sábado, 6 de octubre de 2018

Democracias: Los Estados Unidos

Éstas son las más recientes páginas de lo que escribo sobre sobre la naturaleza de la democracia. Aquí reflexiono sobre su expresión estadounidense. 


Los Estados Unidos
Karen Cronick

El proceso de independencia y la instalación de una democracia constitucional en los Estados Unidos inspiraron a muchos franceses. Condorcet, por ejemplo, en su admiración por el proceso de deliberación en las recién liberadas colonias, dijo (1786/2017, traducción mía):

¿Se puede creer, viendo la extendida tolerancia, de la que nadie [hasta hora] ha podido disfrutar, que lejos de fomentar problemas en América, ha hecho florecer la paz y la fraternidad en aquel país? ¿Los gobiernos de los países donde la intolerancia todavía reina … no aprenderán que pueden, sin peligro, obedecer la voz de la justica y de la humanidad? Jamás el fanatismo osará a quedarse al descubierto, y demandará, en nombre de Dios, la sangre de los hombres: se esconde la razón a la fuerza … Pero América ha comprobado que un país puede ser feliz, porque no hay en ella ni perseguidores, ni hipócritas, y los políticos … creerán que vale la pena respetar a la autoridad de los sabios, [ahora] los creyeran sin duda."

En el año 1776 el Segundo Congreso Continental adoptó el nombre “los Estados Unidos”, reemplazando el viejo término “Las Colonias Unidas”. Es probable que se originó con Thomas Jefferson en el proceso de escribir la Declaración de Independencia de Inglaterra. La versión final de la Declaración comienza con la frase: “Una Declaración de los Representativos de los Estados Unidos de América, reunidos en Congreso” (NCC Staff (2018). El nombre no es trivial y al elegir este nombre los arquitectos de la democracia estadounidense iniciaron un debate que iba a seguir para las siguientes décadas:  ¿hasta qué punto las colonias, recientemente liberadas, iban a poder constituir un Estado por cuenta propia, o formar una entidad unida? 

No era el primer país en considerar formalmente la idea de federación de Estados semi- independients. Grecia había tenido alianza entre sus Ciudades Estados; hubo también entre los años 1171 y 1341 el caso de estados confederados llamados Ayyubid, con su capital en El Cairo que fue una mancomunidad de principalidades; en el Siglo XVIII la tribu de los Shawnee de América del Norte intentaron unir a todas las tribus al oeste de las montañas Appalachia para poder negociar con el gobierno de los Estados Unidos. Diferentes formas de federación existen hoy en día en: Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Canadá, Etiopia, Alemania, la India, México, Nepal, Nigeria, Rusia, Suiza, Pakistán y Venezuela entre otros países. Estas federaciones, sin embargo, no implican necesariamente un sistema de autogestión ciudadana.

La experiencia de los Estados Unidos fue distinto. Después de la guerra de independencia contra el colonialismo inglés, los líderes de la nueva confederación eran hombres instruidos en la literatura francesa e inglesa sobre distintas formas de gobierno. George Washington, Thomas Jefferson, Benjamín Franklin, John Adams, James Madison, Alexander Hamilton y los demás habían leído tanto a las obras clásicas como Platón, Plutarco y Cicerón, como a sus contemporáneos, como Leibniz, Rousseau, Voltaire, Condorcet, Diderot, Mirabeau, Mably, Locke y otros pensadores preocupados por los temas de la libertad, el buen gobierno y los derechos del hombre. Hubo un ambiente intelectual efervescente en Inglaterra y  Francia que alcanzó al nuevo país americano en aquellos tiempos, y los revolucionarios americanos eran personas cultas que habían viajado múltiples veces. Todos habían participado de un modo u otro en la Guerra de Independencia, y desde el comienzo de la aventura libertaria tenían ideas claras sobre lo que deseaban lograr.

"... tres millones y medio de almas habían elegido delegados para reunirse en Filadelfia y crear un gobierno republicano nacional independiente, conformado según sus propias ideas, sin rey, nobles o feudos hereditarios. En realidad, fue el momento, el único golpe del reloj continental cuando tal experimento tuvo una oportunidad de tener éxito. Cinco años antes y los estados no habrían estado listos. Desde entonces, la creación y el funcionamiento de sus propias constituciones estatales les habían enseñado, preparado. Cinco años más tarde, la Revolución Francesa, con su violencia y su sangre, habría ralentizado a los Estados en cautela, dividiéndolos (como efectivamente los dividió) en campos ideológicos opuestos" (Brown, p. 130)

En este sentido el movimiento hacia la democracia no seguía los largos siglos de descubrimiento de las experiencias anteriores, excepto en el sentido de la innegable herencia de la cultura inglesa en el país.  Hubo, sin embargo, un curioso antecedente entre las tribus Iroquois, una confederación, originalmente establecida entre cinco agrupaciones que existían en lo que ahora es el estado de New York, que se originó cerca de 1550, antes de la llegada de los europeos. Consistía en reuniones de delegados masculinos, cuyas familias eran elegidas (por parte de las mujeres); sus decisiones tenían que ser unánimes y todos los miembros de la federación tenían que acatar a los resultados. En su constitución dicen: “En todos los casos, el procedimiento debe ser el siguiente: cuando los Señores Mohawk y Séneca hayan acordado por unanimidad una pregunta, informarán su decisión a los Señores Cayuga y Oneida, quienes deliberarán sobre la pregunta e informarán una decisión unánime a los Señores Mohawk….” (Roland 3/10/18). Es curioso reflexionar sobre el sello estadounidense, adoptado luego, del águila que sostiene en una de sus garras un rama de oliva y en la otra, trece flechas. Las flechas simbolizan los trece estados, dispuestos todos juntos a pelear si hace falta, y tienen una clara referencia al antecedente de la confederación iroqiois. La rama de oliva simboliza su disposición a la paz, y alude a la historia romana.

Sin embargo entre los delegados al Congreso Constitucional en Philadelphia, todavía había mucho debate, por ejemplo, entre la posibilidad de establecer New York, Virginia, New Hampshire, Rhode Island, Pensilvania y los demás estados originales como países independientes y confederados, o instaurar alguna forma de federalismo. Este debate se resolvió temporalmente con la aprobación de la Constitución de 1788, pero la solución federal del Siglo XVIII fue amenazada seriamente por la Guerra de Secesión entre 1861 y 1865; es un problema todavía no resuelto en aquel país porque aún existen desacuerdos sobre el alcance de los derechos de los estados individuales. El corazón del problema fue anunciado por James Wilson: ¿el nuevo país iba a gobernar sobre  cosas imaginarias llamados estados o sobre individuos? (Brown, 1996). 

Vale detenernos brevemente en los debates que antecedían la aprobación de aquella constitución. Catherine Drinker Brown (1966) ha examinado extensivamente la historia de la Convención Constitucional que iba a redactar la Constitución final del país.

La influencia de Montesquieu que había propuesto un sistema en tres partes el poder judiciario, legislativo y ejecutivo fue palpable en la Convención. Los problemas básicos eran: ¿qué poderes tendría cada rama? y ¿quiénes elegirán las personas que detentarán estos poderes? Estos problemas eran sentidos por los delegados de dos maneras específicas: la primera era el peligro de crear un poder ejecutivo demasiado poderoso, que podría abrir la posibilidad de del surgimiento de un “Olivar Cromwell” (el dictador inglés que derroco al Rey Charles I de Inglaterra) o convertirse eventualmente en una monarquía hereditaria. La segunda era el peligro de la ley de la calle donde las turbas operarían sin control. 

Otra consideración relacionada con estos problemas fue: ¿el poder ejecutivo debe tener el derecho de veto sobre los actos del Congreso? Finalmente decidieron que el Presidente podría anular una ley propuesta por el Congreso, pero éste podría invalidar la denegación ejecutiva con la aprobación de las dos terceras partes de cada cámara legislativa.

Con respecto al peligro de “las turbas”, Thomas Jefferson dijo: “Me gusta que haya a veces algo de rebelión (Brown, p. 44).  Pero pocos de sus compatriotas estaban de acuerdo; recién el país se había experimentado levantamientos preocupantes, como él de Shay en Massachusetts: aquella fue una protesta contra injusticias económicas y legales, y los delegados se preocupaban por el peligro de insurrecciones populares; además había cierta desconfianza entre los delegados en la población no patricia de la nueva nación. 

El tema de las protestas, es decir el uso del poder popular no legitimado por la Constitución, ha sido recurrente en el país; además el derecho a las reuniones pacíficas fue reconocido luego en las enmiendas de la Constitución.  Con el tiempo el derecho a protestar ha sido reconocido internacionalmente, y tiene un rango similar al derecho de expresión libre. Está asociado también al derecho de una prensa libre. 

Para incorporar a la voz popular en el poder legislativa, la Convención recomendó crear dos ramas, una que fuera proporcional a la población de los estados (Casa de los Representantes) y otra (El Senado) que representaría a los estados directamente como entidades en su totalidad con un límite de dos posibles votos para cada uno. 

Con respecto a la presidencia, hubo debate sobre la necesidad de un guía fuerte: algunos delegados recomendaron adoptar la figura de un rey, otros un presidente elegido de por vida. Finalmente adoptaron una presidencia fuerte, elegible por sólo cuatro años, pero con la posibilidad de re-elección. En los años 40 del Siglo Veinte limitaron las re-elecciones a sólo dos periodos, después que el Presidente Franklin Roosevelt ocupara la presidencia por tres periodos consecutivos. Los miembros del Corte Suprema, sin embargo, eran –y son- elegidos por vida.

Desde que la Constitución fue aprobada por los estados en 1789, ha sido enmendada 27 veces, En general, las diez primeras enmiendas, conocidas como la Declaración de Derechos, ofrecen protecciones específicas de libertades individuales y la justicia, y ponen restricciones a los poderes del gobierno. La mayoría de las diecisiete enmiendas posteriores amplían la protección individual de los derechos civiles. En el año 1920 se aprobó el derecho a sufragio de las mujeres. La última fue aprobada en 1933 para derogar la prohibición al uso y preparación de bebidas alcohólicas. 

Los nuevos estados que iban naciendo se asociaban prontamente con el gobierno federal según los estatus previstos en la Constitución y las leyes subsecuentes, y es impresionante cómo se logró esta expansión en relativa paz. Es decir, hasta las Guerra de Sucesión y el conflicto con México, los estados no peleaban entre sí, aunque y evidentemente había terrible agresión con los pueblos indígenas. El Territorio de Luisiana fue adquirido por medio de una negociación comercial con Napoleón Bonaparte porque él necesitaba financiamiento para sus guerras en Europa;  fue renombrado Territorio de Misuri en 1812; extendía desde el Sur del Golfo de México hasta “las Tierras del Príncipe Ruperto” en el Norte (luego provincias canadienses),  del Río Mississippi en el Éste y hasta las Montañas Rocosas en el Oeste.  Esta transacción dobló el tamaño de la nación. Los territorios más occidentales fueron “conquistados”: la República Independiente de Texas fue “anexada” a la fuerza por los estadounidenses; luego esta agresión condujo a la guerra con México en 1846 a 1848. El Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848 obligó a los mexicanos entregar los territorios del norte de Alta California y Santa Fe de Nuevo México a los Estados Unidos.

El nuevo hombre

Cuando los viajeros europeos paseaban por los estados originales y los territorios occidentales se asombraban por los contrastes, pero sobre todo por la actitud de independencia de “esta gente nueva y libre”.  Pero claro, “Con el término ‘Americano’, escribía William Priest, ‘se debe entender el hombre blanco, descendido de un nativo del Viejo Continente; se entiende por el término ‘Indio’ o ‘Salvaje’, a los aborígenes del Nuevo Mundo.’” (Brown, p. 147). 

El americano no se subordinaba a las sutilezas y finuras de los costumbres de las clases sociales: todo el mundo opinaba, los caballeros acomodados compartían los carruajes públicos con los granjeros de pequeñas propiedades.  No había tradiciones feudales. En este entonces los soldados no eran hombres de carrera, y al terminar la lucha de independencia, se volvieron a la vida civil, abriendo tiendas y cuidando sus sembradíos. George Washington es famoso por haber vuelto a su hacienda Mount Vernon en el estado de Virginia, como un ciudadano común después de haber comandado la Guerra de Independencia-. Ha sido comparado con el romano Cincinnatus que después de haber sido nombrado por el Senado Romano “Dictador” para capitanear el ejército romano contra una tribu rebelde en Italia en el primer siglo aC,  volvió victorioso a su granja y sus tareas de agricultor. 

Había una gran diferencia entre el Norte y el Sur del nuevo país. En el Norte no había pobreza en este entonces porque  había mucha tierra libre para construir una cabaña y comenzar a cultivar, y había poca diferencia entre los estratos sociales; además casi no había analfabetismo. Era frecuente en las ciudades que la gente común leyera dos periódicos al día. En el sur, sin embargo había esclavitud, y un estrato de “blancos pobres”.

“Los viajeros [europeos] estaban de acuerdo que  mientras más al sur se viajaba, más se deterioraban las condiciones de vida. Fue en Viginia que Chastellux vio gente pobre ‘por la primera vez’ …. No  sólo los esclavos negros, pero también blancos pálidos y desgarrados en sus miserables chozas despertaron su compasión ... Las casas de los caballeros [ricos]  eran espaciosas, bien amuebladas, con lencería blanca y cubiertos de plata, pero pocos tenían libros o bibliotecas…. (Brown, p. 145)

Está claro que en Virginia también había gente no sólo letrada, sino ilustrada: Tomás Jefferson  y George Washington venían de aquel estado. Pero las contradicciones eran evidentes; aun Jefferson y Washington poseían esclavos, aunque fuera con mala conciencia. Con el tiempo estas incompatibilidades sociales iban a crear problemas grandes para la “Unión”, tanto en la Guerra de Sucesión como en la política de los Siglos XX y XXI. El estrato de blancos no económicamente acomodados iba a formar un grupo de intereses perdurables donde el racismo y otras características sociales influyeron -y siguen influyendo- en la política del país. Se trata de una situación en que el orgullo colectivo tiene poco asidero, sólo se basa en la creencia de estar “superior” a las personas de color. 

En los estados del norte había escuelas para los jóvenes, pero en los territorios occidentales los muchachos recibían sus clases en casa en clases impartidas por sus madres y padres. Hay ejemplos famosos de jóvenes que salían de sus casitas hechas de troncos de madera en el medio de los bosques, hablando bien su idioma y con una excelente formación básica. John Marshall (luego abogado, juez, político, diplomático, legislador, estadista, jurista y militar del Siglo XVIII)  y más tarde Abraham Lincoln (luego abogado y presidente del país durante la Guerra Civil) eran ejemplos.  En el Sur, sin embargo, la educación de calidad era reservada más bien a los hijos de personas acomodadas o gente que vivía en las grandes ciudades. 

Había al mismo tiempo malestares. La esclavitud seguía en el Sur y la masacre de los pueblos indígenas era brutal. En los territorios occidentales (luego estados nuevos) había pocos representantes de la ley (aguaciles locales y jueces), y la justicia quedaba en manos de turbas y personas que buscaban venganzas. La expectativa de vida en estas zonas era baja. 

La Guerra de Sucesión

Sigo en la cronología de la Guerra de Sucesión (o Guerra Civil) a la Enclyclopædia Británnica (23/9/18). Los primeros los estados del sur en unirse al “Confederados Estados de América” eran, en orden cronológico, Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana, Texas, Virginia, Arkansas, Tennessee y Carolina del Norte en 1860–61. Las hostilidades armadas culminaron décadas de fricción que tenían que ver sobre todo con esclavitud, pero ella en realidad marcó diferencias en los modelos económicos de los dos sectores. Es interesante notar que la esclavitud, tan ardientemente defendida por el Sur, retrasó la economía de la región. Entre 1815 y 1861, la economía de norte pudo crecer y diversificarse. Tanto la agricultura que dependía de granjas pequeñas manejadas por sus dueños y obreros libres, como la creciente industrialización, gozaban de mayor prosperidad. Había mas infraestructura básica como un sistema de transporte (canales, carreteras y ferrocarriles), y la banca estaba en condición de financiar impresas nuevas. Por ejemplo, el telégrafo se inventó en el norte y rápidamente transformaba el sistema de comunicaciones.

En cambio, los sureños invertían sus recursos en la compra y mantenimiento de los esclavos como la fuerza de trabajo principal. Esto atrasó su economía porque no contaban con la infraestructura que tenía el norte ni la industria. Según la Enclyclopædia Británnica, “el 84 por ciento del capital empleado en la manufactura se invirtió en los estados libres (no esclavistas)” Pero el Sur se mantenía con la venta del algodón y otros productos como arroz y caña; en términos de valor acumulado (incluyendo el capital representado por sus esclavos), “la riqueza per cápita de los blancos del sur era el doble de la de los norteños, y tres quintas partes de los individuos más ricos del país eran sureños.” Evidentemente esta acumulación se basaba en un sistema casi feudal, es decir, poco moderno e incapacitado para competir en el Siglo XVIII con el Norte.

Hubo en la década de 1850 un rechazo moral entre los norteños a la esclavitud que se expresaba en esfuerzos para erradicarla, como en la creación de movimientos para ayudar a los esclavos escapados para que llegasen al Norte. El Sur, sin embargo, estaba anclado irremediablemente a un sistema arcaico, y los terratenientes tenían pocas opciones para mantener su patrimonio personal sin la esclavitud. Además la identidad cultural  de los blancos pobres estaba arriagada en su filiación racial, contrastándose con la de la población negra que consideraban inferiores. Cuando Abraham Lincoln, el candidato del Partido Republicano se declaró explícitamente antiesclavista, y ganó las elecciones presidenciales de 1860, se formalizó la separación entre el Sur y el Norte. 

Este no es el lugar para describir la guerra ni la derrota militar del Sur que sucedió después, pero basta con algunas observaciones sobre su significado económico y cultural para ambos sectores y su relación con los ideales de la Declaración de Independencia y la Constitución. Primero el Sur quedó destrozado. Fue escenario de múltiples conflictos entre las clases sociales y las identidades raciales. Además el proceso de la Reconstrucción tomó años después de una guerra tan cruenta. Nacieron perversos grupos de vigilantes como el Klu Klux Klan que intentaba mantener los Negros “en su lugar” después de la Declaración de Manumisión”.

Los efectos de la esclavitud perduran. Edward Ball (1998) es descendiente de los dueños de las Plantaciones Ball en Carolina del Sur; escribió un libro sobre los descendientes de los esclavos de la propiedad de la familia. Entre sus observaciones –todos fascinantes- es que aún hoy perduran las diferencias entre ellos. Los esclavos de la casa (mayordomos, sirvientes personales de la familia) se beneficiaban de los relativos privilegios de su condición; y actualmente sus descendientes tienden a ser negociantes, profesionales, autores, artistas y académicos. La razón es que  estas personas comían y se vestían mejor. En secreto aprendían a leer y tenían acceso a los libros de la familia. A veces dominaban otros idiomas, sobre todo adquiridas durante los viajes de la familia cuando fueron llevados a atenderlos allí. En cambio los esclavos del campo vivían en gran pobreza; sus culturas originales fueron destruidos, y su acceso a la cultura occidental fue precaria; la relación con la familia del dueño era más distante, y fueron adquiridos y vendidos sin ceremonia. Con cierta frecuencia aún hoy en día son víctimas de adicciones o son presos. Su actual nivel socio-económico es inferior al rango obtenido en promedio por los descendientes de los esclavos de la casa.

Reflexiones adicionales

La democracia estadounidense ha sido, sin embargo robusta. Ha podido confrontar limitaciones como la esclavitud, las guerras, retos anti-democráticos como ataques a las libertades enunciados en la Declaración de Derechos constitucionales, depresiones económicas y otros. Actualmente, por ejemplo, a pesar del creciente autoritarismo representado por el Presidente Donald Trump, la prensa sigue siendo crítica y hay miembros del Congreso que defienden con vigor a los principios de la autogestión tal como se practique en aquel país. Es probable que los ciudadanos reaccionen y por medio del sufragio le pongan cuota a las políticas anti-democráticos que promueve.

Bibliografía

Ball, Edward (1998). Slaves in the Family. New York: Ballentine books

Brown, Catherine Drinker (1966). Miracle at Philadelphia. New York: Bandtam Books.

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Condorcet, Marqués de, Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat (1795/1982). Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano. Preparado por: A. Torres del Moral. MadridParís: Editora Nacional. Disponible en: https://ia601600.us.archive.org/11/items/CondorcetBosquejoDeUnCuadroHistorico/Condorcet%20-%20%20Bosquejo%20de%20un%20cuadro%20historico.pdf

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