sábado, 22 de julio de 2017

Javier Cercas y "El monarca de las sombras"

Acabo de terminar "El monarca de las sombras" de Javier Cercas. Es un libro sumamente conmovedor sobre la recuperación histórica de las lealtades políticas de una familia en el tiempo de la Guerra Civil en España, escrito por el descendiente de un joven falangista que murió a los 19 años. Es fascinante desde muchos puntos de vista, pero por ahora señalo sólo algunos. Por ejemplo revisita como las familias se desgarraban según los colores de sus causas. Otra de las reflexiones en el libro tiene que ver con lo trágico que es morir por una causa equivocada. Finalmente pregunta si de verdad existe la posibilidad de una «bella muerte» (kalòs thánatos) como la del guerrero joven -como Aquiles que en el Ilíada muere en la flor de la vida para ser siempre recordado y honrado-. El autor compara Aquiles en el Iliada con su reaparición en el Odisea en que se convierta en el triste Monarca de las Sombras, y de allí viene el título del libro de Cercas.

lunes, 3 de julio de 2017

Justicia y retribución



No se distinguen ahora en Venezuela entre los hampónes y las fuerzas de orden. Igual, ambos se dedican a segar las vidas de los mejores de nuestra juventud, y por las mismas razones: van matando todo lo que les estorba en su afán de robar y para seguir adheridos a sus respectivos puestos de mínimo poder. 

La democracia está basada en el votante racional que no elige su candidato según sus emociones pasajeras, sino de acuerdo con cómo evalúa a las propuestas explícitas de los aspirantes políticos. Al mismo tiempo, el sujeto de la ley (ciudadano que obedece la ley) la acata, dado que dicha ley es producto de un gobierno elegido democráticamente. El ciudadano es el autor de la ley, es suya propia, porque escogió la legislatura que la formuló: no tendría sentido desobedecerla. 

Sin embargo la experiencia de varios países modernos nos indica que esto no siempre ocurre así. También la historia nos da ejemplos de gobiernos sin ley donde pareciera que el sujeto de la ley  no existiese.

Por ejemplo  Robespierre, mientras hablaba de los “droits de l'homme” (derechos humanos) y la justicia para las masas, manda a Dantón a la guillotina. A su vez, Robespierre fue ejecutado por la Convención de la Revolución francesa del mismo modo que murieron sus propias víctimas. Le colocaron en la celda donde encarcelaron a María Antonieta y lo guillotinaron sin juicio.

Varios milenios antes Agamenón sacrificó todo, incluso su hija, a su afán del poder. La justicia le llega finalmente en la forma de su asesinato a manos de su mujer, pero las venganzas siguieron con más homicidios y la locura de su hijo.

O sea, la justicia no aparece como conciencia y enmienda, sino como una retribución atroz.

viernes, 23 de junio de 2017

Disidencia y enfermedades mentales



No es nuevo mantener que los disidentes políticos sean enfermos mentales y criminales. 

Ha ocurrido así, por ejemplo, en variados Estados totalitarios (Alemania en los años treinta del Siglo XX, la Unión Soviética, sobre todo en los años sesenta del mismo siglo, China durante toda el régimen comunista y Cuba bajo el mando de los hermanos Castro). En los países comunistas se considera que la oposición política proviene de los residuos nefastos del capitalismo, y por otro lado en el fascismo la atribuyen a fuerzas degenerativas de tipo racial o a anormalidades físicas o psíquicas. Por esta razón el totalitarismo etiqueta la discrepancia pública como un tipo de criminalidad enfermiza que requiere reeducación o tratamiento psiquiátrico y psicológico. Dicen que la reclusión de estas personas no es para castigarlas sino para rehabilitarlas. Quienes “sufran” del inconformismo político padecen de una patología que debe ser curada.

Por otro lado se han empleado estrategias desarrolladas por psicólogos para amedrentar y deprimir presos en lugares como la base estadounidense de Guantánamo en Cuba. Martin Seligman, el psicólogo que desarrollo la noción de la "desesperanza aprendida" (learned helplessness) enseñó a oficiales del Pentágono cómo bajar la resistencia de los presos retenidos allí.

En el libro “The Politics of Psychiatry” Brown y Lago documentan el uso de la psiquiatría para el control político en Cuba. Los autores investigaron las historias de 27 disidentes acusados de la oposición no-violento al régimen. Los autores cuentan como los “tratamientos” incluían la terapia electroconvulsiva, baños fríos, golpes y el abuso sexual, y uno de los “pacientes” revisados para el estudio fue encontrado quemado con gasolina.

Esta comunicación no es el lugar para detallar las arbitrariedades en este tipo de centro de reeducación. Más bien el propósito es advertir sobre dos peligros relacionados con la mezcla de castigos y “acusaciones” de enfermedades mentales.

Como se tratan de castigos, el primer peligro reside en el traslado de prácticas sádicas a los procedimientos psiquiátricos. El segundo es considerar a la disidencia política como una enfermedad mental, y diagnosticar enfermedades inexistentes a los presos. 

Con esta introducción se abre a la consideración las recientes declaraciones de algunos políticos y profesionales de la psicología en el marco de un foro denominado “Psicología, Violencia y Operaciones Psicológicas”, realizado en la Cancillería del país el 12 de junio e inaugurado por el Ministro de Comunicación, Ernesto Villegas. En esta reunión calificaron a quienes se manifiestan en contra del gobierno de “enfermos mentales” y “terroristas”. Son, de hecho, cualidades que le han adjudicado a toda la disidencia, y el presidente Maduro, dos días después, recomendó que se internen a estas personas en “laboratorios de paz”, es decir, campos de reclusión donde se pretende “rehabilitarlas”.

Es necesario señalar que dichos psicólogos son personas con largas y distinguidas careras en sus respectivos campos. En auras de del entendimiento mutuo podemos conjeturar  que sus motivaciones tienen que ver con su deseo de contribuir en algo al mejoramiento de las deplorables condiciones actuales del encarcelamiento de los presos políticos en Venezuela. 

En sus declaraciones hicieron hincapié en la juventud de los protestantes; sin embargo es de notar que actualmente quienes protestan son de todas las edades. 

En su mención del “terrorismo” surgieron que los manifestantes sean violentos. No hay evidencia de que estén armados ni que lleven algo más que escudos y máscaras para protegerse contra los gases tóxicos arrojados en su contra por las fuerza de orden. Ahora les disparan balas, y contra ellas no hay protección posible. Hay mucha evidencia en videos y descripciones de los testigos que la violencia proviene sobre todo de los militares, la Guardia Nacional y los paramilitares. En su vasta mayoría los protestantes son pacíficos; por esta razón, llamar a los jóvenes “terroristas” va en contra de la evidencia. 

La protesta no es ni delito ni enfermedad: La protesta política es un derecho de ciudadanía. El derecho a protestar está consagrado en la Constitución Venezolana de 1999 y en La Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948. 

La ética en el tratamiento psicológico: En su código ético, la Asociación Americana de Psicología afirma que todo proceso terapéutico requiere el consentimiento informado para el tratamiento por parte del paciente y que su participación en él es voluntaria. 

El Código de Ética del Psicólogo en Venezuela incluye estos artículos:

Artículo 9: ... ante situaciones de fuerza de regímenes que desconozcan el ejercicio de la libertad y la supremacía de la dignidad del hombre, los Psicólogos podrán limitarse al cumplimiento estricto del deber profesional... .

Artículo 15: El respeto a la integridad de la persona humana en los distintos ámbitos donde se desempeñe como profesional, constituye uno de los más sagrados deberes del Psicólogo, quien en todo momento debe velar por el bienestar individual y social en la prestación de sus servicios a personas naturales o a instituciones públicas o privadas, y en los campos de la investigación pura o aplicada.


Por estas razones rechazo las declaraciones que asemejan la disidencia y los trastornos mentales, y que proponen tratamientos involuntarios.


Referencias

1. American Psycological Asociation (2003). Ethical Principles of psychologists and code of conduct. Sección 10.1. Disponible en: http://www.apa.org/ethics/code/index.aspx
2. Brown, Charles J. y  Lago, Armando M. (1991). The Politics of Psychiatry in Revolutionary Cuba. Freedom House of Human Rights, 217 páginas
3. Código de ética de la psicología en Venezuela. Disponible en: http://fpv.org.ve/documentos/codigodeetica.pdf
3. Panagua, Luisa (junio, 2017).Alertan que para el gobierno los manifestantes son “enfermos mentales” VPltv. Disponible en: http://www.vpitv.com/venezuela/alertan-que-para-el-gobierno-los-manifestantes-son-enfermos-mentales/

lunes, 19 de junio de 2017

¿Hasta cuándo?



Muchos preguntamos ¿hasta cuándo tanta violencia y corrupción? Evidentemente tienen un límite, no pueden durar para siempre.
Pero aquellos personajes armados en la calle, ¿qué piensan sobre el final de todo esto? ¿Qué piensan que les va a pasar?

Por un lado la violencia se ha convertido en un modo de vida. Vi un tweet en que dos miembros de un colectivo que fueron capturados, se explicaron así: que no, que habían recibido una bolsa Clap por amedrentar a los protestantes; dijeron "nosotros también somos padres de familia". O sea, consideraron a sus actividades como una chamba más para poner comida en la mesa.

Por otro lado ¿ellos piensan que de aquí en adelante la vida va a ser así? ¿Qué la falta de límites y principios ya es “normal”? ¿Qué no hay que prepararse ya como plomero, electricista, albañil, mecánico, ayudante de enfermero, jardinero o  comerciante? ¿Qué es suficiente tener un hierro en el cinturón y salir a atemorizar a los demás?

Hay mucha resignificación y mucha reeducación que hacer.


sábado, 17 de junio de 2017

Los héroes oscuros y la ideología

Estos párrafos forman parte del capítulo 5 de un libro que terminé de escribir sobre la figura del héroe. Está en prensa en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela.

Maximilien Robespierre es un miembro fundador de un círculo de las verdaderas figuras oscuras que han emergido en nombre de ideales; la presencia histórica de estas personas significa algo diferente a lo que hemos visto hasta ahora, es decir la subyugación de los sujetos al rey debido a la voluntad de los dioses y el linaje de sus familias.
Estos nuevos rostros épicos tienen seguidores convencidos por una causa: son dictadores que procuran el apoyo –a veces delirante- de sectores de las poblaciones que representan una aspiración política o ideológica: a este círculo desalmado también pertenecen Adolfo Hitler de Alemania, Francisco Franco de España, Joseph Stalin de la Unión Soviética, Pol Pot de Cambodia, Agusto Pinochet de Chile, Fidel Castro y muchos otros.
Tal vez Robespierre sea la primera figura que da origen al héroe oscuro en nombre de ideales en nuestros tiempos: apelando a la libertad, la fraternidad y la igualdad, se dedicó a la intimidación y la represión. Robespierre se consideraba un seguidor de su propia interpretación de Jean-Jacques Rousseau, y desde su juventud se dedicó a la defensa de los desposeídos de la Francia monárquica.
Pero luego de obtener poder político y siendo jacobino[i], tuvo un papel influyente en el crecimiento del “reino de terror” de la Revolución francesa; tuvo responsabilidad directa en la persecución y ejecución de miles de compatriotas que consideraba  traidores, sediciosos y conspiradores -entre otros epítetos ofensivos-. Oponiéndose al despotismo de los monarcas, su propia arbitrariedad cruel se fundaba irónicamente sobre sólidos fundamentos teóricos e ideológicos del Estado republicano; sin embargo consideraba al asesinato como un acto de salvaguardia a la virtud y algo que se hace en defensa del bien público.
Robespierre declaró que defendía “…con desmedida energía la causa de los endebles oprimidos contra sus poderosos opresores” y por esto ha “faltado al respeto que se debe a los tribunales del antiguo régimen tiránico”, (Robespierre, 1792, párrafo 7). Reclamó el derecho de los ciudadanos a elegir libremente a quienes presidirán sobre los tribunales de la nación. Dijo que los nobles no podrían darle a la gente aquello que le era en esencia suyo, incluyendo “ejercer los derechos del soberano.” Este discurso es fascinante ya que tiene dos significados: a) el enemigo opresor es el antiguo régimen –y en otros escritos también incluye a los demás monarcas de Europa-, y b) el pueblo es soberano, a pesar del avasallamiento que él mismo ejercía sobre la gente.
Muchos dictadores han dejado testimonios escritos de sus causas; desde tiempos romanos hasta el presente se puede mencionar los siguientes ejemplos: “La Guerra de las Galias” de Julio Cesar, “El camino al poder” de Joseph Stalin, “La doctrina del Fascismo” de Benito Mussolini, “Mi lucha” de Adolfo Hitler, “Reflexiones” (y muchas publicaciones más) de Fidel Castro, “Citas del Presidente Mao” de Mao Zedong y “Piedras y leyes” de Fulgencio Batista. Lo sugestivo de estos personajes es la necesidad que tuvieron para explicarse. La excepción es Julio Cesar -que tuve que leer en mis clases de latín en el liceo-: puede ser contrastado con los demás porque su testimonio trata básicamente de la historia de sus conquistas; quiso meramente dejar sentado su poder y su brillante reputación guerrera. Los demás precisaban transmitir un mensaje y dejar en claro cuáles eran sus razones para actuar. 
No hay espacio en estas reflexiones para considerar a cada uno por separado, pero vale la pena fijarnos en lo que tienen de atractivo para sus partidarios y por qué son héroes oscuros para mucha gente.
En general se puede decir que apelan a varias estrategias, algunas de las cuales cualquier tirano conoce (la diferencia entre estos portadores de causas, y los reyes de la antigüedad está en la última táctica): a) lealtad: recompensan la sumisión y el acatamiento, y castigan muy duramente la disidencia, b) dependencia: el acceso a todos los recursos pasan por sus manos, c) homenaje: en la más pura tradición del mafioso, convierten el miedo que les tienen sus seguidores en algo que llaman “respeto” y d) un modelo de una vida mejor: emplean los ideales de justicia, igualdad, orden, ley o prosperidad para inducir a sus adeptos a excluir y a castigar a quienes no comparten o que dudan de estas aspiraciones.
Dicha combinación de castigos y razones es una poderosa mezcla. Sabemos que las personas que no pasan tiempo estudiando las ideologías, es decir, quienes las adoptan como lemas en las manifiestaciones en las calles, las “aplanan” cognitivamente ([ii]). Es decir, la mayoría de nosotros aprende algunas expresiones políticas y no entramos en un análisis de los dogmas. Si los antiguos héroes oscuros sabían emplear el terror, los nuevos ofrecen razones ideológicas para inducir el auto-sometimiento -además del miedo-. Igualmente, la ilusión de pertenencia la banda en poder siempre ha sido atractiva, y el susto a ser excluido puede ser paralizante.



[i]Los jacobinos era el grupo/partido más radical de los anti-monárquicos en Francia por la época.
[ii] Como también es el caso de las “representaciones sociales” (Moscovici, 1961/1976).

El eterno retorno de la venganza




El eterno retorno, como una mezcla terrible de Nietzsche y Freud, es algo que nos infligimos a nosotros mismos. Habíamos pensado que en las cárceles espantosas e infrahumanas que construimos para obtener justicia, los criminales “pagarían” por sus abusos. Sufrirían como nos han hecho sufrir.  Pero entonces, de estos muros de tormento que hemos creado, los malhechores regresan a atormentarnos de nuevo a nosotros. Los seres que hemos mandado allí se tornan aún más crueles, y menos capaces de vivir en hermandad. Se han entendido con los guardianes, se han armado, han pactado con los poderosos y salen a la calle a reclamar los espacios que pensamos eran nuestros. Y nosotros, furiosos, soñamos con su captura, e intentamos devolverlos a los presidios donde de nuevo expiarán condenas en “pago” por sus nuevos atropellos. ¿Saldrán otra vez a sembrar más tristeza y odio? ¿Cómo podemos cortar este retorno insidioso?

viernes, 9 de junio de 2017

La instigación política de la violencia entre las masas



Voy a iniciar algunas reflexiones breves sobre las causas y los efectos de la violencia con saña que caracteriza a los uniformados que actúan en las calles de Caracas y el interior del país en estos días. Pero para hacerlo tengo que referir a otros casos históricos de lesa humanidad masiva. 

Enfrentando el fenómeno de la manera más segura y sana, es importante  entenderlo por dos razones básicas. Dentro de poco, cuando vienen los cambios, vamos a tener que “curarnos” todos, y esto incluye la necesidad de decidir cómo tratar a los victimarios que andan actualmente por la calle.

El país paga un alto precio por la violencia que estamos viviendo, tanto la del gobierno como la del hampa. Es un problema de larga data, que antecede la Quinta República. Tal vez tiene sus raíces en el Siglo IXX. No hemos sabido reconocerlo y buscar soluciones viables para eliminarlo.

Por una parte la violencia corroe tanto a quien la sufre como a quien la administra. Los que nos sentimos amenazadas, o que hemos confrontado directamente la inquina de los seres destructores en nuestro medio, nos quedamos traumatizados, lesionados o peor. 

Por otro lado, los que cometen estos actos igualmente se lesionan: sólo hay que contemplar las fotos recientes del rostro de Diosdado Cabello para apreciar cómo la carencia de empatía y humanidad ha ido drenando algo vital de su vida.

Quisiera reflexionar sobre qué hacer con nuestros victimarios. Las soluciones convencionales incluyen la cárcel para los delincuentes, y en los años 2015-2017, comprende también la muerte extralegal realizado por las “Operaciones Liberación del Pueblo” (OLP). En ellas la policía o la Guardia Nacional practica ajusticiamientos contra quienes estos efectivos consideran peligrosos. En el proceso mueren también familiares y vecinos de los presuntos delincuentes y todo esto ocurre sin acusaciones formales y sin juicios legales. 

Por otro lado las fuerzas de orden y grupos paramilitares atacan a quienes consideran “terroristas”, es decir, a los que protestan pacíficamente en la calle. Las víctimas de esta crueldad son sobre todo niños y jóvenes.  

La violencia produce espanto, pero quisiera aludir brevemente a algunos factores que convierten a personas que podrían haber sido “normales” en otras circunstancias, en crueles autómatas al servicio de fuerzas que a veces ni siquiera entienden. Es necesario considerar este tema, porque nuestra reacción, cuando llegue el momento de reaccionar, no debe reproducir el mismo fenómeno que sufrimos ahora. Además es importante buscar las raíces profundas de este mal, arrancarlas y permitir el florecimiento de una sociedad más justa. 

Considero necesario pensar en dos aspectos de la violencia: a) las fuerzas que conducen al odio y al salvajismo y b) las medidas que hay que tomar para que no vuelvan.

El genocidio de Ruanda en 1994 fue un caso extremo, y una referencia obligada para quienes quieren entender este fenómeno. El gobierno hutu, que representaba una minoría, inició los pasos previos para alentar a su propia etnia a cometer atrocidades masivas contra los tutsi. No había rasgos físicos o lingüísticos que diferenciasen estos dos grupos; se trataba de diferencias más bien burocráticos, y los vecinos se conocían y sabían quien pertenecía a qué grupo. 

Ocurrió, a pesar de la trivialidad de las diferencias entre los grupos, que algunos vecinos se arremetieron contra otros a causa de una campaña gubernamental en el país para instalar entre los hutus el odio y deseos de venganza. 

Al final del episodio en Ruanda el 75% de los tutsis habían sido asesinados.

¿Qué pasó entre los hutus? Recuerdo haber leído reportes que describían cómo jóvenes hutus corrían por las calles, machetes en mano, riéndose mientras cortaban las cabezas a quienes antes saludaban con cortesía. 

Luego de la masacre los protagonistas no se reconocían en sus propias memorias. Se habían trasformado en algo ajeno a sus propias autoimágenes y expectativas. Este desconocimiento de su sí mismo es una parte importante de la historia, porque había ocurrido una especie de desdoblamiento en sus personalidades, casi una “zombificación” o un  conversión tal como fue descrito por Robert Lewis Stevenson en “El Extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde”, donde un investigador médico, conocido como bondadoso e inteligente, se prepara una bebida que, al tomarla, lo convierte en un asesino múltiple –pero sólo por episodios cortos- . 

¿Cuáles eran los pasos previos a esta metamorfosis? Es muy importante reconocer este proceso, que se ha repetido muchas veces en la historia de la humanidad, para poder pararlo a tiempo y para que deje de suceder.  El proceso en Ruanda fue descrito por Ferguson (2005, traducción mía):

“La oposición entre los tutsis y los hutus fue construida, formada y utilizada por sucesivos administradores coloniales, y la hostilidad entre ellos se agudizó en el paso a la independencia. Los hutus y los tutsis son grupos étnicos culturalmente idénticos, no distintos. Nunca fueron dos tribus organizadas. Son categorías políticas que fueron constantemente reelaboradas antes, durante y después de la era colonial. Esta línea de falla generada artificialmente se hizo más tensa e inestable en los años previos al genocidio, [Al principio hubo malestar económico.] A medida que el mercado de las principales exportaciones de café de Ruanda se derrumbó, la ayuda militar extranjera se terminó, las tensiones regionales aumentaron y las agencias internacionales tomaron un mayor control. Los acuerdos negociados del reparto de poder entre los tutsi y los hutus estaban a punto de excluir a los clanes hutus del norte, que anteriormente había sido los principales beneficiarios del poder estatal. Los líderes hutus desataron una campaña de propaganda feroz culpando a los tutsis por todo. Al hacerlo, aprovecharon temas culturales profundos y simbólicos, y crearon pánico sobre una trama imaginada sobre los tutsis en que supuestamente éstos iban a matar y esclavizar a los hutus. Cuando comenzó la matanza, el ejército y la milicia recibieron órdenes [para reprimir a los Tutsis], pero muchos otros hutus fueron reclutados también con una mezcla de amenazas, sobornos y propaganda“ (párrafo 9).

Está claro que no todos los hutu participaron, e inclusive algunos terminaron como víctimas de la violencia desatada. Lo interesante es la relativa facilidad con que  líderes que desean  obtener y mantener poder sobre los demás pueden manipular a personas que de otro modo jamás hubiesen participado en semejantes atrocidades.

Primero hemos descrito el fenómeno de la movilización masiva de personas para hacer daño y matar a una categoría designada de seres que han sido demonizados por los líderes y comandantes. 
También tenemos que pensar en cómo reaccionar después.

Es importante distinguir entre los líderes que fabrican las masacres, y los miembros de las masas que responden a la llamada. Requieren tratos distintos. Está claro que los líderes deben ser juzgados y castigados severamente por sus actos. Pero por ahora concentro mi atención en las poblaciones engañadas y transformadas en asesinos.

Primero, debe haber consecuencias legales y morales para todos que se permiten engullir por fenómenos masivos de crueldad y odio. No puede haber borrón y cuenta nueva. Sin embargo, el énfasis en el trato que se les dé debe ser de reclusión temporal, reflexión y recuperación. Estamos refiriendo a cientos, y tal vez miles de individuos. Es similar a los procesos de recuperación por los que están pasando los ex guerrilleros en Colombia, o los miembros de los maras en América Central que han deseado abandonar las organizaciones delictivas e iniciar nuevas vidas. O los soldados-niños en Sierra Leona. 

En otras reflexiones reflexionaré sobre cómo llevar a cabo las campañas de recuperación.

Fuente:
Ferguson, R.B (2005). Tribal Warfare and "ethnic" conflict. Cultural Survival. Disponible en: https://www.culturalsurvival.org/publications/cultural-survival-quarterly/tribal-warfare-and-ethnic-conflict

 
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