martes, 9 de junio de 2020

El amor en el tiempo de la Ilíada





Estoy leyendo la Ilíada. La primera vez que lo medio-leí, estaba muy joven, y no entendí gran cosa. Esta vez leo la traducción al inglés de Alexander Pope, y además, he pasado algún tiempo en los últimos meses aprendiendo sobre los antiguos griegos desde la edad de bronce hasta e incluyendo el nacimiento de la democracia. Esta vez estoy deslumbrada con ella, tanto con la poesía de Homero/Pope, como con la leyenda misma. 

1.Mi primera reacción es alegrarme que no me haya tocado vivir en aquellos tiempos, aunque tal vez la guerra sea guerra. Lo que pasa en Siria es más brutal que el enfrentamiento entre los griegos y los troyanos. 

2.Mi segunda reacción es extrañarme con las maneras de amar de los personajes. 

¿Agamenón ama a Criseis? Ella era una esclava que él recibió como tributo de guerra, y cuando tuvo que devolverla, la abrazó tierna y públicamente en gesto de despedida. Sin embargo, inmediatamente confiscó a la esclava de Aquiles, Briseida, para reemplazarla; pareciera que Agamenón no pasara mucho tiempo solíto, llorado su pérdida en su carpa de campaña. 

¿Menalao ama a Helen? Toda la leyenda de la Ilíada es la historia de su intento de recuperarla del troyano París. Mi sensación es que se trata de un pobre macho burlado, y, claro, una excusa para que su hermano Agamenón pudiera figurarse como el comandante de una enorme invasión a Troya. 

¿París ama a Helen?  Esto es más complicado. Homero burla de París porque no es un héroe. Cuando pelea mano a mano con Menlao, tiene que ser rescatado por la diosa Venus (¿será un disimulo para no decir que se escapó corriendo de la pelea?) 

Pero una vez que París se haya escondido en sus aposentos, el poeta le hace declarar así a Helen: 

"No faltan deidades que nos favorecen desde arriba; pero nuestros quehaceres deben ser de amor: estos momentos más suaves son de dulces abrazos de felicidad, que apurados, atrapamos."


(There want not gods to favour us above;
But let the business of our life be love:
These softer moments let delights employ, 
And kind embraces snatch the hasty joy.)

Son sensibles líneas que podríamos esperar del Romeo de Shakespeare. No obstante, uno podría observar que éste no fue el momento más adecuado para hacer el amor: París acaba de humillarse en el campo de batalla, y fuera de los muros de Troya los griegos estaban en aquel mismo momento decidiendo si iban a negociar un nuevo tratado de paz o volver a atacar masivamente a las murallas de la ciudad. 

3.Mi tercera reacción hasta ahora tiene que ver con los sentimientos de guerra y paz. Son culturas de guerra y el heroísmo, y éstos parecen haber sido los valores que más conmovían a los hombres de este entonces.

Hay un momento en que, después de un tiempo sin batallas, Agamenón decide lanzar una nueva ofensiva a Troya. Pero tiene que animar a las tropas que no han peleado en algún tiempo, y además, están algo desmoralizados por los conflictos internos de sus líderes. Primero los invita a volverse a casa: les ordena a reparar los barcos porque dentro de poco irán a sus propias tierras. Los soldados obedecen, ya dispuestos y aun jubilosos corren a las naves. De repente, cuando ya están levantados y moviéndose, los vuelve a llamar, pero esta vez para ordenarlos a hacer un masivo ataque a la ciudadela. Los soldados ni debatan; aunque quieren irse a casa, el deber a Agamenón es mayor, y además la diosa Atenea “calienta el pecho varonil de cada greciano”: 

"En lo alto, la virgen de ojos azules vuela; De rango en rango, ella lanza sus ojos ardientes; temible égida, el escudo inmortal de Jove, Encendió su brazo y aligeró todo el campo: Alrededor del vasto orbe [del escudo] cientos de serpientes rodaron, Formó la franja brillante, y parecía arder en oro, Con esto se calienta el pecho masculino de cada griego, calienta el pecho varonil de cada greciano, y ata sus brazos nerviosos, Ya no suspiran, sin gloria, para volver, Pero respira venganza, y para el combate arde."


(High in the midst the blue-eyed virgin flies;
From rank to rank she darts her ardent eyes;
dreadful aegis, Jove's immortal shield,
Blazed on her arm, and lighten'd all the field:
Round the vast orb a hundred serpents roll'd,
Form'd the bright fringe, and seem'd to burn in gold,
With this each Grecian's manly breast she warms,
Swells their bold hearts, and strings their nervous arms,
No more they sigh, inglorious, to return, 
But breathe revenge, and for the combat burn.)

Está claro que Homero canta al heroísmo y la guerra. Pero hoy en día podríamos imaginar que el deseo de cada soldado para volverse a su casa en paz sería más fuerte (¡considerando, además, que el sitio de Troya haya durado ya nueve años!). 

La facilidad con que Agamenón los engaña (con un poco de ayuda de Atenea) es asombrosa. La llamada a la matanza y la venganza significaba tal vez valores tan profundos en este tiempo, que eran irresistibles. Pero hay que recordar que el ofendido de verdad era sólo Menalao: perdió a su esposa Helen debido al rapto que ella sufrió a manos de París, y no era un agravio a todos los griegos (como Aquiles bien ha señalado antes). 

Pero entonces volvemos a reflexionar sobre París que huya de la guerra y prefiere el amor. Es un personaje que los griegos hubieran entendido, aunque posiblemente con diferentes connotaciones. Para los griegos ¿Paris hubiera sido sólo un cobarde, un príncipe inane e inútil de palacete? Hay evidencia de esto. Cuando sale a pelear se vistió coquetamente para la ocasión con una piel de leopardo sobre su armadura: 

 "vino el bello París: ¡en forma de dios! la piel moteada de la pantera Flow'd sobre su armadura con un orgullo fácil, Su arco doblado sobre sus hombros arrojó, Su espada a su lado colgaba negligentemente; Dos lanzas puntiagudas las sacudió con galante gracia. Y se atrevió con los más valientes de la raza griega."

(…the beauteous Paris came: In form a god!
the panther's speckled hide flow'd o'er his armour with an easy pride
His bended bow across his shoulders flung,
His sword beside him negligently hung;
Two pointed spears he shook with gallant grace,
And dared the bravest of the Grecian race.)


No se habla de sus ojos relampagueantes de fuego divino, ni del pavor que inspira entre los griegos. París es un manequí vestido de soldado.

París ama en un tiempo en que los machos sólo hablan del valor militar y veneran a los heroes gloriosamente muertos a punto de sable. La reacción de Homero hubiera sido diferente en el Siglo VI cuando los hombres, sí, hablaban del amor (El Banquete de Platón).

Pero algo falta. Aún en la edad de bronce la gente amaba a sus seres queridos, y Homero no canta al amor. Es el honor herido que moviliza a los reyes. El tema principal es la unión de las fuerzas que atacan a Troya. 

Posiblemente la razón era la necesidad que tenían en el Siglo VIII de Homero de fomentar la identidad griega como una unidad cultural. Después en el Siglo VI las ciudades-Estados peleaban entre sí, pero se reconocían como partes de una misma civilización. Este logro se debía en parte a los cantos de sus poetas e historiadores dos siglos antes. La Ilíada describe eventos que pasaron en el Siglo XII -cuatro cientos años antes de Homero- cuando las tribus esparcidas por la zona que luego sería Grecia pudieron unirse para confrontar a Troya, y esto era el comienzo de todo. 

Voy a seguir este relato; voy por la mitad de la Ilíada: después viene un nuevo y fracasado intento de pactar la paz. Homero no relata la destrucción final de Troya, más bien deja abierto la posibilidad de que tanta desgracia hubiera podido evitarse. Esto va a ser mi siguiente reflexión sobre esta obra. 
 
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