra ubicación ontológica y las posibilidades epistemológicas implícitas en ellas. En los párrafos que siguen me apoyo sobre todo en los artículos de  Guyón, Kop, Juhel, Falissard (2018) y Haig y  Borsboom (2018).

Ontología y epistemología

1.  El realismo

Hay muchas escuelas y tendencias que siguen distintas posiciones epistemológicas y ontológicas relacionadas con el realismo. Lo más básico sería el realismo metafísico que declara la existencia de un mundo “real” del cual formamos parte; uno de los objetivos del método científico en su expresión más  amplia es poder hacer afirmaciones sobre él que corresponden a su naturaleza verdadera. Existen sin embargo, barreras para acceder a este mundo.

También podemos distinguir entre el realismo y la verdad  porque el primero responde a preocupaciones metafísicas mientras la segunda se relaciona con la semántica. Es decir, son cosas distintas asumir que exista “algo” real, y decir algo verdadero sobre aquella presunta “cosa en sí” (Hegel, 1807/1987). Los realistas tienden a golpear la mesa y decir: “Esta mesa no es una idea, es material real y lo puedo sentir con mi puño.” La verdad sobre la “realidad” siempre tiene que ser contextualizada por alguna “evidencia” y un marco de referencia. La mesa resiste la fuerza del mano del realista, pero también está compuesta por materiales que pueden describirse, y si nos adentramos en su realidad física vamos a encontrar variadas moléculas y átomos, y además pequeños espacios vacíos entre sus electrones y los demás elementos subatómicos que no son aparentes a partir del golpe sobre su superficie. Además, la mesa puede tener atributos particulares: puede ser fuerte, de roble, de color marrón y lisa, por ejemplo.  Es más, para decir algo verdadero sobre el mundo real es necesario contar con descripciones teóricas de este mundo; de este modo lo verdadero se convierte en coherencia teórica.

Lo real con basamento teórico:

Stephen Hawking y Leonard Mlodinow (2010) cuentan un pequeño experimento mental en su libro “El Gran Diseño” en que describen la percepción de la realidad que tendrían lo peces en una pecera redonda: dicen que:

La visión de los pececillos no es como la nuestra pero, aun así, podrían formular leyes científicas que describieran el movimiento de los objetos que observan en el exterior de su pecera. Por ejemplo, a causa de la distorsión, los objetos que se movieran libremente, y que nosotros observaríamos en una trayectoria rectilínea, serían observados por los pececillos como si se movieran en una trayectoria curvada. Sin embargo, los pececillos podrían formular leyes científicas que siempre se cumplirían en su sistema de referencia distorsionado y que les permitirían hacer predicciones sobre el movimiento futuro de los objetos de fuera de la pecera (p. 47).

Hawking y Mlodinow llevan el argumento un paso más señalando como el modelo de Ptolomeo “explicaba” el universo adecuadamente, hasta la llegada de la nueva información que trajo Copérnico, y concluyen:

No hay imagen –ni teoría- independiente del concepto de realidad. Así adoptaremos una perspectiva que denominaremos realismo dependiente del modelo…. (p. 51, énfasis de los autores).

Ahora bien, este tipo de modelaje teórico es posible cuando exista una descripción bastante precisa y elaborada del fenómeno considerado. Para  poder hacer este tipo de afirmación es necesario contar con un lenguaje universal como la matemática que no va a depender de sutilezas lingüísticas.

2)  El pragmatismo y los objetos emergentes 

El pragmatismo es un enfoque filosófico que reconoce que las teorías científicas corresponden a nuestro involucramiento en el mundo, más que al mundo como existe “verdaderamente”, es decir, sin la mediación de nuestros sentidos, teorías y aun nuestras interpretaciones culturales y sociales. Aun así hay distinciones: el realismo pragmático mantiene la suposición que nuestras teorías y los resultados científicos se enlacen con el mundo real, mientras que el realismo empírico  considera que los objetos analizados por la ciencia no pueden ser separados de quien los conoce. Sin embargo ninguno de estas dos variantes niega la existencia de un mundo real, o la “cosa en sí”. Por otro lado el construccionismo declara que los conceptos sociales no tienen ningún asidero físico en un supuesto mundo real que existe de manera independiente del quien lo conoce.

Los atributos mentales refieren a actividades, estados y emociones mentales, rasgos latentes, y dimensiones psicológicas. Se puede atribuir a estas entidades un substrato físico en el cerebro que los “produce” pero cuyo vínculo directo con el mundo material no puede establecerse. También en relación a las realidades sociales existen “cosas” como los gobiernos, la guerra, el dinero, los mensajes y así sucesivamente, cuya existencia depende del consenso social más que de una realidad corporal subyacente. Estas cosas a su vez pueden afectar al mundo “real” en el sentido de que un gobierno puede declarar una guerra en que se emplean armas y en que mueren personas con existencia física. El pragmatismo va a considerar a todas estas cosas como “objetos emergentes” porque han “emergido” del mundo material.

En la psicología los atributos mentales han ocupado una posición de interés central. Temas como la depresión, la inteligencia, el aprendizaje y las atribuciones causales han sido elaborados y declarados “existentes”. Son definidos en gran parte por los componentes de las escalas y sub-escalas que las “miden”, pero como observan (Guyon, Kop, Juhel, y Falissard, 2018):

Los atributos mentales no deben considerarse como objetos reales e independientes de la observación independiente de quien los conoce, pero como una propiedad que depende de la persona dentro de un contexto social dado (p. 1). 

De hecho Gayón et al. (p. 3) los  definen por términos tales como: “actividades mentales”, “estados mentales”,  “estados psicológicos” y “dimensiones psicológicas” que se infieren de la conducta de las personas y que se especifican como tales en artículos psicológicos. Estos autores consideran deben enmarcarse como epistemológicamente pragmatistas, esto es, que deben considerarse como objetos “reales” con lazos cerebrales, cuyo contexto es determinado por la praxis social.

Los psicólogos han intentado medir a muchos atributos mentales. Según Gayón et al. el modelo psicométrico sigue la teoría que lo incorpora, es decir, la representación matemática del atributo. No se puede alanzar un valor “verdadero” para representarlo. Más bien se aspira integrarlo dentro de la red de los significados compartidos entre los investigadores. Dado que los objetivos de la medición psicológica sean la coherencia y la utilidad, es importante revisar constantemente lo apropiado de estos requisitos que son a fin de cuentas netamente sociales y culturales. Dicho contexto social es importante porque tiene implicaciones temporales, geográficas y culturales.

Los atributos mentales suscitan dos problemas adicionales: el primero tiene que ver con el componente ontológico y el otro con el epistemológico. En el primer caso tenemos que preguntar sobre las condiciones de su existencia, y en el segundo nos preocupamos por cómo podemos saber algo sobre ellos. Además hay limitaciones matemáticas sobre su construcción. Por ejemplo, ¿los elementos de una escala pueden sumarse o representan componentes nominales? ¿Qué otras manipulaciones matemáticas pueden emplearse sin perder el significado del resultado?

Estos atributos tienen contextos sociales, y en psicología su “realidad” final es siempre intersubjetiva. De hecho su naturaleza cambia de acuerdo con las creencias sociales de las épocas en que aparecen. Temas como inteligencia, depresión, sexualidad, control, e intencionalidad son cambiantes. Por ejemplo la “inteligencia” refiere a ciertas capacidades que son útiles en las sociedades industrialmente desarrolladas, como la matemática y la lingüística, y normalmente no incluyen el talento para la danza, la música o la pintura, ni tampoco habilidades apreciadas en otras culturas, como la que se requiere para recordar y recontar cuentos, o la que necesita un cazador para identificar un pájaro en el follaje de un árbol.

3) Los paradigmas 

Hay muchas definiciones de paradigma, pero en general la palabra refiere a “sistemas básicos de creencia que son puntos de arranque, o presuposiciones de base que determinan cómo llevar a cabo una investigación. No pueden ser probados o falsificados… son construcciones humanas” (Guba, 1991, p. 19). Se trata de un modo de ver, y pueden distinguirse de las ideologías, las teorías y los modelos de modo algo impreciso: las ideologías tienen extensas connotaciones políticas y económicas, y normalmente no se emplean como herramientas de indagación académica. Por otro lado los modelos (que también pueden ser clasificados como matemáticos, estocásticos y gráficos entre otros) refieren a fenómenos o procesos bastante precisos, como la relación entre la diabetes y la depresión (Rondón, s/f), o el bien conocido modelo del átomo con su núcleo circundado por electrones que le orbitan como los planetas en el sistema solar.  En cambio una teoría es un conjunto de conceptos abstractos y que se asocian con datos relacionados con fenómenos observables que se entrelazan  entre sí por medio de reglas de interacción. Las teorías tratan de explicaciones probables de la interacción entre los objetos, que pueden llegar casi a la certeza. Puede haber teorías “casi ciertas” pero aún en estos casos puede haber conflictos entre teorías rivales, como en las predicciones distintas que arrojan, por un lado, la “evolución de las especies” y por otro, la “teoría ecológica de sistemas interdependientes”. En la psicología podemos mencionar la teoría conductista de estímulo-respuesta, o la teoría de aprendizaje de Piaget.

4) Los enfoques construccionistas

Guba y Lincoln (1991, 1994, 2002) hablan de las “generaciones” de la investigación en las ciencias sociales, las cuales pueden llamarse abreviadamente: a) positivismo, b) postpositivismo, c) teoría crítica y d) construccionismo. A veces los lectores de sus publicaciones suponen que esta sucesión de descendencia implique una especie de progreso metodológico. No asumo esta posición: considero que todos los métodos viables tengan un lugar honroso y útil, y que para cada uno existan las condiciones en que su uso puede ser apropiado.

Gergen (2001) considera al construccionismo como un paradigma particular: declara irrelevante la aspiración a la objetividad investigativa, y también la necesidad de suponer una realidad subyacente a sus afirmaciones, ya que piensa que todas ellas se originan dentro de "comunidades que crean significado" (p. 2). No hace ninguna referencia a una realidad fuera de estas comunidades que son esencialmente lingüísticas. Funciona de tres maneras específicas: a) como una metateoría, b) como una teoría social y c) como una praxis social. Como metateoría, entonces, no se trata de una verdad que traspasa de una comunidad particular a otra, sino la identificación de "providential intelligibilities" (p. 2). Sus conclusiones son relativas, en donde el conocimiento es creado socialmente, es temporalmente limitado y tiene restricciones geográficas y sociales.

Guba y Lincoln (1994) enfatizan el rol de los valores en el construccionismo. Es decir, el paradigma no sólo ignora la posibilidad de una realidad subyacente a las afirmaciones que las personas hacen sobre el mundo, sino declara que la fabricación de las construcciones sociales depende de los valores de todos los participantes, incluyendo los de los mismos investigadores construccionistas. Los autores afirman que el conocimiento no se acumula históricamente con el desarrollo de una disciplina; más bien, crece y cambia a través de un proceso dialéctico y temporal. Sin embargo, por medio de las constantes resoluciones dialécticas de las sucesivas construcciones de  informantes siempre más “sofisticados”, existe una cierta acumulación relativa en el sentido información siempre más elaborada, comparada, inclusiva y reflexionada.

Dentro de los anuncios sobre la naturaleza del paradigma están implícitos sus límites. No existe la posibilidad de la generalización de un hallazgo a otro, ni siquiera en estudios de casos repetidos con las mismas personas. Lo que se puede hacer es “asociar” unos resultados con otros; se puede comparar los resultados y elaborar nuevas conclusiones. Diferentes construcciones sociales sobre, por ejemplo, el racismo,  la enfermedad o la sexualidad pueden compararse para ver las convergencias y desacuerdos.

 El Enfoque interpretativista

Los enfoque construccionistas e interpretativistas están ligados en el sentido de que son independientes de suposiciones sobre la objetivad o alguna realidad subyacente a sus hallazgos. Se han influido mutuamente, pero su acercamiento a sus objetos de estudio no son iguales. Y sus suposiciones sobre la naturaleza de la realidad y la verdad no son idénticas.

Hay mucha literatura sobre la interpretación en los estudios hermenéuticos. Quienes han reflexionado sobre las estrategias hermenéuticas (Gadamer, 1960/2000; Ricoeur, 1981/1994;  Mora, 2018) saben que una gran parte del Siglo XX fue dedicada a revisar cómo acercar al tema de estudio y qué trascendencia puedan tener los resultados. Dice Mora:

Los investigadores que proponen el enfoque interpretativista, comparten la meta de la comprensión del mundo de las experiencias vividas desde el punto de vista de las personas que las viven…; …. Centran su atención en el mundo vivido, el punto de vista personal y la comprensión del significado. Son de la opinión que el conocimiento y la verdad, dependen de la perspectiva que se asuma. Ambos son creados, no descubiertos por la mente. Enfatizan el carácter pluralista y flexible de la realidad…, pluralista en el sentido que la realidad se expresa en una variedad de símbolos y sistemas de lenguaje, y flexible en el sentido que la realidad es creada y formada para adaptarse a las acciones e intenciones de los agentes humanos. 

Sin embargo los diferentes interpretativistas usan códigos distintos para acercase a sus temas. Para Gadamer lo importante era el entendimiento histórico, cultural y lingüístico de una obra. Supone que el otro” tiene su propia realidad y que el investigador debe aproximarse paulatinamente a ella distanciándose de su propio mundo.  Por su parte Ricoeur se le acerca con “distancia”, y también con suspicacia (Ricoeur, 1981/1994; Robinson, 1995), y busca en ella significados ocultos, inclusive mensajes subversivos que niegan su contenido aparente, como también hizo Freud. El final de la tarea para Gadamer es la “fusión de horizontes” en el sentido del acercamiento de la realidad del “Otro”. Esto implica conocer el contexto histórico y social del autor u obra estudiado. A partir de este razonamiento es importante señalar al “círculo hermenéutico” como una referencia metodológica. Gadamer (1960/2000) asume el término en contraste con lo lineal de la lógica; se trata de “la superación entre la escisión entre sujeto y objeto” (p. 320); es decir, la apropiación del objeto, tal como el obrero se apropia de un martillo y lo convierte en algo vivo para su propio uso. Es decir: el observador asume “[la] realidad [de] la estructura de ser en el mundo” (ibid). El investigador convierte sus propios prejuicios sobre el tema que estudia en recursos; los usa para ir separándose de ellos de manera sucesiva e ir acercándose a la verdad (re)construida de su objeto.

Ricoeur por su parte ha introducido en este proceso de acercar a la verdad del otro, la idea de suspicacia: los prejuicios del intérprete no son obstáculos, porque al reconocerlos se puede introducir las tácticas de duda e incertidumbre en el análisis.

Como nota final en este breve resumen quisiera señalar que aludo también a los estudios inscritos en el corriente de lo que ahora refieren al “espíritu” humano y al enfoque “biográfico” o “narrativo”; éstos  niegan cualquier limitación epistemológica sobre su proceder y hallazgos. Hay dos observaciones que quisiera hacer al respecto:

a) la biografía y la narración son actividades interesantes, a veces acompañadas por agudos procesos de análisis y reflexión. Forman una parte legítima de la indagación intelectual;
b) sin embargo, al emplearlas hay que reconocer sus limitaciones en cuanto a la generalización de los resultados. Los resultados no pueden trascender los límites de la obra en que se encuentran. Por ejemplo una biografía sobre Simón Bolívar no tiene nada que ver con otra sobre Rómulo Betancourt, excepto en el sentido de una secuencia histórica no causal. Igualmente las especulaciones narrativas, sean ficcionales o reflexivas, no pueden extenderse más allá de las ponderaciones del mismo autor aunque pueda haber complicadas redes y enlaces temáticos.

5)  La idea de validez.

La validez de los resultados de cualquier investigación dependerá siempre del método empleado por el investigador en todas las etapas desde el planteamiento del problema hasta en análisis e interpretación de los resultados. Está relacionada con el paradigma elegido, con la elaboración de los objetivos, con la selección de la muestra, con tipo de datos que se obtiene y con el método de análisis que se usa con ellos. Esto es incontestable con todo tipo de investigación. Es cierto en un estudio experimental, en un análisis de los ítems de una escala métrica que mide algún atributo mental, en un sondeo de actitudes, en un análisis de texto y en una indagación hermenéutica. Este no es el lugar para revisar todos los métodos, pero podemos señalar que la validez tiene que ver con estas preguntas básicas:

 a) ¿Las preguntas iniciales son adecuadas para el problema escogido?
b) ¿Las preguntas se relacionan con los objetivos?
c) ¿Quiénes son los participantes? ¿Pueden ofrecer información adecuada sobre el problema? ¿Cuáles son las suposiciones sobre el tipo de muestra elegido? ¿De qué es vocero cada participante?
d) Si se transforma la información a datos de otro tipo (numérico, o por codificación ordinal, por ejemplo) ¿es adecuada dicha transformación?
e)  ¿La técnica de análisis es apropiada? En el caso de datos numéricos ¿las operaciones matemáticas son adecuadas? En el caso de datos lingüísticos ¿el método para formar categorías es ajustado al modelo empleado, transparente y da cuenta de toda la información dada por los informantes? En estudios hermenéuticos ¿el autor ha podido acercarse bien a los participantes? ¿Ha podido llegar realmente al punto de saturación de la información, y ha podido preguntar a los entrevistados si están de acuerdo con las conclusiones?

Reflexiones finales

En estas escuetas reflexiones he deseado manifestar mi preocupación por lo que percibo como un cierto descuidado en años recientes con relación a las reglas y las limitaciones que impone cada método de indagación que trato aquí. Por su brevedad obviamente estas reflexiones no constituyen ni de un manual, ni recetas metodológicas. Más bien se trata de un proceso de razonamiento crítico sobre una praxis, que, bien hecha, constituye un aporte civilizatorio. Mal hecho, es decir, cuando las reglas se obvian por la razón que sea (descuidado, tendencias ideológicas del autor, ignorancia, superficialidad….) la aspiración investigativa se debilita y pierde vigencia.

Referencias

Gadamer, Hans-George (1960/2000). Verdad y método I. Salamanca: Sígueme.
Gergen, Kenneth J (2001). Social Construccion in Context. SAGE Publications Ltd; Edición. Disponible en: https://books.google.co.ve/books?hl=es&lr=&id=1iC0JLGHkWEC&oi=fnd&pg=PR6&dq=Gergen+%22social+construction%22&ots=qAswkTWIAU&sig=A_8WuXlxtUyO2U63bg2LbHyCdP8#v=onepage&q=Gergen%20%22social%20construction%22&f=false
Guba, E. (1991). El diálogo del paradigma alternativo. California: Sage. Traducción de María Castro Nuñez.
Guba, E. G., & Lincoln, Y. S. (1994). Competing paradigms in qualitative research. In N. K. Denzin & Y. S. Lincoln (Eds.), Handbook of qualitative research (pp. 105-117). Thousand Oaks, CA: Sage.
Guba, E. y Lincoln, Y. (2002). Paradigmas en competencia en la investigación cualitativa. En Denman, C. y J.A. Haro (comps.) Por los rincones. Antología de métodos cualitativos en la investigación social. El Colegio de Sonora. Hermosill, Sonora, pp. 113-145
Guyon, H., Kop, J.-L., Juhel, J., & Falissard, B. (2018). Measurement, ontology and epistemology : Psychology needs pragmatism-realism. Theory & Psychology, 28(2), 149-171.Hawking, Stephen y Mlodinow, Leonard (2010). El Gran Diseño. Traducido por David Jou I Mirabent. Barcelonga: Crítica.
Hegel, F. (1807/1987). Fenomenología del espíritu. México: Fondo de Cultura Económica.
Hawking, Stephen y Mlodinow, Leonard (2010). El gran diseño. Barcelona: Crítica.
Mora Salas, Leonor (2018) Comprender la realidad social en psicología: apuntes para una discusión sobre la “complejidad
Ricoeur, P. (1981/1994). Hermeneutics of the human sciences. Cambridge, Massachusetts y París : Cambridge University Press y Editions de la Maison des Sciences de l’Homme.
Robinson, G.D. (1995) Paul Ricoeur and the Hermeneutics of Suspicion: A Brief Overview and Critique. Premise, 2 (8) 12-26.
Rondón Bernard, José Eduardo (s/f). Relación entre depresión y adherencia al tratamiento en diabetes tipo 2: modelos explicativos. Tesis doctoral en elaboración. Doctorado en Psicología, Facultad de Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela.

martes, 5 de junio de 2018

Todavía




La luz aún entra por mis ojos.
Todavía camino por allá,
todavía recuerdo cosas,
las antiguas y las recientes.
Todavía
ocurre que no molesto tanto,
ni reclamo imbecilidades.
                     -Karen Cronick

El Populismo




El populismo surge en momentos históricos predecibles, pero sobre todo cuando sectores vulnerables de la población de un país sufren una desmejora económica o de status. Entonces aparecen los populistas que se consideran voceros del “cambio”. Con sus bocas llenas de lemas como: -“somos víctimas del imperialismo”, -“los (judíos, musulmanes, inmigrantes, refugiados, personas de color, los opositores…) nos amenazan y hay que eliminarlos”, -“hay que recuperar las glorias de nuestro pasado” o -“nosotros primero”, crean las condiciones para permanecer en el poder.  Entre sus seguidores la exclusión, la xenofobia y el racismo llegan a superar sus motivos económicos iniciales. Actualmente se oye este discurso en Turquía,  Polonia, Hungría, Italia, España, Venezuela, Nicaragua, Bolívia y sectores importantes de la política de Francia, Alemania y Colombia entre otros.  

Estos regímenes tienen también recursos de exclusión económica. Ofrecen dádivas a sus seguidores y empobrecen sistemáticamente a sus opositores. En Venezuela actualmente amplios sectores de la población sufren de desnutrición e insuficiencia calórica. No hay ni medicinas ni servicios de hospitalización.  Opositores importantes, o quienes protestan en las calles son asesinados, o son encarcelados en lugares donde reciben un trato que viola cualquier respeto a los derechos humanos.

El regreso a una democracia liberal es difícil. Algunos pocos opositores apoyan el uso de los escasos recursos democráticos que todavía existen. Otros creen en la resistencia armada –frente a fuerzas mucho más poderosas y pertrechadas-.  Otros esperan pasivamente alguna liberación desde fuera del país. Dice Sharp (2002/2011, p. 17):  “Muchas personas que actualmente están padeciendo bajo una dictadura… [p]onen su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que sólo una ayuda internacional puede ser lo bastante fuerte como para derribar a los dictadores.” Otros esperan la llegada de un héroe.

El año pasado en Venezuela un piloto llamado Oscar Pérez confrontó al régimen de modo teatral y aparatoso, y fue asesinado por su atrevimiento. Desde los medios electrónicos la gente exclamaba su apoyo. Pero Pérez era un soldado liberador sin un plan de cambio. No había elaborado ningún programa para la recuperación legal, estructural, económica o penal del país, o no lo había hecho público. Su lenguaje era igualmente indeterminado: quería libertad y justicia, dos sustantivos notoriamente vacíos de cualquier contenido preciso.

¿Cuáles son las vías viables de recuperación para un país como Venezuela?

Es evidente que una gran parte de la fuerza de recuperación tiene que venir del extranjero porque la represión no permite acción directa. Este tipo de intervención no sería militar; más bien se trataría de una extensión de los medios diplomáticos, las sanciones sobre las fortunas privadas de los mandatarios y la promesa de juicios internacionales por la violación de los derechos del hombre.

Al mismo tiempo hay que reunir grupos comunitarios, ONGs, partidos políticos y personajes de las universidades para ir preguntando cómo parar la inflación, y cómo devolver las fuerzas de orden a sus cuarteles y bajo el mando civil. También hay que considerar cómo recuperar las inversiones en el sector privado, y cómo reconstruir la educación en todos sus niveles. Los sistemas de salud tienen reconstruirse desde sus bases. Otras preguntas son: ¿Qué vamos a hacer con la basura que producen nuestras ciudades? ¿Qué sistema de transporte necesitamos? ¿Cómo vamos a neutralizar y luego reformar a las bandas de delincuentes?

Referencia
Gene Sharp, (2002/2011). De la Dictadura a la Democracia Un Sistema Conceptual para la Liberación. Boston, Massachusetts: The Albert Einstein Ins

viernes, 1 de junio de 2018

Polpulist politicians



Be careful, my U.S. friends. Populist politicians promise equality and even prosperity, but they only thrive in declining economic conditions. They know that. The future of the U.S. may be similar to the actual conditions in Venezuela and Nicaragua. Look at the trade tariffs: they will ultimately hurt the American lower middle class where most of Trump’s supporters can be found. But they will continue to support him as long as he promises someone to hate for their “unequal” economic conditions. It’s on purpose.

 
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