jueves, 16 de julio de 2009

Michael Jackson: figura chamánica



Imagen de una escultura en Campeche, México

                                                                                                                       Fuente



Admito que vengo a este tema tarde cuando los demás han pasado a hablar de otros asuntos, pero quisiera preguntar sobre la explosión de sentimiento causado por la muerte de Michael Jackson.

Los primeros dos días después de su fallecimiento la CNN en inglés no habló de otra cosa; a pesar de las guerras, las protestas violentos y muertes en la China, los acontecimientos en América Central y todo lo demás, sólo la muerte de este personaje del escenario y del espectáculo captó su atención: veíamos imágenes de gente en la calle llorando, tomas de la fachada del hospital, entrevistas con personas de la farándula que lo recordaban y otras manifestaciones de la fascinación colectiva. Aunque por su parte la BBC incluía información sobre otros temas, también dedicaba horas y horas de precioso tiempo a este fallecimiento. De la congestión de Internet ni hablamos.

¿Por qué? No ha habido tanto duelo antes para una sola persona. Si comparamos la reacción de los medios y la gente en la calle frente a la noticia sobre MJ, con aquellas que ocurrían con las desapariciones de otras figuras bien conocidas y aún históricamente importantes (por ejemplo: María Callas, John Lennon, John Kennedy, Martin Luther King, Monseñor Oscar Romero, Salvador Allende, Augusto Pinochet, Mao Zedong) hay que admitir que el impacto de MJ ha sido desproporcional. Yo no dudo que MJ fuera un excelente bailarín y cantante, uno de los mejores, pero no puedo explicar tanto hichizo junto.

En su vida fue objeto de agresiones e inclusive casos legales; los motivos por agredirlo de esta manera pueden asociarse casi siempre con un agudo y sentido repudio moral. De nuevo: ¿por qué?

Voy a atrever a preguntar sobre este fenómeno mediático: ¿en vida MJ fue para nosotros una figura mítica, casi chamánica? No era ni hombre, ni mujer, ni adulto, ni niño, ni hijo, ni padre, ni negro, ni blanco, ni héroe, ni “anormal”. Su “moon-walk” no era de esta Tierra. No podíamos identificarnos con él, sólo nos quedaban adorarlo o odiarlo.

Los chamanes rompen nuestras cómodas reglas del convivir, de la cotidianidad y de lo predecible; ponen en duda nuestra necesidad de formar las categorías que precisamos para poder controlar el ambiente social. Nos produce terror cuando todo aquello que hemos ocultado al otro lado del espejo se nos aparezca en la vida real, fuera de sus acostumbrados espacios de la noche onírica.

Pero por otro lado necesitamos los chamanes porque la cotidianidad no es suficiente. La vida del trabajo y tarea escolar (muchas veces aburridos), de las exigencias habituales de comer, vestirnos, trasladarnos, comprar y pagar cuentas y de la convivencia diaria no llena todo el espíritu íntimo. Tenemos que soñar con traspasar las barreras y las limitaciones de la existencia.

Tal vez Michael Jackson ofrecía esto. Es interesante que las figuras fantásticas como las de Harry Potter y los Hobbits sean tan taquilleras. Pero estas últimas son claramente de ficción; Michael Jackson era de carne y hueso.

Referencia:
Foto de Michael Jackson: http://new.music.yahoo.com/blogs/getback/135138/michael-jacksons-greatest-dance-moves/
 
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