sábado, 14 de diciembre de 2013

Los "dientes de rueda" del poder

Fuente de la foto
File:Sculptures at Juche Tower 01.JPG

El poder desenfrenado es siempre un vampiro que chupa la salvia de las relaciones humanas, aún las más íntimas: el absolutismo se circunda de membrecías exclusivas que disfrutan de sus alianzas con el dominio.  Hannah Arendt llama a estos miembros “dientes de rueda” (cog).
Se los ven en los lugares donde la fuerza de mando se concentra en muy pocos manos, pero dado que los mandatarios máximos no pueden existir sin el respaldo de seguidores de confianza, amarran a sus adictos con –no el bozal de arepa- porque esto sería demasiado fácil-, sino la fe-amorosa de arepa. Los miembros del club disfrutan de beneficios tangibles y afectivos, y devuelvan su gratitud en forma de adhesión apasionada.

Se puede apreciar esto, tal vez en su expresión máxima en el país de Corea del Norte donde la mayoría de los ciudadanos ama de veras a Kim Jong-Un, como hizo también a su padre y su abuelo, y acepta sin quejas a todos sus antojos, inclusive que ejecute a su tío por traición tras un juicio sumario. Hay mucha especulación sobre  las razones que tuvo el mandatario para sacrificar a su pariente: una de ellas es que los militares del país temían que las tendencias reformistas del acusado podrían peligrar sus privilegios.

En este relato de tenebrosas intrigas palaciegas tenemos tres aspectos de mucho interés: a) el amor incondicional al líder, b) la dependencia de facto que tiene en los adeptos -y por ende los privilegiados que le apoyan y c) el interés que tienen dichos adeptos en mantener sus prerrogativas a todo costo.  Siempre verán a cualquier “reformista” con miedo y lo percibirán como un enemigo.

Pongo el caso de Norcorea como un ejemplo extremo, pero hay y ha habido muchos modelos mas. Quise en esta entrega al blog desplegar un mecanismo del poder, más que los pasos hacia el totalitarismo, aunque hablara del Norcorea como un caso extremo. Todos somos vulnerables a convertirnos en "dientes de rueda", y esta vulnerabilidad queda tan oculta que la mayoría de la gente no quiere ver el sentido verdadero que Arendt dio a la "banalidad del mal": no quiso llamar "banal" al mal, sino a los actos mínimos de adhesión incondicional al poder. Eichmann era banal, porque facilitó actos horrendos sin participar directamente en ellos.

Escribo esto en el espíritu de alertar sobre uno de los matices del poder desbocado.
 
Referencia: Enlace de la foto de la escultura de los militares norcoreanos: http://es.wikipedia.org/wiki/Corea_del_Norte#Gobierno_y_pol.C3.ADtica

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