jueves, 10 de mayo de 2018

El control del esfínter y problemas sociales



Esta es una reflexión momentánea, sin pensarla mucho, que digo sólo en parte como humor:

Se ha escrito artículos muy buenos sobre los efectos de las familias matricentradas, pero quisiera experimentar con otra idea. Es sobre todo para la consideración de mis amigos freudianos.

Primero un buenísimo repaso: 

Hay dos fenómenos de interés que ocurren en el crecimiento de los niños y niñas en su segundo o tercer año de vida. El primero es el aprendizaje del control de los esfínteres y, relacionado con esto, es el inicio de la idea de reglas de comportamiento aceptable y no aceptable. Aunque normalmente sea la mamá que maneja esta etapa, la noción de “ley”, es decir imposición de consecuencias por conductas indebidas y el comienzo de normas se asocian con la figura paterna.

En la vida social en general el manejo de la basura municipal (producción, traslado, conversión y reciclaje o deposición en un relleno sanitario) tiene sus raíces simbólicas en el aprendizaje infantil del control de los esfínteres. Y la conducta interpersonal tiene sus inicios en el establecimiento de reglas en las primeras etapas de la vida.

El problema:

En Caracas todo esto se relaciona con dos problemas sociales que parecen a primera vista totalmente separadas: a) el manejo espantoso de la basura municipal y b) la renuencia a seguir cualquier regla  de convivencia, especialmente las normas de tráfico automotor. 

Quien pasa por Las Mayas –como hago yo todas las mañanas- ve un motón de maloliente basura, equivalente de un edificio de cuatro pisos, con cientos de zamuros volando, comiendo, peleando y descansando alrededor de él. El olor es tan penetrante que todavía se percibe al otro lado de la montaña cuando se sube en carro por El Tazón hacia Hoyo de la Puerta. (Siento un enorme lástima por los vecinos de la zona.) Extrañamente en las semanas recientes he visto el lugar custodiado por militares, una vez estaban enmascarados. En todo caso, creo que se puede decir sin miedo a equivocación que se trata de una solución pésima a esta necesidad urbana.

Por otro lado la única regla realmente confiable de tránsito es “yo primero”. La gente colea al punto de bloquear los canales destinados a los vehículos que van en la dirección opuesta, sin considerar que terminarán impidiendo el progreso de todos, incluyendose a sí misma. Pocas veces dan paso, y relacionado con el primer punto, por no mantener adecuadamente su vehículo, despiden gases negros que parecen de camuflaje. Es decir, nadie emplea reglas  para interactuar con los demás choferes en su traslado por las calles y autopistas.

Además existe entre la población la necesidad de un héroe que vendrá a rescatarla de las injusticias y las penurias que todos sufrimos en estos años.

Pregunta de reflexión: 

¿No será que todo esto se relaciona con dificultades en el aprendizaje del control del esfínter y el problema del padre ausente en una cultura matrilineal?

 
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